IKKYU – Hisashi Sakaguchi

clip_image002«—Me pregunto si la “vida” existe para hacernos soñar… No, no, de ninguna manera… es para hacernos “vivir”».

Permítanme nobles hislibreños que vuelva a traer de nuevo a nuestra página el comentario de una obra de manga (comic japonés) de corte histórico. Comenzaré diciendo que pese a que esta obra se ambiente en el Japón del siglo XIV no es una obra sobre esforzados samurais, batallas, luchas encarnizadas y duelos a muerte. Su protagonista Ikkyu -uno de los muchos nombres que a lo largo de su aprendizaje como monje zen irá recibiendo- es un famoso e histórico monje japonés de turbulenta y polémica vida, poco ortodoxo en sus formas y aprendizaje. El mismo nos dice en las páginas de esta obra que los cinco preceptos que rigen su vida (en contraposición a los preceptos de los monjes budistas) son «frecuentar burdeles, emborracharse, emborracharse, emborracharse y emborracharse».

Con esa declaración de intenciones podemos hacernos una idea de como era nuestro protagonista, hijo ilegítimo del Emperador Go-Komatsu que siendo un niño es enviado a un monasterio. Su vida, su aprendizaje junto a famosos maestros (los abades Ken´O y Kaso, también figuras históricas), sus devaneos amorosos… todo puede leerse en las magníficamente ilustradas páginas a lo largo de los cuatro tomos que componen esta colección, tomos que además se reagruparon recientemente en un pack limitado a 500 unidades a muy buen precio (15 euros los cuatro, cuando en su tiempo costaban por separado 12 cada uno).

Sin embargo, no estamos ante una “simple” biografía transformada en cómic ya que en buena parte es la crónica de casi todo un siglo de historia de Japón. A lo largo de las páginas tenemos escenas donde podemos conocer como funciona la estructura religiosa de la época y sus distintas escuelas y templos budistas, zen y shintoistas, ver las intrigas políticas, las batallas, las rebeliones, y a los principales personajes históricos de la época; una época turbulenta llena de desdichas para las clases menos favorecidas. Y es Ikkyu, un loco y un blasfemo para unos, un maestro iluminado para otros, quien será la voz crítica ante todo lo que ve: hambre, muerte, miseria, guerras… mientras el clero y la nobleza viven en un mundo de opulencia, encerrados en sus reuniones para tomar el té y narrar poesía, atados a antiguos privilegios y rituales vacíos, a la construcción de enormes templos con los impuestos que cobran a los desdichados campesinos y a las clases bajas para luego despreciarlos cuando se cruzan con ellos. Ikkyu no duda en reírse de sus superiores, de insultarlos e incluso de blasfemar contra sus creencias, unas creencias que el cree vanas y fútiles y que sólo buscan el enriquecimiento personal. En una disputa teológica con uno de sus más enconados rivales, el abad Yoso le dice que «la gente mediocre necesita “ídolos”, no me cabe duda. Una existencia superior que no pierda nunca el esplendor aunque cambie el poder en la tierra. Lo que la gente vulgar necesita es algo que venerar […]. Tenemos que mentirles con objetivos y misiones falsas que sirvan para enderezarlos y que se transmitan de generación en generación por los siglos de los siglos».

Ikkyu no le respondió con la boca. Se tiró un sonoro pedo y se rió al ver que su culo había respondido por él. Y es que así era Ikkyu: un monje mendicante, un asceta, que compartía las miserias del pueblo, vivía y trabajaba con ellos y él mismo y sus pocos discípulos (entre los que se encontrarán futuros poetas y un maestro y reformador de la ceremonia del té) construían su propio y humilde templo. Para Ikkyu no había que tratar de ser como Buda. Había que ser Buda.

Sin embargo, el propio Ikkyu no está libre de dudas, inseguridades, tentaciones, que en la narración se nos presentan como una monstruosa araña gigante que parece perseguir a nuestro protagonista y querer hacerle enredar en su tela y así apartarle del camino del ascetismo; de su particular ascetismo. Ni las mujeres ni la bebida le están prohibidas ya que la vida está para vivirla, siempre y cuando puedas compartir con los demás todo lo que tengas.

Como veis, un personaje de lo más curioso y una obra que de verdad merece la pena, e incluso me atrevería a calificar de edificante y muy enriquecedora. La profundidad del pensamiento de Ikkyu, sus enseñanzas, sus gestos para con los demás, su corazón humilde y bondadoso pero decidido a no ignorar las injusticias,  se quedan grabados en nuestra mente -al menos en la mía lo están- tras la lectura.

Una lectura que sin duda os recomiendo.

En cuanto al autor, válganos esta breve biografía que nos proporciona la propia editorial:

Hisashi Sakaguchi (1945-1995) tuvo la suerte de empezar trabajando en los estudios de animación del considerado “Dios de los manga”, Osamu Tezuka. Para ello tuvo que dejar la escuela a la temprana edad de 17 años, pero confesó que nunca se arrepintió. Como asistente de animador colaboró en series como Astroboy o Princess Knight. En 1969 decide dedicarse en exclusiva a la ilustración y el cómic, pero la fama tardó en llegar. En 1984 publica Flor de piedra, su primer éxito, a los que seguirían en 1990 Version y la aclamada Ikkyu, la imaginaria biografía de un monje japonés en el siglo XIV.

 

Por desgracia el autor no pudo saborear demasiado el éxito de Ikkyu ya que murió en 1995 sólo unas semanas después de finalizar la publicación.

Si buscáis más información sobre el autor y la obra, en la página de la editorial tenemos este artículo.

Y me despido con este viejo cuento (con diversas variantes) sobre dos monjes, uno de los cuales podría ser el propio Ikkyu:

Dos monjes zen iban cruzando un río. Se encontraron con una mujer muy joven y hermosa que también quería cruzar, pero tenía miedo. Así que un monje la subió sobre sus hombros y la llevó hasta la otra orilla.
El otro monje estaba furioso. No dijo nada pero hervía por dentro. Eso estaba prohibido.
Un monje budista no debía tocar una mujer y este monje no sólo la había tocado, sino que la había llevado sobre los hombros.

Recorrieron varias leguas.
Cuando llegaron al monasterio, mientras entraban, el monje que estaba enojado se volvió hacia el otro y le dijo:
-Tendré que decírselo al maestro. Tendré que informar acerca de esto. Está prohibido.
-¿De qué estás hablando? ¿Qué está prohibido? -le dijo el otro.
-¿Te has olvidado? Llevaste a esta hermosa mujer sobre tus hombros -dijo el que estaba enojado.
El otro monje se rió y luego dijo:
-Sí, yo la llevé. Pero la dejé en el río, muchas leguas atrás. Tú todavía la estás cargando.

 

Título: Ikkyu
Editorial: EDT (2008)
Páginas: 4 tomos de unas 300 páginas.

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6 Respuestas a “IKKYU – Hisashi Sakaguchi”

  1. Balbo Dice:

    «frecuentar burdeles, emborracharse, emborracharse, emborracharse y emborracharse” el monje lo tiene claro, sin ninguna duda. Me ha parecido muy interesante. Un comic diferente en el que no aparecen continuamente samurais con katanas sangrando es bastante interesante. Me gusta. Lo buscaré para leerlo, pues además si ha trabajado con Tezuka es signo de calidad.
    ¡Enhorabuena por la reseña, esta muy bien!
    Saludetes ;-)

  2. Vorimir Dice:

    Gracias Balbo. Si encuentras el pack que comento no dudes en hacerte con él, son 15 euros muy bien invertidos.

  3. Claudia Dice:

    Me parece interesante para conocer la biografia de este personaje que existio realmente.

  4. ICONOS Dice:

    Es un gran cómic que en España, a pesar de contar ya con 2 ediciones, sigue pasando desapercibida seguramente por ser manga y sin espadas, fantasía o chicas ligeras de ropa. Estos conceptos son los que se tienen por aquí del manga. Otro gran manga, recientemente publicado, es HOKUSAI de Shotaro Ishinomori.

  5. Vorimir Dice:

    Todo la razón Iconos. Y es una pena por que es una obra genial la de Ikkyu, pero es que unos comics que invitan a pensar y a reflexionar sobre la vida y la muerte, lo divino y lo humano no son muy normales.
    En cuanto a Hokusai no he pude comprármelo en su momento por falta de presupuesto, espero que este año si caiga.

  6. Historicus Dice:

    También de acuerdo con ICONOS y con Vorimir. Hay unos mangas que tienen un contenido soberbio. me permito recomendar la autobiografía de Shigeru Mizuki que dice mucho más de la participación japonesa en la II GM que varias “Cartas desde Iwo Jima” juntas, y lo digo sin menospreciar a esta última que también me gusta pero es el punto de vista de un occidental.

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