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El pequeño Pataxú, Tristan Derème

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Sila



Registrado: 18 Oct 2010
Mensajes: 621
Ubicación: Liao con las rotondas

MensajePublicado: Mar Feb 12, 2013 5:49 pm    Tí­tulo del mensaje: Responder citando

Seas quien seas, te voté porque me reafirmo en lo que escribí en mi comentario: tus letras acerca del dolor de Caritó es de lo mejor que he leído en este concurso. Buenísimo.
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Javi_LR



Registrado: 15 Oct 2006
Mensajes: 6692
Ubicación: Por pentecónteras

MensajePublicado: Mar Feb 12, 2013 6:59 pm    Tí­tulo del mensaje: Responder citando

Gracias, majo.
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CalpurniaT



Registrado: 26 Ago 2011
Mensajes: 2226
Ubicación: En algún lugar de la Tierra Media...

MensajePublicado: Mar Feb 12, 2013 7:33 pm    Tí­tulo del mensaje: Responder citando

Javi_LR escribió:
Gracias, majo.


Javi_LR, ¿entiendo que eres el autor? Te lo pregunto para poder ponerlo en mi excel, es que si no llevo recuento me lío, me lío y no quiero que se me pase ni un autor-relato!!

saludillo

CalpurniaT Wink
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Nausícaa



Registrado: 29 Oct 2011
Mensajes: 5860
Ubicación: Con los pies en la tierra y la cabeza en las nubes

MensajePublicado: Mie Feb 13, 2013 2:11 am    Tí­tulo del mensaje: Responder citando

Felicidades, Javi_LR. Para mi has sido la gran sorpresa de este año Razz
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farsalia



Registrado: 07 Nov 2007
Mensajes: 31383
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MensajePublicado: Mie Feb 13, 2013 12:03 pm    Tí­tulo del mensaje: Responder citando

Jejejeje, jefe... Me encantó esa Caritó (¡enhorabuena!), era odioso su marido.
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Javi_LR



Registrado: 15 Oct 2006
Mensajes: 6692
Ubicación: Por pentecónteras

MensajePublicado: Mie Feb 13, 2013 1:03 pm    Tí­tulo del mensaje: Responder citando

Je... Pues no sé quién es más odioso, la verdad, en esta historia ;o) A ver si tengo un ratín y expongo un montonazo de cosas y agradezco otras tantas. Me encantaría generar cierto debate ;o), para variar.
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Semíramis



Registrado: 16 Nov 2010
Mensajes: 2948

MensajePublicado: Mie Feb 13, 2013 1:30 pm    Tí­tulo del mensaje: Responder citando

Habrá que leerlo, parece que Javi ha sacado su lado femenino de paseo Laughing Laughing Laughing
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Lucie



Registrado: 08 Ene 2012
Mensajes: 3168
Ubicación: El Norte

MensajePublicado: Mie Feb 13, 2013 3:55 pm    Tí­tulo del mensaje: Responder citando

Así que al final terminaste de escribir ese relato que tenías abandonado. Me alegra que lo hicieras aunque ya comenté que ese final no acabó de convencerme. Espero sinceramente, si así lo deseas y el tiempo te deja, que nos plantees el por qué de esa decisión. Un saludo y a ver si te seguimos leyendo por el concurso.
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juanrio



Registrado: 24 Oct 2007
Mensajes: 9899
Ubicación: Vicus Albus

MensajePublicado: Mie Feb 13, 2013 4:12 pm    Tí­tulo del mensaje: Responder citando

Vaya, yo también tendré que leerlo, sobre todo por criticarte la próxima vez que nos veamos Wink
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«Quien se arrodilla ante el hecho consumado, es incapaz de afrontar el porvenir» (León Trotsky).
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Javi_LR



Registrado: 15 Oct 2006
Mensajes: 6692
Ubicación: Por pentecónteras

MensajePublicado: Mie Feb 13, 2013 5:00 pm    Tí­tulo del mensaje: Responder citando

Pero... ¡no te lo has leído! Eso explica muchas cosas. Jeje.

Lucie, no, ese que te comentaba sigue... igual que cuando hablamos. Este es otro que se me ocurrió corrigiendo el nuevo libro de Lillo, el que te llama la atención, "Fantasmas, magos y brujas de Grecia y Roma". En cuanto tenga algo de tiempo expongo el comosehizoesto, aunque reconozco que me da muchísimo pudor y nunca he creído en que un autor se explique. Pero como esto es más una especie de charla entre amigos, o un pequeño taller literario o un diván de sicoanalisis, intentaré desnudar mis intenciones y, por qué no, realizaré un humilde alegato a cómo yo veo la literatura.

(Y de paso os tiraré de las orejas: mira que cuestionar la originalidad en la literatura, que siempre se basa en tópicos, por usar ciertos nombres y más tratándose del género histórico... Y eso que ya adelanto que, efectivamente, de original no tiene nada)
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CalpurniaT



Registrado: 26 Ago 2011
Mensajes: 2226
Ubicación: En algún lugar de la Tierra Media...

MensajePublicado: Mie Feb 13, 2013 8:00 pm    Tí­tulo del mensaje: Responder citando

¡Hola Javi_LR! Me gustaría felicitarte por haber estado en la lista de seleccionados y en liza para el concurso. Wink Wink

En tu relato me gustó/emocionó mucho la relación de Caritó con su niño, creo que la atmósfera que creas de universo imaginario para poder superar o no la pérdida de su hijo es estremecedora. Caritó como personaje me parece muy creible y su fuga de la realidad me convenció del todo. Tiene, para mi, mucha fuerza, sin embargo al padre lo veo tan frío. Respecto a su mujer parece que sí la quiere pero lo percibo por lo que dice no por lo que hace, como personaje lo veo muy rígido, y contrasta mucho con Caritó que es puro sentimiento.

Me pareció que la sensación de pérdida/vacío la sufría la madre, pero el padre no se derrumbó, ni siquiera a solas, por eso me quedó con Caritó, que es un gran personaje. Y entiendo perfectamente esas cadenas.

Mucho ánimo con los siguientes relatos!!! Wink Wink Wink (siendo el jefe me daba apurillo decírtelo, pero vamos, que también te mereces que te den ánimos con la escritura, digo yo.... Wink Wink )

saludillo

CalpurniaT Wink
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Javi_LR



Registrado: 15 Oct 2006
Mensajes: 6692
Ubicación: Por pentecónteras

MensajePublicado: Mie Feb 13, 2013 8:48 pm    Tí­tulo del mensaje: Responder citando

Gracias, Calpurnia, maja.
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Javi_LR



Registrado: 15 Oct 2006
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Ubicación: Por pentecónteras

MensajePublicado: Mie Feb 13, 2013 8:50 pm    Tí­tulo del mensaje: Responder citando

Bueno, este es mi comosehizoesto.

Yo este año tenía la intención de participar. Quería experimentar qué sentís los que habitualmente participais y, sobre todo, buscaba comprobar esa relación entre lo que uno escribe y lo que otro lee. También ansiaba comprobar si lo que pienso de forma general acerca de la literatura iba a cambiar. En esa búsqueda de respuestas, comencé a escribir.

Como bien me imaginaba, según iba escribiendo comprobaba que solo era capaz de generar dos tipos de textos: el relato puro, o lo que yo entiendo por relato puro, muy próximo a la poesía, o casi una novela. Nunca he sido de términos medios, y reconozco que el cuento está muy alejado de mis posibilidades mentales. El cuento requiere de una precisión de la que adolezco, de un estudio estructural que me da pereza y de una parquedad y concisión, sin dar nada por sentado, a la que no soy muy inclinado. Siempre he considerado que este concurso es más de cuentos que de relatos, o lo que yo entiendo que son ambos, así que ya partía del principio que tenía poco que rascar. El caso, y perdonad la digresión, es que me estaba saliendo un ladrillo lleno de escenas y con una trama muy compleja llena de personajes. Lo dejé para mejor ocasión, pues de cuento tenía poco. Y menos aún de relato.

Y entonces llegó este fragmento al corregir “Fantasmas, brujas y magos de Grecia y Roma”

Oculto: 
La más famosa de las historias de muertos vivientes de la Antigüedad la transmite Flegón de Trales, que vivió en el siglo II y fue liberto del emperador Adriano, en su “Libro sobre los prodigios”. Los hechos ocurrieron en la ciudad de Anfípolis. Una joven llamada Filinion murió repentinamente apenas celebrada su boda. Sus padres, Demóstrato y Caritó, seis meses después aún seguían apenados por su desgracia. Sucedió entonces que hospedaron en su casa a un joven llamado Mácates de paso por la ciudad. Una noche la nodriza de la familia se acercó a la habitación del huésped y vio a una mujer sentada junto a este, que no era otra que la difunta Filinion. Rápidamente llamó a Demóstrato y Caritó para que se levantaran y acudieran a ver a su hija que estaba con el huésped a causa de una decisión divina. Caritó acusó a la anciana nodriza de locura y le dijo que se marchara, pero esta aseguraba que estaba en sus cabales. Forzada por la nodriza, Caritó acudió finalmente a las puertas de la habitación, pero resultó demasiado tarde porque la mujer y el joven estaban ya descansando y no podía reconocer a su hija. Pensó que por la mañana podría sorprender a la mujer al levantarse o interrogar a Mácates.

Al día siguiente Caritó se presentó en la habitación de Mácates, pero la muchacha ya no estaba. Abrazada a las rodillas del joven le rogó que le dijera la verdad sin ocultarle nada. Este le contó que la joven le había dicho que se llamaba Filinion y que le había dejado en prenda la noche anterior un anillo de oro y una banda para el pecho. Caritó reconoció los objetos y dio rienda suelta a su dolor ante la confusión de Mácates, que le prometió que si la muchacha volvía se la presentaría. Sobrevino la noche y llegó el momento en que Filinion solía acudir junto a su amante. Mácates no daba crédito a que su amada fuera una muerta, puesto que había cenado y bebido con ella. Queriendo llegar al fondo del asunto envió criados a escondidas a que avisaran a los padres y estos, al llegar, comprobaron asombrados que era su hija y se precipitaron sobre ella. Entonces Filinion les dirigió estas palabras: «Madre, padre, qué injustos habéis sido conmigo al ver con malos ojos que pasara tres noches con el huésped en la casa paterna sin hacer ningún mal. Ahora, por vuestra curiosidad, renovaréis vuestro luto desde el principio, mientras que yo retornaré al lugar establecido, pues no llegué hasta aquí sin la voluntad divina». En el mismo instante en que pronunció estas palabras se convirtió en cadáver y extendió su cuerpo visible sobre la cama. El padre y la madre la abrazaron y la casa se llenó de tumulto y lamentos por la irremediable desgracia y el increíble acontecimiento.

La noticia se difundió por la ciudad y la multitud se congregó durante aquella noche ante la casa, obligando a las autoridades a velar para que no se produjeran disturbios. Al amanecer se celebró una asamblea en el teatro de la ciudad y se tomó la decisión de dirigirse en primer lugar a la tumba de la joven. En cuanto abrieron la cámara funeraria de la familia vieron los cadáveres de los parientes difuntos, pero en el lugar en que debía haber estado el cuerpo de la joven encontraron un anillo de hierro y una copa dorada que Mácates había dado a Filinion como regalo el primer día de su relación. Los que habían visto la cámara vacía se presentaron en casa de Demóstrato para comprobar si el cadáver estaba allí, cosa que así sucedió. Volvieron a convocar otra asamblea en la que se produjo un tumulto lleno de terror, puesto que nadie alcanzaba a explicar lo sucedido. Entonces un adivino llamado Hilo ordenó que la mujer fuera enterrada fuera de los límites de la ciudad y que se hiciera un sacrificio expiatorio a Hermes Ctonio y a las Euménides, además de otros ritos de purificación. Así lo hicieron, pero el infortunado Mácates se quitó la vida por la desesperación.


El caso es que recordé una obrita de Goethe que había leído hace tiempo llamada “La novia de Corinto” y que era una versión más o menos libre de este anterior relato, con los mismos protagonistas (espero que no le acuséis de poco original, dioses). Ya ahí me entró el gusanillo. Soy mucho de versiones, de apreciar el punto de vista de un mismo hecho bajo el prisma de diversos autores y ver en qué ponen el acento y de qué diferentes maneras lo cuentan. Y la versión de los mitos es ya el colmo para un servidor. Ahí se incubó algo, pero aún no tenía nada de nada. Solo que con la obra que estaba corrigiendo y con las historias que estaba descubriendo y recordando me afirmé en algo que ya venía pensando largo tiempo: nada hay más poético que la muerte. Acaso el amor, que es la vida, pero no con la potencia y la terrible belleza de la muerte. Pero, como digo, aún no tenía nada.

Seguía corrigiendo, a ratitos, disfrutando de lo que me contaba Fernando, de aquellas maravillosas historias que eran cuentos populares: apariciones de antiguos héroes, muertes de doncellas, amores truncados, castigos terribles… Decía una amiga mía guionista que para trabajar el texto de una comedia de situación lo único que había que hacer era acudir a Plauto. Que todo estaba allí. Es cierto, todo está en los clásicos. La literatura se nutre de los tópicos. Sin lugares comunes, no hay literatura. Pretender la originalidad es, cuanto menos, pretencioso. Seguía corrigiendo, como decía, y hete aquí que doy con esta maravillosa historia de Pseudo-Quintiliano, una declamación:

Oculto: 

(…) aparece el caso de una mujer que ha perdido a su hijo y está sumida en una gran pena. Ella declaraba que el fantasma de su hijo se le aparecía de noche. La segunda vez el espectro se le acercó más y parecía de carne y hueso, hasta el punto de que ella se saciaba con besos, abrazos y con la conversación que madre e hijo tenían entre sí. Aunque en el resumen del caso figura que la aparición es en sueños, por el testimonio de la madre parece que el fantasma tiene cierta corporeidad y podría considerarse un muerto viviente. Si el espectro hacía las delicias de la madre, la reacción del padre fue muy distinta. Este, temeroso de que se le apareciese a él el fantasma y deseando que su mujer recuperase la paz de espíritu, recurre a los servicios de un mago que realiza un encantamiento y diversos ritos sobre el sepulcro del difunto para que este resulte completamente muerto. La labor del mago tuvo éxito para desesperación de la madre, que ya no pudo gozar del consuelo nocturno de su hijo. La declamación termina con un ruego al mago y al padre para que deshagan los encantamientos y accedan a las súplicas de una madre desesperada.


Como no puede ser de otra manera, la historia me cautivó al completo. ¡Es pura poética! No me digáis que no. Esa madre es conmovedora, y el padre no lo es menos. Rápidamente me imaginé a esa mujer condenada a perder por dos veces a su hijo. Y me figuré asimismo a ese hombre ajeno a lo que acontece en su esposa, causante de su primer estado (ya explicaré esto) y del segundo y más terrible, y no necesariamente de manera consciente ni con malas intenciones. Entonces, me vino a la cabeza mi hijo pequeño y le pensé muerto. La afinidad con Caritó sería sencilla. Pero también con Demostrato. Comparto el desgarrador dolor de la mujer, pero no dejo de comprender la postura de un hombre que ha de mirar hacia delante y olvidar rápido lo sucedido, y más en una época en la que posiblemente no hubiera ni jugado ni casi compartido momentos con el pequeño. Y a medida que pensaba en todo eso me vino a la cabeza un ejemplo muy cercano de unos conocidos que perdieron a su hijo. Hace más de quince años de esto. Él sigue intentando olvidar aquel hecho. Ella le sigue odiando por querer olvidarlo. A esto se suma lo que yo vengo en llamar complejo de princesa. Un tipo de mujer a la que se le ha educado para casarse y criar a sus hijos, que ha sido bonita y ha tenido casi todo lo que ha querido. Una mujer que se cree a pies juntillas las promesas de amor eterno, que no son otra cosa en su cabeza que promesas de protección eterna. Esta mujer, cuando su escudo se quiebra, encuentra al culpable en el propio escudero.
Ahora sí que tenía algo que contar, y me puse a ello. Tenía dos opciones: adelantar el final, que el lector lo supiera, y que todo después condujera a ese fatal fin del que la protagonista no se puede escapar, en plan tragedia, o centrarme más en los sentimientos con una estructura más lineal y dramática, buscando un narrador que no juzgase (era imprescindible no saber si Mácates era real o simple ensoñación) pero que a veces focalizara lo que contaba. Más o menos lo conseguí, salvo un imperdonable fallo de principiante que expongo para que, por favor, no cometáis errores similares:

“Todo cuanto había percibido se lo fue contando, y no ahorró en detalles. De esta manera Glauco supo de la locura en la que había caído Caritó, quien pensaba que compartía noches con su hijo muerto, y comprendió la situación de su amigo”.

¡¡”Supo”!! Qué desliz. Ah el peligro de la focalización en un narrador omnisciente… Para un lector atento, en este momento el relato se puede desmoronar. Puede existir la excusa de que el narrador ya se pone al cien por cien en la piel del personaje, pero es una mera excusa. Y no válida, amen. Y otra reflexión de este tipo de narrador, que cada vez más me parece facilón: decía Hitchcock que para simular tensión en un tren que llega raudo al lugar donde yace nuestro héroe no siempre es más efectiva la cámara subjetiva. Claro, lo que sí que es más sencillo.

Bien, ya tenía la historia, decidido el narrador y creía haberme metido en los personajes. Ahora me faltaba la ambientación y los secundarios. La primera, una Grecia romana, que es donde transcurría la historia original. O, más bien, una Roma helenizada, alejandrinizada. Con esto en mente, ay, me vino a la cabeza una obra que iba al pelo: “Los últimos días de Pompeya”, una de las novelas más helénicas de Roma que yo he leído. Necesitaba un brujo y me dije: ¿por qué no traer al ladino Arbaces a este relato y, de paso, hago un pequeño guiño también a Apuleyo? E insistí más aún: ¿y por qué no me traigo también de “Los últimos días de Pompeya” al prota, al dueño de La casa del poeta trágico, al mismísimo Glauco? Sí, él sería mi intermediario. Y con sinceridad, no veo engolado ningún diálogo ni de cartonpiedra algún personaje, y no por habilidad de un servidor sino porque hice trampas: conocía a los personajes, sus historias. La trampa: la vida ya la habían escrito otros.

Ale. Arreando. Ahora, a desarrollar la historia. Quien me conoce, sabe de mi alergia a los términos de época. Solo en un par de fragmentos caí, sobre todo en uno, en un exceso de helenización, y me fue (o eso creí) necesario para poder representar el mundo mágico de los sueños de Caritó. El resto del lenguaje (salvo lo del dichoso vientre, bien visto) me parece adecuado (Rosalía, a ver si nos creemos que diminutivos cariñosos solo los usamos ahora).

Y me quedo sin tiempo, así que iré al final, que muchos creen inacabado. Pues, señores, siento decirles que en el texto está todo. ¿Mostrar el ritual del mago? Dioses no, no me interesaba ni lo más mínimo. Paja. Cuando pensé en él, en el final, sabía que no era explícito. Sabía que era abrupto, raudo, cortante. Intenté alargarlo, explicarlo, pero me sonaba a mentira, a añadido. No me sentía cómodo y decidí ser honesto conmigo mismo y con el lector. Es falso que no pensara en él. No creo que hacer las cosas más explícitas sea una concesión al lector. Pensé en él, y os aseguro que los finales alternativos que tenía eran un insulto a la inteligencia del receptor. Pero esto, sin duda, es culpa de un escritor novel y sin pericia. Alguien que además, ya lo sabéis los que me conocéis, da demasiadas cosas por sentado en sus enunciados y no sabe explicarse muy bien. Y para remediar eso, me temo, ya es tarde. ¿Qué haber añadido?, ¿que al día siguiente el marido, dolido por la incomprensión de su esposa, la cogerá de los pelos y la llevará al acto brujeril del alejandrino, no solo con la esperanza de recuperarla sino también dominado por el rencor?, ¿que, efectivamente, esa era la última noche De Caritó con cadenas, que ya jamás volvería a ver, a abrazar a su retoño? Pues el caso es que me negué a añadirlo porque se desprende del texto. Y esto es un relato, ejem, no un cuento.

Uf. Pido perdón al que haya sido capaz no solo de leerse mi relato sino este tochazo de entrada. Ah, y muchísimas gracias a todos, de verdad.
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lantaquet



Registrado: 04 Ene 2011
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MensajePublicado: Mie Feb 13, 2013 8:55 pm    Tí­tulo del mensaje: Responder citando

Uyuyuyuy...
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Lucie



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MensajePublicado: Jue Feb 14, 2013 12:42 am    Tí­tulo del mensaje: Responder citando

No deseo inmiscuirme en debates conceptuales sobre el término relato o cuento. El hecho es que, para mí, nos cuentas una historia a lo largo de tu relato. La historia de una pareja desgarrada por la pérdida de un hijo. El sufrimiento de la madre es muy palpable y es fácil empatizar con ella. Por ello quizás el final del relato no deja de ser frustrante en algunos sentidos. Creo que hay cierto talante masoquista en la lectura de una historia con final trágico. A veces el final se intuye ineludible pero gustamos de leerlo.

En tu texto pusiste todos los ingredientes para el desenlace pero no los mezclaste (más allá del desliz del “supo” existía la incógnita entre locura y giro fantástico), , y, desde luego, no pudimos probar ese amargo pastel. Podía suponer por los ingredientes que sería amargo pero yo quería probarlo, masticarlo, y disgustarlo hasta el final para poder juzgarlo y conocerlo en toda su amplitud.

Repito, relato o cuento, me contaste una historia que, para mí (y es obvio que esto tiene una talante subjetivo) merecía que trataras de mojarte dándole una conclusión real. Había múltiples opciones sin caer en la falta de inteligencia al lector. Dilucidar si estabamos ante la locura de una madre o un elemento fantástico o simplemente jugar más con ese misterio. Incluso, podían llegar a unirse ambas posibilidades en el desenlace con una merma de cordura total ante la pérdida definitiva del hijo a través de un ritual real; dar a la historia un giro mitológico (siempre me encantaron esos finales trágicos en los que los dioses ofrecen a los mortales convertirse en una flor o una constelación, con todo el simbolismo que entraña)… Había diferentes posibilidades que explorar en realidad y no todas tenían por qué caer en lo obvio, aunque puedo entender que fuera una opción personal el no explorarlas... Sin embargo,con eso, volvemos al punto de partida.
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