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El pequeño Pataxú, Tristan Derème

Encadenados

 
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Autor Mensaje
Nausícaa



Registrado: 29 Oct 2011
Mensajes: 5847
Ubicación: Con los pies en la tierra y la cabeza en las nubes

MensajePublicado: Mar Jul 10, 2012 5:11 pm    Tí­tulo del mensaje: Encadenados Responder citando

Como me ha parecido una buena idea la de Lantaquet, abro aquí el hilo de encadenados, para usarlo como rincón de escritura para todos esos dedos inquietos que pululan por nuestros foros.

Suerte, valor ... Y al ruedo Laughing
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Somos el tejido del que están hechos nuestros sueños. (W. Shakespeare)
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lantaquet



Registrado: 04 Ene 2011
Mensajes: 10279

MensajePublicado: Mar Jul 10, 2012 11:12 pm    Tí­tulo del mensaje: Responder citando

Empiezo yo va...

Miro fijamente a Lantakio, los fuertes y morenos brazos del hombre le parecieron como de dibujos animados, la espectacular belleza de todo en lo que sus ojos reparaban le hicieron sospechar que quizá no sólo había tomado acido.
Sospechar de Lantakio, sopechar que toda esta movida no era más que una patraña.
El oscuro rostro arrugado con forma de viejo nudo de Lantakio, ahora le parecía atractivísimo, e imaginó alguna inteligente pregunta que hacerle, pero de pronto se hizo un poco de silencio que insospechadamente la despejó.
Su acelerada cháchara mental se interrumpió en ese momento de sosiego, la música se había detenido.
Un tipo flaco con camisa, pantalones y zapatos blancos cogía el micrófono, y decía:
-Ladies and Gentelmen from los Angeles, California,
¡The Doors!-

Un unánime y atronador grito del extasiado y entregado público fue automáticamente apagado por las primeras notas de Roadhause Blues.
Lantakio no pudo evitar seguir el pegadizo ritmo con la cabeza, al modo más adecuado con la época y el público que lo rodeaba.
Al momento salió Orbes a cantar, vestido exclusivamente con pantalones de piel de serpiente consiguió que las entregadas voces de las fans ahogaran por un instanteel sonido de las guitarras electricas mas potentes del mundo.
Orbes se contoneaba por el escenario como un gordo gusano a punto de encapullar, que por algún motivo ha aprendido a ponerse en pie y a bailar como poseido.
Orbes ahora, justo después de un acorde, con una voz tan potente y melódica empezó a cantar y con ello sorprendió a Lantakio que no le recordaba así el tono.
Oculto: 

-Keep your eyes on the road, your hands upon the wheel
Keep your eyes on the road, your hands upon the wheel
Yeah, we're goin' to the Roadhouse
Gonna have a real
Good time...-

Después de contemplar durante un rato a su maestro y mentor en las artes alquímicas
y en todo lo que no es alquimia también.
Se giro hacía hacía la chica, y ya en un perfecto inglés le dijo:
-Vamos al lío, ese es el tipo- le dijo Lantakio señalando al gusano bailarín.
Un escalofrío erizó la espalda de la chica como la de un gato al pasar frente al escenario y ver a Jim Morrison. Hasta entonces no supo que era a él a quien había prometido matar
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Semíramis



Registrado: 16 Nov 2010
Mensajes: 2943

MensajePublicado: Jue Jul 12, 2012 2:07 pm    Tí­tulo del mensaje: Responder citando

Un escalofrío erizó la espalda de la chica como la de un gato, al pasar frente al escenario y ver a Jim Morrison. Hasta entonces no supo que era a él a quien había prometido matar
Se sacó del bolso la fotografía y la cotejó con el original. Sí, era él, el mejor imitador del mítico cantante de The Doors. Aunque, para ser justos, había que decir que esa no era su más lograda suplantación; en la "vida real" era donde merecía realmente un óscar. Claro que Lena no repartía premios de la academia, lo suyo eran más bien los galardones del 45 especial. Y estaba a punto de conceder el más justificado de su carrera.
Buscó con la mirada a alguien que le sirviera para cumplir el siguiente paso y lo encontró en un instante. Con deliberada parsimonia se acercó a él, uno de los corpulentos seguratas que estaban de guardia en el festival, parado a un lado del escenario.
Sobornarle fue cosa fácil, en realidad se trataba tan solo de hacerle llegar un papel al cantante, una vez acabado el concierto. Su texto: “He podido escaparme. Te espero en la caseta del embarcadero, prometo recompensarte como mereces”, escrito con letra apresurada y algo borrosa, y la firma: Bibi, aseguraban que Jim Morrison-Jaime Giménez acudiera al encuentro sin dudarlo.
Lena se encaminó al lugar de la cita, dejándose ver por doquier, canturreando en voz baja como la persona más despreocupada del mundo. Su aspecto hacía imposible que pasara desapercibida. Iba vestida igual que la auténtica Bibi, conjunto negro ajustado y trench de leopardo, abierto encima, tacones de vértigo, peluca rubia y lisa y un bolso grande de la última colección de Vuitton. En un entorno de grunges desastrados llamaba la atención como lo haría un brillante en medio de un saco de carbón. Exactamente lo que pretendía.

Jaime abandonó el escenario con la adrenalina golpeando en sus venas como un riff de guitarra. Y el mensaje que le entregó aquel hombre no hizo sino acrecentar su euforia. Se escabulló entre los fans, atentos ya a la aparición del siguiente grupo, y corrió hasta el embarcadero. La puerta de la caseta estaba entornada. Entró de golpe para encontrarse con la espalda de la mujer que le tenía loco desde hacía unos meses.
Su expresión de desconcertada alarma cuando la chica se dio la vuelta, se convirtió en otra de horror cuando ella sacó del bolsillo su sentencia de muerte.
–¿Por qué…? –fue lo único que atinó a decir.
–Digamos que soy feminista.
Dos disparos a bocajarro acentuaron su declaración. Luego, sonriendo para sí, Lena añadió:
–Feminista pragmática, todo hay que decirlo. –Y recordó los nuevos ceros que adornaban su cuenta suiza.
Abandonó la destartalada caseta sin preocuparse de posibles testigos. Las sospechas que pudieran surgir apuntarían sin duda a la amante, el último eslabón de la cadena trófica, el punto donde iba a parar el dinero que Jaime les sacaba a sus legítimas, y recientemente desengañadas, dos esposas.
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lantaquet



Registrado: 04 Ene 2011
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MensajePublicado: Jue Jul 12, 2012 9:38 pm    Tí­tulo del mensaje: Responder citando

(Que bueno, que bueno)
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lantaquet



Registrado: 04 Ene 2011
Mensajes: 10279

MensajePublicado: Jue Jul 12, 2012 11:33 pm    Tí­tulo del mensaje: Responder citando

Jaime les sacaba a sus legítimas, y recientemente desengañadas, dos esposas el dinero suficiente como para no tenerse que preocupar por eso nunca más, pero había otras preocupaciones que nublaban el prometedor y resplandeciente, a simple vista, horizonte de Lena.
Sopesó volver con el tal Lantakio y asegurarse por fin de que aquella deuda estaba saldada , pero sería una estupidez no aprovechar la oportunidad de escapar de allí por el embarcadero, evitando toda la patulea de hipis drogados que tendría que atravesar si quería salir por donde habían venido, y por no hablar de la policia que estaría a punto de llegar. No, nada de eso se iría en barco, y en cuanto al traficante libanés de nombre impronunciable ya se enteraría de la muerte de Jaime por los periódicos.
En ningún momento dudó en que barca se marcharía de allí, en la numero "siete" de las doce barcas a pedales que muy bien amarradas, Atracciones Náuticas: Garlomelatas y Brisa en la cara S.A. embarcaba allí mismo.
Eligió la siete por su pedalín central apto para pedaleadores solitarios, y por ser su número favorito. Tiró el arma lo más lejos del muelle que pudo, empacó el resto de sus accesorios en el Vuitton, y desamarró la barquilla. El resplandor producido por las luces del concierto era lo suficientemente potente como para iluminar hasta la salida de la bahía, pero además fue bendecida por una trepidante eclosión lunar tan fulminante que de no ser por el subidón de acido le hubiera resultado realmente extraño. Tanta luz que la relajó cuando fue consciente de lo verdaderamente complicado de la empresa al iluminar como un estatico faro todo el trecho de mar que en realidad se proponia cruzar pedaleando. La música se fue convirtiendo en un murmullo de la misma intensidad que el oleaje hasta que paulatinamente fue desapareciendo. Al cabo de un rato no sonaba más que el chirriar del eje pedalié, y el crepitar constante del mareaje contra el casco hueco de plasticucho, una angustiosa sensación de soledad empezaba a germinar debajo de su pecho, arriba del ombligo, donde solo germina el desasosiego y la diarrea. El espantoso ruido metalico de las guitarras ahora le parecería celestial, si es que pudiera escucharlo aún.
El antinatural resplandor lunar casi le dolía cuando algún reflejo impactaba directo desde el agua hasta sus retinas como con un espejo, resultaba verdaderamente incomodo mantener la vista fija en la siperficie, de pronto una ola perdida y silenciosa sonó como un beso justo antes de ponerla empapada. Se miró con expresión estúpida y se acordó de su bolso, no quería perderlo en absoluto, y era preferible que no se mojara, con esa preocupación se giró a cogerlo, cuando se encontró de bruces con el nudo viejo de cuerda que era la cara del libanés Lantakio, que con los dientes al mas puro estilo Errol Flynn sujetaba la curvada hoja de su cuchillo moro y de un cuasipuñetazo le inmovilizó la cabeza contra sus propios muslos en un escorzo muy poco elegante.
― Los putos jodidos códigos y las cuentas guarra, los códigos y las cuentas ¡Ya!… ― Pudo gritar el traficante con aspiraciones a ladrón sacandose el cuchillo de la boca con su mano libre, mientras que empapado resplandecía a la luz de la luna como un monstruo de neón, en los alucinados ojos de Lena...
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Lucie



Registrado: 08 Ene 2012
Mensajes: 3042
Ubicación: El Norte

MensajePublicado: Vie Jul 13, 2012 4:51 am    Tí­tulo del mensaje: Responder citando

Pudo gritar el traficante con aspiraciones a ladrón sacándose el cuchillo de la boca con su mano libre, mientras que empapado resplandecía a la luz de la luna como un monstruo de neón, en los alucinados ojos de Lena...
Aquella luna antinatural, aquella mirada impregnada de ira, fueron lo último que pudieron ver los ojos de la despampanante mujer antes de sumirse en la eterna oscuridad.
El teléfono había vuelto a sonar en plena noche en la casa de la inspectora Ainhoa Aldekoaotalora Arrizabalaga. A tientas, confundida por el sueño y la penumbra, rebuscó entre el montón de ropa que había tirado desprolijamente al desvestirse unas horas antes. Empezaba a odiar ya el maldito tono nokia, y era vital buscar otro con urgencia. En eso estaban sus aletargados pensamientos cuando al fin consiguió hallar el maldito objeto que, demasiado a menudo, interrumpía su descanso nocturno. Suspiró y, finalmente, descolgó el teléfono.
—Inspectora Aldeko…a…o…
La pelirroja, pues ese era el color de los largos y ondulados cabellos de la mujer, negó un instante, cansada ante una de sus maldiciones vitales, su impronunciable apellido. — Llámeme Ainhoa —interrumpió seca sin más preámbulos
—Bien…Ainhoa —prosiguió la voz masculina que seguía dubitativa al otro lado del móvil —Soy el agente Pérez, le llamaba porque se ha producido un doble homicidio en la caseta del embarcadero del pub Costas.
La inspectora se masajeó la sien, intentando asimilar la noticia y despertándose. Aquello no era algo común en la costa levantina, y pronto la prensa como perros de presa, se les echaría encima —Ahora mismo voy.
Una café rápido para terminar de desperezarse, pues sin su dosis de cafeína no era persona, un «chas» del zippo que siempre la acompañaba para encenderse un cigarrillo, tres intentos para arrancar el gripado motor de su nada glamuroso cuatro latas francés, y la inspectora Aldekoaotalora estaba rumbo al pub Costas.
Conocía aquel bar. Había acudido en más de una ocasión cuando era algo más joven. No era que fuera especialmente mayor a sus treinta y cuatro años, pero ya había vivido aquella experiencia traumática en la que un adolescente se dirigió a ella llamándola «Señora». Fue una tremenda bofetada, un gancho de derecha a su ego del que, su neurótica psique, difícilmente se había recuperado. A pesar de aquello, su mente vagaba mientras las luces de la carretera iban desfilando una tras otra formando un fantasmagórico borrón. Recordaba las noches de juerga en aquel bar, lo tonta que se ponía cuando escuchaba resonar la voz nasal del adonis Axel Rose, cómo cerraba los ojos mientras el rebumbio de la guitarra japonesa de Krist Novoselic la transportaba, la forma en el que el mundo giraba mientras deformaba las letras de Rage against the machine y el alcohol se deslizaba por su garganta cuando aún estaba aprendiendo a beber en el aquel antro, del que Andrés siempre había dicho que olía «a sobaco».
Apenas tardó unos minutos en comprobar que el calificativo seguía sentándole bien al local. De hecho la ley antitabaco, pues el humo tenía el don de sobreponerse a casi todo los demás olores, no había hecho más que reforzar aquel tufo mortal en una llamativa miscelánea de alcohol, orines, y de la imperante humedad que impregnaba sus destartaladas paredes.
Algunos agentes guiaron a Ainhoa a través del pub, sintiendo la inspectora como sus pies se adherían al suelo en el que se acumulaban verdaderos estratos de inmundicia. Al salir al exterior e inhalar, al fin, una profunda bocanada de aire limpio pudo ver, tras el cordón policial, el cuerpo de un hombre delgado. Parecía una copia del todo a cien de Jim Morrison, pensó la mujer rápidamente. Pero algo llamó poderosamente su atención en aquel momento. La mano de aquel escuálido cadáver agarraba, con la fuerza del rigor mortis, un trozo de papel.
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lantaquet



Registrado: 04 Ene 2011
Mensajes: 10279

MensajePublicado: Sab Jul 14, 2012 12:17 am    Tí­tulo del mensaje: Responder citando

«Un trozo de papel con cuatro nombres, eso es todo lo que necesitaban aquellos asquerosos rusos para dar con cada uno de nosotros. Llevo casi quince años despotricando de los jodidos rusos, que si están sobrevalorados, que si sí no fuera por las armas serían unos mantas, que si son los poligoneros de la mafia, que si dan mucho el cante con tanto tatuaje, y de pronto me veía desnudo y engrilletado a una de esas horribles sillas que preparan los tipos duros cuando quieren sacarle algo a alguien, rompiendo la base lo suficiente como para que me colgasen los huevos como el insólitamente peludo moco de un pavo. Aterrado y dispuesto a vomitar toda la mierda que fuese, donde se encontraba Lena, quien tenía los códigos, quién pagó a libanés, estaba dispuesto a revelar lo que fuera… Y si aún así eso no era suficiente tenía reservado para el final un últimos “as”; la dirección de esa zorra de Aldeko…a…o… lotola, lotora… De esa zorra pelirroja que tanto nos había jodido a todos últimamente, y que conociendo lo creativa y sádica mente de estos mierdas seguro que reconocen como una información de cojones.
No podía verlos, pero por algún gemido que oí detrás de mi reconocí a Peloputa, esos sorbos constantes de nariz son inconfundibles. Suárez estaba sentado al lado mía sollozando constantemente, o tal vez canturreaba, jamás llegaré a conocer a ese tío. El trepidante punzón hormigueante que recibía mi nariz cada vez que me giraba a la derecha solo podía provenir del sobaco Vizuete, era capaz incluso de oler el rancio aroma de los miles de pequeños cúmulos de caspa, que siempre adornaban las hombreras de la única chaqueta de pana negra que le había visto en la vida. No lo podía vérsela pero estaba ahí seguro, esa difusa mancha de vino que aún resplandecía en su pechera después de algún roñoso lavado con alguna servilleta húmeda. Las manitas gorditas de Vizuete llenas de anillacos de oro marrón y negro por la mugre de cuarenta años que deben oler peor que debajo de su reloj del Barcelona. Esa paleta de grises y negros en los cuatro dientes que le quedan, y por los que no aprobó las oposiciones de guardacoches… Tenía demasiados.
Oí unas risas, y entonces comprendí que otra vez estaba pensando en voz alta. Súbitamente nos quitaron a todos lo que en ese momento pude comprobar que era una sucia funda de almohada y corroboré lo que creí que eran mis pensamientos, todos estábamos allí, los cuatro. Un ruso se acercó a mi y escupió algo en nuestro idioma que nadie entendió. Sin coger impulso me estalló los huevos de una patada, lo se porque me los enseñó. Después se sacó una resplandeciente Glock de porcelana y me voló la cabeza»
Siolo lio dirre una vess, si tu joderr a mi, yo joderr tu, joderr tus huevios y joderr tu mujerra, y joderre a tu herrmana si es que estarr buena… ¿Y lios quiódigos? ―A lo que Vizuete replicó ―Pues la has cagado Rostropóvich te has cargado al único que lo sabía…
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