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El pequeño Pataxú, Tristan Derème

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momper



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MensajePublicado: Jue Dic 28, 2017 8:45 pm    Tí­tulo del mensaje: Responder citando

Resilient Russian Women in the 1920s & 1930s, de Marcelline Hutton. Estudio de la mujer en el mundo soviético a partir de las memorias, diarios o cartas de muchas de ellas, desde hijas de las clases perseguidas: chicas excluidas del trabajo e incluso del sistema de racionamiento, abocadas a la marginación cuando no la prostitución; a campesinas que aprovecharon el innegable esfuerzo por emancipar a las mujeres y acabaron siendo tractoristas o maestras: el divorcio, la generalización de la enseñanza y —al principio— el reparto de la tierra libraron a muchas de una vida de sumisión en la familia de sus maridos, precisamente allí donde menos penetraron las ideas comunistas. Otra cosa es que las bases mismas del sistema corrompieran incluso sus logros: la maestra en el pueblecito bien podía ser violada por el comisario de turno sin poder denunciar el hecho so pena de ser denunciada a su vez.

En un país pobre y atrasado, los ideales reformistas chocaron con el colapso económico y una agenda política en que primó la victoria en la guerra civil y, después, la colectivización del campo a toda costa. En los años treinta, con los planes quinquenales ya en marcha, se contaba con una nueva generación adoctrinada en el compromiso con los objetivos del régimen y que disfrutaba de las oportunidades brindadas en la nueva sociedad; el realismo socialista soslayaba cuestiones negativas como la debilidad o la ansiedad; la gente se resignaba, pues toda crítica podía ser tachada de «contrarrevolucionaria», y se adaptaba a la miseria moral: un purgado significaba un puesto vacante, un amante despechado podía vengarse denunciando los orígenes de la joven… Entonces llegó la Wehrmacht, y Marcelline Hutton se pregunta en qué hubiera parado todo aquello sin el destrozo.

Obviamente, el libro aborda muchas otras cuestiones y, además, nos permite conocer a mujeres extraordinarias.
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momper



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MensajePublicado: Sab Ene 20, 2018 10:30 pm    Tí­tulo del mensaje: Responder citando

Sexual Violence in Europe in World War II, 1939-1945, ensayo de Jeffrey Burds publicado en SAGE Journals.
En el Frente Oriental, fue una violencia ampliamente consentida por una jerarquía nazi poco preocupada por la reputación de Alemania entre los eslavos —que en su concepción estaban sólo un peldaño por encima de los judíos— y exacerbada por la resistencia encontrada. En realidad al Reich lo que le preocupaba eran los hijos mixtos: la profanación racial era considerada alta traición y conllevaba en 1939 una pena de 4 ó 5 años de cárcel; pero la ilusoria prohibición de relacionarse con eslavas no evitó que en el primer año de ocupación se engendraran un millón de indeseados niños mixtos y, además, el problema se reprodujo en la propia Alemania, donde la presencia de los prisioneros de guerra obligó a que el régimen tuviera que recordar a las alemanas su deber con el Volk.

Si en el Frente Occidental la Wehrmacht castigó las violaciones de sus soldados, en el oriental sólo lo hizo cuando fueron especialmente sádicas, y con el razonamiento de que «socavaban la disciplina militar»; teniendo en cuenta las espantosas torturas sexuales que se permitieron los guardas (alemanes o no) de los campos de prisioneros, uno no quiere pensar en qué debía de parecerles intolerable incluso para razas inferiores. Tanto estas violaciones como las llevadas a cabo por el Ejército Rojo después se acompañaban muchas veces de un ritual de humillación: se perpetraban delante de maridos, hijos, padres. It is impossible to understand Soviet sexual violence in Germany and other enemy nations of Central and Eastern Europe without a keen understanding of the Soviet experience of the war, nos dice Jeffrey Burds. Sobre la violencia sexual en el Frente Occidental, el Time Magazine del 17 de septiembre de 1945 pudo escribir: "Our own army and the British army along with ours have done their share of looting and raping . . . we too are considered an army of rapists". Y para que el horror sea completo, estas violencias las llevaron a cabo también los partisanos polacos y ucranianos en su particular enfrentamiento, así como bandas de desertores y prisioneros de guerra escapados.

Acabada la guerra, muchas mujeres que habían sobrevivido entregándose a unos conquistadores que «podían tomar lo que quisieran con total impunidad» fueron humilladas públicamente (entre 20000 y 25000 mujeres rapadas sólo en Francia) o marginadas por sus familias y su comunidad: estremece constatar que las alemanas sufrieron el reproche de sus hombres por haber confraternizado (!) con el enemigo, pese a que ellas no los culparon a ellos por las desgracias sufridas; incluso un soldado norteamericano (hablándole a un obrero alemán) se permitió decir: “The German soldiers fought for six years, the German women for only five minutes". Y en toda Europa los Wehrmachtskinder, enfants des Boches, etc., hijos engendrados por soldados alemanes, sufrieron el ostracismo al igual que sus madres.
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momper



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MensajePublicado: Mar Feb 06, 2018 4:58 am    Tí­tulo del mensaje: Responder citando

A Study of Soviet Female Combatants in World War II, el professional paper presentado por Kimberly A. Gress para la obtención de su grado en Master of Arts in Diplomacy and Military Studies.

La revolución de noviembre abrió el servicio en el ejército, tal como a los hombres, a las mujeres de entre 15 y 65 años, pero a ellas se las empleó en tareas auxiliares. Conocidas bolcheviques demandaron que se las aceptara como iguales en la lucha contra los Blancos, pero las intenciones del régimen chocaron con la realidad de un ejército formado principalmente por campesinos poco o nada imbuidos de los principios comunistas. Unos principios que, además, pasaron en unos años de pretender la destrucción de la familia (incluso se asignaban a los cónyuges trabajos en ciudades distintas) a declararla «una importante institución para el Estado socialista… El matrimonio es el más serio asunto en la vida» (Stalin); en consecuencia «many of the social gains achieved by women during the early years of the Bolsheviks and the Russian Civil War were lost… Despite its preaching of equality, the Soviet High Command was very conservative on gender issues and maintained that women were naturally intended to nurture rather than kill. However, in true Stalinist fashion, Soviet propaganda contradicted that view».

En 1927 se creó un organismo, el Osoaviakhim, destinado a entrenar a sus miembros (voluntarios) en defensa civil, pero que asumía un papel educador de los menos instruidos. También comprendía clubs de aviación en los que se formaron excelentes mujeres piloto que lograron incluso marcas mundiales, el público las adoró «como los americanos a sus estrellas de cine».
Desatada la guerra, se les ofreció a las mujeres la posibilidad de recibir 110 horas de entrenamiento militar, y muchas enfermeras, operadoras de comunicaciones, etc. aprovecharon sus horas libres para aprender a combatir, y así llegó a haber tanquistas, francotiradoras o artilleras ocupadas de la defensa antiaérea; sólo se les negó participar en el combate terrestre «because there was a fear that they might become emotionally and sexually involved with the men in their units», aunque no hay pruebas de que algo así llegara a suceder; de hecho una francotiradora le dijo a la autora del trabajo: «We were all dirty, smelly and some of us even lice-infested. There was no sexual attraction between men and women».
En octubre de 1941, por la Orden nº 0099 del Comisariado del Pueblo para la Defensa se creaban tres regimientos aéreos compuestos exclusivamente por mujeres, entre ellos el célebre 588º (más tarde 46º). Cuando fueron asignadas a una división de bombarderos nocturnos en el verano de 1942, su comandante se refirió a ellas como «princesitas», lo que, obviamente, sólo reforzó su voluntad de demostrar su valía. Volaban en viejos biplanos hechos, en buena medida, de madera y tela, sin paracaídas ni radio ni instrumentos ni armas defensivas, pero los alemanes las apodaron las «Brujas de la Noche».

En el ensayo se repasan las trayectorias de varias de las excelentes soldados con que contó la URSS en su hora más difícil, entre las que no hay que olvidar a las partisanas, que, en un ambiente necesariamente más desprejuiciado, demostraron la misma eficacia en combate que sus compañeros. Como sea, es decepcionante descubrir que tras la guerra nada cambió en la concepción de la posición de la mujer en la sociedad… «No matter how well women performed in combat, they could not change the societal perception of traditional gender roles… When the crisis was over the Soviet Union reverted to its traditional views on the roles of women».
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MensajePublicado: Vie Mar 02, 2018 9:40 pm    Tí­tulo del mensaje: Responder citando

Ordinary Women: Female Perpetrators of the Nazi Final Solution, la tesis de Haley A. Wodenshek, del Trinity College.

Si la Primera Guerra Mundial había emancipado a la fuerza a las alemanas, su papel en el frente interno las convirtió en factor principal del mito de la «puñalada por la espalda». Los nazis sacaron sus conclusiones: quisieron a las mujeres de vuelta al Kinder, Küche, Kirche (niños, cocina, iglesia), pero imbuidas de una misión: preservar «la sangre y la cultura alemanas», para lo cual se reconoció su dominio en el ámbito hogareño y se les facilitó la educación superior (como transmisoras de cultura a sus hijos), el divorcio e incluso tener hijos fuera del matrimonio. El régimen enfatizó la importancia de la maternidad hasta el punto de honrar a las madres de cuatro o más hijos con medallas equivalentes a las militares; todo al tiempo que a otras se les prohibía procrear not just on the grounds of their inferior genes (or race), but because of their deviation from the social or ethnic standards attributed to “superior women”.

También se sedujo a una juventud que sufría unas circunstancias con cuyo origen nada tenía que ver. En la Bund Deutscher Mädel (liga de muchachas alemanas, de carácter voluntario hasta 1939), muchas chicas disfrutaron experiencias formativas que no habían estado al alcance de las anteriores generaciones de mujeres; al precio, claro, de ser adoctrinadas conforme a los principios del nacionalsocialismo, en el contexto de una enseñanza en que se enseñaba a identificar judíos en clase de sociología y un ejercicio típico de matemáticas podía ser calcular el coste de mantener discapacitados.

Muchas de estas mädel encontraron en el «Salvaje Este» la posibilidad de escapar del papel tradicional que demandaba el Estado de ellas: they were excited about the new opportunities made available to them, resulting from a sort of sadistic feminism. Operating within the intrusively patriarchal society, many Nazi women felt the need to prove that they were just as capable as Nazi men, and found a way to do so under the very system that murdered their victims and oppressed German men and women alike.

Las implicadas en los horrores de la colonización y el exterminio se valieron de los estereotipos vigentes (también) en el Altreich para intentar eludir la justicia; estereotipos reforzados por las noticias de las mujeres desvalidas que huían sin protección masculina de la horda roja. Una Ilse Koch (la Zorra de Buchenwald) podía parecerle al Brigadier General norteamericano Emil Charles Kiel, que presidía la corte en que fue juzgada, una «muy dulce joven madre» (entonces estaba embarazada de seis meses, producto de su relación con otro preso).

Women were aware of the advantage they had over their male counterparts as the male prosecutors initially judged them based on their emotional responses. If women displayed emotions that showed remorse, sensitivity, empathy, humanity, or other qualities consistent with the “nature” of feminine instincts, most were given only minimal sentences, making women a small minority of female defendants in many of the post-war trials. Whereas men, based on their gender, were unable to escape prosecution for the crimes they committed, despite various testimonies that claimed women were worse than men in the concentration camp setting, gender bias, and the physical appearance of women, easily succeeded in entering the minds of the judges and juries throughout the entire judicial process, allowing the thousands of women responsible in the genocide of millions “unworthy of life” to escape justice.
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Ultima edición por momper el Dom Abr 21, 2019 1:27 am; editado 1 vez
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momper



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MensajePublicado: Mar Abr 03, 2018 7:50 pm    Tí­tulo del mensaje: Responder citando

Escape from the Soviets, de Tatiana Tchernavin. Retrato de una Rusia que salió del hambre generalizada tras la Revolución para caer en las purgas contra los supuestos saboteadores, vía de escape de un régimen fracasado. Tatiana y su marido profesor entraban de lleno en la clase intelectual, objeto de una de las primeras purgas; pertenecían a unos ambientes que vieron con buenos ojos la caída del zarismo, pero pronto se encontraron esperando angustiados el momento en que la OGPU iría a por ellos. Su marido cayó primero, aunque su inteligencia (sugirió métodos para mejorar el rendimiento de las piscifactorías, etc.) le permitió mejorar su suerte de esclavo y ganar una cierta autonomía que, al final, le permitió escapar, aprovechando una visita de su mujer y su hijo (ella tras su propio paso de varios meses por la cárcel).
La primera parte del libro nos sume en pleno Terror, en un régimen donde los periódicos tenían prohibido mencionar el aumento de los suicidios, donde «cuando uno caía dormido, los sueños eran peores que la realidad»; donde, si estabas señalado por tus orígenes o por «escribir con la vieja ortografía», tu destino se ceñía a la terna «prisión, muerte o exilio», éste en lugares remotos sin dinero ni raciones; donde, en realidad, te podían señalar por cualquier cosa.
La parte final nos cuenta el escape a Finlandia a través de un interminable paisaje de ciénagas y montañas; días y días consumiéndose de agotamiento y de miedo a sus seguros perseguidores. Este libro (que, por cierto, está maravillosamente escrito) se publicó en 1933 y fue una de las primeras denuncias del gulag, pero cayó en el roto saco de muchos intelectuales, lo que da que pensar. Mucho.
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MensajePublicado: Mar May 01, 2018 6:09 pm    Tí­tulo del mensaje: Responder citando

Mothers for Germany: a look at the ideal woman in Nazi propaganda, tesis de Karin Lynn Brashler en la Iowa State University.
La concepción nazi de la mujer impugnaba el modelo en boga durante la República de Weimar: la «Nueva Mujer», independiente, franca, con ropa masculinizada y liberada sexualmente; una mujer que había escapado de la vida doméstica. No eran la mayoría y crearon cierta inquietud en una sociedad en la que, pese a la eclosión de las vanguardias, todavía se promovían los papeles tradicionales de ambos sexos. Mucha gente, pues, fue receptiva al discurso y las políticas nazis, encaminadas a fomentar la conformidad femenina con las esferas separadas de influencia de hombres y mujeres, con la maternidad como meta, como forma de realizarse plenamente. Los nazis tenían un fondo de moral burguesa, moldeada, eso sí, en algo sustancialmente diferente, que se podría resumir en el principio de que «lo que ayuda a la raza es bueno y lo que la daña, malo». En su empeño por aumentar la natalidad de los arios, se facilitaron las relaciones extramatrimoniales: si los padres de la joven le reprochaban algo, podían ser denunciados por actuar contra los deseos del Führer. A las madres solteras se les concedían los mismos beneficios fiscales que a las viudas, y quienes no estaban dispuestas a poner su cuerpo al servicio de la raza eran tachadas de egoístas y antipatriotas.

En 1935 Himmler crea las Lebensborn, casas de acogida para familias de soldados y madres solteras racialmente puras, y no «granjas de sementales», como sostuvieron ciertos autores en el pasado, reflejando los muchos rumores que suscitaron. Para evitar escándalos, los registros de los nacimientos se quedaban en los archivos de las SS. Tres cuartos de las jóvenes que engendraron allí eran chicas de 15 ó 16 años, y en su correspondencia se aprecia que habían tenido relaciones como un deber hacia el Estado. El adoctrinamiento a las niñas se completaba en las organizaciones infantiles y juveniles, y en las «escuelas para novias»: les inculcaban la subordinación del individuo a la raza y el pueblo; la obediencia al Estado, convertido en la máxima autoridad familiar; el deber de encontrar buenos maridos arios para conservar la pureza racial. Incluso se animaba a los jóvenes a educar a sus padres, a enseñarles, por ejemplo, cómo comportarse con los judíos; si no lo conseguían, por lo menos estos principios les servían para defenderse de los valores contrapuestos que se transmitieran en la familia.
Los niños de las Lebensborn se entregaban a familias «adecuadas» cuando la madre se consideraba «moralmente inferior» y, si nacían con imperfecciones, se les practicaba la eutanasia sin importar la opinión de nadie.
Como contrapunto al papel deseado para la mujer, se promovía la masculinización de un hombre «feminizado»: los chicos podían llamar al orden a sus homólogas de organizaciones femeninas si desaprobaban su comportamiento. La propaganda emplazaba a unos y otras a mirarse en el espejo de un pasado idealizado no especificado, a ser tan fuertes como ellos, a vivir como ellos lo hicieron.

Las necesidades de la guerra obligaron a sacar a las mujeres del ámbito doméstico, pero entendiendo que era algo provisional; de hecho, las revistas que se les dedicaban siguieron hablándoles de decoración y de cómo ser más femeninas. Las obsesiones nazis no desaparecieron ni siquiera cuando todo estaba perdido, algo que —se me ocurre— queda ejemplificado en un Hitler que se evadía recreándose en sus disparatadas maquetas con los rusos ya en Berlín. En 1944, en pleno Holocausto, se seguía aleccionando a los jóvenes sobre el peligro que los judíos representaban para Alemania, la necesidad de prevenir la mezcla de sangres, y la lucha de las razas para dominar el mundo.

Buen trabajo el de Karin Lynn Brashler para conseguir su grado de Master of Arts, aunque cabe reprocharle cierta recurrencia en las ideas expuestas, al modo del Kershaw de la biografía de Hitler.
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Milius



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MensajePublicado: Mar May 01, 2018 7:24 pm    Tí­tulo del mensaje: Responder citando

Unos comentarios muy interesantes, momper. Gracias.
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momper



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MensajePublicado: Dom May 20, 2018 8:40 pm    Tí­tulo del mensaje: Responder citando

Framed in Death: The Historical Memory of Galeazzo Ciano, tesis de Paige Y. Durgin (del Trinity College).
Un tipo pomposo y arrogante, corrupto en asuntos financieros, partidario entusiasta del Pacto Tripartito y belicista en las aventuras militares de Albania y Grecia, unido por un vínculo paternofilial al Duce, que lo hizo el ministro más joven de la historia europea a sus 33 años (un advenedizo a ojos de los veteranos del Corpo Diplomatico)… Pero también alguien que —como prácticamente toda Italia— se desencantó progresivamente con Hitler al ver a su país subordinado a las veleidades nazis y arrastrado a una guerra para la que no estaba preparado. La peligrosa devoción a lo alemán de un Mussolini atemorizado —al decir de Ciano— por Hitler («No podemos cambiar de política, no somos prostitutas», se justificaba, pese a que los alemanes ni siquiera le comunicaban sus acciones más relevantes) puso a prueba la lealtad de su devoto y anglófilo yerno, escéptico ante la unión de «dos pueblos arrastrados en direcciones opuestas por la raza, la cultura, la religión y los gustos» (se desahogaba en su diario). Pero, como la gran mayoría de los cargos del régimen, Ciano no hizo nada hasta que Italia «estaba ya de rodillas», una inacción explicada por la lealtad… y el miedo a perderlo todo.

En Sazlburg, donde había acudido tras la toma de Danzig para proponer una conferencia de paz que evitara otra guerra devastadora, se consuma su ruptura personal con la Alemania nazi. En medio de la conversación con un Hitler que le hablaba de la «amenaza» polaca, llegó un telegrama que anunciaba la avenencia de Moscú a iniciar negociaciones con Alemania, de nuevo un movimiento no comunicado a su aliado. Ciano escribió en su diario que, de vuelta en Roma, le dijo a Mussolini: «Rompa en pedazos el Pacto [del Acero], arrójeselo en la cara a Hitler, y Europa os reconocerá como el líder natural de la cruzada antialemana». Pero sólo la falta de medios obligó a Mussolini —muy a su pesar— a declarar no beligerante a Italia.
Pío XII y Badoglio, empresarios, diplomáticos y el rey Víctor Manuel III se agruparon tras Ciano, suponiendo erróneamente que tenía ascendiente sobre el Duce. Los primeros éxitos alemanes, en cambio, convencen a Mussolini de que Italia puede tener su parte en el botín si entra en la guerra, lo que lleva a sucesivos y épicos fiascos del pobremente equipado ejército italiano. Desde enero de 1941 hay rumores de un inminente coup d’état… Pero Ciano, en particular, no fue capaz de romper emocionalmente con Mussolini hasta 1943: a principios de año fue destituido tras interceptar los alemanes un telegrama de Allen Dulles que revelaba su implicación en planes para deponer al Duce; cuando al día siguiente éste lo llame para ofrecerle de nuevo el puesto (!), Ciano por primera vez pondrá la lealtad a Italia sobre la debida a su mentor y declinará la oferta, una actitud que llegaba demasiado tarde.

En julio de ese 1943, con los Aliados ya en Sicilia, se convoca el Gran Consiglio del Fascismo (único órgano mínimamente independiente dentro del régimen) con objeto de retirarle el mando militar a Mussolini, pero a lo que lleva, en realidad, es a su destitución y arresto; con la formación consiguiente del Gobierno Badoglio, que en cuarenta y cinco días rindió Italia a los Aliados. Como César, Mussolini desoyó las advertencias: «[los miembros del Consejo] son gente que vive por la luz que llega de un foco; si lo apagas, caerán en la oscuridad de la que salieron», le dijo a su esposa Rachelle. «La firma de Ciano convirtió la resolución en su personal nota de suicidio» (Paige Y. Durgin).

Ante la liberación de Mussolini y la ocupación alemana, y el deseo de Badoglio de eliminar a los miembros del Partido fascista, la mayoría de los integrantes del Gran Consiglio escaparon, pero Ciano vaciló y sólo a instancias de su mujer —Edda, hija favorita de Mussolini— accedió a volar a Alemania para llegar desde allí a España. Craso error.

Según uno de los jueces de Verona que se ocuparon del caso, su comportamiento se consideró más despreciable aún que el de los otros cinco juzgados, pues se rebeló contra el hombre al que le debía todo. Su condena suponía el ajuste de cuentas con la vertiente burguesa del fascismo, fascistas presentes en la sala estaban dispuestos a que no saliera vivo de allí si no se le aplicaba la pena máxima. Pero para Mussolini los auténticos traidores habían escapado y, la noche antes de la ejecucion, el jefe de las SS en Italia le tuvo que recordar que perdería el respeto del Führer si la cancelaba. «No tuvo el coraje de negarles la cabeza de Ciano a los alemanes», dijo años después Edda.

Considerado hoy por muchos una especie de mártir del fascismo, una instantánea en el momento del fusilamiento nos lo muestra volviendo la cara hacia sus ejecutores (los pusieron sentados de espaldas al peloton como muestra de deshonor); una imagen —tan distinta del cuerpo ensangrentado colgado boca abajo de Mussolini— que nos reta a preguntarnos por «la compleja, y a menudo contradictoria, naturaleza de su carácter».
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MensajePublicado: Mar May 29, 2018 10:21 am    Tí­tulo del mensaje: Responder citando

Le he echado un vistazo a esta tesis presentada en la Universidad de Arizona hace un par de años: Cuban socialism: a model of social development, en la que Martin Dylan Forstrom hace un panegírico de la Cuba castrista, a la que llama truly democratic one-party socialism (como hizo la UE el año pasado, por cierto). Vale que se analice un sistema sin, digamos, prejuicios; pero hablar, por ejemplo, de la nostalgia for the higher life expectancies, GDPs, economic growth, and lower crime, infant mortality, etc. of the single-party era en casi toda la antigua Unión Soviética me parece más voluntarista que otra cosa; tal como hablar de lo beneficioso que es «para evitar la erosión del suelo y las malas hierbas» el uso de la tracción animal... en lugar de tractores para los que no hay combustible. Cuando se está en posesión del modo adecuado de pensar, no existe el fracaso, parece decirnos Forstrom.

Les copio un par de párrafos para que vean el tono del trabajo:

How did the Cuban government do in shielding Cubans from the ills of tourism and tourists from violent and property crime, in comparison to its Caribbean and Latin American counterparts? I would argue, and the literature certainly concurs, that they did well. This is probably in large part because other, capitalist countries in the region made no effort whatsoever to protect their people from, again, say, prostitution and consumerism. Instead, they attempted to squeeze every dollar possible out of these social ills without any regard to how out-of-control they might get. That’s why, despite a similar reliance on tourism (and in spite of the unique challenges of the Special Period with which no other country in the hemisphere had to deal), the destitution, violence, and death that stem largely from the inherent contradictions of private property do not exist in Cuba.

***
Cuba has become a “nascent class society” because it now has a growing bourgeoisie, which, in the context of the increasingly liberalized economic system of the island, will only continue to enrich itself at the expense of regular, hardworking Cubans. “Cubans who learned skills from their revolutionary education now sell them for dollars,” many of whom, as in Russia, are former privileged bureaucrats of the Communist Party who use their “connections” and resources to open restaurants, casas particulares, or other private businesses to take advantage of the CUC (convertible peso) economy to which most Cubans do not have significant access (Landau 2003:626). This is an impulse born out of scarcity and hardship previously unknown to a people who enjoyed a high standard of living under socialism—and out of the profound contradictions born out of a two-tier economy that has created differences where previously equity and meritocracy had justly existed. However, without the continued existence of the relatively robust social safety net, as exemplified by the libreta, it could be much, much worse (Landau 2003:625).
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MensajePublicado: Dom Jun 10, 2018 5:10 pm    Tí­tulo del mensaje: Responder citando

Bystanders, blackmailers, and perpetrators: Polish complicity during the Holocaust, tesis de Jacob A. Flaws.
«Por cada polaco noble que lo arriesgó todo para salvar a otro ser humano, hubo diez canallas que cazaron judíos para ganarse la vida». Esta frase de un superviviente del Holocausto contradice buena parte de la literatura polaca sobre el tema, que minimiza la complicidad con el genocidio de un país en el que vivían alrededor de un tercio de los judíos europeos. En los años 80 empezaron a colarse algunos reproches en la línea apologética: la gente poco más pudo hacer que ser testigos impotentes del horror —de hecho, ellos iban detrás en la fila de las cámaras de gas—, pero «uno puede compartir la responsabilidad por un crimen sin tomar parte en él», el antisemitismo llevó a los polacos a actuar irresponsablemente durante el Holocausto; «si sólo nos hubiéramos comportado más humanamente en el pasado, si hubiéramos sido más sensatos, más generosos, el genocidio quizá habría sido menos imaginable», escribió Jan Blonski (The Poor Poles Look at the Ghetto). En las reacciones a su artículo, se sostuvo que el antisemitismo polaco era propio de gente proveniente «del campo o de ciudades pequeñas», que quienes se aprovecharon de la desgracia no tenían en mente el Holocausto, «cualquiera suficientemente indefenso podría haber sido su víctima». Pero en 2001 llegó un aldabonazo mayor: Jan Gross publicó «Vecinos», en el que abordaba la masacre de 1500 judíos de Jedwabne en julio de 1944 a manos de sus vecinos polacos. A Gross se le dijo que «estar infectado por las parcialidades de los supervivientes es estar intoxicado como historiador», a lo que él replicó que «los memorialistas del Holocausto han hecho su trabajo; ahora, para entender los oscuros tiempos de nuestro siglo, nosotros debemos hacer el nuestro: leer sus testimonios tal como fueron concebidos».

Enraizado en mitos medievales de cariz religioso, el antisemitismo vio reforzados sus principios básicos a inicios del s. XX con ideas pseudocientíficas. De ahí se pasó a los estereotipos políticos: el judío era visto como la antítesis de todo lo nacional, a lo que coadyuvó su imaginada relación con el comunismo. Aunque en Polonia no hubo una ideología racista tan sistematizada como en la Alemania nazi, el judío, en su adjudicado papel de un otro amenazante, se usó para incrementar la conciencia nacional de un país recién formado tras la Primera Guerra Mundial. Se aplicaron políticas discriminatorias, como gravarlos con más impuestos, excluirlos de cooperativas y restringir en la práctica su acceso a la universidad o a las escuelas de oficios; las ideas inculcadas en la escuela favorecían el acoso hacia ellos... La palabra pogromo entró de nuevo en el vocabulario de los judíos jóvenes.

Con la Wehrmacht en Polonia, la mayoría de los polacos fueron meros espectadores del genocidio; una forma de complicidad, pues en esas condiciones el perpetrador actúa sin inhibiciones. La inacción se puede, además, interpretar como apoyo tácito. Es muy discutido en qué medida obraron así meramente por miedo: nada más invadir el país, los alemanes decretaron la pena de muerte por casi cualquier infracción, ocultar a un judío podía significar la muerte de toda una familia, incluidos los niños. Los polacos no eran nada en la jerarquía racial nazi.
Sin embargo, las redadas, los transportes, los trabajos forzados, los campos de exterminio... todo estaba a la vista. En las memorias de supervivientes es habitual la figura del «polaco callado». Cuando uno forma parte de un grupo grande de gente la responsabilidad se diluye, se piensa que siempre habrá alguien que haga lo que hay que hacer.
¡Si sólo fuera eso! Pero cuando se retrasa el pago de una deuda en espera de que el acreedor caerá en la red, cuando se ocupan las posesiones de los perseguidos, cuando se hace negocio ocultándolos o vendiendo el silencio, las coartadas se tambalean. El periódico católico clandestino Prawda reprendió a los polacos por «un alarmante incremento en el número de los delatores, una increíble propagación de bien organizados grupos de chantajistas».
Un peldaño más abajo encontramos a los que, cuando ya no podían extorsionar más a los judíos que escondían, los entregaron a los nazis o directamente los asesinaron para librarse de ellos. Jacob A. Flaws nos cuenta casos espeluznantes. Incluso los partisanos de la Armia Krajow fueron hostiles a ellos y perpetraron matanzas (de hombres, mujeres y niños) después de la liberación de algunos campos (!).

«Al estudiar el Holocausto, uno se acerca a la comprensión de la naturaleza humana y sus a veces oscuros recovecos. Fue resultado de las creencias y el comportamiento humanos, y sus lecciones indudablemente nos pueden enseñar mucho sobre nosotros mismos» (Jacob A. Flaws).
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MensajePublicado: Lun Jul 16, 2018 5:51 am    Tí­tulo del mensaje: Responder citando

The life-story of a Russian exile, de Marie Sukloff, nom de plume de Marie Shkolnik, una de las Shesterka.
Nacida en un villorrio de la guberniya de Vilna en 1885, Marie creció en una Rusia en la que muchos niños «finalizaban» sus estudios a los ocho años, edad en la que ya empezaban a trabajar, mientras las niñas no recibían educación en absoluto (ella fue analfabeta hasta los trece años); una Rusia en la que el servicio militar duraba veinticinco años y los trabajadores (como ella misma a partir de los once años) hacían huelga para conseguir una jornada laboral de diez horas, una Rusia en la que una «miseria indescriptible» convivía con haciendas sin explotar y en la que coger leña en un bosque estatal podía suponer hasta dos años de cárcel.
Siendo todavía una niña, un terrible suceso la hizo reflexionar sobre «las condiciones en general»: la violación y asesinato de una joven tía suya a manos del hijo de un terrateniente del lugar, crimen por el que sólo pasó tres meses en la cárcel… Trabajando en la ciudad se relacionó con círculos socialistas clandestinos y consiguió adquirir una formación básica, al precio de que su madre la golpeara y le quemara los libros, en el convencimiento de que iba a convertirse en una «nihilista». Su padre fue más comprensivo:
"Papa, dear Papa”, I began excitedly, "let me go to a large city. I want to study and become…”. Here I stopped, as I did not know myself what I wanted to become. Father looked at me with his kind, bright eyes, and stroked my head. "I cannot bear to see our poverty any longer”, I continued. "I will go and learn how we might live better. You will see what a learned girl I shall return. Then we shall not be poor any more”.

La chica fue enviada a Odessa con la también pobre familia numerosa de un tío. Allí siguió relacionándose con socialistas revolucionarios y participó en la distribución nocturna de panfletos subversivos. Curiosamente, al hablar de ello Marie formula una perfecta refutación del comunismo: the proclamations bitterly assailed the autocratic regime, explaining to the working-men that no changes in their economic condition were possible under a political system which forbids strikes, which denies the right of free speech and free assembly.

Sus tíos y primos le advirtieron que no estaba en el pueblo, que esas actividades allí conducían a Siberia, y efectivamente unos años después (ya independizada hace tiempo) salió vestida de presidiaria de la ciudad a la que había ido a buscar una vida mejor. Pero antes de partir a su primer destierro en Siberia, tuvo que conocer lo que eran aquellas cárceles: "I will escape from here”, I decided immediately. "I can't remain in this hole”. But days, weeks, months passed, and I still sat within those walls. [...] The darkness and dampness of my cell began to have their effect upon me. I began to suffer with insomnia. The twenty-minutes' daily walk in the prison-yard became a torture to me.
Varios abogados se ofrecieron a defenderlos a ella y a sus compañeros gratis, y desde entonces todas las mañanas recibió un ramo de flores en su celda.

Cuando la condenaron a exilio perpetuo en Siberia, sintió que cualquier cosa era mejor que permanecer donde estaba. Después de un largo y penoso traslado (los caminos embarrados casi se convirtieron en su tumba), llegó a una pequeña aldea: You are all responsible for her, les dijeron a los lugareños. La recibieron bien, y sólo pudo recompensarlos leyendo para ellos y escribiéndoles las cartas a sus familiares en la guerra con Japón, hombres que «probablemente ya estaban muertos». Con todo, la vida sin propósito en una remota aldea siberiana le pareció «peor que una prisión». Otros exiliados la ayudaron a escapar y llegar a Europa con intención de convertirse en «una terrorista»; eso sí, capaz de abortar un atentado si había por medio «sangre inocente de mujeres y niños», We strictly adhered to this rule.

El intento de asesinato de un gobernador le supuso una condena a muerte conmutada por prisión en Siberia de por vida. Al contar la espera de la ejecución, Marie se muestra —una vez más— como una excelente narradora, cuyas reflexiones nos hacen sentir una gran empatía por ella. Fue trasladada hasta la prisión siberiana en compañía de otras cinco terroristas (entre ellas la famosa María Spiridonova), todas condenadas a cadena perpetua, salvo la fotogénica Rebecca Fialka, a la que le habían caído una decena de años por ayudar a fabricar explosivos. Los presos cuyos crímenes tenían una motivación «política» recibían mejor trato que los comunes por el temor a las represalias de los terroristas, pero eso no impedía que pudieran —por ejemplo— permanecer encadenados durante semanas cuando se esperaba una inspección o que algunos se suicidaran para evitar los castigos físicos. Además, a las duras condiciones per se de las cárceles y los desplazamientos ocasionales entre ellas —con apeaderos «construidos en los años treinta del siglo pasado y en ruinas ya»— se añadía la corrupción de unas autoridades que se apropiaban del dinero destinado a la comida, la ropa o las reparaciones. Había casos de violación y asesinato de presas comunes por los guardas. Las quejas formales que presentaban las políticas «no salían de la oficina».

Time passed slowly in the Maltzev prison. Days, months, years stretched into one long and weary monotony. "How many such years will pass, one as dreary as the other?", I often asked myself. Whether I circled aimlessly our small prison yard on our daily walk or tossed about on the hard bed in the long sleepless nights, these thoughts tormented me unceasingly. Lying awake of nights I often heard the whispered conversation of my comrades in the corners of the semi-dark cell. They could not bear the oppressive silence of the prison, and would begin to speak of their past life, of their dreams and wishes. But to me it seemed that what they were dreaming about would never return, that all was lost in this abyss of misery and degradation.

Marie enfermó y logró que la trasladaran a la cárcel de Irkutsk para ser operada. Después de la operación, cuando estaba a la espera de ser «enterrada viva» de nuevo en su anterior cárcel, that grave in which my best years had been spent, logró escapar con ayuda de sus camaradas. Hay muchos curiosos episodios (que no me extenderé en resumir) en su fuga hasta Manchuria, y de ahí a China, Europa y Norteamérica, donde publicó este libro en 1914, dedicado a… my comrades who are still languishing within the dreary walls of Akatui.
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MensajePublicado: Dom Jul 22, 2018 9:55 pm    Tí­tulo del mensaje: Responder citando

Why they fought: what soviet Jewish soldiers saw and how it is remembered, de Zvi Gitelman, working paper publicado por la Universidad de Michigan.
El prejuicio que arrastraban los soldados judíos en todas partes los presentaba como alfeñiques, cobardes y amigos de eludir el reclutamiento. Imagen tópica corroborada por estadísticas rusas de los años veinte que reflejan su baja estatura y un perímetro torácico menor que la media. Estas desventajas físicas se debían quizá a que se les prohibió en muchos países poseer o trabajar la tierra y, también, a unos tardíos valores rabínicos que consideraban el deporte cosa de gentiles y el desperdicio de un tiempo que podía dedicarse a estudiar la Torá; con lo que proponían lo que se podría llamar un ideal de masculinidad alternativo: el ascético yeshiva bochur (estudiante del Talmud). El propio yidis tiene la expresión gezunt vi a goi: sano como un gentil. Una anécdota de los años treinta refiere la ocurrencia de un profesor del City College of New York: «El himno de batalla de los judíos es “Adelante soldados cristianos”, nosotros haremos los uniformes».

En el Imperio ruso los judíos estaban menos secularizados que los de otros países, y su incorporación al ejército a partir de 1825 les deparó, pues, problemas con la comida o la observancia de ritos; además, sus posibilidades de hacer carrera militar eran muy pocas en la medida en que eran ciudadanos de segunda clase, y the Tsars used the military as an instrument of not just acculturation, which every army does, but of assimilation and conversion to Christianity. Los hubo que incluso se mutilaban algún dedo para evitar el reclutamiento.
Con la implantación del comunismo, en cambio, los judíos lograron un buen porcentaje en el cuerpo de oficiales militares debido a su nivel educativo, y en particular entre los oficiales políticos, pues se les suponía poca añoranza por el zarismo. En cuanto a las purgas de los años treinta, las sufrieron como los de cualquier otra nacionalidad.

Y entonces llegaron los nazis…

the great majority [of Jews] idealize the war period as one where interethnic relations were good and anti-Semitism condemned. However, in 1943, as the tide of war shifted, they perceived a change in policy whereby Jews were discriminated against in awards and recognition and new draftees were more likely to be anti-Semitic.

Después de la guerra, un número proporcionalmente alto de judíos emigrados de la URSS, hombres y mujeres, se preocupó de publicar, incluso a sus expensas, libros que mostraran la contribución a la victoria de los judíos soviéticos y el alto número de héroes galardonados entre ellos. For Soviet Jews it has long been important to show that the Jews did not “fight the war in Tashkent” or “buy their medals at the market”.

In the 1940s Soviet and American Jews seem to have been eager to dispel the myths, destroy the images and “prove” that “Jews are fighters”. A large part of the popularity of Zionism and Israel in the same period and for decades thereafter came from the completely ahistoric image projected by Israel’s victories in a succession of wars (1948-1973) and mythologized in a book very popular among Soviet Jews who could get access to it, and among American Jews (who also saw the film), Leon Uris’ Exodus.

En la propia URSS el discurso oficial sólo hablaba de «pueblo soviético» (o «pueblos» a lo sumo), y así hubo que esperar a principios de los noventa para que se popularizara la cuestión de la contribución de los judíos a la victoria. Aun con las distorsiones causadas por la reflexión y el paso del tiempo, la guerra fue el evento más importante en sus vidas, y de los veteranos entrevistados (muchos, desde mediados de los noventa, por el propio autor), «ni uno solo dijo lamentar haber luchado por la Unión Soviética, ni uno solo dudó de que la suya fue una guerra justa». Tanto tiempo después, nadie mencionaba la defensa del comunismo o el carisma de Stalin entre sus motivaciones, aunque «bien podrían haberlo hecho en los 40»; con todo, la guerra era una amenaza ineludible a sus hogares y sus familiares, a su propia vida.
The Jews fought to defend their country, not its ideology and not for its leader. They were patriots more than Communists. We should remember that a significant number, when asked when they first learned of the mass murder of Jews, answered that it was only when they liberated areas in which large numbers of Jews had lived, or, in a few cases, even after the war was over.
Un número relativamente pequeño de ellos resaltaron la venganza como motivación:
This seems for most to have been a personal, not collective, issue. It was not the Jewish nation, the Jewish people, “the Jews” who were being avenged. It was their Jews, their relatives. And that should be expected from Soviet people, brought up on the idea that Jews are not a nation but an ethnic group, and that they were first Soviet people and only then Russians, Ukrainians, Armenians, Jews.

El pedagogo Nehama Vaisman escribió en su diario en enero de 1942:
They resumed the crusades against the Jews. What is this persecuted, pitiful tribe guilty of? Personally, I always felt myself to be an internationalist; I was always one. And now I am forced to realize that I am a Jew...

Alrededor de medio millón de judíos soviéticos combatieron en la Segunda Guerra Mundial; más de un tercio, unos 180000, perdió la vida en combate.
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Ultima edición por momper el Mie Jul 25, 2018 12:43 pm; editado 1 vez
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Rosalía de Bringas



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MensajePublicado: Mie Jul 25, 2018 10:00 am    Tí­tulo del mensaje: Responder citando

¡Sin duda!:

Mendel, el de los libros, de Stefan Zweig


¡Precioso!
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MensajePublicado: Vie Sep 21, 2018 4:19 am    Tí­tulo del mensaje: Responder citando

Execution by Hunger, de Miron Dolot, pseudónimo de Simon Starow [1916–98], superviviente de la hambruna en la Ucrania soviética.
La aldea de Miron contaba con cerca de 4000 habitantes, y la mayoría de las pequeñas casas tenía paredes y suelos de arcilla (estos raramente eran de madera) y tejados de paja, uno de hojalata era señal de prosperidad. Normalmente se disponía también de algunos árboles frutales, aves de corral, un caballo, una o dos vacas y varios cerdos. Pese a la pobreza, las casas estaban limpias y arregladas y la gente encontraba momentos de diversión; destilaban su propio brandy (saltándose la prohibición) y eran libres de viajar a ciudades cercanas para asistir a ceremonias familiares o en busca de trabajo. En los inviernos nevados, se estaban en sus casas dedicados a reading, writing, telling stories, playing, singing, and dancing.

Pero a finales de 1929 los desdeñados rumores de colectivización empiezan a materializarse: llegan miembros del Partido, gente de la ciudad, organizadores y propagandistas; muchos del Komsomol, jóvenes fanáticos educados para ver a los campesinos como pequeños capitalistas y enemigos de clase; todos ellos walking carefully to avoid getting snow on their polished shoes. Con ellos llega la primera línea telefónica del lugar, pero también nuevas instituciones del Partido que sustituyen a la asamblea local y al soviet del pueblo, and became horrors in our lives.
Se les impone la asistencia obligatoria a interminables y esperpénticas (parecen parodias de sí mismas) reuniones de adoctrinamiento y coerción; todos los días, todo el domingo desde por la mañana; encerronas en que se les deja claro que no hay nada que puedan hacer: la Revolución que prometió repartir la tierra ahora, para su desconcierto, recupera las grandes haciendas. La pequeña propiedad tenía mal encaje en el sistema soviético, que necesitaba la exportación de productos agrícolas para financiar la industrialización (el 80 % de la población eran campesinos).
1928 marca el inicio de lo que un poeta del posestalinismo llamó la «guerra contra la nación». The peasants were […] to be coerced and regimented, so that they would become not merely employees, but virtual slaves of the state, just as their ancestors in Imperial Russia before 1861 had been serfs of individual landlords. Las supuestas cooperativas agrarias eran, en realidad, una especie de colonias penales; administradas, además, por gentes de fuera ignorantes de las cosas del campo.
Se despliega el ejército para que haga exhibiciones amedrentadoras: la caballería galopa por las calles como si los viejos Blancos estuvieran a las puertas, la artillería dispara sus balas por encima de las casas; cuando la tropa se va a otro pueblo, llegan los coros y danzas: estudiantes y obreros de la ciudad montan una feria con tiovivo, un cine, un espectáculo circense… Escenifican la espontánea destrucción de la iglesia. Y con ellos llega el tractor, cuya marca —advierte el autor— está escrita en caracteres latinos.

La resistencia se intenta vencer creando un enemigo común, el kurkul (kulak), «explotador de los pobres, resto del antiguo régimen»; en realidad, cualquier campesino opuesto a perder su independencia (secular en el caso de los ucranianos, se nos dice).
We had previously heard about collectivization, about dekurkulization, and even about the annihilation of kurkuls as a “social class”. But so far we had not heard about the arbitrary killing of kurkuls. He now talked about killing them as a matter of honor and merit.

Los funcionarios de la ciudad reclutan colaboradores in situ, unos son lo peor de cada lugar, otros, simples campesinos ensalzados con la —eso sí— irrenunciable designación; ante la alternativa de ser considerados enemigos del pueblo, algunos se convertirán en feroces ejecutores de la política del régimen.
Pronto empiezan a producirse las primeras detenciones, las familias de los detenidos son montadas en un tren con destino al norte y nunca vuelve a saberse de unos y otros. Los funcionarios y activistas del régimen, temerosos de caer en desgracia ellos también, entran en las casas sin permiso y a cualquier hora para presionar a los recalcitrantes.

En marzo de 1930, no obstante, se afloja el paso al no cumplirse los objetivos por las malas (entre enero y febrero 14 millones de cabezas de ganado son sacrificadas para no tener que entregarlas al koljoz): the Communist Party never advocated force or violence, les dicen, y se culpa de todo a los judíos, pese a estar severamente castigado el antisemitismo. Ahora podrán conservar (quienes los tengan) la vaca y los animales pequeños, así como un pequeño huerto, pero es sólo un aplazamiento. A principios de 1931 prácticamente todo el pueblo (lo que queda de él) está colectivizado. Aunque los que pueden trabajar en la granja reciben dos comidas calientes y una libra de pan al día, a finales de año ya hay hambre general, en medio de un ambiente de terror.
We were always suspected of treason. Even sadness or happiness were causes for suspicion… You had to be cautious about the display of feelings at all times, and in every place. We were all made to understand that we would be allowed to live only as long as we followed the Party line, both in our private and social lives. By this time —after only two years of compulsory collectivization— normal human relations had broken down completely. Neighbors had been made to spy on neighbors; friends had been forced to betray friends; children had been coached to denounce their parents; and even family members avoided meeting each other. Nadie podía salir del pueblo sin autorización, ni siquiera planear su boda sin el permiso correspondiente.

Exterminados ya los kurkuls hacia finales de 1931, the battle now was fought between the Communist forces and the collective farmers; the Collectivization Campaign now changed into the Grain Collection Campaign. Al no alcanzarse las cuotas exigidas, Stalin ordena requisarlo todo. Las comisiones van casa por casa, sin formalidades legales, apoderándose de todo el grano; es el inicio (primavera de 1932) de la tristemente célebre hambruna…

All the events which I witnessed and experienced then and which I am now describing, seem unreal to me because of their cruelty and unspeakable horror. It is simply too difficult to associate all those happenings with real life in a normal human society.

La gente empieza a comer insectos, vegetales podridos que los cerdos rehúsan… Ocurren crímenes espantosos por robar comida; crímenes que nadie investiga. Eso sí, se instalan torres de vigilancia en los campos de la granja colectiva y se cachea a los trabajadores cuando terminan su jornada; la pena por robar al Estado es el pelotón de fusilamiento o no menos de diez años en campos de trabajo. Y por supuesto la leña del bosque o los peces del río también son propiedad estatal.

Como castigo por no satisfacer las cantidades de grano exigidas se les prohíbe comprar en los almacenes estatales (todos lo eran); además de pasar hambre, no pueden disponer de jabón, queroseno para las lámparas, aguja e hilo, sal… Since we were still alive, we must have been eating something to survive: se va casa por casa rompiendo los morteros de madera con que se separaba el grano de la cáscara, el humo de la chimenea era sospechoso. The usage of grain before the fulfillment of the quota was considered illegal, and was severely punished. Since our village had not yet fulfilled that quota, by cooking our gruel and consuming it, we “misappropriated socialist property for our personal gain”.

Para empeorarlo todo, llega el invierno de 1932-33, que les supone pasar seis meses sin poder obtener vegetales de los huertos, ocho antes de la nueva cosecha. Días y noches interminables enterrados en la nieve. La familia del autor, un adolescente con un hermano pequeño y una madre viuda, logró ocultarle algo de comida al aparato represor; otros intentaron un prohibido escape a las ciudades, sus cadáveres señalizarán el camino a los que vayan detrás. En las ciudades estaba prohibido contratarles, y quienes llegaban allí y no morían en sus calles acababan atrapados por la milicia y abandonados en ninguna parte fuera de sus límites o enviados a campos de trabajo (muchos terminaron sus días congelados en los propios vagones de carga en que los transportaban).

A diferencia de lo ocurrido en la hambruna que acompañó la guerra civil, ahora no se permitió emigrar ni se aceptó la ayuda internacional, lo que lleva a hablar en el libro de una political famine específicamente antiucraniana, basándose en la errónea afirmación de que en Rusia no hubo hambruna en esos mismos años.

Cuando pasa el invierno, tienen que despejar de nieve la entrada para salir al exterior. Las casas de cuyas chimeneas no sale humo auguran lo peor, como puede atestiguar el autor en visitas a familiares y amigos de la familia. Son imágenes que lo acosarán toda la vida (completó el libro cincuenta años después), aunque lo peor será el sufrimiento de los niños…
The plight of the children was one of the most heartbreaking experiences for me during that time, and their pathetic faces, parched or swollen, and streaked with tears, will remain in my memory forever. They could not understand why they couldn’t get a piece of bread or something else to eat. They were not able to comprehend what was going on in their own small world. Thinking of them still makes me tremble with horror. God is my witness that as I write these words, the paper is wet with my tears.

En medio de an almost animallike struggle for survival of the fittest, nadie quiere hablar del canibalismo, aunque se rumorea sobre ello en relación con inexplicables desapariciones, de mujeres y niños en particular. Una madre es encontrada ahorcada en su casa, su pequeña hecha pedazos en el horno; los funcionarios registran en busca de grano la casa de una madre y su hijo adulto, que parecen bien alimentados, y encuentran restos de varias personas.

There was no attempt of any kind to organize some relief for the starving families in our village either by the authorities or by private individuals. On the contrary, when a local teacher tried to put some relief in motion, he was arrested and sent to dig the Baltic Sea—White Sea Canal. He was accused of “spreading false rumors that our villagers were starving”. The idea of organized relief vanished together with him.

By the beginning of May, our village had become a desolate place, horror lurking in every house and in every backyard. We felt forsaken by the entire world. The main road which had been the artery of traffic and the center of village life was empty and overgrown with weeds and grass. Humans and animals were rarely seen on it. Many houses stood dilapidated and empty, their windows and doorways gaping.

Curiosamente, Miron Dolot consiguió terminar su educación secundaria, starved as I was, living in absolute poverty amidst corpses of farmers and their families, y era un profesor de instituto cuando estalló la guerra que lo separó para siempre de su familia (no volvió a saber de su madre y su hermano).

Les dejo un enlace donde se cuenta lo sustancial de la vida posterior de este hombre admirable. Su libro es extraordinario, léanlo.

Ukrainian History Collection Grows with Papers of Simon Starow ("Miron Dolot")
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MensajePublicado: Mie Oct 10, 2018 11:56 pm    Tí­tulo del mensaje: Responder citando

Knowledge and Complicity: High Society Women and the Third Reich, tesis de Lauren Ditty, de la Universidad de Georgetown.
Durante mucho tiempo se consideró a las mujeres arias alemanas víctimas del «opresivo sistema patriarcal» nazi, en tanto éste revertió los avances en la emancipación de la mujer durante la República de Weimar (que amenazaban, para la opinión conservadora, la «fibra moral» de la nación) y dejó poco espacio para una voz femenina propia. Ahora se prohibió que ambos cónyuges estuvieran asalariados y se restringió a un diez por ciento la presencia de mujeres en la universidad, con lo que se las apartó del mercado de trabajo, al tiempo que se elogiaba su papel tradicional como amas de casa. I would not leave to a woman what I intend to take away from men, dijo Hitler en un parteitag (congreso del partido) en 1934 para justificar la expulsión de las mujeres de una vida parlamentaria «indigna de ellas». Historiadores feministas han sostenido que si las mujeres no podían participar en política, also had no venue to protest the reactionary and aggressive policies of the regime, un régimen en el que racismo y sexismo estarían inextricablemente ligados.

La psicoanalista Margarete Mitscherlich llevó la tesis exculpatoria más lejos: [she] created a psychological model that equated anti-Semitism to an unresolved Oedipus complex in her book “Die friedfertige Frau” in 1985. She argued that anti-Semitism unconsciously grew out of a projection of male hate onto fathers and a shift of incestuous desires onto a different group of people, the Jews. In this manner she gendered anti-Semitism and argued that “a weakly developed superego of women made them less vulnerable to this kind of narcissistic anti-Semitism. Their anti-Semitism rather stemmed from their identification with male prejudices”. Una opinion contestada por la historiadora suiza Karin Windaus-Walser, que se preguntó, a su vez, por la resolución del complejo de Electra en las mujeres, y dio paso a una reconsideración de la implicación femenina en la «Guerra Sagrada» contra los judíos de la que hablaba la propia Federación de Mujeres Nacionalsocialistas.

Lauren Ditty se centra en las mujeres de la nueva alta sociedad alemana, tanto las esposas de dignatarios, que vivían en una burbuja de lujo e interesada ignorancia, como las de oficiales de los lager, que lo hacían en la vecindad del horror. Curiosamente, mujeres que diferían radicalmente de la imagen femenina ideal que propagaba el régimen: la ropa cara, cosméticos, cigarrillos, etc. que consumían eran considerados vicios (un materialismo asociado en la propaganda con los judíos, aunque cultivado por los propios prebostes nazis); de ahí la infructuosa búsqueda de una Primera Dama que llenara el vacío propagandístico que dejaba la soltería de Hitler. Ni siquiera Magda Goebbels con su numerosa prole aria encajaba en el papel: en enero de 1945 todavía encargaba zapatos y sombreros (!). La bella Emmy Goering (la «Reina Madre» para algunas mujeres del entorno de Hitler) tampoco servía con su poco apego a la austeridad y sus palacios llenos de obras de arte robadas. Ambas remained patrons of Jewish tailor Fritz Grünfeld throughout the war (!).

Gerda Bormann was perhaps the only woman at the Berghof who fulfilled the Nazi feminine ideal. She never wore lipstick, bore ten children for the Reich, and dressed in traditional German dress. Gerda did not just fit the Nazi ideal in physicality or fecundity, she also fervently believed in Nazi dogma… It is difficult to believe that a woman who thought the Jews must be fought “by every means possible” would not welcome extermination.

¿Hasta qué punto sabían estas mujeres lo que hacían sus maridos a medida que la lucha contra la disidencia política (en el origen de los primeros lager) se transformó en una guerra racial? Margaret Speer le confesó a Gitta Sereny que sabían «algo», pero ninguna se hizo preguntas que hubieran comprometido su posición, ni siquiera cuando Henriette Hoffman interpeló a Hitler en el mismísimo Berghof sobre el trato a los judíos.

Lauren Ditty incluye en esta «alta sociedad» a las esposas de comandantes de las SS, que constituían una especie de aristocracia racial. Racial selectivity applied to the SS wives as well… In 1937, 300 SS men were expelled from the order for marrying without approval. Both man and wife had to visit a doctor who inspected them for hereditary disease and determined whether or not the woman could bear children. Family history documents were required to ensure that there had been no Jewish blood in the family since 1750. In addition, the couple had to submit testimonies from third parties verifying their family histories and two photographs of the couple dressed in nothing but bathing suits to ensure they both had perfect Aryan figures. En febrero de 1944 se ligó la promoción con la reproducción: If two years had passed after a child had been born and the wife was under forty and not pregnant, an explanation of why the couple had not tried to have more children had to be attached to the promotion application. No sorprende que el sesenta por ciento de los SS permanecieran solteros.

En las siedlungen (urbanizaciones para familias de los SS adjuntas a los campos) se disponía de piscinas, escuelas, casinos, cines, tiendas, hospitales…, e incluso zoos y burdeles. Aunque estas esposas alegaron después ignorancia de los horrores cometidos allí al lado, en julio de 1943 se tuvo que prohibir en Auschwitz que los hijos de los guardas visitaran a sus padres mientras estaban de servicio, y en los registros aparecen muchas entradas de sus esposas en el campo. Pese a todo, Rudolf Höss, comandante de Auschwitz, intentó exonerar a su mujer: en Nuremberg le dijo al psicólogo Gustave Mark Gilbert que after my wife found out about what I was doing, we rarely had desire for intercourse. Things looked normal outwardly, but I guess there was an estrangement, now that I look back.... El supuesto disgusto de Frau Höss no le impidió aprovecharse del trabajo esclavo que tenía lugar al otro lado de la valla:
[She] urged her husband to establish a sewing studio staffed with female prisoners to sew her extravagant clothing. Because of mounting jealousy amongst the other wives, the sewing studio eventually came to produce high fashion for many wives of SS officials. Each prisoner produced two dresses per week and an SS official picked up the new dresses every Saturday afternoon. Only if one of the women were especially pleased with a particular dress did they reward the imprisoned seamstress with an extra portion of food.
También se aprovecharon de los objetos de valor y alimentos expoliados a los presos. What Frau Höss did not need for herself she sent to her relatives in Germany…

A despecho de los problemas conyugales de los que le habló Rudolf Höss a Gilbert, el preso Stanislaw Dubiel afirmó, en una declaración jurada de 1946, que She [Hedwig Höss] said about the Jews that they must disappear from the face of the earth to the last man, and at the proper time the turn of even the English Jews would come.

Capítulo aparte merece Ilse Koch, la «Bruja de Buchenwald», convertida por la prensa norteamericana, por confusión entre witch y bitch, en la «Zorra» de Buchenwald:
As evidenced by her luxurious lifestyle, Ilse Koch regarded herself as a member of the new nobility. To emphasize her royalty, Ilse ordered prisoners to address her as “gnädige Frau” or “most gracious lady”, a term used to address the German noble lady in the eighteenth and nineteenth century. Those who did not address her by this title were beaten. As a noble lady, she was provided with domestic servants to perform all household chores. As Buchenwald survivor Kurt Dietz remembered:
“At a prescribed time I had to wake the children, wash and dress them, take them to the toilet, and wipe their bottoms. Then the dog had to be fed and taken for a walk and the coffee made and brought to the ‘gracious lady’ in her bed, in which she often lay shamelessly uncovered”.
Koch used her free time around the house to torture prisoners with her sexuality. Dr. Konrad Morgen, the man who led the corruption investigation against the Kochs in 1944, testified against Ilse Koch at all three of her postwar trials and in 1971 told David Binder, a special reporter to The New York Times, that Ilse was “no innocent angel. She was a hussy who rode on horseback in sexy underwear in front of the prisoners and then noted down for punishment the numbers of those who looked at her”
.

Theresa Stangle, esposa del comandante de Sobibor y Treblinka, también contó años después (a Gitta Sereny) que no le dejó tocarla durante varios días tras enterarse, por un compañero borracho, de lo que pasaba en el campo [Sobibor]; pero finalmente se acomodó a su explicación de que sólo hacía trabajo administrativo.
It is true, you know, although I cried, oh so many times, when I thought of those people they were killing, I never never knew there were children too, or even women. I, too, rationalized it I suppose; I told myself, I suppose, that we were at war and that they were killing the men; men, you know: enemies... I know it isn’t logical, but I suppose I didn’t dare to think further.
Contradiciéndose, Theresa le confesó a Gitta Sereny que, en la primera casa en que se hospedó con sus hijas al llegar a Sobibor, tuvo conocimiento (the walls of the house were very thin) de que el propietario abusaba de dos jóvenes judías a las que tenía de criadas. «Fue muy embarazoso», pero no hizo nada.

Even after the war and the shattering of whatever illusion she had created with respect to the death camps, she escaped with her husband and children first to Damascus and then to Brazil, stood by her husband’s side after he was apprehended in February 1968, visited him in his cell during his trial, and loved him until he died of natural causes in his jail cell in June 1971.

At the end of her final conversation with Theresa Stangl, Gitta Sereny prepared Theresa for her last question. Before she asked Theresa what she deemed to be her most important question, she insisted that, before she answered, Theresa should leave for a while, lie down, and think about her reply because, to Sereny, her reply would “determine your own position; the degree, if you like, of your own guilt”. With that, Sereny posed her final question:
“Would you tell me what you think would have happened if at any time you had faced your husband with an absolute choice; if you had said to him: ‘Here it is; I know it’s terribly dangerous, but either you get out of this terrible thing, or else the children and I will leave you’. What I would like to know is: if you had confronted him with these alternatives, which do you think he would have chosen?”.

Frau Stangl then followed Sereny’s advice and retreated to her bedroom for over an hour. When she returned, it was clear she had been crying. Finally, she replied:
“I have thought very hard. I know what you want to know, I know what I am doing when I answer your question. I am answering it because I think I owe it to you, to others, to myself; I believe that if I had ever confronted [Franz] with the alternatives: Treblinka-or me; he would... yes, he would in the final analysis have chosen me”.

None of the high society women I have examined asked this simple question of their husbands.

The next morning, understanding the enormity of what she had said and the effect such an admission had upon her own conscience, Frau Stangl left a note with the concierge at Gitta Sereny’s hotel. In the note, she had written:
“I want to beg to correct an answer to a question you asked me where I had, at the time of our talk, too little time to ponder my reply. The question was whether my husband, in the end, would have found the courage to get away from Treblinka had I put before him the alternative ‘me, or Treblinka’. I answered your question —hesitatingly— with, ‘He would have chosen me’. This is not so, because as I know him —so well— he would never have destroyed himself or the family. And that is what I learned to understand... I can therefore in all truthfulness say that, from the beginning of my life to now, I have always lived honourably”
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Cuando fueron a por momper guardé silencio... (Martin Niemöller)
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