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El pequeño Pataxú, Tristan Derème

¿Qué libro has terminado últimamente? ¿Merece la pena?
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Balbo



Registrado: 02 Mar 2007
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MensajePublicado: Mar Abr 07, 2020 6:10 pm    Tí­tulo del mensaje: Responder citando

La conquista de América contada para escépticos, de Juan Eslava Galán. Bastante entretenido, lo recomiendo Wink
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Desde lo alto de estas piramides, Obélix, veinte siglos nos contemplan (Panoramix dixit)
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Casandro



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MensajePublicado: Mar Abr 07, 2020 7:11 pm    Tí­tulo del mensaje: Responder citando

No se merecen, Sr. Raskolnikov
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Rosalía de Bringas



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MensajePublicado: Vie Abr 10, 2020 11:56 am    Tí­tulo del mensaje: Responder citando

Estos días he releído el Libro de Job...
Y me ha vuelto a parecer un texto espléndido por su vigencia.

Os adjunto un estudio introductorio por si alguien se anima a leerlo:

http://www.verbodivino.es/hojear/4647/libro-de-job.pdf
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Balbo



Registrado: 02 Mar 2007
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MensajePublicado: Mar Abr 14, 2020 9:16 pm    Tí­tulo del mensaje: Responder citando

El último que ha caido es:

LA CANCIÓN DE LA ESPADA, de Bernard Cornwell (IV de la saga de Sajones, vikingos y normandos)


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momper



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MensajePublicado: Mie Abr 15, 2020 6:33 am    Tí­tulo del mensaje: Responder citando

Sad

Evil or Very Mad

Rolling Eyes
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Casandro



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MensajePublicado: Mie Abr 15, 2020 12:55 pm    Tí­tulo del mensaje: Responder citando

Superescueto
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momper



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MensajePublicado: Mie Abr 15, 2020 2:52 pm    Tí­tulo del mensaje: Responder citando

Sólo intento llamar la atención sobre el hecho de que este hilo nació para ser complementario del de ¿Qué está usted leyendo...?, y no para hacerle la competencia. Se trata de preservar su razón de ser, de otro modo, tenemos dos hilos para exactamente lo mismo. Y no se trata necesariamente de escribir una sábana como el tal momper (la concha de su...), sino de "sacar algo más de la impresión final" (Pedrillo dixit).

Es cierto que ya desde el principio hubo dudas sobre la necesidad de crearlo, pero yo creo que sí estaba justificado, pues con él quien quiere detenerse en su última lectura no ve su comentario anegado en un mar de otros del tipo: "He leído éste y me ha gustado, y paso a este otro". Quizá (no me acuerdo) yo también haya escrito cosas así... pero en el otro ¿subforo?

P. D. Al final conseguirán que ponga mis comentarios en (es decir, los mande a) la página de reseñas, como me han sugerido, pero me resisto porque sigo pensando que aquello es otra cosa.
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Casandro



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MensajePublicado: Jue Abr 16, 2020 10:35 am    Tí­tulo del mensaje: Responder citando

Con usted, Sr. Momper. Y rompiendo mi estilo, León el Africano, que me ha reconciliado con la ficción histórica con un relato sobre el desarraigo, con un punto de vista diferente sobre el primer siglo XVI, con una narración ágil y convincente, y un protagonista que se deja llevar y nos traslada por el mundo islámico y nos describe una "Umma" desunida en el auge de su expansión, en un cénit que predecerá a un lento declinar. Gracias Hasan Ibn-al-Wazzan, gracias Sr. Maalouf.

"Y te deseo que ames,..., hasta la tiranía y permanezcas mucho tiempo disponible para las nobles tentaciones de la vida."
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momper



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MensajePublicado: Lun Abr 20, 2020 10:19 pm    Tí­tulo del mensaje: Responder citando

The untold story of Camp McCoy, tesis de Brandon Jeffrey Scott, de la Universidad de Wisconsin-Eau Claire.

En el Fuerte McCoy de Wisconsin hay unos afloramientos rocosos de color rojizo que los locales llaman el «Paso japo». La leyenda afirma que el color les viene de la sangre de los presos japoneses muertos en el Campo McCoy en la Segunda Guerra Mundial, a pesar de que la mayoría de sus prisioneros eran alemanes y eso es casi todo lo que saben del lugar los wisconsinitas.
Pese a que este campo fue el que albergó más prisioneros de guerra japoneses en suelo norteamericano, su número fue relativamente bajo, pues los nipones consideraban deshonroso caer en manos del enemigo y prácticamente sólo lo hicieron quienes estaban heridos o inconscientes. Allí había también presos de guerra alemanes y coreanos, cada nacionalidad en sus recintos propios, y mediado 1943 los reclusos se contaban por miles.
Los guardas tenían orden de dar el alto tres veces a quienes se acercaban a las alambradas antes de abrir fuego, pero nunca tuvieron que disparar a nadie, ni hacer uso de los doce perros de los que se asistían, pese al prejuicio de que los japoneses en particular harían todo lo posible por escapar.

Each prisoner barrack contained 50 Army-style bunk beds. Barracks featured communal shower rooms and latrines with little to no privacy. An additional barrack within each compound served as a mess hall, while another functioned as a day room fitted with furniture, recreational games, and a small library.
Los oficiales tenían sus propias barracas (en cumplimiento del Convenio de Ginebra) y eran mucho mejores que las de soldados rasos y suboficiales: las habitaciones, las duchas y los retretes eran individuales. La comida (japonesa y con provisión de los típicos palitos) era la misma, pero la comían aparte. A todos se les permitió cultivar huertos para proveerse de vegetales frescos.

Prisoners were constantly kept busy, either through work or activities offered by the camp administration, in order to prevent boredom, fights amongst prisoners, or the ability to plan a mass suicide or coordinated uprising against camp officials, as the War Department feared. In spite of these precautions, many Japanese prisoners reported in exit interviews that they had constantly thought of suicide or escape during their internment at Camp McCoy.
Para prevenir los suicidios se les impidió tener cuerdas u objetos cortantes; quienes tenían que hacer trabajos fuera del campo eran registrados a la vuelta para asegurarse de que no introducían nada por el estilo.

Se les facilitaba la práctica de su religión y se les proporcionaban muchas actividades recreativas, algo en lo que Camp MacCoy fue modélico: Prisoners had free access to numerous types of athletic equipment, arts and crafts materials, and reading matter. Though many of the Japanese prisoners refused to involve themselves with camp activities after their initial arrival, boredom soon got the better of them, after which they actively engaged themselves in the plethora of activities offered to them, which were not required by the Geneva Convention.
La YMCA (Young Men's Christian Association) y la Cruz Roja les suministraron libros en japonés e instrumentos musicales; además de conciertos, los presos dieron recitales de poesía y representaron obras de teatro japonés. Una vez a la semana se proyectaban, a cada nacionalidad por separado, películas norteamericanas. Y también semanalmente podían escribir a los suyos, alternando por norma cartas o tarjetas postales sujetas a censura por el Departamento de Guerra; pero los japoneses raramente lo hicieron, por razón de la vergüenza asociada en su cultura al cautiverio en manos enemigas; tanto es así que se utilizó la posibilidad de escribir a sus familias como medida disciplinaria.
A school curriculum was developed for high school aged prisoners. Classes were taught by a Japanese prisoner whose profession in Japan had been teaching. Though they were only half a day long, once a week, classes were mandatory for prisoners between the ages of fourteen and eighteen. Classes consisted of watercolor painting, English, Japanese character writing and reading, arithmetic (to include algebra, geometry, and trigonometry), moral science, geography, Japanese history, and Japanese literature.

Con todo, «raramente pasó un día sin que se recibiera alguna queja de los japoneses», fuera por la comida, por el alojamiento o por ciertas normas del campo (como tener que lavarse en presencia de guardas, en lo que se les dio la razón). Por otra parte, la rivalidad entre los soldados de infantería y los mucho más numerosos de la marina se reprodujo en el campo, y hubo incluso algún disturbio por ello. También hubo conflictos entre los presos veteranos y los nuevos, que se veían más dignos que sus deshonrados predecesores.
Respecto a las otras nacionalidades, pese a haber sido aliados Japanese attempted to maintain an aloof distance from the German prisoners in the adjoining compound. On the other hand, the German prisoners would openly mock the Japanese. German POWs often ridiculed the Japanese by gesturing, mimicking, or making racist remarks across the fence which separated them.

Hacer trabajar a los soldados rasos (para los oficiales el trabajo era voluntario) fue, como se ha indicado, otra forma de mantenerlos ocupados, aunque los Acuerdos de Ginebra de 1921 limitaban el esfuerzo físico que se podía requerir de ellos; y de hecho, prisoners at Camp McCoy held jobs which remained relatively undemanding in comparison to their comrades at other prisoner of war camps across the United States. Su trabajo incluía el mantenimiento de calzadas, la excavación de zanjas, el lavado de ropa, cocinar, manejo del carbón, reparación de vehículos, cortar madera… La tarea más detestada por los japoneses era la limpieza de letrinas, pero la administración del campo les dejó claro que la Convención de Ginebra no los libraba de hacerlo.

Refusal to work proved to a perpetual issue. Officers remained apathetic and uncooperative with camp officials. In one instance on May 30, 1944, officers ordered their NCOs [suboficiales] not to work. As required by the Geneva Convention, it was necessary for the NCOs to oversee the work of the enlisted men. Since the NCOs had been ordered not to work, it was impossible for the enlisted personnel to work.
Al día siguiente, el comandante del campo, Lt. Col. Horace R. Rogers, tuvo que desplegar a la policía militar con las bayonetas caladas para que cambiaran de actitud.

During the first two years of the Second World War, the War Department precluded the Commandants of prisoner of war camps from using any more pressure than a reprimand, admonition, revocation of privileges, or court martial in an attempt to get prisoners to work. By and large, these acts were ineffective, especially against combat-hardened Japanese soldiers. By late 1943, however, the War Department altered its stance on the use of reasonable pressure to encourage prisoners to comply with a work order. Eventually labeled “administrative pressure”, the War Department authorized camp Commandants to impose a restricted diet and reduced privileges to any prisoner who refused to work. These actions were not considered punishment, as the War Department reasoned prisoners could terminate the pressure at any time by simply complying with the work order.
El salario que recibían se les guardaba hasta su liberación con objeto de que no pudieran sobornar a los guardas, o se les entregaba en forma de cupones con los que adquirir artículos dentro del campo. Prisoners used these coupons to purchase the essentials, in addition to small amounts of beer, cigarettes, and some sweets.

Un factor de mucha importancia a la hora de elegir la ubicación de los campos era la etnia de la población local, en la medida en que podía dificultar mucho el pasar desapercibido a un fugado. La población civil de las localidades cerca del Camp McCoy fue advertida de que estuvieran atentos a cualquier cosa sospechosa e informaran inmediatamente a las autoridades. According to the War Department, “The Japanese, with their reputation for trickiness and sneakiness are apt to make a greater attempt to disturb our home front security than the Germans ever [would]”. En total hubo catorce intentos de fuga de los japoneses en todo el país, todos en Camp McCoy y todos infructuosos; en cualquier caso, muchos menos que los que pusieron en práctica los alemanes (algunos con éxito).

Llegado el final de la guerra, los oficiales japoneses elogiaron en su proceso de liberación el modo en que había funcionado el campo y lo atribuyeron a su comandante, Lieutenant Colonel Horace Rogers. El departamento de Guerra tuvo presente entonces que algunos soldados podían tener ideas suicidas ante la perspectiva de enfrentarse al deshonor en su patria, así que organizó charlas impartidas por terapeutas nipoamericanos en las que se les explicó que Japón se había rendido honorablemente y que ninguna necesidad había de que nadie sacrificara su vida para recuperar ese honor. Felizmente, ni hubo suicidios en los barcos en que se los llevó de vuelta a su país, ni se informó de ningún caso una vez allí.

In addition to suicide prevention classes the American military attempted another, not so successful program to influence Japanese prisoners of war.
Well before Japanese prisoners ever left Camp McCoy, a secret reorientation program was in the works under the supervision of the Headquarters of Army Service Forces (HASF). It was proposed that Japanese soldiers, who were once captives in American POW camps could be assimilated into American culture and with time, could become productive members of American society. Despite numerous success stories from other POW camps nationwide which held Japanese captives, it was decided that Camp McCoy could not establish an effective reorientation program. Lieutenant Colonel Rogers, along with his advisors from the HASF, concluded that it would be impossible to acquire a reorientation officer who was well versed in both Japanese and German psychology. Eventually, the precedence of reorientation went to the German POWs at Camp McCoy, who were deemed to be psychologically on par with Americans and thus less complicated to reorient
.

El 21 de septiembre de 1966, los administradores de Fort McCoy recibieron una carta de un antiguo prisionero de guerra japonés escrita en su nombre por la embajada de su país en Washington, y en la que se leía:
“I have been longing to visit [Camp McCoy] again if I had the chance because for me this place signifies a second starting point in my life”.
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Balbo



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MensajePublicado: Mar Abr 21, 2020 12:48 pm    Tí­tulo del mensaje: Responder citando

Asesinato en la vía Apia, de Steven Saylor

(quinto de la línea original de los misterios de Gordiano, el Sabueso)
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farsalia



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MensajePublicado: Mar Abr 21, 2020 1:56 pm    Tí­tulo del mensaje: Responder citando

Y novela que marca un cambio de tendencia en la saga de Gordiano: las siguientes, sin ser ni de lejos malas, no están a la altura de esas cinco primeras novelas, sobre todo Sangre romana y El enigma de Catilina.
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APV



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MensajePublicado: Mie Abr 22, 2020 9:10 am    Tí­tulo del mensaje: Responder citando

Quizás porque se mueve por caminos más trillados, aunque la situación en Roma mientras Cesar y Pompeyo estaban lejos es algo poco comentado. Y también por la mecánica narrativa que usa.
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Balbo



Registrado: 02 Mar 2007
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MensajePublicado: Lun Abr 27, 2020 9:31 pm    Tí­tulo del mensaje: Responder citando

Acabo de terminar una novela gráfica titulada Residencia de Estudiantes, de Susanna Martín Segarra, acerca de la estancia de Federico Garcia Lorca en la susodicha institución y el movimiento cultural y artístico que se movia a su alrededor. Bastante interesante. Os lo recomiendo, se lee en una tarde Wink


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Casandro



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MensajePublicado: Dom May 10, 2020 5:22 pm    Tí­tulo del mensaje: Responder citando

Acabado La Guerra de Vietnam, de Max Hastings. En primer lugar puedo afirmar, sin temor a equivocarme, que Mr. Hastings no aprecia mucho Francia y lo francés. Y en segundo lugar puedo opinar que quizás no sea la historia definitiva sobre el conflicto, ni lo pretende, que sólo sea un relato del "como fué ", pero de una lectura que ha ido de menos a más, que ha sido muy amena e instructiva, el resultado ha superado las expectativas. Muy recomendable, pero debe leerse sin ideas preconcebidas.

P.S.: En Vietnam no hay ni ha habido en tiempos recientes orangutanes. Debe tratarse de alguna especie de gibon grande. Los que lo lean ya sabrán a que atenerse. No quiero hacer un spoiler
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Marcos M.



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MensajePublicado: Dom May 10, 2020 7:30 pm    Tí­tulo del mensaje: Responder citando

Ah, el asuntillo del "orangután"... No he leído el libro todavía; pero yo sí sé a qué te refieres. Una "anécdota" muy interesante.
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