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El pequeño Pataxú, Tristan Derème

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momper



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MensajePublicado: Vie Sep 27, 2019 1:59 am    Tí­tulo del mensaje: Responder citando

Shostakovich and the Soviet State, de Jonah Katz, de la Universidad de Massachusetts Amherst.
Nacido en una familia de clase media alta del San Petersburgo de 1906, Dimitri ya escribía preludios y marchas fúnebres (!) a los diez años. En 1933, siendo un destacado joven compositor, terminó su ópera Ledi Makbet Mtsenskovo Ujezda (Lady Macbeth del distrito de Mtsensk), basada en una novela del escritor naturalista Nikolai Leskov (1831-1895). Si la protagonista original, Katerina Izmailova, es una joven esposa que comete varios crímenes para deshacerse de cuantos se interponen en su relación adúltera, la de Shostakovich «es presentada como una víctima inocente de la opresiva sociedad burguesa en la que nació y del matrimonio sin amor al que se vio forzada». Los personajes asesinados por ella: su suegro, su marido y su propio amante, son retratados como seres amorales, con lo que Shostakovich «alteró radicalmente la orientación moral de la historia para que encajase mejor en el punto de vista soviético sobre la historia rusa del s. XIX». El éxito abrumador de esta ópera, estrenada en enero del 34, catapultó a su autor a la élite de los compositores soviéticos, pero «poco tiempo después, su enorme fama y la ópera que había sido tan bien recibida se convertirían en la mayor pesadilla de su vida».

El 26 de enero de 1936, Stalin, acompañado de varios mandatarios del régimen, acudió a verla a uno de los tres teatros de Moscú donde se representaba en ese momento. Se marcharon antes del final, y dos días después un editorial (anónimo) del Pravda titulado «Embrollo en vez de música» tachaba la obra de «formalista», «cacofonía» y «confuso alarido de sonidos». Reprochaba a Shostakovich «haber sacrificado el poder de la música para influir en las masas» y le advertía de que su «juego... podía acabar muy mal». Es imposible exagerar lo funesto de estas palabras, eran tiempos en que miles de personas desaparecían cada semana, en que «incluso la más tenue conexión con elementos indeseables podía conducir al arresto, la deportación o la muerte a manos de la NKVD» (Jonah Katz).
La acusación de «formalismo» (preponderancia de la forma sobre el contenido) aplicada a la música es difícil de entender, pero una semana después se repetía en otro editorial anónimo que criticaba su ballet «La corriente límpida». La Unión de compositores se reunió el diez de febrero: «uno a uno, sus amigos y colegas subieron al podio para denunciarlo», y las críticas se hicieron extensivas a quienes habían trabajado con él en «Lady Macbeth…» y a los críticos que habían elogiado esa u otras obras suyas. Su defenestración sólo fue el primer golpe del régimen contra el mundo artístico: músicos (Prokofiev y Miaskovski entre otros), escritores, directores de cine, etc. también fueron denunciados como «formalistas».
Shostakovich se convirtió en un paria: una prohibición de facto pesó sobre toda su obra y sólo sus más íntimos siguieron tratándolo. Acabó entonces su cuarta sinfonía, que no pudo ser interpretada hasta 25 años después. En lo más crudo del Terror necesitaba reconciliarse con el régimen, y la composición con que lo logró fue la quinta sinfonía, estrenada en Leningrado en noviembre del 37, y que le valió una ovación de cuarenta minutos por un público que quizá interpretó su largo como «un réquiem por los millones de víctimas de las purgas, por el embrutecido pueblo ruso», pues muchos lloraron al escucharlo. La crítica oficial, en cambio, percibió en la obra la lucha del autor «contra el pesimismo y el formalismo», y lo rehabilitó como un hijo favorito del régimen. Fue una tregua —guerra mediante— hasta la zhdanovshchina, o era Zhdanov, en la que este perro de presa se dedicó a descubrir enemigos del pueblo en los campos de la cultura y la ciencia (en ésta impuso la adopción de la absurda genética de Michurin, según la cual los rasgos adquiridos pueden alterar el genotipo). En el Primer Congreso de la Unión de Compositores Soviéticos, en 1948, los apparatchiki denunciaron el «individualismo reaccionario» de Shostakovich y lo expulsaron de la organización. Volvió a ser un paria y sobrevivió hasta el «deshielo» componiendo música para películas propagandísticas. Su último conflicto con el poder ocurrió en 1963: su sinfonía «Babi Yar», sobre el poema homónimo de Evtushenko, resultó prohibida «en un momento en que el antisemitismo era la política extraoficial del Estado». Sus últimos años los pasó con la consideración de compositor laureado de la URSS, pero cuatro años después de su muerte, acaecida en 1975, «un oscuro crítico musical soviético huyó a Occidente con un manuscrito que cambiaría para siempre nuestro punto de vista sobre su vida».

Katz habla por extenso de la recepción crítica de este «Testimonio», las supuestas memorias orales de Shostakovich, en las que afirmaba haber sido un disidente toda su vida, en contradicción con la imagen dócil que proyectaba: «durante años había publicado muchos artículos en los que repetía como un loro la línea oficial del partido en asuntos de música y arte. Incluso había firmado una denuncia de Andrei Sajarov». El análisis detallado del manuscrito pareció demostrar que había sido fabricado añadiendo las partes controvertidas a viejos textos del compositor… cuyas páginas eran justo las que figuraban firmadas para autentificar el conjunto. No obstante, algunos quisieron seguir viendo en él a una especie de jurodivy, el santo loco o bufón que critica al poder bajo una máscara de idiocia: sus composiciones estarían recorridas por un espíritu rebelde y «Testimonio» sería un documento fidedigno. Muchas personalidades de la cultura soviética, exiliadas o no, respaldaron este punto de vista: Rostropovich, Kirill Kondrashin, Evtushenko…

Para Katz es el musicólogo Richard Taruskin quien da una interpretación más verosímil del affaire Shostakovich: si fue o no el auténtico autor de «Testimonio» poco importa, pues —como todas las memorias— son sólo confesiones tardías adaptadas a la imagen que se quiere dejar; por otra parte, en 1937 simplemente no había disidentes en la URSS, encerrar un mensaje subversivo en una obra habría sido suicida. La pianista rusa Mila Romm abundó en ello y le dijo a Katz que Shostakovich «no se habría atrevido», pero, eso sí, «sabíamos que había sido silenciado… y cuando lo escuchábamos, sabíamos que, sin palabras, estaba reflejando ciertas cosas que queríamos escuchar».
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MensajePublicado: Lun Oct 07, 2019 2:52 am    Tí­tulo del mensaje: Responder citando

Early Modern Persian, Urdu, and English Historiography and the Imagination of Islamic India under British Rule, ensayo de Blain Auer publicado en la revista Études de lettres.
Desde la Edad Media hasta el s. XVIII el persa fue la lengua predominante en la cultura sudasiática, en buena medida por su prestigio en las cortes mogolas. Llegado el momento en que la Compañía Británica de las Indias Orientales «transformaba sus actividades en un completo proyecto imperial», el persa fue gradualmente marginado en los ámbitos literario y político, pese a que tanto los administradores como los militares, ingenieros, etc. de la sociedad colonial, en su empeño de comprender mejor el subcontinente, se interesaron mucho por la herencia literaria persa, particularmente por el género histórico, y la Compañía patrocinó la traducción al inglés de las obras del canon indio en persa.
Alongside the efforts to define, categorize and conquer India for imperial aspirations, the British were in the process of shaping their own national consciousness. It was through the construction of India as a literary object that the British forged a new national identity. Nació entonces la muy fructífera tradición historiográfica colonial, que llevó a the conceptualization of “India” as a subject of history with an impetus to discover historical “origins”, [and] the translation and transmission of British colonial historical knowledge into the Urdu language.
En 1784 se fundó en Calcuta la «Sociedad Asiática», y en 1800 el Fort William College, las primeras de una serie de instituciones consagradas al muy interesado esfuerzo de fundir en lo posible y propagar lo mejor de las diferentes tradiciones del saber presentes en la India. The colonial encounter transformed South Asian forms of knowledge and revolutionized scientific discoveries in geography, botany, and linguistics. El puente entre estas diferentes esferas culturales lo constituyeron los eruditos nativos que pasaron a trabajar para la administración colonial, pues in pre-colonial India, the historian writing in Persian frequently served in administrative posts as judges, advisors, ministers, and mid-level bureaucrats. The crafters of history were rarely, if ever, exclusively authors. As such, Persian history writing was didactic in nature and closely wedded to the genre of advice literature. As the British acquired more knowledge and power and employed larger numbers of Persian literati within the colonial apparatus, a significant transformation took place in the social function of the Persian historian… Members of the new class of “native” colonial scholars produced, at the impetus of British colonial administrators and for the first time, a colonial Persian historiographical tradition.
In Persian historiography produced for South Asian courts, dynastic succession was incidental to larger narrative goals that detailed the justice and injustice of Muslim rulers. For the British reader this information was primarily for the understanding of who had ruled and who succeeded to rule. The reorientation of information and the subservience of narrative intent to narrative fact is a characteristic of “modern” historiography
.

Si la historiografía precolonial se enfocaba en las vicisitudes de las diferentes dinastías, el capitán Alexander Dow titulará su traducción del Gulshan-i Ibrahimi (El Jardín Abrahámico) de Firishta (1560-1620) como The History of Hindostan (1768), y la pondrá al servicio de la ideología imperial: la India habría perdido su pasado esplendor y caído en el «despotismo oriental», con lo que se justificaba el dominio británico. En el Siyar al-muta’akhirīn (Historia de los tiempos modernos, 1781) de Ghulam Husayn Tabataba’i encontramos otro rasgo de la historiografía en persa auspiciada por la Compañía (para la que trabajó de recaudador): las historias universales comenzaban allí con las cosmogonías míticas islámica (desde Adán hasta Mahoma, pasando por los profetas) y persa (que abarcaba los reyes de Persia desde el legendario primer sah, Gayumarth), pero Tabataba’i se remonta sólo a unos reyes hinduistas que gobiernan una India aparentemente unificada, y a los que siguen los gobernantes musulmanes y los propios ingleses. El libro recibió una enorme atención entre los administradores y militares británicos. En el prefacio de una edición revisada de 1832 se lee:
No period of Indian history can be so interesting to Englishmen, as that which immediately preceded the establishment of our dominion, and no circumstances can be so instructive as those which hurled to the ground the most potent empire in the universe, and which elevated in its stead nearly at the same moment, that of a race of illiterate and course barbarians, in one quarter; and led to the introduction of a highly civilized people in other parts.

A principios del s. XIX la administración colonial favoreció la publicación de obras de Historia en urdu y otras lenguas indias. El persa era la lengua de la élite nativa y, en consecuencia, un comité parlamentario recomendó en 1832 reemplazarlo como lengua oficial por lenguas regionales como el urdu, además del inglés. Fue en este periodo que la «conciencia histórica británica» se tradujo a las lenguas indias para dar a conocer a los estudiantes y lectores en general las obras de Oliver Goldsmith (Tarikh-i Inglistan y Tarikh-i Rum), Mountstuart Elphinstone (Tarikh-i Afghanistan) o, entre otros, John Clark Marshman, cuyo Brief Survey of History, con el subtítulo from the birth of Christ to the age of Charlemagne compiled for the use of youths in India, se tradujo al urdu en 1844 (Khulasat al-tavarikh).

In many ways the historiography produced in South Asia came full circle. Once a matter of translating Persian historiography into English, now, English conceptual history was translated back into India. This dense engagement of language and politics produced a transcultural globalized sphere where a new literary product and a new historical understanding of India in the 19th century was born.
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MensajePublicado: Dom Oct 13, 2019 9:52 pm    Tí­tulo del mensaje: Responder citando

(Re)Constructing Suffering: “Fascist Captivity” in Soviet Commemorative Culture, artículo de Gelinada Grinchenko (de la Universidad de Járkov) publicado en Cuadernos de Historia Contemporánea (2013).

Entre los crímenes nazis denunciados por los soviéticos se incluyó el llamado «trabajo esclavo», un término referido en lo más crudo de la guerra al trabajo forzado en los territorios ocupados, y aplicado después, cuando la Wehrmacht empezó a ceder terreno, específicamente a los deportados al Reich. Una típica publicación de 1942 es el libro Ukraïns′ke selianstvo ne bude v fashysts′kii nevoli (El campesinado ucraniano no será cautivo de los fascistas), en el que se advierte de lo que «nos espera»: Mute serfs deprived of their rights in Ukraine, mute slaves deprived of their rights, having been deported to fascist Germany… In Germany fourteen concentration camps have already been created for Ukrainians. These are camps for present-day slaves. Slave-owners are deporting them from Ukraine and other occupied Soviet territories. Abuses and starvation are driving the unfortunates to insanity. They are being brought to the point that they are eating earthworms, grass, they are picking out scraps of food from slop buckets.

La figura preferida por la propaganda soviética para representar a estos trabajadores forzosos fue la de una joven esclavizada en tierra extranjera (polonianka), pues simbolizaba a esposas, hermanas y novias que los combatientes debían liberar. El periódico Ukraïns′ka literature, por ejemplo, publicaba en 1942 el cuento Ukraïnka (la chica ucraniana), del distinguido autor Yurii Ianovs′kyi, en el que se describe el encuentro entre la tripulación de un tanque soviético y una chica llamada Mariika que vuelve a casa desde Alemania: los alemanes han cortado sus manos por prender fuego a una granja y envenenar con gas a otro granjero… “The fascists chopped off my hands and sent me back to Ukraine: you all see what happens to those who flee from German hard labor. People say: may fear eat up your hearts, may horror freeze your bones.” But the heroine turns her injuries and sufferings into a slogan: “I walk the earth like a holy kobzar [an itinerant Ukrainian bard, who sang to his own accompaniment], and I carry my maiming high, like this, and I cry out for revenge and call for retribution. Rise up, free people; rise up, my Ukraine; rise up Soviet land! I go like this! I go like this!
En los panfletos se informaba de burdeles Nazis en los que se había confinado a “hundreds of thousands of healthy, strong, and beautiful young girls aged between eighteen and twenty-five” (Z. Shul’ha, Ukraїns′ke selianstvo…, 1942). En sendas obras publicadas en Moscú en 1943 se leía que “the Germans, for whom Russian [sic] women and girls work, are forcing them to live with them” y que “drunken German house owners, farmers, [and] landowners are raping teenaged girls, passing them to their lackeys as mistresses, infecting them with syphilis”. (La autora recuerda que a principios de 1942 Himmler prohibió las relaciones sexuales entre alemanes y trabajadores forzosos del Este, so pena de horca para los hombres «del Este» y campo de concentración para las mujeres; incluso se estableció que cualquier intento de los guardas alemanes de «aproximarse de forma indigna a las mujeres rusas» se castigaría con la cárcel o el campo de concentración). Pese a la comprensión propagandística de las desdichas de las Ostarbeiter (trabajadores del Este), tema preferido en la poesía del momento, el estigma de haber podido tener relaciones con alemanes (sin importar si habían sido forzadas) les acarreó insultos y humillaciones desde el mismo momento de su liberación, incluso hubo numerosos casos de violaciones cometidas en ellas por los propios soldados del Ejército Rojo.

Acabada la guerra, las dificultades para conseguir repatriar a los soviéticos, ahora en manos de los aliados occidentales (los «nuevos explotadores», según la película del 49 «Ellos tienen una patria»), llevó al uso propagandístico de su supuesto sufrimiento, particularmente el de los niños varados en tierra extraña. En un número de 1950 de la publicación ucraniana Suchasne i maibutn′e (El presente y el futuro) se incluye un artículo titulado «La voz de los esclavos (cartas desde el trabajo forzado capitalista)», que reza:
Above the displaced persons’ camps in Europe hovers the spirit of a savagely cruel forced labor market. The representatives of individual overseas countries are proposing to look through a ‘catalog,’ like cattle-breeders [looking through] pedigree cattle breed books. They go from camp to camp, as though to sections of a department store, and the labels [worn by forced laborers] indicate race, height, age, marital status, profession, and muscle condition.

A mediados de los 50 concluyó la repatriación, y se inició una cierta «rehabilitación» de los prisioneros de guerra varones, encuadrados ahora en la categoría de combatientes antifascistas: the experience of forced labor and the daily practice of survival acquired a highly moral dimension, and suffering ultimately attained a heroic character and was likened to resistance. La autora se detiene a analizar la elogiada novela autobiográfica de Vitaly Semin Nagrudnyi znak OST (La insignia ESTE), publicada en 1976. Narrada por un adolescente deportado a Alemania a los quince años, en ella encontramos «los sufrimientos que resultan de los constantes abusos y humillaciones, la sed de venganza», pero también la conciencia de que «su propia crueldad sería deshonrosa».
“It is 1942 and the Germans are fighting in distant lands; sometimes the war flies over to them on airplanes. The towns in the Ruhr region stand undamaged; undamaged are the new asphalt and old cobblestone roads; unbroken are the windows of the many small and large shops. So, whence comes this energy of blind hatred that does not choose either the old or the young from our crowd? After all, you cannot simply load up on hatred first thing in the morning, like having a cup of coffee. This is no ordinary feeling. Meanwhile, though, this brutality that is directed at us affects us with its energy, consistency, organized manner, and daily omnipresence” (Vitaly Semin).

Pero la forma más popular de recrear la memoria del trabajo forzado fueron los breves poemas hechos en cautividad, después conocidos como «canciones de los imbatidos», o «del dolor y la venganza», «de la ira y la protesta»… Aquellos que pasaron la censura soviética fueron publicados en antologías que los consideraban productos del rechazo a ser subyugados, símbolos de la grandeza de espíritu y el heroísmo del pueblo; pero su significado va más allá de estos «mantras ideológicos», en ellos se encuentra la añoranza del hogar, la angustia por la incertidumbre del destino particular, el recelo de no ser esperado por unos seres queridos de los que no se tiene noticia… Son canciones que toman prestados motivos from prison folklore and urban “cruel” romances dating to the late nineteenth–early twentieth centuries, as well as to songs derived from literature, including popular hits of the Soviet era and well-known songs from the prerevolutionary period.
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MensajePublicado: Mar Oct 29, 2019 4:43 am    Tí­tulo del mensaje: Responder citando

Japanese American Internment, de Erlingur Þór Pétursson, de la Háskóli Íslands (Universidad de Islandia).
La inmigración japonesa a EE. UU. comenzó prácticamente a finales del s. XIX y superó las diez mil personas anuales en 1900. Como en el caso de otras minorías asiáticas, los japoneses se instalaban principalmente en California, donde no se permitían los matrimonios entre caucasianos y asiáticos (o negros), y en 1908 se retiró, por la oposición del gobierno federal y las protestas del cónsul japonés, la norma del año anterior que segregaba de las escuelas a los niños de origen nipón, para concentrarlos en colegios específicos de Chinatown.
Una figura prominente en el movimiento para frenar la inmigración que no proviniera de países anglo-europeos fue Valentine Stuart McClatchy, un periodista y editor reconvertido en activista político. En una audiencia gubernamental en 1924 arguyó:
The Japanese are less assimilable and more dangerous as residents in this country than any other of the peoples ineligible under our laws… with great pride of race, they have no idea of assimilating in the sense of amalgamation. They do not come here with any desire or any intent to lose their racial or national identity. They come here specifically and professedly for the purpose of colonizing and establishing here permanently the proud Yamato race. They never cease being Japanese.

Ese mismo año se comenzó a aplicar la Oriental Exclusion Act, que cerraba el paso a toda inmigración asiática y reducía el número permitido de inmigrantes de otros orígenes (esta vez las protestas del cónsul y el gobierno japoneses no surtieron efecto). Curiosamente, los japoneses se desempeñaron muy bien en el trabajo (muchos llegaron a ser propietarios de tierras de labor) y en los estudios (fueron la etnia con un mayor porcentaje de graduados de bachillerato); perhaps it was the longing to be accepted into American society, and to be treated as equals, that drove Japanese Americans to succeed. En estados como California y Washington formaron comunidades prósperas con sus propias iglesias (budistas y cristianas), bancos, hospitales e incluso equipos de béisbol; su progresiva incorporación al «modo de vida americano» no era desmentida por la conservación de tradiciones como el sumo o el ikebana… aunque parecía serlo: in 1940, after years of constant tension, the Alien Registration Act was passed, which required all immigrants stationed in the United States over the age of 14 to complete registration and fingerprinting in order for the government to gather information such as age, sex, race, marital status, birthplace, place of residence, occupation and names of relatives. Para entonces dos tercios de los japoneses en EE. UU. eran los llamados nisei, nipoamericanos de segunda generación, muchos de los cuales ni habían estado en Japón ni hablaban apenas, si algo, japonés.

En ese contexto se produjo el 7 de diciembre de 1941 el ataque sobre Pearl Harbor, que se saldó con alrededor de 2400 soldados norteamericanos muertos. La conmoción en el país no distinguió orígenes étnicos, la confusión y el miedo a lo que podía seguir fueron universales, y los japoneses se convirtieron en el nuevo enemigo común. El general John L. DeWitt manifestó en el Congreso: I don't want any of them [persons of Japanese ancestry] here. They are a dangerous element. There is no way to determine their loyalty... It makes no difference whether he is an American citizen, he is still a Japanese. American citizenship does not necessarily determine loyalty... But we must worry about the Japanese all the time until he is wiped off the map.

Si el estereotipo tradicional del japonés lo hacía «antiamericano», ahora se difundieron ampliamente carteles que lo representaban como un depredador sexual o un ser de aspecto simiesco. En medio de la histeria de la guerra, Roosevelt firmó en febrero de 1942 la Orden Ejecutiva 9066, que autorizaba al ejército a excluir de las áreas militares a cualesquiera personas. The time of internment had officially begun. Los alrededor de 120 000 nipoamericanos que vivían en la Costa Oeste se convirtieron en una potencial amenaza de sabotaje y espionaje. Las evacuaciones fueron al principio voluntarias, pero el gobierno pronto cortó por lo sano y ordenó el internamiento en campos tierra adentro de everyone, young and old, who had as little as 1/16 Japanese ancestry (con excepción de presos y pacientes de psiquiátricos). Se les dieron unos pocos días para vender sus pertenencias y dejar el trabajo o traspasar sus negocios. El FBI registró casa por casa…
Two men from the FBI were here this morning to search our place… They asked all kinds of questions about guns and short wave radios, all sorts of things. They took out some of our books, flipped through them, and asked what they were about. Then they ran their hands through our rice bin, our sugar, and rummaged through most of our kitchen and bedroom drawers and closets… I felt like a common thief (Sra. Yamamoto).

El transporte fue hecho en camiones o vagones sin ninguna comodidad (incluso tenían que dormir de pie por falta de espacio) y con una sola maleta por persona. Los campos de tránsito, donde tuvieron que pasar hasta seis meses, eran a menudo establos sucios y hediondos apenas acondicionados; y aquí el autor señala que tal vez los carteles que los representaban como animales aided in convincing the American public that the harsh treatment of internees was justified.

Se construyeron apresuradamente diez campos en áreas desoladas de Utah, Arizona, Colorado, Wyoming, Arkansas, Idaho y California, zonas de veranos abrasadores e inviernos fríos que se hacían sentir en instalaciones semiacabadas, muchas veces sin agua corriente o electricidad. No pocos murieron por las pobres condiciones de vida.
When arriving at one Arkansas camp, an internee described the horrifying experience of seeing tall watchtowers manned by American soldiers with guns pointing inside the camp, and barbed wire surrounding the camp. Searchlights stationed at the watchtowers circled the camp grounds after dark which made the camp’s similarity to prisons even clearer.
Cada barracón constaba de varias habitaciones unifamiliares (cuando no había que compartirlas por falta de espacio) separadas por delgadas mamparas que no cubrían toda la distancia hasta el techo. The toilet facilities were usually un-partitioned and the ones that were partitioned were without doors for privacy, además las colas para usarlos eran habituales. Los propios internos crearon remedos mal equipados de hospitales y escuelas; en estas, por ejemplo, las clases de mecanografía se tenían que hacer con teclados dibujados en papel (!), igualmente en las clases de química the students had to imagine mixing certain chemicals to produce certain outcomes.

La ruptura de las condiciones acostumbradas de vida se cobró su peaje en las relaciones familiares: los padres perdieron el control de unos hijos (particularmente «hijas») que más tarde recordaron con cariño esos tiempos de descontrol y promiscuidad social.
La War Relocation Authority, una organización creada ad hoc para ocuparse del internamiento, prohibió «todo lo considerado japonés», como la práctica del sintoísmo y el budismo (a sus practicantes se les animó a asistir a los servicios cristianos) o el uso del japonés en las reuniones públicas. The censorship was imposed on internees in other ways as well, for instance by prohibiting Japanese martial tunes, swearing in public and discussing political topics involving the war against the Japanese Empire. En diciembre del 42 la situación explotó en el Campo de Manzanar (California), el desencadenante, entre otros agravios, fue enterarse los internos de que los antropólogos que los estudiaban (sic) y nipoamericanos como los miembros de la Japanese American Citizens League habían estado facilitando información política a la administración del campo. La prensa identificó tendenciosamente los disturbios —que se saldaron con la muerte de dos internos— con el aniversario de Pearl Harbor. La tensión se hizo extensiva a otros campos, y la WRA decidió aprovechar la intención del ejército de crear un batallón de nipoamericanos (con el peregrino propósito de que quienes hasta entonces tenían cerradas las puertas de la milicia defendieran libertades que se les negaban) para identificar y separar a los leales al país de los desleales (la propia hostilidad sufrida había hecho a algunos simpatizar con la causa japonesa). Estos fueron encerrados en un campo de máxima seguridad, el de Tule Lake en California. En 1943 se relajaron las condiciones de encierro para un pequeño número de los considerados leales, que pudieron ahora asistir a la universidad o buscarse un empleo fuera del campo, y finalmente ese mismo año Roosevelt ofreció una libertad condicional a los internos dispuestos a servir al país, casi un cuarto de los internados aceptó la propuesta y rehízo su vida o se unió al ejército.

Cuando la guerra estaba ya decantada, la Corte Suprema dictaminó (diciembre de 1944) que todo había sido ilegal, y así en enero del 45 se canceló la Orden Ejecutiva 9066, con lo cual todo el mundo pudo abandonar los campos… a veces para no tener dónde ir. El gobierno les recomendó no volver a sus antiguas localidades con la excusa de conjurar el peligro de brotes racistas, pero en realidad the government wanted the Japanese American public to blend in and have as little impact on the society and social structure as possible by absorbing them into the larger population… [But] the financial conditions, which limited their possibility of settling down in places of their preference, and racial prejudice that lingered in the U.S. forced them to segregate in colonies.
They faced prejudice in their daily life, with many of the local business and shop owners expressing racist views towards the Japanese Americans, for instance denying them service making it difficult to complete such simple tasks as buying groceries at the local grocers. Well educated Japanese Americans who had previously held positions of importance were reduced to taking jobs that were well below their qualification level
.

Junto a los esfuerzos particulares por rehacer la vida, las organizaciones propias se embarcaron en una lucha por revocar la legislación discriminatoria (en California, por ejemplo, tenían prohibido poseer tierra) y obtener reparaciones por el abuso sufrido y las posesiones perdidas: en 1948 Truman firmó la ley que les concedía una modesta indemnización, then, in 1949, the Japanese American Citizens League proved successful once more by introducing and passing a bill that allowed Japanese immigrants to become American citizens, y todavía en 1988 se aprobaron nuevas reparaciones. El presidente Ronald Reagan declaraba entonces en el congreso:
A grave injustice was done to both citizens and permanent resident aliens of Japanese ancestry by the evacuation, relocation, and internment of civilians during World War II… These actions were carried out without adequate security reasons and without any acts of espionage, or sabotage… and were motivated largely by racial prejudice, wartime hysteria, and a failure of political leadership.
Si al acabar la guerra se mantuvo en los libros de texto la idea de que el internamiento fue una «necesidad militar», en los setenta y ochenta se empezó a reconocer la verdad de que no hay documentado un solo acto de traición en la guerra mundial por parte de ciudadanos de origen japonés.
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MensajePublicado: Dom Nov 10, 2019 5:25 pm    Tí­tulo del mensaje: Responder citando

Stasi Brainwashing in the GDR 1957–1990, de Jacob Hagen Solbrig (Universidad de Nueva Orleans).

«Escudo y espada del Partido», el Ministerium für Staatssicherheit (Ministerio para la Seguridad del Estado, Stasi) ejerció sus funciones desde febrero de 1950 hasta enero de 1990 y empleó a unas 274 000 personas. El régimen de corte estalinista implantado por los soviéticos vía el Sozialistische Einheitspartei Deutschlands (SED, Partido Socialista Unificado de Alemania) desconfiaba de una población que huía en masa a Occidente (360 000 personas sólo en 1952), it is no surprise that in this culture of paranoia Ulbricht wanted to create a strong security force to combat counterrevolution. En un país en el que la lealtad al Partido significaba mejores trabajos y oportunidades educativas, quien no sucumbía al adoctrinamiento o al cinismo quedaba atrapado en una red de «informantes» que vigilaban (llegado el caso con artefactos como micrófonos y cámaras ocultas) incluso a sus propios amigos y parientes, a veces para evitar la prisión tras alguna diferencia con el régimen. La Stasi llegó a tener empleadas a 102 000 personas para vigilar a 17 millones, y si se suman los «colaboradores informales» (o informantes confidenciales) la cifra se eleva a uno de cada seis alemanes orientales (!). Those who resisted the state were treated as seditious and sent to jail. Seditious acts included such things as slandering the state, refusal to cooperate with a state security official, and conspiracy to leave the GDR, pero el mero hecho de skipping a language class, making an ill-considered comment at the student union, or exhibiting a persistent lack of the "proletarian point of view" podía traerle a uno problemas. Las tácticas para someterlos habían sido aprendidas de la KGB y, además de la cárcel, incluían la interferencia en las relaciones personales, la obstaculización de la movilidad social, o el llamado gaslighting, de Gaslight, Luz de gas, título de dos películas de los años cuarenta en que un hombre manipula a su mujer para que crea estar loca: en particular, la táctica de «sembrar semillas de duda» fue vital para implantar un sistema soviético que suscitaba sentimientos ambivalentes en muchos miembros del SED, pues así se reforzó el paralizante sentimiento de culpa colectiva de quienes habían permitido a Hitler.

Dr. Frank Eigenfeld… shared how the Stasi repeatedly asked the same questions, presumably to make him crack under the pressure. Two facts became apparent in Eigenfeld’s interview concerning his run-ins with the Stasi; that he was first monitored constantly, resulting in the second fact, the “gaslighting” effect, the phenomenon of continually insisting that there is something wrong with the victim’s behavior causes them to gradually lose their grip on sanity. It was gaslighting that affected his subconscious, and since the Stasi wanted to know everything, he knew they would do whatever it took to get it. In his words: “I was not a human being to them… more like a test subject. I was their enemy, and they wanted to know all about the people I knew, it was one of the most important questions to them, every time if they caught me it was the same procedure, but I didn't know what they really wanted. They wanted to know everything about everyone I knew, and that was the major concern during each interrogation, but they were always unsuccessful”.

En los setenta, la presencia del Kommissariat 5 del KGB, cuyos agentes conducían sus propias investigaciones, llevó los niveles de vigilancia hasta extremos obsesivos: se daba el caso de personas observadas simultáneamente por agentes de varias oficinas, cada una con sus propios propósitos.
Se nos habla de varias víctimas de la represión, como el activista Siegmar Faust, socialista al que la invasión de Checoslovaquia terminó de abrir los ojos y que pasó más de dos años preso por «incitación subversiva»; finalmente, tras 401 días en un sótano en régimen de aislamiento, fue liberado por «buen comportamiento». Una tal Miriam de 16 años fue encerrada y sometida a privación de sueño durante diez días para forzar que confesara ser una espía, no lo era y lo supieron en cuanto la interrogaron, pero querían utilizarla para mostrar una arbitrariedad que inoculaba un miedo paralizante en la gente. A Bernhard Fey un mecanismo de disparo automático le destrozo la pierna cuando intentaba saltar la valla: He spent almost 2 years in prison afterwards. Fey’s story is not uncommon amongst defectors from the East. If caught there was a mandatory prison sentence followed by restricted access to jobs, schools, and other opportunities. Puertas que también se les cerraban a quienes solicitaban sin éxito abandonar la RDA.

Los arquitectos Bernd Ettel and Christian Enzmann pasaron dos años encarcelados a mediados de los ochenta:
We grew up in the 50s and 60s and went to a school where simply having a pencil from another part of the world caused problems; where it was impossible to wear Levis (desirable if controversial American clothes). There was a distinct cultural border, with no alternative on offer. And you’d always be tested to find out if you respected this border. Always the same questions: Would you do this? Do you behave like that? Increasingly in the 1980s we tried to take part in international architectural competitions. We tried to do this through official channels but were denied this right. In October 1983 we decided to do something independently, and entered a competition without permission from the authorities. The aim of the competition was to design a memorial to the victims of the Third Reich who died here in Berlin…
They wanted to establish that we did the project to expose East Germany internationally as a dictatorship. That would be enough to charge us with slandering the state or even spying. They wanted a confession so that they could push up the sentence. The Stasi interrogated us separately for 24 hours and got nowhere. Because I denied everything and gave nothing away, they tried solitary confinement to see how I would react to total isolation. They hoped I’d be more talkative when the next statement was taken. The interrogations went on for about 6 months…
Only later in the normal prison did I come across other people who were in prison for all kinds of reasons: because they’d written to the Pope, met up with a forbidden writer, all kinds of reasons
.

El novelista Andreas Sinakowski fue informante de la Stasi durante muchos años incitado por un amigo:
He grew into a very fatherly friend. He was also a substitute for the father I never had, and of course I wanted to please this father. I think it was about a year and a half later that he told me he worked for the Ministry for State Security. And from then on, for me, the Ministry was… him. East Germany was a society of shortages. And right in the middle of that society sat (the Stasi). And they could get things for you; places at university, training, places jobs were all dependent on your political integrity, so you needed references. And of course these references could be written by the Ministry. So, ‘If you give me the information, I’ll write you the reference, and you will get the job of your dreams’. Every officer appealed to the vulnerabilities of the people he had before him. It started when he came to me one day and said, ‘For God’s sake, I have a big problem on my hands’. And that as a friend, a false friend, but you only learn that later. ‘There’s a meeting taking place and we have absolutely nobody to send. And the day after tomorrow I have to tell my boss what went on’. And I said ‘well then I’ll go along for you’. Just like that. Afterwards we met for coffee and I told him what happened. It was shockingly normal, and it became more and more so. And it was built up systematically from there, as a young author, I was sent to cocktail parties, foreign embassies and so on. Then I actually began to enjoy speculating about these people–what kind of mind do they have? It was exciting. It’s the old pact between Faust and Mephisto: Give me your soul and I’ll show you things you would otherwise never see. And I was very conscious of that, and therefore the guilt is that much greater.

Pero también existían los abducidos, fanáticos del sistema como el guarda fronterizo Gerhard Lehmann, who served for over 40 years. He viewed anyone who tried to flee East Germany as traitors. He often showed his war medals for service to the GDR, stating: “A country is bled dry when the highly qualified leave just for the sake of better doctor’s pay, a better car, or the freedom to travel. They took the education they had received in East Germany; they went over to the other side to enjoy better economic opportunities. In my opinion they were traitors who had committed a crime”.

Toda esta ominosa maquinaria se mantuvo en marcha hasta el final y, curiosamente (o no), el fallido Estado obtuvo divisas «vendiendo» al mundo libre la liberación de sus ciudadanos con «inclinaciones liberales». Pese a todo, acabada la distopía todavía hubo que acuñar el término Ostalgie para describir la añoranza de «cómo eran las cosas bajo el comunismo».
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