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El pequeño Pataxú, Tristan Derème

"¿Los libros que se publican ahora son una birria?"
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Rodrigo



Registrado: 28 Nov 2007
Mensajes: 7830
Ubicación: Santiago de Chile

MensajePublicado: Jue Mar 31, 2016 9:18 pm    Tí­tulo del mensaje: Responder citando

Que el arte deba ser comprensible para todos, siempre y en todos los casos: esto es una petición de principio, un falso imperativo y una falacia ideológica, que si goza de tanto predicamento en la actualidad es porque casa a la perfección con la cultura de masas, prevaleciente en nuestro tiempo.

Comprender el arte, hacerlo de verdad, es mucho más que complacernos en sus propiedades sensoriales y mucho más que contentarnos con decir de una pintura que es “bonita”, de una pieza musical que es “agradable” o de una novela que es “entretenida”. Paupérrimo concepto tendríamos del arte si no le reconociéramos otros valores que los cubiertos por juicios tan banales. Tales juicios no hacen más que rozar la superficie del arte, desatendiendo sus cualidades mejores y más profundas. Para desentrañar estas cualidades y para descifrar el sentido real de las obras de arte hay que esforzarse más que lo requerido para echar un vistazo a una pintura y despachar un comentario del tenor de “sí, es bonita”. La verdadera comprensión del arte supone un ejercicio paciente de captación (observación, audición, lectura) y análisis, lo cual no está en contradicción con el goce estético; creer lo contrario es ser presa de otra falacia de la cultura de masas. (Los románticos postulaban la primacía del goce y la suspensión de la incredulidad y de la razón, pero practicaban un arte culto cuyo destinatario era un público cultivado.) Un acto de apreciación artística que no sea capaz de expresarse en un discurso –por breve que sea- con un mínimo de coherencia y solvencia intelectual es un acto fallido, trunco. Ni siquiera un arte que presuma de hedonista o de antiintelectual –que pregone el automatismo síquico, por ejemplo- puede prescindir por completo de las facultades racionales al momento de crear, ni al momento de recibirlo. Inevitablemente, el arte apela a la condición humana entera, no sólo a una de sus facetas, como si la racionalidad fuera un factor marginal. El goce estético es sólo una parte de la cuestión, y la verdad es que no todos somos en igual medida capaces de este goce. No todos somos susceptibles al “síndrome de Stendhal”, no tenemos siempre una tan exquisita sensibilidad que nos lleve a quedar en estado de trance al contemplar las maravillas de Florencia (o al presenciar una ópera, o al leer un poema). El mismo Stendhal sabía que el éxtasis o el sentirse en estado de gracia es una fase transitoria de la contemplación estética; luego viene lo que podemos llamar la fase de procesamiento intelectual: no era en estado de trance que él escribía sobre sus experiencias en materia de arte. Pero el suyo era un caso extremo. En lo que respecta al común de las gentes, el embelesamiento estético es mucho menos intenso y harto más fugaz.

El ejercicio al que aludía procede a partir de cierto grado de formación cultural, esto no tiene vuelta. Es por esta formación cultural que se llega a asumir que los parámetros estéticos tradicionales son, precisamente, tradicionales, y que por obra del arte moderno, con su espíritu de innovación y su radicalismo transgresor, por fuerza hay que tener en cuenta otros parámetros, en los que conceptos como “lo bello” y “lo feo” resultan insuficientes o inoperantes. No cabe sopesar el sentido y la relevancia de obras como las de Picasso y la generalidad de los artistas plásticos del siglo XX arropándose en los valores del arte clásico; la revolución de las artes plásticas nos obliga a ampliar nuestros criterios de evaluación, lo que implica, una vez más, mayor refinamiento en el espectador, mayor cultivo. Así pues, el factor cultural ronda toda vez que se trata de verdadera apreciación del arte, está siempre comprometido en ella. Preterir o despreciar este factor, que por una parte equivale al espesor histórico y significante del arte (la parte del emisor) y por otra al cultivo del gusto y del intelecto (la parte del receptor), significa no sólo negarle al arte su pletórica complexión -en vano, pues el arte de calidad será siempre rico en valores implícitos- sino, también, negarse uno mismo al genuino y pleno disfrute del arte. Si le concedemos importancia en nuestras vidas –al menos a alguna(s) de las disciplinas artísticas-, si nos seduce de veras la idea de empaparnos de arte –si nos consideramos verdaderos amantes de este o aquel otro arte-, no hay sino cultivarse. La exigencia de cultivarse apela a la curiosidad, al afán de aprender, pero también a tomarse las artes y los libros como un reto que depara enormes satisfacciones. (Cualquiera pensaría que en un espacio como Hislibris, que convoca a lectores habituales, la defensa de la mejora cultural y la apelación a la curiosidad intelectual serían recibidas con beneplácito.) Cultivarse, digo. Lo contrario es apostar a la ignorancia. Yo no sé dónde puede estar el atractivo de querernos ignorantes.

La ignorancia es fácil y cómoda. Cultivarse implica esfuerzo, aparte de una dosis de suerte (es obvio que nacer pobre perjudica las probabilidades de educarse, y que el sistema educativo es una expresión de la desigualdad social). Como fuere, la comprensión del arte no está al alcance de todos. Ni siquiera es un objetivo primordial de todos. La idea de la “democratización de la cultura” tuvo una inspiración loable pero al final ha mostrado tener demasiado de farol, y esto porque choca con la índole en gran medida restrictiva del arte. Por demás, no faltan motivos para imputar a esa idea una importante cuota de responsabilidad en la banalización de la cultura moderna. Los ilustrados del siglo XVIII y sus epígonos de épocas posteriores fueron grandes impulsores de iniciativas orientadas a estrechar la brecha entre la cultura (que en su mentalidad correspondía a la alta cultura) y el pueblo; los románticos –algunos de ellos- querían dignificar la cultura popular (recordemos las compilaciones de relatos orales y la idealización del espíritu del pueblo); pero nada indica que entre las aspiraciones de unos y otros estuviese el rebajar los estándares de la creación artística, o que la apreciación artística redujese su exigencia a niveles ínfimos. Tampoco fueron éstos unos objetivos inherentes a la cultura burguesa reinante en el siglo XIX. Lo peor de la cultura de masas, con el propósito de divertir como principio rector y con la vulgaridad campando por sus respetos, es un resultado no previsto de las dinámicas históricas modernas.

¿Neruda y Miguel Hernández? Ellos no eran unos ignorantes; escribían con apariencia de sencillez porque eran cultos. Neruda estaba al tanto de las letras de vanguardia de su tiempo, sabía lo que se cocía en Europa (en una de sus cartas desde Rangún, cuando oficiaba como jovencísimo cónsul de Chile, hacía alusiones a Verhaeren, Éluard y Breton, y en otra decía que empezaba a leer por quinta vez En busca del tiempo perdido, de Proust). Su poesía no es fruto de la ignorancia ni de la casualidad sino que obedece a un programa literario. Calibrar en toda su dimensión el significado de este programa, ponerlo en contexto y reconocer las influencias en la obra de Neruda, lo mismo que sus cualidades y méritos –en plenitud-: esto sólo se puede hacer en base a conocimiento, al cultivo previo del lector. Lo mismo puede decirse del arte naïf. Se aprecia mejor un cuadro de Henri Rousseau cuando se lo contrasta con el arte pictórico de su tiempo, tanto el clasicista como el vanguardista.

No digo, Clodoveo, que el público menos favorecido por la educación (y no lo digo así por amor al eufemismo sino por enfatizar una realidad social), no digo que este público no cuente para nada cuando se discute sobre arte. Pero sí creo que su papel, diría más: que el papel del público en general es menor, marginal y pasivo. No es el público, ni el culto ni el iletrado, el que reúne las colecciones de arte que se exhiben en los museos, ni el que organiza las muestras de las galerías, ni el responsable de la programación de las salas de conciertos, ni el que estructura la cartelera de las salas de teatro, ni el que escribe libros sobre literatura. La cosa es bastante cruda en lo que toca a la consolidación del arte que cuajará como digno de trascender su época. La afluencia de público a una muestra pictórica, una sinfonía o una pieza teatral es la medida por excelencia del éxito presente, pero no garantiza el ingreso al canon del arte clásico. En el caso de la literatura, ni hablar: el índice de ventas prácticamente carece de incidencia. Es difícil conjeturar qué artistas de nuestros días habrán de perdurar; vaticinar es siempre correr un albur. Los contemporáneos de Corneille y Racine se sentirían no ya defraudados sino extrañadísimos por el olvido casi total en que han caído; tal vez es que están demasiados ligados a una época cuyos parámetros culturales sobreviven en muy escasos vestigios (literarios, se entiende). En cuanto a la suerte de Picasso, pienso que tiene asegurado su paso a una posteridad muy distante, salvo que el planeta sufra un apocalipsis o una invasión alienígena que arrase con la civilización. Son incontables las fuentes que documentan y testimonian la importancia de Picasso en su siglo y es profunda su impronta en el arte contemporáneo, y éste es un arte sobradamente enraizado en el ethos de nuestro tiempo, en que la alta cultura permea la cultura de masas (señales de esto las hay, por ejemplo, en el aprovechamiento de obras de arte famosas en avisos publicitarios). Por más que el significado último de su arte permanezca oculto a las masas, Picasso ha devenido un icono popular y un símbolo de la época.
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Clodoveo11



Registrado: 30 Ene 2015
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MensajePublicado: Lun Abr 04, 2016 10:12 am    Tí­tulo del mensaje: Responder citando

No voy a insistir ni añadir nada nuevo porque las posturas de cada cual están muy claras y sería redundante. Pero considerar el arte un concepto iniciático, oscuro, al alcance de unos pocos por educación, suerte o posibles, me parece no sólo insistir en la subjetividad de su consideración (cosa que todos reconocemos pero insuficiente para explicarlo), sino además convertirlo en una cosa elitista desconectada de la realidad humana. El arte necesita de unos conocimientos previos para contextualizarlo y reconocerlo, pero a partir de ahí debe activar unos resortes internos para que lo reconozcamos como tal. Y esos resortes pueden o no cambiar con el tiempo, pero no todos. El ser humano es biología (cerebro) y formación (educación), y de la fusión de ambos nace el arte y el gusto por el mismo.

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Rodrigo



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Ubicación: Santiago de Chile

MensajePublicado: Lun Abr 04, 2016 6:56 pm    Tí­tulo del mensaje: Responder citando

Igual, me veo necesitado de explicarme un poco mejor. (Cosas de la inseguridad.)

Puntualizo que no me identifica la idea de que el arte sea oscuro y sólo esté al alcance de unos pocos. Sí me identifica la de que este alcance es relativo, en el sentido de estar relacionado con la formación de cada cual. Es tan sencillo como reconocer que la comprensión artística mejora conforme nos instruimos en cuestiones de arte. (Formación entre otros factores, es cierto. También cuentan ciertas predisposiciones síquicas, o por el estilo. Yo, por ejemplo, crecí en un ambiente de música selecta, en un hogar en que se oía y se tocaba esta música: mi madre era profesora de piano y mi padre violista profesional -de orquesta y de cuarteto-; sin embargo, nunca pude sentir ni compenetrarme de la música como ellos.)

Lo que he tratado de enfatizar es que el cultivo personal es insustituible a la hora de apreciar y comprender el arte, si se quiere hacerlo de buena manera (un propósito que no compromete a todos por igual, francamente). Es un dato de la causa que el arte de calidad -aquel condensado de historia y de valores implícitos al que aludía- es de por sí complejo (que no esotérico, no hay que confundir los planos). La pretensión de exonerar al individuo de la necesidad de cultivarse para mejor entender el arte es una distorsión y una tara de nuestro tiempo, cuyo reverso es la denigración del arte culto, de la idea misma de un arte culto; como si el hecho de no ser éste igualmente accesible para todos –sin esfuerzo alguno por parte del público- fuese de suyo censurable, poco menos que motivo de escándalo. La acusación de elitismo en materia de arte es una señal característica de lo que planteo.

Algo que me descoloca del desprestigio del arte culto y del ideal de la educación artística es la incoherencia que supone a propósito del arte entero, visto desde una perspectiva histórica. Asimiladas las falsas premisas de la cultura de masas, parece que el arte clásico no debiera ser entendido más que como un gran fósil, llamativo quizás y digno de una visita al museo pero incapaz en el fondo de decirnos nada puesto que nada tiene que ver con nuestro tiempo… que es uno que exalta la entretención y la espontaneidad en la percepción (lo que no se capta de buenas a primeras y no nos divierte se repudia, es arte “elitista”).

Pienso que la instrucción no se contradice con el factor del goce, de lo que nos hace reconocer el arte como tal porque deleita nuestros sentidos. El concepto del “buen gusto” no es gratuito ni insignificante, su uso consagrado remite a una idea de modelado, de pulimento de las facultades de percepción: es decir, de cultivo. Creo además que dicho factor no agota el concepto del arte. El arte vanguardista del siglo XX no deja de ser arte porque vuelva irrelevantes categorías como la de “lo bonito”, “lo agradable” o “lo placentero”. Que su sentido resulte elusivo para mucha gente no es motivo para renegar de él: no es que sea mucha la gente capaz de traspasar la superficie del arte clásico, y tampoco es que categorías como las referidas sean suficientes con respecto a éste. Aparte que sólo una sensibilidad cultivada podía (y puede) hacer plena justicia a la belleza de las obras de un Donatello o un Mozart, ellos se hubiesen extrañado de la pretensión de que su arte respondiese apenas al deseo de agradar, sin más. Retener en la memoria y silbar unos cuantos compases de una sinfonía porque son melodiosos y nos llegan con facilidad no es realmente una muestra de apreciación del arte musical. Nunca antes como en la Holanda del siglo XVII hubo una difusión tan amplia de un arte pictórico de calidad, tantos eran los hogares burgueses que exhibían en sus muros obras de pintores holandeses famosos; pero, ¿cuántos de aquellos afortunados burgueses pagaban por ellas en base a criterios artísticos y no por razones de prestigio social?

En realidad, lo mío es un alegato a favor de la instrucción. No hubiese desentonado en otros tiempos, cuando lo que se estilaba era el afán de elevar al común de las personas (“elevar al pueblo”, solía decirse) para acercarla a la cultura, en vez de degradar la cultura para volverla cercana a la gente. El reclamo de la democratización de la cultura ha terminado por volver ofensiva la idea de un arte que no halague el peor de los hedonismos y que exija formación.
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akane



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Mensajes: 2230

MensajePublicado: Lun Abr 04, 2016 9:15 pm    Tí­tulo del mensaje: Responder citando

Rodrigo, he disfrutado leyéndote, de verdad. Estoy un poco apática pero me has dado en qué pensar durante un buen rato.
¡Un abrazo!
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No solo me gusta ser diferente de los demás, sino que odio los momentos en que dejo de serlo.
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Rodrigo



Registrado: 28 Nov 2007
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Ubicación: Santiago de Chile

MensajePublicado: Mar Abr 05, 2016 1:03 am    Tí­tulo del mensaje: Responder citando

Vaya, esto es alentador.

Gracias, Akane, y un abrazo de vuelta.
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Rosalía de Bringas



Registrado: 16 Feb 2011
Mensajes: 3384

MensajePublicado: Mar Abr 05, 2016 8:03 am    Tí­tulo del mensaje: Responder citando

akane escribió:
Rodrigo, he disfrutado leyéndote, de verdad. Estoy un poco apática pero me has dado en qué pensar durante un buen rato.
¡Un abrazo!


Comparto opinión. De hecho, nada me gustaria más que escuchar en directo a nuestro admirado Rodrigo...
Razz
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vorimir



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Mensajes: 6424
Ubicación: Lauro Vetus

MensajePublicado: Mar Abr 05, 2016 10:30 am    Tí­tulo del mensaje: Responder citando

Supongo que la respuesta es fácil: se publica mucho más que hace X años, por lo que se publican muchos más libros malos. Very Happy
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La Torre de Vorimir
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IÑIGO



Registrado: 01 Sep 2010
Mensajes: 11592
Ubicación: Reyno de Navarra

MensajePublicado: Mar Abr 05, 2016 11:29 am    Tí­tulo del mensaje: Responder citando

vorimir escribió:
Supongo que la respuesta es fácil: se publica mucho más que hace X años, por lo que se publican muchos más libros malos. Very Happy

No se puede decir más claro...
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Clodoveo11



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Ubicación: Princeton Plainsboro

MensajePublicado: Mar Abr 05, 2016 11:43 am    Tí­tulo del mensaje: Responder citando

vorimir escribió:
Supongo que la respuesta es fácil: se publica mucho más que hace X años, por lo que se publican muchos más libros malos. Very Happy


Pero también más buenos: si antes había un 80-20 o un 90-10, me da igual la proporción, de ratio malos-buenos tendrá que haber un razonamiento de peso para argumentar que la proporción ahora es distinta.

Por lo menos en lo que es el ensayo, que es lo que leo, ahora se publican muchas más cosas que hace años que merezcan la pena, y en todos los campos: ahí el publicar más ha sido una mejora. Lo que pasa es que hay que saber seleccionar (formación lectora, que te permite distinguir los bodrios antes de leerlos) y quedarse con lo bueno; lo malo, siempre va a sobreabundar, como películas malas, restaurantes malos y políticos malos. Very Happy
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Rodrigo



Registrado: 28 Nov 2007
Mensajes: 7830
Ubicación: Santiago de Chile

MensajePublicado: Vie Mar 31, 2017 6:07 pm    Tí­tulo del mensaje: Responder citando

Algunas de mis lecturas recientes me recordaron este hilo…

Más allá de que Eduardo Mendoza disipara la polémica acusando tergiversación de sus palabras, la cuestión seguía siendo válida. ¿Es todo lo que se publica hoy una birria, en materia de novela? Bien pensado, la forma más sencilla y directa de responder era (y es) la de las pruebas, las manifestaciones concretas.

No puedo preciarme de estar plenamente al día respecto no ya de lo que se publica (un imposible para cualquiera) sino de lo que domina el panorama actual de la novela. Así y todo, puedo hacerme una –aunque fuere- somera idea del asunto, y juzgar en consecuencia. Mi impresión es que la narrativa de ficción no está en estado de coma ni mucho menos; que no todo lo que se publica hoy en día es una birria. Considerando que en la actualidad publican autores como John Banville, Ian McEwan, Julian Barnes, Martin Amis, Philippe Claudel, Jean Echenoz, Emmanuel Carrère, Pierre Michon, Mathias Enard, Laurent Binet, Alessandro Baricco, Claudio Magris, Richard Russo, Richard Ford, Don DeLillo, Nicole Krauss, David Grossman, Amos Oz y tantos, tantos más (algunos mencionarían a Jonathan Franzen, Amélie Nothomb, Haruki Murakami, Michel Houellebecq y un largo etcétera)… Diantre, no es como para pensar que el presente ralee en nombres capaces de sostener enhiesta la bandera de la buena literatura.

Otra cosa es la del nivel comparativo de esta literatura, en relación con épocas pasadas. En este mismo hilo sugería yo que tal vez los novelistas actuales no nos remezcan ni nos marquen a fuego como los de antes, y que acaso no sea la actual una edad de oro de la novelística, ni siquiera una de plata. (O tal vez sí, el tiempo dirá.) Pero de ahí a tenerla por una especie de páramo desolador, pues creo que hay demasiado trecho. Buena novela, es decir, un arte de la narrativa que dé cuenta de las señales e inquietudes de la época sin dejar de reflejar o recrear lo eterno humano: esto sigue habiéndolo, a mi modesto entender.
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caliban66



Registrado: 30 Nov 2008
Mensajes: 2548

MensajePublicado: Lun Abr 03, 2017 7:18 am    Tí­tulo del mensaje: Responder citando

Yo quisiera introducir otra variable: la perspectiva. Esto es, ¿se daban cuenta en su época de si una novela era excepcional o no? Ahora parece fácil destacar un puñado de novelas excepcionales, pero, ¿fueron detectadas como tales en el momento de su publicación? En mi opinión, el tiempo va poniendo a cada obra en su lugar. El Quijote era una obra popular en su época, pero no era considerada culta. Probablemente los intelectuales contemporáneos la miraran de reojo. Y no todos los libros amarillentos que guardamos del siglo pasado son bueno. Si comparamos una obra media de este año con lo mejor de las décadas pasadas (pues lo que no es bueno no perdura), pues sale perdiendo. Pero deberíamos compararlos con las obras medias de su época. Dumas escribía por folletos para el pueblo, por ejemplo. En su época había muchos más autores, que no nos han llegado.
En la presentación de los relatos del V concurso, en Carmona, Eslava Galán dio una charleta preciosa sobre los libros. Y habló de que a muchos autores se les deja de leer cuando mueren. Puso como ejemplo a Paco Umbral. Ya no se publican ni se le lee. Pues eso pasa, que a la muerte de un autor sólo se le sigue leyendo si es realmente bueno.
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JohnZ



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Mensajes: 480

MensajePublicado: Lun Abr 03, 2017 2:08 pm    Tí­tulo del mensaje: Responder citando

Pues El Quijote fue muy valorado por los británicos más allá del éxito popular.

Pero, ¿realmente perduran los que son verdaderamente buenas? Y otra pregunta: ¿cuál es una novela buena?
En épocas pasadas cuál perduraría, la popular que tuviera más copias u otra de la que apenas existieran. Lo lógico es pensar que llegarían hasta nuestra época las más populares, no por ello las mejores ni tampoco significa que las peores, ¿no?
Y de nuestra época, si sólo quedaran libros físicos, cuáles llegarían al futuro? Las buenas (lo que quiera que signifique Very Happy)? O es más probable que lleguen las más vendidas como 50 sombras? Very Happy
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Rodrigo



Registrado: 28 Nov 2007
Mensajes: 7830
Ubicación: Santiago de Chile

MensajePublicado: Lun Abr 03, 2017 2:40 pm    Tí­tulo del mensaje: Responder citando

Por eso decía aquello de “el tiempo dirá”, Calibán.

Por supuesto que es importante la perspectiva temporal, y si es a largo plazo, mejor. No olvidemos que Shakespeare y Cervantes pasaron por una etapa de semiolvido y que fueron rescatados mucho tiempo después de sus muertes.

La misma distinción ente clásicos y superventas (best-sellers) responde a la cuestión, JohnZ. Los superventas suelen ser un fenómeno efímero, mientras que los clásicos, bueno, son lo que son: los que sobreviven al paso del tiempo, los que trascienden las circunstancias en que nacieron. ¿Por qué? Pues, porque capturan lo esencial de la condición humana y conservan su capacidad de conmover al lector aun transcurridos siglos desde su gestación, y, en medida algo inferior, porque representan la cumbre de un estilo o corriente literaria.
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juanrio



Registrado: 24 Oct 2007
Mensajes: 9795
Ubicación: Vicus Albus

MensajePublicado: Lun Abr 03, 2017 4:21 pm    Tí­tulo del mensaje: Responder citando

caliban66 escribió:
Yo quisiera introducir otra variable: la perspectiva. Esto es, ¿se daban cuenta en su época de si una novela era excepcional o no? Ahora parece fácil destacar un puñado de novelas excepcionales, pero, ¿fueron detectadas como tales en el momento de su publicación? En mi opinión, el tiempo va poniendo a cada obra en su lugar. El Quijote era una obra popular en su época, pero no era considerada culta. Probablemente los intelectuales contemporáneos la miraran de reojo. Y no todos los libros amarillentos que guardamos del siglo pasado son bueno. Si comparamos una obra media de este año con lo mejor de las décadas pasadas (pues lo que no es bueno no perdura), pues sale perdiendo. Pero deberíamos compararlos con las obras medias de su época. Dumas escribía por folletos para el pueblo, por ejemplo. En su época había muchos más autores, que no nos han llegado.
En la presentación de los relatos del V concurso, en Carmona, Eslava Galán dio una charleta preciosa sobre los libros. Y habló de que a muchos autores se les deja de leer cuando mueren. Puso como ejemplo a Paco Umbral. Ya no se publican ni se le lee. Pues eso pasa, que a la muerte de un autor sólo se le sigue leyendo si es realmente bueno.


Escuchamos lo mismo de Eslava y yo lo repito de vez en cuando. Precisamente, en mi desvelo nocturno habitual, he estado pensando en la propuesta para mi tertulia para 2018 y voy a pedirles a mis contertulios que propongan ese tipo de autores y libros, como Umbral. Me parece interesante rescatar alguna obra que, probablemente, fue popular en su época y ha quedado sepultada como su autor.
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"Soy el hombre delgado que no flaqueará jamás"

Pedro Casariego

«Quien se arrodilla ante el hecho consumado, es incapaz de afrontar el porvenir» (León Trotsky).
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sciurus



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Ubicación: La Montaña Manngica

MensajePublicado: Lun Abr 03, 2017 5:37 pm    Tí­tulo del mensaje: Responder citando

Sin duda el gran quid es la perspectiva...quién no leyó o vió algo que luego fue revisitado y te dices, nada que ver con la impresión que me llevé en su momento. Especialmente me pasó con las películas vistas en el cine y comprada luego en dvd. La perspectiva y cómo trata la estética ese arte tienen mucho que decir de si estamos ante una obra eterna o de una moda pasajera. Pero quizá ahora se acusa más esa visión al vivir en una sociedad acostumbrada a vivir de un modo Fast. Así que el tiempo, que no veremos, pues el del arte y el del hombre es diferente, dirá
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