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El pequeño Pataxú, Tristan Derème

"¿Los libros que se publican ahora son una birria?"
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farsalia



Registrado: 07 Nov 2007
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MensajePublicado: Sab Mar 26, 2016 5:36 pm    Tí­tulo del mensaje: "¿Los libros que se publican ahora son una birria?" Responder citando

A raíz de un comentario de Eduardo Mendoza hace unos días, en La Vanguardia de hoy se ha publicado este muy interesante artículo.

¿Los libros que se publican ahora son una birria?

El polémico discurso de Eduardo Mendoza en Puerto Rico lanza a la palestra el debate sobre la calidad de las publicaciones actuales

Xavi Ayén
26/03/2016 La Vanguardia
Fuente

Todavía resuenan los ecos de la frase que, la semana pasada, pronunció el escritor barcelonés Eduardo Mendoza en el Congreso de la Lengua Española celebrado en Puerto Rico. Recordémosla: “A mí me da lo mismo que la gente lea o no lea, y si no lo han hecho hasta ahora, no van a empezar porque yo se lo recomiende. Además, la mayoría de libros que nos rodean no sirven para nada. Son una birria”. ¿Tiene razón Mendoza? ¿Los libros son una birria? ¿Qué ha querido decir el autor de La ciudad de los prodigios?

El crítico y escritor J.A. Masoliver Ródenas recuerda que “Mendoza ya anunció en 1998 que la novela se había acabado, provocando un gran revuelo, ahora sigue en esas ideas... Yo le tengo el máximo respeto, porque él hace una literatura con talento aunque cada vez con más concesiones. La novela está tan bien o tan mal como en cualquier otro momento. Cuando alguien hace una declaración semejante habría que preguntarle: ¿cuántas novelas lee usted al año? Es un poco ofensivo para mucha gente que está escribiendo. No sé si se refiere a las nuevas generaciones o a escritores maduros como Vila-Matas, Fernández Cubas, Pisón... no inferiores a los de la generación de Mendoza. Si hablamos de los mayores, varios siguen escribiendo, como Marsé. También sale gente de las nuevas generaciones: Sara Mesa, Samanta Schweblin… En poesía sí detecto un bajón, pero no en la novela, que está tan dinámica como siempre, o quizá más. Quizá no haya genios, es verdad, pero sí un estado medio del género superior al anterior. No tiene sentido decir eso”.

En cambio, Javier Aparicio Maydeu, crítico, ensayista y profesor en la Universitat Pompeu Fabra, ve razonable la observación mendociana: “En mi libro La imaginación en la jaula ya hablo de esta problemática. La gran empresa editorial lo que quiere es que la imaginación se ajuste a las líneas de lo que ella dicta. Milan Kundera decía que la novela moderna había llegado a ser un instrumento de conocimiento, pero la novela de hoy mayoritariamente ya ha dejado de serlo, es sólo un instrumento de entretenimiento. Hay autores que la utilizan todavía para que crezcamos como individuos o ciudadanos, aunque eso ya no es la rama dominante. Hay una uniformización de los formatos. Hay un efecto secundario, que es la banalidad. El mundo digital hace que la información sea la misma para todo el mundo, se tira de la documentación por internet y no de las experiencias personales. Eso lo defendería ante un juzgado. Nos tendríamos que preguntar, cuando leemos: ¿están perfilados los personajes como si le fuera la vida al autor o son arquetipos? Nacen las obras no como catarsis, sino para captar unos nichos de mercado. Antes había muchos autores de folletín, pero no estamos en estos momentos en el punto más álgido de la novela como vía de introspección personal, porque están hechas con experiencias virtuales y están muy pendientes del mercado, es decir, de las tendencias y las ventas. Muchos de los autores ya no se pueden llamar autores, sino creadores de contenidos. También hay escritores de primer nivel que hacen una novela buenísima y luego se copian a sí mismos, porque les dicen que tiren por ahí, que repitan el modelo. ¿Está de moda la novela negra? ¡Pues venga! Y los libros cada vez se parecen más... Ha disminuido la autocrítica, el mundo digital se carga a los intermediarios y si tú tienes seguidores en Twitter, ya no necesitas que alguien te diga si eres bueno o no. Si manda el marketing, y en la calle la gente no sabe quiénes son Apolo y Dafne, no los puedes utilizar en la trama porque la gente no lo pilla, y vas rebajando y rebajando, y cuando todos rebajan a la vez todo se uniformiza. Pasa aquí, y en las grandes agencias de Londres y Nueva York: uno quiere ser como Crichton, otro como E.L. James… y a lo diferente le cuesta sacar la patita. Y hay una connivencia con las series de televisión, muchos diálogos son calcos o reescrituras de series importantes, no proceden del cacumen del autodenominado escritor. Es como un juego de espejos”.

El crítico Julià Guillamon confiesa: “Me hace gracia la boutade de Mendoza. Como crítico tengo que leer muchas novelas. Novelas más o menos bien escritas, de las cuales se puede hablar bien, y que se pueden recomendar con más o menos entusiasmo. Pero a veces, a medio leer, pienso: ¿a quién le puede interesar esto? Si no me la tuviera que leer como crítico, ¿la leería? Y la conclusión es parecida a lo que dice Mendoza. Pero también podría llegar a la conclusión opuesta: el público está tan disperso, hay tantas cosas por hacer, que es difícil que la gente se enganche a una novela por interesante que sea. Siempre hay alguna cosa que se interpone y que produce una gratificación más inmediata que leer. Por otra parte, el mundo del libro es, cada vez más, un mundo de productores más que de consumidores. Gente que quiere escribir, gente que quiere editar, pero con muy poca demanda. No me imagino una situación parecida, por ejemplo, en el mundo del embutido. Dos o tres fabricantes industriales de ­fuets, un montón de pequeños talleres artesanales... ¡y gente que no come fuet!”

Hay otros factores, derivados de la crisis económica. Javier Calvo, autor del ensayo El fantasma en el libro, detecta una tendencia “hacia la desprofesionalización de la traducción”, lo que redunda en un descenso de la calidad de los textos. “Las tarifas que cobran los traductores españoles han sufrido varios descensos, y en estos momentos son una tercera parte de lo que cobra un traductor en otros países” como EE.UU., Alemania o Francia. Las asociaciones del sector denuncian más de 300 casos de incumplimiento de contrato al año por parte de los editores. El año pasado, la ACE Traductores criticó la bajada de tarifas decretada por el grupo Penguin Random House, diciendo que “una política de bajas remuneraciones solamente puede redundar en un empeoramiento del producto que llega a las manos del lector. El profesional que cobra menos es un profesional que tiene que trabajar más horas para mantenerse, y eso sólo conduce a un descenso de la calidad, al que los traductores nos negamos por razones éticas, profesionales y culturales”. A veces se da la paradoja de que los textos de pequeñas editoriales están más cuidados que los de las grandes. Los correctores literarios sufren parecidos recortes.

El debate, sin embargo, no es nuevo. Ya en el siglo XIX se hablaba de cómo bajaba la calidad de los libros. La editorial Fórcola acaba de publicar Los enemigos de los libros de William Blades (1824-1890), en el que junto a elementos destructores como la polilla, el fuego, la humedad o los perversos encuadernadores de la época, el prologuista Andrés Trapiello echa de menos “al que para mí es el principal enemigo de los libros: el autor” ya que “si los autores fueran mejores de lo que son, y se respetaran un poco más a sí mismos no escribiendo más que libros buenos, probablemente se les tendría en mejor consideración y la gente no llevaría sus obras a los establos”, como hacían los contemporáneos de Blades.
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Hahael



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MensajePublicado: Sab Mar 26, 2016 10:12 pm    Tí­tulo del mensaje: Responder citando

Interesantes reflexiones. Buenos libros y regulares, pocos o muchos lectores, nichos de mercado, tendencias, originalidad... La literatura ni se menciona.
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Abraham



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MensajePublicado: Sab Mar 26, 2016 11:17 pm    Tí­tulo del mensaje: Responder citando

Sin extremos... todo en su justa medida y cada tipo en un nicho diferente que los colores y los gustos son extremamente variados, todos tenemos nuestro bueno y lo infumable... Wink
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Rodrigo



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MensajePublicado: Dom Mar 27, 2016 6:14 am    Tí­tulo del mensaje: Responder citando

Si se trata de la muerte de la novela, se trata de una muerte anunciada hace tiempo y de modo recurrente. Esto, en el entendido de que la tal muerte se refiere no al hecho de escribir y publicar novelas (nunca se había publicado tanto como hoy) sino a la posibilidad de la innovación estética, de un vuelco si no tan radical como el de las primeras décadas del siglo pasado, cuando Kafka, Proust y Joyce –nos gusten o no- reinventaron el arte de novelar, sí comparable al menos a lo de autores como Dos Passos, Virginia Woolf, Faulkner, Nabokov, Danilo Kiš, Vargas Llosa o incluso Joseph Conrad, pionero de la técnica del “narrador poco confiable”. Y es que a estas alturas parece difícil inventar algo nuevo, sacarse del sombrero técnicas, perspectivas o recursos -de la índole que fuere- absolutamente originales y rompedores. Frente a este (presunto) agotamiento, lo que algunos autores han tentado como válvula de escape es la mixtura de ficción y realidad, combinando registros que traspasan las fronteras de géneros. El resultado es que vemos lo ficticio hibridado con elementos propios de la literatura testimonial, periodística o ensayística, en una indeterminación o permeabilidad estilística que pasa por quintaesencia de la posmodernidad literaria. Uno de los recursos característicos es la aparición del propio narrador, no a la manera decimonónica, con sus interpelaciones al lector y sus exhortaciones moralizantes (el narrador como un pequeño dios), sino exponiéndose sin embozo en tanto artífice en proceso de búsqueda y plasmación artística. La denominada “novela en marcha” es un ejemplo de esto. Precisamente, la exploración y puesta en evidencia de los procesos creativos es uno de los temas privilegiados del nuevo paradigma, que, de paso, no tiene inconveniente en deshacerse del principio de la novela como obra cerrada y autosuficiente, como un mundo alterno o virtual (por antonomasia, la gran convención de la narrativa moderna). En nuestra lengua, Javier Cercas, Roberto Bolaño, Isaac Rosa, Enrique Vila-Matas, Javier Marías y Alberto Fuguet son algunos de sus exponentes.

Otra arista de la cuestión es la de la famosa dicotomía de ‘novela de altos estándares artísticos’ v/s ‘novela comercial o de simple entretención’, asunto en que entran a tallar los veredictos sobre la superación aplastante de la primera por la segunda, y sobre el bajo nivel de la actual novela de calidad. No sé, tal vez no vivamos una edad de oro de la novela, quizá nuestra época no esté en condiciones de rivalizar con aquellas en que publicaban Balzac y Stendhal, Tolstói y Dostoievski, o las lumbreras del siglo XX, pero no creo que sea como para generalizar a troche y moche y despreciar absolutamente todo lo que se publica en la actualidad. Aun no estando del todo al día, no es muy difícil congregar unos cuantos nombres de autores que mantienen enhiesta la bandera de la buena literatura. ¿Que la literatura actual no tiene ni aspira a tener el rango ético o espiritual de otros tiempos, cuando se leía novela no por afán de evasión sino en busca de sabiduría, aliento y orientación? De partida, yo creo que la imagen subyacente a este supuesto, imagen de la relación entre literatura y público lector, tiene mucho de ilusorio, de romanticismo pasado de rosca. En todas las épocas ha prevalecido cuantitativamente la literatura de evasión, y en todas ellas el público mayoritario ha sido el de este tipo de literatura. Que del siglo XIX pervivan los grandes nombres no debe llevarnos a engaño: si perviven es porque éste es el signo de los clásicos, no necesariamente –muy pocas veces- el del éxito comercial. Cualquiera que lea a Robert Darnton puede enterarse de la sorprendente proliferación, durante el siglo XVIII, de best sellers de los que hoy no tenemos idea; me refiero a auténticos superventas de la época, mucho más leídos por sus contemporáneos que Rousseau o Diderot. Volviendo a nuestro tiempo: pienso que el lector de novela seria y sin apellidos (de género) no tiene mucha razón para juzgarlo un páramo total. Otra cosa es que el actual estado del arte no sea, quizás, el más brillante.

… Como otra es la de la desmesura del mercado editorial. Acaso se publique demasiado, y en la abundancia de publicaciones puede resultar difícil el distinguir el grano de la paja, el dar con lo que realmente vale la pena. (A los E.L. James y congéneres se los descarta de entrada.) Ya es difícil estar al día en lo relativo al panorama literario internacional, de veras abrumador.
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Nausícaa



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MensajePublicado: Dom Mar 27, 2016 8:09 am    Tí­tulo del mensaje: Responder citando

Yo creo que sí, que se publica mucha birria. No quiero decir que la novela que no es entretenimiento no debe publicarse y solo debe salir a la luz aquellas obras de excelsa literatura. No. Quiero decir que se publica mucha birria, mucha novela mala, sea entretenimiento o no. Novelas con una prosa simple, un vocabulario exiguo, un estilo pobre pueden pasar, porque como he dicho no pretendo que se publique solo lo que es literatura. Pero cuando te encuentras libros con gazapos terribles, faltas de ortografía, una sintaxis más que deficiente, una estructura desestructurada, con un ritmo inexistente, personajes planos y deficiencias por doquier, y eso es lo que se está premiando, es lo que se está alabando desde los grandes grupos editoriales y lo que están publicando las editoriales independientes, se puede confirmar que sí, que se publica mucha birria, aunque no todo lo que se publique sea birria. Algunas cosas hay salvables, pero pocas.
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Arturus



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MensajePublicado: Dom Mar 27, 2016 8:46 am    Tí­tulo del mensaje: Responder citando

Estoy de acuerdo con Rodrigo, creo que se publica demasiado. Prácticamente hay novedades editoriales mes a mes y quien acude a una librería sin una idea concreta corre el riesgo de verse sobrepasado por la abundancia de títulos. Ocurre precisamente esto en novela histórica, sobre todo en "la de romanos", con la consiguiente uniformización de argumentos, personajes y hasta portadas, todos iguales o parecidos, y el inevitable descenso de la calidad. Cuando se publica tanto es difícil mantener un nivel mínimo digno.
En cuanto a la novela en general, es peligroso generalizar. Siempre ha habido libros buenos y malos y escritores excelsos y mediocres, pero estamos en las mismas, cuando casi cualquiera puede escribir un libro y que se lo publiquen es de cajón que la calidad media va a bajar, pero sigue habiendo buenas novelas y buenos autores. Y si no, siempre quedarán los clásicos, que para eso están.
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Milius



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MensajePublicado: Dom Mar 27, 2016 1:39 pm    Tí­tulo del mensaje: Responder citando

Esta claro que hoy día se publica mucho, muchísimo, más que nunca y resulta difícil elegir un buen título, fastidia tener que dejar un libro que no soportas después de gastarte una pasta en él... y también es cierto que más barato sale hacerte premiún en cualquier cadena de televisión de pago, entre otras cosas. Libros muy caros, y da igual que tengan el sobre coste de la traducción como que no, pero libros de calidad hay en todos los géneros y muchos.

lo comercial, un eufemismo tranquilizador para designar lo que la mayoría compra, lo que a la mayoría le gusta leer, para hacer como si fuera culpa de las multinacionales, siempre ha existido, sesudos autores han convivido con millonarias tiradas de novelas rosas o de aventuras desde que esto de leer por diversión existe.

También hay mucha tontería con esto de la calidad, y muchos somos los que pasamos de los críticos sabiondos tras ver como encumbran a Sartre, a Joyce, a Kafka o el propio Melville, cuyas obras son, en general, y dicho de forma sincera, un verdadero peñazo.

Otro parámetro a considerar es la edad de Mendoza, ya talludito, las generaciones no pasan en balde, yo he fracasado en mi intento de que mis hijas lean lo que yo leí de chico, no han querido ni mentar a Twain, a Kipling, Stevenson, Verne y sin embargo se han bebido sagas como las de Harry Potter, Canción de Hielo y fuego, las de Laura Gallego, Divergente.. y tantas otras. La adolescente se lee sin piedad a autores como Blue Jeans, Blair Holden, Lof You, Estelle Madakane... casi todos salidos de una plataforma de lectura electrónica llama Wattpad y que no sabía ni que existía... y, claro, las editoriales, que no son tontas, aprovechas el tirón y publican lo que se demanda. En parque jurásico afirmaban que la vida siempre se abre camino, y yo creo que la lectura hace lo propio, las nuevas generaciones leen lo que les llama y lo que les conecta con su mundo y sólo nos queda esperar que algún día lean por placer a Baroja, Unamuno o Valle Inclán... la mayor de todas formas ya es casi filóloga así que al final ha tenido que leerse a los clásicos.

¿Birria? Pues unos sí y otros no, como siempre. Quizá el problema es que aquí ocurre como en los hilos de política, Eduardo tiene una opinión sobre lo que debe ser la literatura y por lo tanto todo lo que se salga de ahí es una birria... por lo menos él es bastante moderado en eso y todo se queda ahí.
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Rodrigo



Registrado: 28 Nov 2007
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MensajePublicado: Dom Mar 27, 2016 2:13 pm    Tí­tulo del mensaje: Responder citando

Desde luego, cuando se publica demasiado, mayor es la proporción de literatura perecible.

En cuanto a que la novela actual no nos remezca como la de antaño, en esto tiendo a estar de acuerdo. Puede que haya una distorsión nacida de la experiencia subjetiva, de nuestra trayectoria como lectores, pero también hay algo en la trayectoria de la propia novelística. Solemos empezar por los clásicos, a una edad en que somos tremendamente impresionables. Creo que no es lo mismo leer Crimen y castigo, Rojo y negro o Lord Jim (Moby Dick, también) en la adolescencia o en la primera juventud que hacerlo en los cuarentas. Puede que nunca nos impacte tanto la lectura de novelas como en la temprana edad, cuando somos una página en blanco existencial y las primeras experiencias nos calan muy hondo, y cuando leemos con ansiedad, incluso con avidez febril. Aquellas lecturas nos resultan memorables, entrañables, y no es raro que la experiencia posterior nos reserve cierta frustración en la medida que no se repita aquel sentirnos conmovidos hasta la última fibra por las grandes novelas. Creo que Mendoza apunta en parte a esto, a que la novela más reciente no tiene la misma capacidad de remecer, acaso porque no esté interesada como otrora en “las grandes cuestiones” (morales, espirituales, existenciales) sino que tiende a mirarse el ombligo, preocupada como está del problema del callejón sin salida -aquel del agotamiento del arte novelístico. Cuando no nos parece trivial, la consideramos fría, retorcida y distante, demasiado intelectual, demasiado extraviada en los vericuetos de la experimentación. Por lo general, la novela vanguardista tiene otro norte que el de emocionar o proporcionar respuestas a los dilemas humanos de siempre, más bien parece que cifrase su ambición en encandilar a la crítica especializada y dar pienso a los doctorandos en literatura. Incluso tratándose del lector cultivado y exigente, veo difícil que cosas como El arco iris de gravedad, La broma infinita o Europa Central estremezcan tanto como Guerra y paz, Los miserables o Vida y destino (ese maravilloso anacronismo). Aun si apreciamos los méritos de escritores actuales como Patrick Modiano, Murakami o Jonathan Franzen, es cosa de sincerarnos con nosotros mismos para admitir que no tienen aquello que nos hacen brillar los ojos cuando nos topamos con referencias a los clásicos.

Opino, claro. Quizá demasiado llevado de mi subjetividad.
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Raskolnikov



Registrado: 25 Dic 2009
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MensajePublicado: Dom Mar 27, 2016 10:20 pm    Tí­tulo del mensaje: Responder citando

Milius escribió:
También hay mucha tontería con esto de la calidad, y muchos somos los que pasamos de los críticos sabiondos tras ver como encumbran a Sartre, a Joyce, a Kafka o el propio Melville, cuyas obras son, en general, y dicho de forma sincera, un verdadero peñazo.

La discusión es muy vieja, pero no hay que confundir la calidad con los gustos de uno. Si al leer a Kafka o Melville no ves que hay calidad en el texto... (¿La Metamorfosis te parece una mala obra literaria?). En cualquier caso, buena parte de la obra de Kafka está sin terminar, no se publicó en su vida, así que no sabes si estás leyendo algo que quizá hubiese reescrito por completo antes de publicarlo. No es justo sentenciar al pobre Kafka por eso... (a mí El castillo me acabó aburriendo, pero es una de las obras inacabadas).

Sobre Melville... No concibo que alguien pueda decir, por ejemplo, que Bartleby el escribiente no tiene calidad. Que te aburra es otra cosa muy distinta.
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Rodrigo



Registrado: 28 Nov 2007
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MensajePublicado: Lun Mar 28, 2016 1:35 am    Tí­tulo del mensaje: Responder citando

Bartleby, Benito Cereno y Billy Budd son novelas con suficiente entidad para asegurar prestigio a cualquiera, aun sin un monumento a cuestas como Moby Dick. Bartleby, sobre todo, es invaluable por lo que anticipa de la literatura del siglo XX.

Kafka puede aburrirnos con algunas de sus novelas, pero no hay modo de desentenderse de alegorías tan potentes y cautivantes como las que materializó en El proceso y La metamorfosis. Son obras fundamentales.
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Milius



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MensajePublicado: Lun Mar 28, 2016 8:42 pm    Tí­tulo del mensaje: Responder citando

Raskolnikov escribió:
Milius escribió:
También hay mucha tontería con esto de la calidad, y muchos somos los que pasamos de los críticos sabiondos tras ver como encumbran a Sartre, a Joyce, a Kafka o el propio Melville, cuyas obras son, en general, y dicho de forma sincera, un verdadero peñazo.

La discusión es muy vieja, pero no hay que confundir la calidad con los gustos de uno. Si al leer a Kafka o Melville no ves que hay calidad en el texto... (¿La Metamorfosis te parece una mala obra literaria?). En cualquier caso, buena parte de la obra de Kafka está sin terminar, no se publicó en su vida, así que no sabes si estás leyendo algo que quizá hubiese reescrito por completo antes de publicarlo. No es justo sentenciar al pobre Kafka por eso... (a mí El castillo me acabó aburriendo, pero es una de las obras inacabadas).

Sobre Melville... No concibo que alguien pueda decir, por ejemplo, que Bartleby el escribiente no tiene calidad. Que te aburra es otra cosa muy distinta.


Vamos, tal vez no he tenido precisión de cirujano al expresarme, pero hay que reconocer que el esfuerzo necesario para leer ciertas obras no compensa por lo obtenido y desde luego el placer conseguido es nulo. No sé, a lo mejor si uno lee "la nausea" ciego de prozac tal vez consiga terminarlo sin suicidarse.

El problema de la "calidad" es, sobre todo, el de ser un concepto poco definido, ¿nos referimos al uso de la lengua? ¿del léxico? , ¿hay algún medidor de interés de la trama, de la imaginación? A mi me da la impresión que con demasiada frecuencia se toma tal palabra para ceñirse a un pequeño mundo de críticos y académicos elitistas que han decidido que tal o tal cosa es superior a otras y al igual que da un enorme valor a un monigote horroroso con la firma de Picasso o Miró, deciden que ciertas obras están por encima de las demás en base a no se sabe bien que. Y encima en muchos casos no tienen la decencia de decidirlo en vida del propio autor, Melville fue uno de ellos.

Está claro que el manejo de la lengua es fundamental, la calidad expresiva y el manejo del léxico también, pero de nada vale si luego te falta la capacidad de conectar con el lector y saber trasmitir tu mensaje de forma que la gente quiera leerlo. Hay narradores con talento para contar historias, para enganchar a su público y dejarlos con la boca abierta junto al fuego durante horas y gente sin él y no tiene nada que ver con su nivel de instrucción. Y queda el mensaje, hay que tener algo que contar, y que sea algo que interese al lector, hay que vivir en la época de quien te lee, y mal vamos si aquellos para los que escribes se están muriendo...

Por lo demás, yo no suelo pronunciarme mucho sobre calidad literaria de obras traducidas, soy consciente de que es harto difícil encontrar la calidad expresiva y el manejo de la lengua que podamos encontrar en autores hispanos, Unamuno, Baroja, Valle, Márquez, Neruda, el propio Mendoza, Idelfonso Arenas y tantos y tantos otros sólo pueden ser degustados en toda su grandeza en su propio idioma, y asumo que así debe ser en los autores extranjeros, que no quiero hacer de menos a nadie.


Comentar sólo ya que hay una nueva generación en ciernes (claro), y gustan de leer historias juveniles que tengan que ver con ellos y el mundo en que se mueven. Y en cuanto a la fantasía y la aventura, tienen también su propio mundo, si bien cuando consigues que lean a London o Kipling, por poner dos ejemplos rápidos, lo disfrutan, pero mandan los tiempos, el cine, la tele, internet y el mundo global en el que viven, ellos tienen una información y unas posibilidades que nosotros no teníamos, yo me leí los clásicos porque estaban en casa de mi abuelo o porque me los regalaba él y no había más y las tardes eran largas. Incluso la tele tenía una sola cadena y la película la ponían los sábados por la tarde. Ahora todo es diferente, ahora hay muchas distracciones, mucha información, todos opinan y para algunos es duro convivir con la democratización del gusto y del mercado, por más que la sabiduría raramente recale en las mayorías.

Claro que sólo es como yo lo veo. Wink
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Milius



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MensajePublicado: Lun Mar 28, 2016 8:57 pm    Tí­tulo del mensaje: Responder citando

Rodrigo escribió:
Bartleby, Benito Cereno y Billy Budd son novelas con suficiente entidad para asegurar prestigio a cualquiera, aun sin un monumento a cuestas como Moby Dick. Bartleby, sobre todo, es invaluable por lo que anticipa de la literatura del siglo XX.

Kafka puede aburrirnos con algunas de sus novelas, pero no hay modo de desentenderse de alegorías tan potentes y cautivantes como las que materializó en El proceso y La metamorfosis. Son obras fundamentales.


No te digo que no, Rodrigo, es sólo que me gustaría que alguna vez alguien me explicara por qué esto es así.

Y no tengo nada contra Kafka, lo he leído y por más vueltas que le doy no veo que sea necesario semejantes truños para expresar una idea. Así, claro, obras fundamentales y tal y tal, que nadie lee, salvo algunos pocos frikis de los libros como nosotros.
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Raskolnikov



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MensajePublicado: Lun Mar 28, 2016 10:03 pm    Tí­tulo del mensaje: Responder citando

¿Entonces Velázquez era una mierda como pintor porque a fulanito le aburren sus cuadros? Y Bernini lo mismo como escultor, porque, oye, ¿quién puede entretenerse o disfrutar viendo un trozo de marmol pelado?

Eso son cosas de académicos elitistas.
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Nausícaa



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MensajePublicado: Lun Mar 28, 2016 11:30 pm    Tí­tulo del mensaje: Responder citando

No te voy a decir qué tiene que tener una novela para ser un clásico, para ser una obra genial o solamente legible, pero sí te puedo decir qué tienen para ser consideradas birrias

Hay gustos para todo, por supuesto, pero hay calidad objetivable en narrativa igual que la hay en cualquier otro arte.

Si una novela tiene los personajes planos, la estructura cojea, la prosa es justa, el vocabulario escaso, el ritmo no fluye, las descripciones son un peñazo, hay gazapos argumentales, las tramas no son coherentes ni lógicas, hay incoherencias en la historia y en los personajes, erratas, faltas de ortografía, errores gramaticales... esa novela es una birria. Y por desgracia, puedes encontrar todas esas cosas en muchas de las novelas que se publican hoy en día.

No te digo que novelas como Baterbly, o La metamorfosis o Guerra y paz no te parezcan un coñazo. Eso es cuestión de gustos, por supuesto. Yo no soporto Cien años de soledad, o Rayuela, pero reconozco su calidad.

Otra cosa es decir que birrias como El código Da Vinci son buenas novelas porque han vendido millones de ejemplares, o las 50 sombras de Grey.
Sí, se publica mucha birria, tanto nacional como extranjera.
Puedo decir que de las más de 100 novelas que leí el año pasado, llamaría birria a más del 75%

No te digo qué tiene que tener una novela para ser un clásico, pero sí te puedo decir qué tienen para ser consideradas birrias
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Rodrigo



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MensajePublicado: Mar Mar 29, 2016 3:42 am    Tí­tulo del mensaje: Responder citando

¿Reconocer, Milius? Pues yo reconozco que soy incapaz de aburrirme leyendo las obras mencionadas de Melville y de Kafka. Y reconozco haber leído La náusea dos veces, sin llegar a tener –ni de lejos- ganas de suicidarme; no me ha entretenido, pero no por esto la he considerado una mala novela (tampoco una de las mejores, pero esto es otra cosa). Lo cierto es que no se avanza mucho si reducimos la cuestión a la pura subjetividad. O, al tenor de la advertencia de Raskólnikov, si confundimos calidad con los gustos de cada cual.

Iríamos por mal camino si renegásemos de toda obra que suponga un esfuerzo, exagerando la importancia de la capacidad de entretener. Hacer de la amenidad el criterio supremo y convertir la literatura en un simple pasatiempo, accesible “a todo el mundo”, es el camino más rápido y directo a la degradación de la cultura literaria, tanto por parte de escritores -y editores- como por parte del público lector. Esperar que la literatura esté al alcance de todos porque la amenidad lo exige equivale a desear que el escritor rebaje sus estándares estéticos e intelectuales al mínimo; equivale a desear que escamotee su talento (cuando lo tiene) como si fuera una tara, o una maldición. El talento o, mejor, el genio, suele ir a contrapelo de los gustos predominantes y a menudo se adelanta a su tiempo. ¿Tiene acaso que esconderse o anularse porque se vea incapaz de entretener? Supone además, ese privilegiar la masividad y la amenidad, un desprecio integral del público mismo, pues lo considera indigno de cualquier obra que requiera un esfuerzo de comprensión. Por el contrario, no todo el público lee novela con el mero propósito de distraerse, ni gusta a todo el público que lo traten como si fuera parejamente inculto y poco riguroso. (Pienso que es un mal signo de nuestro tiempo el atribuir a todo lector, indiscriminada y gratuitamente, una total incapacidad de disfrutar leyendo obras de cierta complejidad.) La expectativa de la masividad como un deber, es decir, el cuidarse los escritores y editores del potencial de llegada por sobre cualquier otro criterio: esto supedita la literatura a los parámetros del mercado y de paso conlleva un seguro empobrecimiento del quehacer literario. La amenidad como principio rector glorifica el facilismo y la frivolidad. Pone a la popularidad y el ranking de ventas en el centro del canon, con la literatura banal usurpando el lugar de la literatura de calidad.

A propósito: nunca sobra el recomendar la lectura de libros en torno a la literatura. Ensayos, crítica literaria, historia de la literatura, biografías de escritores. En términos de comprensión y apreciación literaria suelen ser de mucha ayuda, y no todos son de corte académico. (¿Por qué creer que el tema de la calidad en literatura es coto exclusivo de académicos y eruditos alejados de la gente común? Algunos de esos libros son obra de los propios escritores -narradores, dramaturgos y poetas-, resultando evidente su conexión con el público medio. Novelistas como Stevenson, Conrad, Somerset Maugham, Ítalo Calvino, Kundera, Vargas Llosa y otros han hecho sus pinitos en el ámbito del ensayo literario; ¿por qué no leerlos allí como hacemos con sus narraciones?) Precisamente porque la buena literatura se erige sobre una larga y densa trayectoria cultural, no cabe esperar que la comprensión por parte del receptor sea espontánea, como si bastase con la sola intuición; mucho menos, con el criterio de “me divierte=me gusta=es bueno”. También ella se cultiva, lo mismo que el gusto. Además, pasa como con las otras artes. Todos convendremos, supongo, en que ante la música y las artes plásticas se está mejor parado cuando se ha leído sobre ellas: desde reseñas y obras de divulgación hasta, eventualmente, estudios académicos. ¿A cuento de qué pensar que con la literatura ha de ser distinto, como si fuese un arte poco o nada de exigente, de suyo renuente a la sofisticación?
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