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El pequeño Pataxú, Tristan Derème

La voluntad de poder
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Autor Mensaje
Hipatia



Registrado: 11 Feb 2013
Mensajes: 726
Ubicación: Alejandria

MensajePublicado: Mar Feb 11, 2014 3:19 pm    Tí­tulo del mensaje: Responder citando

¡Enhorabuena Butekeor! Creo recordar que tu relato a pesar de estar magistralmente plasmado no acabó de llegarme, pero por lo visto la razón sería que no estoy preparada para tamaña muestra de maestría.¡¡¡¡Mis más sinceras felicitaciones!!!!
_________________
"Las letras antiguas harían a la humanidad más noble y más dichosa"
Petrarca
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Rosalía de Bringas



Registrado: 16 Feb 2011
Mensajes: 3498

MensajePublicado: Mar Feb 11, 2014 3:28 pm    Tí­tulo del mensaje: Responder citando

Semíramis escribió:
Shocked Shocked Shocked
¿Y no eres Cavilius? Yo estaba convencida (y eso que no me dio tiempo a leer el relato entero) de que el autor era Cavi.

Cuando lo leí, pensé exactamente lo mismo Rolling Eyes
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Javi_LR



Registrado: 15 Oct 2006
Mensajes: 6717
Ubicación: Por pentecónteras

MensajePublicado: Mar Feb 11, 2014 3:57 pm    Tí­tulo del mensaje: Responder citando

cavilius escribió:
Semíramis escribió:
Shocked Shocked Shocked
¿Y no eres Cavilius?


¿Ein?


¿De verdad que no lo eres? Yo soy otro que hubiese perdido su brazo izquierdo.
_________________
El ojo que ves no es
ojo porque tú lo veas;
es ojo porque te ve.


Vini, vidi, adquirevi.
Julio César tras visitar Emporium Hislibris.
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butekeor



Registrado: 30 Oct 2013
Mensajes: 141

MensajePublicado: Mar Feb 11, 2014 4:21 pm    Tí­tulo del mensaje: Responder citando

Llevo no sé ya cuánto tiempo escribiendo esto y ahora que lo veo me parece una parrafada insoportable, pedante e innecesaria, pero ya que está hecha la pongo aquí para que la lea quien tenga interés y paciencia; el resto podéis ir directamente al último párrafo y no os habréis perdido nada.

Oculto: 
Soy consciente de mis enormes limitaciones cuando me pongo a escribir algo, pero eso no me impide tener deseos de hacer algo original de vez en cuando, lo cual imagino que nos sucede a todos. Y hace mucho, realmente mucho tiempo que me ronda la idea de escribir una historia en la que el lector no sea alguien pasivo sino activo; un personaje más, incluso el protagonista. Hacer que la historia interactúe con el lector, que le interrogue, que le haga participar. Y cuando digo el lector me refiero exactamente a eso: a la persona real que tiene el relato en sus manos y lo lee, no a un personaje que haga de lector sino al lector mismo. El escenario idóneo para desarrollar una idea así es una historia que transcurra en el presente, puesto que esa es la ubicación temporal del lector. Un concurso como el de Hislibris, en el que el aspecto histórico ha de ser elemento fundamental, es decir, que los relatos han de desarrollarse en el pasado, no era la ocasión más idónea para llevar a cabo esa idea. Pero yo quería participar, así que tuve que buscar la manera de ser fiel a mi objetivo sin violar las normas del concurso. ¿Y cuál era mi objetivo? Pues el que he dicho: convertir al lector en protagonista del relato. Eso es francamente complicado (no me atrevo a decir que imposible) ya que si el lector soy yo, difícilmente podré interactuar con una historia que está situada en el pasado y no en mi época. La solución ad hoc era renunciar a algo, qué remedio, y dejar para mejor ocasión el desarrollo pleno de esa idea: conformarme con crear un lector ficticio que esté “metido” él mismo en la historia y que pertenezca al pasado, al mismo pasado que está leyendo, es decir: que su realidad y su mundo coincidan con la realidad y el mundo que está leyendo, que la historia que lee le sea contemporánea. Y tratar de que el lector real se viera, dentro de lo posible, “imaginado” en ese lector ficticio. Sé, por los comentarios al relato, que esto lo he conseguido muy parcialmente, y en la mayoría de los casos (es decir: con la mayoría de los lectores) he fracasado. Pero aun previendo que ese iba a ser el resultado, decidí arriesgarme.

El modo que escogí para hacer que el lector real se viera “imaginado” como ese lector “de ficción” y se sintiera así partícipe (ya que no protagonista) de la historia, fue crear el personaje de un crítico literario: estamos en un concurso, los lectores aquí valoran y juzgan textos, luego el lector de la historia había de ser alguien que desempeñara esa labor; era el único medio, pensé yo, de que el lector auténtico entendiera que el relato le quería hablar a él, precisamente a él. No me valía, pues, cualquier lector sino uno con sentido crítico, con criterio para saber lo que le gusta y lo que no, que sepa valorar lo que lee, que vea los puntos débiles y los fuertes de lo que le están contando... En fin, un lector difícil de contentar y de engañar, agudo, puñetero, tiquismiquis, un lector como creo que lo soy yo mismo. Y como lo es, entiéndaseme, el hislibreño en general. Un lector cuya implicación en lo que lee es, en sí misma, una historia que se va gestando a medida que avanza su lectura; cuyo encuentro con un libro es una nueva aventura que incluye y envuelve la que se relata en el propio libro.

Así surgió el personaje del crítico literario, cuyo papel consistía en suplantar al lector real, ser su alter ego emitiendo juicios de valor, críticas y opiniones; en definitiva: juzgando el relato. Se creaba así en el relato un doble plano: el del relato en sí y el de la lectura que de él hace el crítico, lectura que aparece en forma de notas a pie de página. Confieso que ese doble plano fue para mí como un colchón de plumas, pues cualquier error o limitación mía, de forma o de fondo, podía ser achacada no a mi impericia sino a la del “autor mediocre” del texto que estaba leyendo el crítico. Como alguien comentó en algún momento, el crítico anticipaba las críticas del lector real, ahorrándole trabajo y jugando además a favor mío pues gracias a él hacía yo del defecto virtud y convertía lo criticable del relato en una parte de él, pues él contenía en sí mismo el diagnóstico de sus propios males. Las críticas del crítico eran, pues, un excelente recurso para “proteger” y blindar el relato de las críticas del lector real.

En realidad, podría decirse que en el relato no hay un doble sino un triple plano: las vivencias, reales o inventadas, del “escritor mediocre”, el relato que de ellas hace él mismo (o el editor de la revista) y la lectura que de dicho relato efectúa el crítico. Incluso sopesé la posibilidad de incluir en el relato lo que podría ser considerado un cuarto plano: la historia del señor xxx, que él mismo dicta al escritor y que este incluye en su diario. Dudé mucho antes de introducir este elemento porque me parecía que distraía al lector del argumento central, complicaba la trama quizá de manera innecesaria y no aportaba gran cosa al relato; pero finalmente opté por incluirlo, colocándolo antes del ecuador, en un lugar donde creo que todo relato puede permitirse una pequeña bajada de tensión pues aún queda más de la mitad del trayecto para remontar el eventual relajamiento.

Con ello tenía ya listo el armazón, la forma del relato; faltaba el contenido. Y pensé que este debía dejarse guiar precisamente por lo que me había determinado a la hora de adoptar la forma, es decir: el contenido debía consistir, sencillamente, en alguien que se dedica a escribir y otro alguien que se dedica a leerlo y valorarlo. Esto llevado al extremo podría derivar en: alguien que escribe mal y alguien que lo juzga con excesiva dureza; a ello añadí un elemento contrapuesto: el punto de vista de otro lector (el señor xxx) que aprecia al escritor y lo valora positivamente. Todo ello, además de gustarme, me pareció muy adecuado para la idiosincrasia de este concurso de Hislibris, en el que precisamente las opiniones sobre los relatos, expuestas a los ojos de todos, varían de un extremo al otro.

Quizá pueda pensarse que mi objetivo en este relato ha sido hacer un ejercicio de metaliteratura, al intercalar en el mismo texto dos historias que se superponen: la del relato del escritor y la de la evolución del crítico mientras lo va leyendo. Pero no, no lo ha sido en absoluto. Si algo de metaliterario hay en este relato es como accesorio, no como fin. El fin, ya lo he dicho, era escribir algo en lo que el lector se sintiera implicado de manera real. De hecho, en la práctica esa metaliteratura me dio bastantes problemas digamos “técnicos”; me estoy refiriendo a las notas a pie de página: el Microsoft Word no permite colocar las notas más que, como su nombre indica, en el pie de la página donde está la referencia (o al final del documento, pero eso no me interesaba), y tampoco permite tener más que un tipo de signos para las mismas (o bien números que se van incrementando o bien un símbolo escogido por el usuario, que se repite idéntico en cada nota). Ello me ocasionó no pocos quebraderos de cabeza, pues yo habría querido poder poner el texto entero de cada nota en una página única (en lugar de dejar que el Word las repartiera entre dos páginas cuando el programa lo creía conveniente), y habría querido diferenciar con una simbología distinta las notas que “realmente” apuntaba el crítico en los márgenes de las cuartillas que leía (o en el reverso de la página, o en una hoja en blanco aparte, qué importa eso) de las que pretendían reflejar sus pensamientos (para las cuales no me quedó otra solución que escribirlas en cursiva como único modo de distinguirlas de las otras). En fin, dificultades técnicas que no han hecho sino entorpecer el relato en su conjunto, pero que yo mismo me he buscado.

Si hay en el relato una inspiración clara, directa y consciente de algún autor que yo haya leído, ese es José Carlos Somoza y La caverna de las ideas. Aunque en esa novela las notas a pie de página desempeñan un papel diferente que aquí, y de hecho el argumento no tiene en absoluto nada que ver con el relato, no puedo (ni quiero) negar que la inspiración vino de allá. También hay bastante de Félix J. Palma y El mapa del tiempo (y algo menos de El mapa del cielo): lo que es increíble y paradójico es que haya leído esas novelas después de tener ya escrito el relato, y sin embargo las conexiones son muy claras, mucho más que con Somoza, lo cual me deja francamente perplejo. Otras evocaciones que algunos han citado son absolutamente involuntarias (Huxley, Sunset Boulevard -la película, supongo-, Poe, Conan Doyle, Nabokov), como involuntaria es también la coincidencia con ese Mark Z. Danielewski que no sé quién es. Si él, o quien fuera, inventó el recurso de las notas a pie de página como recurso literario, lo ignoro también; por mi parte nunca se me ha pasado por la imaginación ser el “inventor” ni el “descubridor” de nada en ningún terreno y menos en esto de escribir. Solo he pretendido hacer una historia original, con diferentes “planos de realidad”, por decirlo así, y jugar a saltar de uno a otro. Eso hace que la historia transcurra entre paradojas, casualidades y causalidades que provocan incertezas en los personajes, todo lo cual espero haya beneficiado al conjunto. Así, por ejemplo el hecho de que el narrador y protagonista sea un personaje que en realidad ya está muerto antes de empezar (y que sea precisamente su muerte lo que motiva la narración); o hacer que el crítico desee la salvación de alguien que en realidad ya ha muerto y además ha muerto por su culpa; que el crítico crea casual la llegada del libro de H. G. Wells a sus manos, como que también crea casual el hallazgo de las cuartillas en el Támesis (aunque ambos hechos son totalmente premeditados); por su parte, el “escritor mediocre” cree casual su encuentro con el señor xxx en los suburbios de Londres (mientras que el crítico duda de esa casualidad) pero no cree fruto del azar la aparición de la revista Pearson’s Magazine en la casa (y el crítico en cambio sí); la incerteza del crítico respecto a la veracidad de lo que está leyendo (¿es ficción o es real?), su posterior convencimiento de que es real y su sorpresa final cuando se le revela que todo ha sido una invención motivada por una realidad aún más cruel que la que él suponía... Lo cual, esta última paradoja, me lleva a la cita extraída de la Poética de Aristóteles que quizá sea la que empuja definitivamente al auténtico autor del texto, el director de la revista, a escribir la historia, y que incluso habría podido servir de título al relato si no fuera porque es algo antiestética: es preferible lo falso pero verosímil antes que lo cierto inverosímil. Dicha cita subyace (o esa era mi intención) tras cada frase, tras cada párrafo del relato. En dicha cita se apoyó el crítico para desacreditar la novela del escritor y esa es, a la postre, la causa de su suicidio, y por ello el director la recoge y hace que se vuelva contra él: tras la lectura de las cuartillas, ¿en qué prefiere creer el crítico, en la ficción que acaba de leer o en la cruda realidad de ser culpable indirecto del suicidio de aquel pobre escritor?

He de decir que me gusta dar una pizca de “aroma pseudofilosófico” a las cosas que de vez en cuando escribo, y en este caso no podía ser menos. Por ello aparecen citados por el texto Kant, Aristóteles y algún otro. Pero yo quería que no solo en el texto sino también en el título hubiera algo de ese “aroma”. Tiene Friedrich Nietzsche unos escritos que se publicaron póstumamente bajo el título de La voluntad de poder, en los cuales el filósofo expone diversos conceptos filosóficos como el de “superhombre” o el propio de “voluntad de poder”. Me pareció ese un título muy adecuado para el relato, aunque no pensé en ello hasta que no puse el punto y final a la historia. Y me pareció adecuado porque en ella, en la historia, y espero que esto no suene a vanidad porque no hay ni un ápice de ella en lo que digo, creo que se pueden llegar a intuir ciertas pinceladas que quizá (solo quizá) dieran que pensar en aquello de lo que Nietzsche habló en esos escritos. Además, los textos recogidos en La voluntad de poder probablemente los escribió Nietzsche por los mismos años en los que fue escrita la novela ficticia La voluntad de poder del relato, lo cual, siendo una pura coincidencia, acabó por decidirme. Las ideas de Nietzsche fueron malinterpretadas (a conciencia seguramente) por el nazismo y convertidas en ideología de violencia, y me pareció sugerente usar ese título para un relato en el que un loco asesino veía inspiración para sus crímenes en una novela llamada La voluntad de poder, la cual trataba de la violencia usada para hacer el bien (lo que por otra parte podría entenderse como una incomprensión de los términos, una contradicción en ellos mismos).

Y ya acabo. Solo quiero añadir que durante la escritura de este relato a modo de inspiración escuché obsesiva y recurrentemente esta música (siempre he pensado que música y literatura son dos artes hermanas) porque su ritmo in crescendo y su tono de incertidumbre (¿incertidumbre en una melodía? En mi opinión sí) cuadraban a la perfección con la "música interna" que yo buscaba para el relato. Y, pese a lo que pueda parecer después de estas parrafadas, y agradeciendo muchísimo los elogios (los leves, los mesurados y los absolutamente desproporcionados) que algunos foreros han hecho del relato, quiero recalcar, desde la más absoluta y sincera modestia, la evidente perogrullada de que este no es ni remotamente un relato genial, ni una obra maestra (si este relato lo es, apaga y vámonos), ni es elitista, ni nada por el estilo; es, ni más ni menos, y al igual que todos los que se han presentado a concurso, un relato hecho con mucho esfuerzo e ilusión, y con dos objetivos básicos: buscar el disfrute de quien lo ha escrito y el de quien lo quiera leer. En este relato no hay ni un gramo de genialidad ni de maestría, pero sí muchas dosis de trabajo, esfuerzo e ilusión. Y en esto último seguramente todos los relatos están igualados, de modo que en cierto modo es injusto que el premio se lo lleve uno solo.


En fin, siento haber escrito esta parrafada, sinceramente no quería enrollarme pero lo he hecho sin darme cuenta. Es del todo ridículo dar tantas explicaciones para un simple relato, así que pido perdón. Gracias de nuevo a todos.
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Pedro A.



Registrado: 30 Mar 2013
Mensajes: 516

MensajePublicado: Mar Feb 11, 2014 4:29 pm    Tí­tulo del mensaje: Responder citando

No es pedante (bueno, parrafada un poco sí...), tranquilo. Ah, y fallaste en una cosa: ¿cómo querías que empatizásemos con un crítico con buen criterio, alma de cántaro? Twisted Evil.

Cita:
Así surgió el personaje del crítico literario, cuyo papel consistía en suplantar al lector real, ser su alter ego emitiendo juicios de valor, críticas y opiniones; en definitiva: juzgando el relato. Se creaba así en el relato un doble plano: el del relato en sí y el de la lectura que de él hace el crítico, lectura que aparece en forma de notas a pie de página. Confieso que ese doble plano fue para mí como un colchón de plumas, pues cualquier error o limitación mía, de forma o de fondo, podía ser achacada no a mi impericia sino a la del “autor mediocre” del texto que estaba leyendo el crítico. Como alguien comentó en algún momento, el crítico anticipaba las críticas del lector real, ahorrándole trabajo y jugando además a favor mío pues gracias a él hacía yo del defecto virtud y convertía lo criticable del relato en una parte de él, pues él contenía en sí mismo el diagnóstico de sus propios males. Las críticas del crítico eran, pues, un excelente recurso para “proteger” y blindar el relato de las críticas del lector real.

Esto me resulta especialmente interesante. Sólo hay un caso que recuerde (y no precisamente de literatura) que use tan bien su medio para esconder sus costuras. Me quito el sombrero.

La verdad es que este relato es demasiado para mí. Espero con ansia (ANSIA) tus aportaciones Wink.

PD: No habrás presentado algo más por casualidad, ¿no?
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Nausícaa



Registrado: 29 Oct 2011
Mensajes: 5966
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MensajePublicado: Mar Feb 11, 2014 4:30 pm    Tí­tulo del mensaje: Responder citando

¡¡¡FELICIDADES BUTEKEOR!!! Es un placer tenerte por aquí.
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CalpurniaT



Registrado: 26 Ago 2011
Mensajes: 2226
Ubicación: En algún lugar de la Tierra Media...

MensajePublicado: Mar Feb 11, 2014 4:40 pm    Tí­tulo del mensaje: Responder citando

¡Hola butekeor! Infinitas gracias por tu explicación, ni lo sientas ni te arrepientas de habérnoslo explicado, todo lo contrario. Como lectora agradezco muchísimo y me encanta conocer el proceso de creación y los pensamientos que os envuelven en el mismo. Me fascina conocer el proceso creativo, me parece hasta casi mágico.

Yo también pensé en Félix J Palma, no en Somoza que aún no lo conozco, pero sí me rondó por la cabeza el escritor de la trilogia victoriana, pero únicamente como reminiscencia. Creo que tu relato tiene personalidad propia y muy intensa, eso sí, se ha de leer con mucha calma.

Y felicidades por el texto en word, porque si bien se pueden hacer muchas cosas con el programa, a veces parece que tiene vida propia, y cuanto más complejo es el texto más imprevistos surgen!!

Felicidades de nuevo y disfruta a tope!!!

Un saludillo
CalpurniaT Wink Wink Wink
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farsalia



Registrado: 07 Nov 2007
Mensajes: 32204

MensajePublicado: Mar Feb 11, 2014 4:51 pm    Tí­tulo del mensaje: Responder citando

Bravo por ese making off del relato... mucho de lo que comentas lo percibí a medida que iba leyendo. Espero que este sea el espaldarazo, si no definitivo sí al menos estimulante, que todo autor necesita para seguir escribiendo. ¡Te seguiremos la pista!
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Lucie



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MensajePublicado: Mar Feb 11, 2014 5:18 pm    Tí­tulo del mensaje: Responder citando

Todos los años el relato ganador va a ser de Cavilius, lo haya escrito él o no (todo esto dicho con todos mis respetos para él, claro está)...

Enhorabuena Butekor Smile Más tarde vuelvo a pasar por aquí y concretaré más.
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cagliostro



Registrado: 21 Oct 2012
Mensajes: 211

MensajePublicado: Mar Feb 11, 2014 5:47 pm    Tí­tulo del mensaje: Responder citando

Hubo dos relatos donde tuve la seguridad que los escritores estaban ya consagrados; usease, profesionales de tomo y lomo. Uno fue este; el otro el de Climene con sus sesudos sabios.
Me dije para mi: ¿qué porras hago presentándome? Embarassed
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Likine



Registrado: 11 Ene 2009
Mensajes: 3067

MensajePublicado: Mar Feb 11, 2014 6:12 pm    Tí­tulo del mensaje: Responder citando

¡Felicidades, Butekeor!
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«¡Somardonería o Barbarie!»
Proverbio aragonés.

«Si quieres llegar rápido, camina solo; pero si quieres llegar lejos, camina acompañado.»
Proverbio masái.
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caliban66



Registrado: 30 Nov 2008
Mensajes: 2970

MensajePublicado: Mar Feb 11, 2014 8:20 pm    Tí­tulo del mensaje: Responder citando

Felicidades, un maravilloso relato. Mi 7. Me lo pasé pipa leyendo.
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akane



Registrado: 05 Nov 2013
Mensajes: 3147

MensajePublicado: Mar Feb 11, 2014 8:39 pm    Tí­tulo del mensaje: Responder citando

Muchas felicidades, Butekeor, no solo por el premio, sino por tu fantástico relato. No te voté únicamente porque sabía que no te hacían falta mis votos para pasar el corte, y así pude repartir un poco más.
Me ha llegado al corazón tu comentario sobre la génesis de tu relato: humildad y alma, creo que llegarás lejos si te lanzas por el camino de la escritura. Mucha suerte! Y regálanos más cosillas el año que viene! Será todo un placer.
_________________
No solo me gusta ser diferente de los demás, sino que odio los momentos en que dejo de serlo.
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argonauta



Registrado: 21 Dic 2011
Mensajes: 258

MensajePublicado: Mar Feb 11, 2014 8:49 pm    Tí­tulo del mensaje: Responder citando

Me encanta la explicación!!
Piensa que sólo la va a leer quién está interesado en hacerlo, y que en el fondo si te interesa crear literatura te interesa escuchar como otros escritores la crean.

Pues según lo leía pensé que el problema ese de la situación temporal de alguna manera lo había intuído, sí que percibí que la idea original no era introducirlo en esa época sino que la inspiración podría ser perfectamente el presente, es realmente anecdótico el tiempo en el que transcurre la acción, el fondo, la idea, es atemporal.

Enhorabuena y aquí hay otro que te seguirá leyendo!
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Hahael



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Mensajes: 2250
Ubicación: Aledaños del monte Tabor

MensajePublicado: Mar Feb 11, 2014 10:27 pm    Tí­tulo del mensaje: Responder citando

¡Felicidades Butekeor! A tí fueron mis diez puntos. Y gracias por las explicaciones.
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