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El pequeño Pataxú, Tristan Derème

'El último conquistador. Blasco Ibáñez (1867-1928)'

 
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farsalia



Registrado: 07 Nov 2007
Mensajes: 33483

MensajePublicado: Sab Jun 06, 2015 3:59 pm    Tí­tulo del mensaje: 'El último conquistador. Blasco Ibáñez (1867-1928)' Responder citando

De Javier Varela y recien publicado por Tecnos.



En el reciente viaje a Madrid le comenté a Rosalía este libro, sabiendo que era de su interés. Luego me olvidé de ponerlo aquí: una reseña en el Babelia de hoy me lo ha recordado.
Cita:
El último conquistador. Blasco Ibáñez (1867-1928) es la biografía del autor valenciano de La Barraca, Cañas y barro, Sangre y arena y de otras muchas novelas. Vicente Blasco Ibáñez es un clásico de las letras españolas. Sus obras se pueden leer hoy con interés. Están hechas con brío, son testimonios interesantes de la vida nacional. Pero, además, es un político original, un adelantado de la modernidad. La política democrática, la nueva política de muchedumbres, en contraste con la vieja política de notables, la que se hace con elecciones, mítines y organizaciones disciplinadas se aclimató en Valencia antes que en otras partes de España. El último conquistador trata de averiguar las razones del éxito que tuvo el republicanismo blasquista; un movimiento que dominó la ciudad de Valencia durante treinta años, demostrando que era posible transformar el régimen político de la Restauración, al menos en las ciudades, siempre que existiera una voluntad poderosa y una táctica adecuada. El blasquismo fue, por otra parte, un movimiento de promoción cultural y social insólito en aquel tiempo.

Blasco Ibáñez fue un hombre desmesurado, de prodigiosa energía. Tenía características encontradas; era valiente y fanfarrón, épico y grotesco, escritor de genio y folletinista kitsch. Rara vez se ha dado en la misma persona una conjunción de facetas tan distintas: político, literato de éxito, colonizador, periodista, editor, viajero, guionista y productor cinematográfico. El último conquistador es la biografía política y literaria del personaje, desde sus años de organizador y demagogo republicano hasta la campaña contra Alfonso XIII, durante la dictadura de Primo de Rivera. Episodios como las empresas de colonización en Argentina o su tarea de propagandista durante la Gran Guerra quedan descritas en el libro. El autor de Los cuatro jinetes del Apocalipsis fue, después de Cervantes, el único literato español que ha logrado una repercusión mundial.


La reseña en Babelia:
Cita:
Basco Ibáñez: genio y ‘ kitsch’

José-Carlos Mainer

El País / 6-VI-2015

El autor de Los cuatro jinetes del Apocalipsis ha pagado con un lugar marginal en el canon la enorme fama que tuvo en vida. Una extensa y amena biografía recupera ahora su figura

“Escritor, político, editor, héroe y villano, fue el novelista europeo de más éxito en los Estados Unidos de 1920”

El último conquistador: Blasco Ibáñez (1864-1928)
Javier Varela
Tecnos, Madrid
2015
946 páginas
28,99 euros

“Héroe y villano, valiente y fanfarrón, generoso y arribista, escritor de genio y folletinista kitsch”, leemos en el prólogo de esta biografía de Vicente Blasco Ibáñez. Y no es que ese juego de opuestos refleje la opinión confrontada de sus amigos y de sus enemigos: es que Blasco lo fue todo a la vez, como fue en una sola pieza escritor, político, periodista, wagneriano militante, editor, promotor de colonias agrícolas en Argentina y, sin duda, el novelista europeo de más éxito en los Estados Unidos de 1920 y el primero que vio adaptadas sus novelas al cine internacional. Nadie le perdonó aquí llegar tan lejos y pagó muy caro el triunfo: lo hizo con su propia salud (como recalca oportunamente Javier Varela), con su menguado lugar en el canon de las letras españolas, con el olvido de aquellas glorias cosmopolitas que hoy parecen casi inverosímiles o fantaseadas. Por eso, Javier Varela ha titulado su capítulo final ‘Las muertes de Blasco Ibáñez’: la primera fue la física, tan prematura, en aquella villa de Menton que había decorado como un santuario literario (al modo de un Vittoriale dannunziano, pero sin grandeza nietzscheana), donde fue vecino de Rudyard Kipling y H. G. Wells; la segunda fue la penosa extinción del mito valenciano, porque su cadáver fue repatriado en loor de multitud…, pero lo hicieron los políticos republicanos del bienio derechista, en 1933, y después fue olvidado con rapidez (nunca se edificó el mausoleo que diseñó Mariano Benlliure, su amigo, ni volvió a tener otro culto que el de sus leales); la tercera muerte fue la del desdén de los vencedores de la Guerra Civil que, en materia de nombradía literaria, vinieron a otorgarle el mismo trato que, al cabo, le dieron también los antifranquistas (Joan Fuster a la cabeza…), siempre incómodos ante el escritor vanidoso, anticuado y tartarinesco, con aire de un huertano fachendoso que todavía conservaba en su castellano el seseo típico de las clases populares valencianas.

Le perdió casi siempre la ambición. Nadie le puede regatear haber escrito las grandes novelas naturalistas que clavaron la vida valenciana de fin de siglo —la de la burguesía mercantil, la de los pescadores de la Albufera o la de los pequeños campesinos de las barracas— y otras, no tan malas como se dice, que reflejaron la vida clerical de Toledo, la de la alta sociedad de Bilbao, la de los jornaleros de Jerez o a la de los bohemios de Madrid. Fracasa cuando busca metas más ambiciosas y escribe novelas internacionales o fallidos relatos históricos, llenos de documentación apresurada. Resulta patético cuando se proclama “un arbusto, al borde del bosque de gloria” que forman los troncos poderosos de Balzac, Hugo, Flaubert, Zola y Daudet (como dijo al agradecer el homenaje que se le tributó en París en 1923). O cuando concibió una revista que se titularía Literatura. Revista mensual de la producción literaria de todas las naciones, para la que preveía una tirada de 100.000 ejemplares y para la que dibujó el título con su propio dedo untado previamente en el tintero. Logró, con su amigo Lerroux y su amigo (y luego enemigo) Rodrigo Soriano, revitalizar el republicanismo español y crear una religión política local que dominó la vida valenciana hasta que se cansó de todos. Y fue también un educador de masas que creó en 1894 el diario El Pueblo (que convirtió en noticia nacional la muerte de Zola) y, sobre todo, dirigió la colección de libros populares del editor Francisco Sempere, luego convertida en Editorial Prometeo. Sin embargo, su campaña aliadófila —a la que aportó uno de sus negocios menos lucrativos, la Historia de la guerra europea de 1914— y su confrontación personal con la monarquía y la dictadura de Primo de Rivera —que generó libelos contra su persona escritos por El Caballero Audaz, Federico de Santander y Manuel Bueno— fueron episodios desmesurados y megalómanos que se mezclan, ya en el último tramo de su gloria, con las notas racistas que salpican La vuelta al mundo de un novelista o los elogios interesados de la vida norteamericana que contrastaron con su pésima opinión de la revolución mexicana.

Todo esto, y muchas más cosas, vienen en una biografía amena, extensa y pormenorizada, animada por estampas de la vida española e internacional del momento (algunas veces, demasiado prolijas), que buscan hacer surgir la figura del héroe en un mundo poblado de figurantes divertidos y variados. Poco más se puede pedir en lo que concierne al uso de fuentes hemerográficas, que —desde Valencia y Madrid hasta Buenos Aires o París— documentan cada paso. No todos son datos nuevos, por supuesto; Varela casi nunca señala las coincidencias con los probos y entusiastas biógrafos que le han precedido, Emilio Gascó Contell y José Luis León Roca, que contaron muchas cosas y casi todas de primera mano, ni siquiera se dice mucho del biógrafo que fue un poco el inevitable Judas, el francés Camille Pitollet, que —por cierto— pasaría los últimos años de su vida en España al estar condenado en Francia por colaboracionista. Pero más sorprendente es que, aquí y allá, se citan ítems de otros estudiosos universitarios sobre diversos temas de interés general, pero nunca se hace lo propio con las aportaciones recientes al conocimiento del propio Blasco Ibáñez: es peregrino, por ejemplo, que no se mencionen las dos excelentes monografías de Ramiro Reig sobre la práctica del blasquismo como religión política, o las actas del congreso de 1998, Blasco Ibáñez: La vuelta al mundo de un novelista, que fue dirigido con tino y ambición por Juan Oleza, y que facilitó la reedición en Letras Hispánicas, de Cátedra, de bastantes títulos del autor con ediciones anotadas y precedidas de jugosos prólogos, que tampoco se utilizan en estas páginas.

Nada parece haber existido antes de esta biografía… Javier Varela fue el comisario de la exposición sobre Blasco en 2011, cuando era director del Museo Valenciano de la Ilustración y la Modernidad y ya había iniciado la escritura de este libro: puede que ese borrado parcial de huellas sea la consecuencia involuntaria (el daño colateral) de un esfuerzo hercúleo y digno de gratitud, por supuesto… Quizá porque ya lo dijo Cide Hamete Benengeli, al guardar su péñola: “… porque esta empresa, buen Rey, / para mí estaba guardada”.

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Balbo



Registrado: 02 Mar 2007
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MensajePublicado: Sab Jun 06, 2015 5:12 pm    Tí­tulo del mensaje: Responder citando

Interesante.

También existe una novela biográfica sobre la vida de Blasco Ibánez titulada Tiempo de valientes



Eso me recuerda que a ver si alguien se decide a reseñar la novela Los Cuatro Jinetes del Apocalipsis. La leí en la universidad y me encantó. El viejo Madariaga es uno de mis iconos literarios Wink
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Desde lo alto de estas piramides, Obélix, veinte siglos nos contemplan (Panoramix dixit)
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APV



Registrado: 02 Oct 2008
Mensajes: 3313

MensajePublicado: Sab Jun 13, 2015 10:59 am    Tí­tulo del mensaje: Responder citando

Interesante, Blasco Ibáñez suele estar bastante olvidado.

Aunque lo de último conquistador se abusa del término tras Oñate o Barandas.
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INIGO



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MensajePublicado: Sab Jun 13, 2015 4:25 pm    Tí­tulo del mensaje: Responder citando

Me gusta mucho como escribe Blasco Ibañez y el personaje también. Me apunto el libro.
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Rodrigo



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Ubicación: Santiago de Chile

MensajePublicado: Sab Jun 13, 2015 4:46 pm    Tí­tulo del mensaje: Responder citando

¿No se han animado con su Crónica de la guerra europea, 1914-1918? Recientemente editada por Esfera de los Libros, tiene una pinta fenomenal.
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Zahir



Registrado: 25 Sep 2013
Mensajes: 93

MensajePublicado: Mie Jun 17, 2015 2:55 pm    Tí­tulo del mensaje: Responder citando

El viejo Madariaga, que gran personaje , coincido totalmente con Balbo.

En cuanto al libro, tochaco... pero parece que la vida del autor da para un extenso volumen.
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farsalia



Registrado: 07 Nov 2007
Mensajes: 33483

MensajePublicado: Mie Jul 01, 2015 2:27 pm    Tí­tulo del mensaje: Responder citando

Reseña en Revista de Libros.
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Rosalía de Bringas



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MensajePublicado: Mie Jul 01, 2015 4:04 pm    Tí­tulo del mensaje: Responder citando

Creo que esta misma tarde ( si el calor no me derrite en el camino) voy a por él...
Gracias, gatito, por recordarmelo Wink
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Brutus



Registrado: 31 Ene 2010
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MensajePublicado: Jue Jul 02, 2015 3:17 pm    Tí­tulo del mensaje: Responder citando

Rodrigo escribió:
¿No se han animado con su Crónica de la guerra europea, 1914-1918? Recientemente editada por Esfera de los Libros, tiene una pinta fenomenal.


No sabría que decirte eh? En mi casa hay una obra de Blasco Ibáñez coetánea a la gran guerra en la que su filia por las naciones de la "Entente" y su fobia por Alemania convierte el libro en un panfleto lleno de tópicos. Tiene fotos claramente trucadas, otras que me da que no son ni de la guerra y muchas de muertos sin más. Yo de su labor periodística no me fiaría mucho.
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Sempiterna



Registrado: 19 Abr 2020
Mensajes: 29

MensajePublicado: Dom May 17, 2020 9:31 pm    Tí­tulo del mensaje: Responder citando

Me apunto este libro!! Alguna opinión más? Me encanta su obra (Sangre y arena, Arroz y tartana, La barraca....), y aprovecho para recomendarla vivamente. Y sí, estoy de acuerdo en que hoy en día no se le da la importancia que merece. Galdós, otro grande sin discusión, se lleva toda la atención.
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