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El pequeño Pataxú, Tristan Derème

Los Documentos del Pentágono

 
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Autor Mensaje
Rodrigo



Registrado: 28 Nov 2007
Mensajes: 8394
Ubicación: Santiago de Chile

MensajePublicado: Mie Nov 21, 2018 10:58 pm    Tí­tulo del mensaje: Los Documentos del Pentágono Responder citando

Como decía hace un rato, estoy leyendo Crisis de la república, de Hannah Arendt (Trotta, 2015). El primero de los escritos reunidos en este volumen versa sobre los famosos Documentos del Pentágono, relativos a la guerra de Vietnam y cuya divulgación ocasionó un conflicto entre la prensa y la Casa Blanca a principios de los 70. (La película de Spielberg, The Post, aborda el caso de manera vívida e incitante.) Reproduzco a continuación algunos fragmentos del ensayo -que consta de unas treintena de páginas-, los que a mi entender reflejan el interés intrínseco del mismo.


"Más que sus errores de cálculo, son notas esenciales de los Documentos del Pentágono su encubrimiento, su falsedad y su condición de mentira deliberada. [...] El punto crucial no es simplemente que esa política de mentiras casi nunca estuviera orientada hacia el enemigo (los documentos no revelan ningún secreto militar protegido por la Ley de Espionaje), sino que se hallaba destinada principal, si no exclusivamente, al consumo doméstico, a la propaganda en el interior del país y especialmente formulada con la finalidad de engañar al Congreso. [...] Más interesante aún es que casi todas las decisiones de esta desastrosa empresa fueran adoptadas con completo conocimiento del hecho de que probablemente no podrían ser llevadas a la práctica. Por eso tuvieron que ser constantemente modificados los objetivos." (P. 19)

"A partir de 1965 la noción de una victoria clara se desvaneció en el panorama surgió un nuevo objetivo: «convencer al enemigo de que él no podría ganar». Y como el enemigo no se dejó convencer apareció una nueva finalidad: «evitar una derrota humillante» —como si la característica distintiva de una derrota en una guerra fuese la simple humillación—. Lo que los Documentos del Pentágono denotan es el obsesionante miedo al impacto de la derrota, no sobre el bienestar de la nación, sino «en la reputación de los Estados Unidos y de su Presidente»." (P. 20)

"Mantener intacta una imagen de omnipotencia, «nuestra posición de primacía mundial» (PP 600); demostrar «la voluntad y la capacidad de los Estados Unidos para imponer su estilo en los asuntos del mundo» (PP 255); exhibir «el crédito de nuestras promesas a amigos y aliados» (PP 600); en suma, «comportarse como la mayor potencia del mundo» por la exclusiva razón de convencer al mundo de este «simple hecho » (en palabras de Walt Rostow) (PP 256), tal fue el único objetivo permanente que, tras el comienzo de la Administración de Johnson, relegó a un segundo plano los restantes objetivos y teorías, tanto la de las fichas del dominó y la de la estrategia anticomunista de las fases iniciales del período de la guerra fría como la de la estrategia de la contrasubversión a la que tan inclinada se mostró la Administración de Kennedy." (P. 21)

"Mintieron, no tanto por su país —desde luego no por la supervivencia de su país, que jamás estuvo en entredicho— como por la «imagen» de su país. A pesar de su indudable inteligencia, manifestada en muchos memorándums redactados por sus plumas, creyeron también que la política no era más que una variedad de las relaciones públicas. [...] Sin embargo, diferían obviamente de los habituales fabricantes de imágenes. La diferencia descansa en el hecho de que eran «solucionadores de problemas». No solo eran inteligentes, sino que se enorgullecían de ser «racionales» y, hasta un grado bastante aterrador, llegaron a estar por encima del «sentimentalismo» y enamorados de la «teoría», del mundo del puro esfuerzo mental. Ansiaban hallar fórmulas, preferiblemente expresadas en lenguaje pseudomatemático, que unificaran los fenómenos más dispares con los que les enfrentaba la realidad." (P. 17)

"El mayor y desde luego el básico error de juicio consistió en recurrir a audiencias respecto de la guerra para decidir cuestiones militares desde una «perspectiva política y de relaciones públicas» (donde por «política» se entiende la perspectiva de la próxima elección presidencial y por «relaciones públicas» la imagen de los Estados Unidos ante el mundo) y pensar no en los riesgos reales sino en las «técnicas para minimizar el impacto de los malos resultados»." (P. 23)

"Eisenhower era lo suficientemente anticuado como para creer en la Constitución. Se reunió con los dirigentes del Congreso y se mostró contrario a una intervención abierta porque fue informado de que el Congreso no apoyaría semejante decisión (PP 5 y 11). Cuando más tarde, durante la Administración de Kennedy se discutió la posibilidad de «abierta actividad bélica», esto es, del envío de «tropas de combate», «nunca se suscitó seriamente la cuestión de la autoridad del Congreso en relación con actos de abierta guerra contra una nación soberana» (PP 268). Incluso cuando, bajo Johnson, algunos Gobiernos extranjeros fueron enteramente informados de nuestros planes de bombardear Vietnam del Norte, parece que, por el contrario, los dirigentes del Congreso nunca fueron informados ni consultados (PP 334-335)." (P. 24)

"Es sorprendente que los Documentos del Pentágono se prepararan durante varios años mientras personas de la Casa Blanca, del Departamento de Estado y del de Defensa ignoraban aparentemente este estudio; pero es aún más sorprendente que después de que fueron terminados, cuando dentro de la burocracia gubernamental se despacharon en todas direcciones ejemplares de los Documentos, tanto la Casa Blanca como el Departamento de Estado no fueran capaces de localizar los cuarenta y siete volúmenes. Es una clara indicación de que aquellos que deberían haber estado más interesados en lo que el estudio tenía que decir jamás pusieran sus ojos en los Documentos. Este hecho arroja alguna luz sobre uno de los más graves peligros de la calificación como secretos de un desmedido número de documentos: no solo se niega a las personas y a sus representantes elegidos el acceso a lo que deben saber para formar una opinión y formular decisiones, sino que los mismos protagonistas, poseedores de una completa autorización para conocer todos los hechos relevantes, permanecen en la más feliz ignorancia de tales hechos. Y esto sucede así, no porque una mano invisible los mantenga deliberadamente apartados, sino porque trabajan en unas circunstancias y con unos hábitos mentales que no les conceden ni tiempo ni inclinación para ir en busca de los hechos pertinentes a montañas de documentos, el 99,5 % de los cuales no deberían estar clasificados como secretos ya que en su mayoría son irrelevantes para todos los propósitos prácticos." (Pp. 29-30)
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Rodrigo



Registrado: 28 Nov 2007
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Ubicación: Santiago de Chile

MensajePublicado: Mie Nov 21, 2018 11:13 pm    Tí­tulo del mensaje: Responder citando

"La primera explicación que viene a la mente en respuesta a la pregunta «¿Cómo pudieron?» es probablemente la de señalar la interconexión del engaño y del autoengaño. En la pugna entre las declaraciones públicas, siempre superoptimistas, y los informes ciertos de los servicios de información, persistentemente fríos y ominosos, las declaraciones públicas estaban abocadas a ganar simplemente porque eran públicas. La gran ventaja que las afirmaciones públicamente establecidas y aceptadas tienen sobre lo que un individuo pueda conocer secretamente y creer que es cierto, fue claramente ilustrada por una anécdota medieval que refería cómo un centinela, encargado de vigilar y advertir a una población de la aproximación del enemigo, lanzó en broma una falsa alarma y fue después el último en correr a las murallas para defender la ciudad de los enemigos que él mismo había inventado. De aquí cabe concluir que cuanto más éxito tenga un mentiroso y mayor sea el número de los convencidos, más probable será que acabe por creer sus propias mentiras." (P. 32)

"En el terreno de la política, donde el secreto y el engaño deliberado han desempeñado siempre un papel significativo, el autoengaño constituye el peligro por excelencia; el engañador autoengañado pierde todo contacto, no solo con su audiencia, sino con el mundo real, que, sin embargo, acabará por atraparlo porque de ese mundo puede apartar su mente pero no su cuerpo." (P. 34)

"Cuando se leen los memorándums, las opciones, los guiones, los diferentes porcentajes atribuidos a los riesgos potenciales y a los posibles resultados —«demasiados riesgos para tan escasos resultados» (PP 576)— de acciones previstas, se tiene a veces la impresión de que en el Sudeste asiático se dejó suelto, más que a un grupo de «formuladores de decisiones», a un computador. Los «solucionadores de problemas» no juzgaban; calculaban. Su autoconfianza ni siquiera precisaba del autoengaño para mantenerse entre tantos errores de juicio porque descansaba en la evidencia de una verdad matemática, puramente racional. Pero, desde luego, esta «verdad» era enteramente irrelevante para el «problema» de que se trataba." (P. 34)

"Es, desde luego, cierto que la política americana no perseguía objetivos reales, buenos o malos, que hubieran podido limitar y controlar la pura fantasía: «En Vietnam no se ha buscado ninguna ventaja territorial ni económica». Toda la finalidad del enorme y costoso esfuerzo ha sido crear un específico estado mental. Y la razón por la que, para fines políticamente tan irrelevantes, se permitió utilizar medios tan costosos en vidas humanas y recursos naturales, no debe buscarse simplemente en la infortunada superabundancia de este país, sino en su incapacidad para comprender que incluso una gran potencia es una potencia limitada." (P. 35)




A nivel de conclusiones generales, a la rápida, destaco los siguientes fragmentos:

"En cualquier caso la realidad es que, al margen de los compiladores, «quienes leyeron los Documentos en el Times fueron los primeros que los estudiaron». Esto conduce a meditar sobre la firme noción según la cual el Gobierno necesita los arcana imperii para poder actuar adecuadamente." (P. 30)

Tocante a las causas del desastre en Vietnam: "el desdén voluntario y deliberado, durante más de veinticinco años, por todos los hechos históricos, políticos y geográficos." (P. 31)

"La combinación mortal de la «arrogancia del poder» —la prosecución de una simple imagen de omnipotencia, diferente del propósito de conquista mundial, que había de obtenerse mediante inexistentes e ilimitados recursos— y de la arrogancia de la mente, una confianza profundamente irracional en lo calculable que era la realidad, se convierte en el leitmotiv del proceso de formulación de decisiones a partir del comienzo de la escalada en 1964. Tras el cliché constantemente repetido de la «más poderosa potencia de la Tierra» ha acechado el peligroso mito de la omnipotencia." (P. 36)

"Se ha demostrado ahora lo que ya se había señalado a menudo: mientras que la prensa sea libre y no esté corrompida tiene una función enormemente importante que cumplir y puede ser justamente denominada la cuarta rama del Gobierno. Cuestión muy distinta es si la Primera Enmienda bastará para proteger esta esencialísima libertad política, este derecho a la información no manipulada de los hechos, sin el cual toda libertad de opinión se torna una burla cruel." (P. 40)
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Rodrigo



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MensajePublicado: Mie Nov 21, 2018 11:18 pm    Tí­tulo del mensaje: Responder citando

El artículo está disponible en otra publicación, el libro Verdad y mentira en la política, editado por Página Indómita en 2017.

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