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El pequeño Pataxú, Tristan Derème

'Gladiadores. El gran espectáculo de Roma', de Alfonso Mañas
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Carlos-foro



Registrado: 21 Abr 2013
Mensajes: 10

MensajePublicado: Vie May 10, 2013 7:17 pm    Tí­tulo del mensaje: Responder citando

Todo es matizable Yeyo, el problema es siempre generalizar, tanto antes como ahora.
Dices "los gladiadores caían en el estatus social de 'infames' y eso no se cumple con los ídolos deportivos del siglo XXI. Hoy en día, a todo el mundo le gustaría que su hijo fuera un nuevo Cristiano Ronaldo, pero en Roma nadie deseaba que su hijo fuera un nuevo Hermes, por mucho que Marcial lo ensalzara."
Bueno, ídolos deportivos de hoy son también (además de CR7) Tyson o Mohamed Alí, y desde luego yo ni ningún padre querría que su hija se casase con ellos (por muy ídolos y estrellas del deporte que sean). Quiero decir, casarse con un boxeador. Tampoco desea nadie de clase alta que su hijo se haga boxeador, por mucho dinero que pueda ganar. Hoy no tenemos la categoría social infame establecida reglamentariamente, pero resulta evidente que a los boxeadores (aunque se trate del campeón mundial) se les da un trato despreciativo entre nosotros. No se les acepta bien entre los grupos sociales que no pertenecen al mundo del boxeo, y son objeto de mofa constante en los medios (algo que me parece injusto, quede claro, tengo amigos boxeadores).
Igualmente la postura sobre los infames en Roma tampoco era homogénea, SIEMPRE MALA, pues a menudo no solo se les aceptaba en los círculos más altos de la sociedad, sino que muchos llegaron a ser los favoritos de los gobernantes; todos sabemos que Marco Antonio no sintió ningún reparo en pasearse por Roma junto a la actriz Cytheris (una infame) en un carro tirado por cuatro leones, o que Calígula y Claudio tuvieron entre sus favoritos al actor Mnester, y Nerón al gladiador Spiculus (sendos infames también).
No obstante, hasta hace poco (y aún hoy, en clases sociales altas o puritanas) el ser actor sigue sin verse bien. Todos conocemos el típico disgusto que causaba a los padres hace unas décadas cuando el hij@ les decía "Mamá quiero ser artista", y por ejemplo el inmenso Alfredo Landa (muerto ayer) veía hoy yo en un video que confesaba lo mismo, la negativa de su madre a que se hiciese actor, y que hasta que no terminó derecho su madre no se lo permitió.
Como vemos, ni entonces (Roma) era todo homogéneo de una manera ni ahora es todo homogéneo en otra.
Por cierto, creo que los gladiadores (como el Hermes ensalzado por Marcial) se parecerían a Tyson, no desde luego a CR7, o Messi.
Alguien importante dijo (no recuerdo ahora quien) que el ser humano es en esencia siempre el mismo, somos química e instintos que hacen que, básicamente, el ser humano se comporte de modo esencialmente igual a lo largo de los tiempos, ya fuese en el Paleolítico que en Roma que hoy.
A Marco Antonio le apeteció fardar por Roma con la actriz maciza de turno en una cuadriga de leones (pasando de lo que dijese la moral de la época) del mismo modo que a cualquiera de nosotros nos gustaría fardar a ojos de todos en un Ferrari descapotable con Scarlett Johansson al lado, y muchos desearían entonces que su hijo fuese un gladiador del mismo modo que hoy hay padres que preparan a sus hijos desde pequeños (y se gastan fortunas en ello) para que de mayores sean como José Tomás, u otra estrella del torero que ven a diario en la plaza.
Por ello discrepo con Yeyo sobre que "en Roma nadie deseaba que su hijo fuera un nuevo Hermes, por mucho que Marcial lo ensalzara". Igual que hoy hay padres que están obsesionados con que su hijo sea torero (aquí en España o en Hispanoamérica) o boxeador (en USA y países del este), y desde que el niño puede andar los entrenan para eso, estoy seguro de que había padres en Roma (los muchos fanáticos que desde la grada animaban a Hermes, por ejemplo) que soñaban con que su hijo fuese algún día semejante ídolo, y lo preparaban para ello.
Creo que mucha gente sobrevalora la importancia de la religión, la moral, etc. a la hora de determinar los comportamientos humanos en los distintos periodos históricos, creando imágenes bastante ficticias de esos periodos, y cerrando interpretaciones más abiertas como la de Mañas.
El ser humano siempre ha sido ante todo un animal de sentido común para con sus intereses, y se salta la moral o la religión si le impide echar un polvo con la actriz que le gusta (si tiene la oportunidad de hacerlo) o ganar más riquezas (aunque para ello deba invadir otros países, aunque matar sea pecado).
Por ello no hay tanto "abismo" entre las sociedades de antes y las de ahora, como dice Yeyo, pues de lo contrario no podríamos entender hoy las obras de teatro griegas, o las de Shakespeare, o El Quijote... y sin embargo no solo las entendemos sino que siguen en plena vigencia...
El animal humano, que es siempre el mismo.
Un tal Paris se fuga con la chica de un tal Menelao y este va a buscar al picha-brava para ajustarle las cuentas, pidiéndole ayuda a su hermano mayor, que tiene muchos amigos... Podía haber ocurrido hace 3.000 años en Troya o el sábado pasado de madrugada en una discoteca. Y sin duda volverá a ocurrir dentro de varios siglos, en la Estrella de la Muerte.
Otra cosa: El boxeo profesional hoy es un deporte (o el culturismo) y desde luego no es "una práctica útil para el mantenimiento físico", sino todo lo contrario, aceleran el deterioro físico (y mental, añadiría). El pancracio y el pugilato griegos tampoco eran útiles para el mantenimiento físico (léase la opinión de los propios griegos, p.387-388 del libro de Mañas), y sin embargo también los consideraban deporte esos mismos griegos.
Los tres males asociados a los espectáculos que cita Lopekan los dan moralistas CRISTIANOS, no paganos, por tanto no reflejan la opinión del pueblo romano sobre los espectáculos. Esos moralistas cristianos eran en concreto Tertuliano y San Agustín, y Mañas se refiere a esos pecados que según ambos caracterizaban a cada espectáculo en su libro (p.437, nota116). Esos tres pecados eran: anfiteatro (saevitia=crueldad), circo (furor =furor, delirio), teatro (impudicitia=impudicia).
Espero que Trecce me disculpe si me he ido un poco por los Cerros de Úbeda, pero es viernes por la tarde... seguro que Platón también se relajaba un poco en fin de semana (ayer como hoy).
Nihil novum sub sole
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Yeyo



Registrado: 11 Nov 2011
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MensajePublicado: Sab May 11, 2013 11:10 am    Tí­tulo del mensaje: Responder citando

Las actrices de mimo estaban asociadas a la prostitución, y por ello participaban en la fiesta de la Floralia. Al hablar de Teodora, Procopio se recrea en ese punto. Y, lógicamente, no es lo mismo dejarse ver en compañía de una prostituta que ser una prostituta. Con todo, la fama de disoluto de Marco Antonio fue notable, algo que Octavio supo utilizar en su contra.

En su discurso Pro Plancio, Cicerón defiende al instigador de una violación múltiple a una actriz de mimo bajo el argumento de ser una práctica habitual. No creo que la situación de las actrices fuera envidiable, por mucho que se envidiara su belleza y talento artístico. En Greek and Roman actors: aspects of an ancient profession, se deja claro el carácter ambivalente de los actores romanos, similar al de los gladiadores, y se cita a Peter Stallybrass: lo socialmente marginal se convertia en simbólicamente modélico, y esto traía consigo infinidad de paradojas. En su obra Politics and poetics of transgression, este autor se centra en actores de época moderna, pero también es aplicable a Roma. Desarrolla el concepto de low-others para definirlos, que creo apropiado para los gladiadores.

Respecto a Tyson y demás, habría que ver sí el desprecio procede de ser boxeadores, o más bien de ser negros. Luego están los tópicos y la fama (inmerecida) de ser gente violenta y barriobajera, algo que no tiene nada que ver con estatus como la infamia romana, que restringía sus derechos legales y hasta el derecho a votar. Y, por cierto, los munera también fueron criticados por filósofos estoicos y autores paganos, como el propio Mañas desarrolla en su obra.
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APV



Registrado: 02 Oct 2008
Mensajes: 2578

MensajePublicado: Sab May 11, 2013 4:14 pm    Tí­tulo del mensaje: Responder citando

Yeyo escribió:
Las actrices de mimo estaban asociadas a la prostitución, y por ello participaban en la fiesta de la Floralia. Al hablar de Teodora, Procopio se recrea en ese punto. Y, lógicamente, no es lo mismo dejarse ver en compañía de una prostituta que ser una prostituta.

Y pese a todo Teodora llegó a ser emperatriz.

Yeyo escribió:
En su discurso Pro Plancio, Cicerón defiende al instigador de una violación múltiple a una actriz de mimo bajo el argumento de ser una práctica habitual.

Cicerón era abogado por lo que argumentará cualquier cosa en defensa de su cliente.

De todas formas basta recordar que no hace tanto el anterior código penal exigía de acreditada honestidad de la víctima en algunos de esos delitos.

Carlos-foro escribió:
Los tres males asociados a los espectáculos que cita Lopekan los dan moralistas CRISTIANOS, no paganos, por tanto no reflejan la opinión del pueblo romano sobre los espectáculos.

Los moralistas en el S. XIX criticaban el teatro, después el cine, los conciertos de rock,...

Y en Roma por ejemplo en el S. III a.C. gente como Catón criticaban lo griego: su arte, su lengua,...
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Yeyo



Registrado: 11 Nov 2011
Mensajes: 46

MensajePublicado: Sab May 11, 2013 5:36 pm    Tí­tulo del mensaje: Responder citando

Los moralistas siempre critican lo que atenta contra la moral. De ahí su nombre. No obstante, la moral cristiana era distinta de la romana pagana y, en general, ha ido variando con el tiempo. Lo que estamos determinando es si un oficio entraba dentro de lo moralmente admitido, en una sociedad y momento concreto, y la respuesta es obvia para quien quiera verla. Si sólo nos fijamos en el pico y en el hecho de poner huevos, un ornitorrinco será lo mismo que un pato. Pero hay que valorar el animal en su conjunto.

Desde un punto de vista legal, Justiniano tuvo que modificar la ley para desposar a Teodora. Desde un punto de vista moral, supuso un escándalo. Éso es de lo que hablamos. Los moralistas criticaban los conciertos de rock por su vinculación, real o supuesta, con las drogas y la promiscuidad sexual. En Roma, suponía una infamia el mero hecho de subirse a un escenario. La ley prohibía a équites y senadores bailar o combatir para divertimento del público. Respecto a Cicerón, creo que no has entendido lo que quería decir.

Los especialistas que han estudiado la gladiatura y el oficio de actor en Roma destacan las diferencias entre su valoración social con respecto a sus supuestos equivalentes modernos, con independencia de que se considere al primero un deporte o no. Y tienen buenos motivos para ello. Los libros han sido citados a lo largo de esta tira y están ahí, para quien quiera leerlos.
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Lopekan



Registrado: 16 Nov 2011
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Ubicación: ILTVRIR

MensajePublicado: Dom May 12, 2013 8:32 am    Tí­tulo del mensaje: Responder citando

Carlos-foro escribió:
Esos moralistas cristianos eran en concreto Tertuliano y San Agustín…

¡Tertuliano! ¡Ese es uno de los que yo decía!
Me han pillado sin haber leído la página 400-algo del libro de Alfonso Mañas, jeje. Pero, a cambio, he repescado uno de los encendidos discursos que Quinto Septimio Florente Tertuliano le dedica al tema (De Spectaculis).
De ser un romano de pro, nuestro hombre pasa a convertirse radicalmente al cristianismo y, desde entonces, pone sus muchas habilidades retóricas, aprendidas durante sus años como abogado, al servicio de arremeter contra los ludi, esos espectáculos seguidos asiduamente por millones de romanos, acusándolos de idolatría. Le endiña por igual a todos ellos: las carreras en el circo, las representaciones en el teatro, las venationes (cacerías) o luchas de gladiadores en la arena de los anfiteatros… ¡incluso pone a caldo la gimnasia practicada en los estadios!

Entre las bajas pasiones que se crían y fomentan en los ludi, tan denostables ellas, hay para todos los gustos: las tres que da Mañas, o, citando el librito gladiatoril de Fernando Lillo (Evohé Cool ): scaena lasciviens, arena saeviens o circus furens… y el estricto converso Tertuliano continúa listándonos más para escoger: insaniam, furoris, impietas, infamia…

Este patrón es seguido después por los otros padres de la iglesia, además de San Agustín: Cipriano de Cartago, San Crisóstomo o San Isidoro de Sevilla, que son sus continuadores en la misma murga. Pero les cuesta, les cuesta erradicar las bajas pasiones de los programas de los ediles, porque el pan y circo es algo consustancial al espíritu de Roma. Tertuliano empezó a trabajar por ello en tiempos de Severo (siglo II d. C.), y hubieron de insistir hasta, llegado el VI d. C., conseguir al menos que se prohibieran por ley los espectáculos de cacerías y gladiadores. Las cuadrigas continuarían corriendo aún más siglos, donde aún quedaban circos.

Entre otros próceres de la patria que se pronuncien sobre el tema, posibles creadores de corriente de opinión, pero libres de la sospecha de estar influidos por las nuevas creencias cristianas, se ha citado a Cicerón, Plinio el Joven o al estoico Séneca. Muestran una ambivalencia entre la loa y el aburrimiento, que no descarta el rechazo:

«Al hombre, criatura sagrada para el hombre, se le mata ahora por juego y diversión», dice Séneca…

… pero no dejan de ir, como todo buen y social romano integrado en la vida civil, a los distintos juegos. Si acaso, reprenden la efusión gratuita de sangre que suponen las ejecuciones, incluidas como teloneras en el programa, antes del plato fuerte de los munera.


No, no me parece que los gladiadores fueran deportistas.
Porque no entraban a la arena a competir: entraban a morir. Porque no estaban ocupando su ocio de forma tonificante, sino que eran condenados a muerte a los que se le dilataba la pena, a capricho del pueblo romano, mientras se le entretuviera. Porque el espectáculo no consistía en disfrutar de la habilidad de los contendientes, sino en saborear la inminencia e inevitabilidad de la muerte.
El romano que se embrutece unido al grito de "¡Degüéllalo!", permanece unido…
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caliban66



Registrado: 30 Nov 2008
Mensajes: 2744

MensajePublicado: Dom May 12, 2013 3:04 pm    Tí­tulo del mensaje: Responder citando

Creo que fue leyendo a Gibbon donde leí eso de que Teodora, en plena faena pública con tres caballeros, llegó a lamentarse de no disponer de un cuarto "receptáculo".
Es un debate fantástico, ciertamente. Yo tengo una pregunta. ¿Cómo se puede categorizar de "deporte" una actividad diseñada para el espectáculo, cuyo acceso tenía grandes connotaciones sociales, y que difícilmente puede ser buena para la salud? Incluso entre griegos y romanos la actividad física tenían connotaciones diferentes. En el mundo griego, las olimpíadas tienen un carácter sagrado y se celebra a los campeones. Herodoto menciona a uno que era padre de dos campeones olímpicos, al que sus vecinos le dicen que se suicide, que no se puede alcanzar mayor gloria en vida. . Estos no se dedicaban al "deporte" en exclusiva. Bien, es cierto que había espectadores, pero el fondo del meollo era religioso (así como el teatro, por ejemplo). Yo no soy un experto en el mundo romano, pero hasta donde he leído, los juegos en el mundo romano tenían un fin político.
Y digo yo, aún más, ¿podemos entender el "deporte" en el mundo antiguo como se hace ahora? Incluso entre los helenos, el "modelo" de Coubertain, el deporte estaba unido al culto y a la utilidad práctica (la "carrera" con escudo es un buen ejemplo de ello). En nuestra sociedad sedentaria, uno hace deporte por no anquilosarse o "perder peso", lo que en el mundo antiguo debe resultar una motivación bastante ridícula.
No obstante, creo que entre los juegos de los helenos y las munerae romanas, la diferencia es que en la primera, espectadores y deportistas son "iguales" socialmente, mientras que en los combates de gladiadores, no. Es decir, en el primer caso los competidores son "amateurs", y en el segundo, profesionales. Esa diferenciación también se terminó dando en las olimpiadas modernas. En las primeras sería difícil encontrar deportistas "profesionales". Al final el espíritu de Coubertain se ha ido garete y ahora incluso hay campeones que se dopan, cuando el fondo de la competición es ser el primero entre iguales.
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Yeyo



Registrado: 11 Nov 2011
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MensajePublicado: Dom May 12, 2013 8:06 pm    Tí­tulo del mensaje: Responder citando

caliban66 escribió:
Creo que fue leyendo a Gibbon donde leí eso de que Teodora, en plena faena pública con tres caballeros, llegó a lamentarse de no disponer de un cuarto "receptáculo".


Sí, lo dice Procopio en su Historia Secreta. Las descripciones que hace de las supuestas perversiones sexuales de Teodora resultan cachondas, por lo explícitas e hiperbólicas.

caliban66 escribió:
No obstante, creo que entre los juegos de los helenos y las munerae romanas, la diferencia es que en la primera, espectadores y deportistas son "iguales" socialmente, mientras que en los combates de gladiadores, no. Es decir, en el primer caso los competidores son "amateurs", y en el segundo, profesionales. Esa diferenciación también se terminó dando en las olimpiadas modernas. En las primeras sería difícil encontrar deportistas "profesionales". Al final el espíritu de Coubertain se ha ido garete y ahora incluso hay campeones que se dopan, cuando el fondo de la competición es ser el primero entre iguales.


Esa diferencia que señalas, en cuanto a la consideración social de los atletas griegos y gladiadores romanos, es en mi opinión esencial. No obstante, en la Grecia clásica sí que existieron atletas profesionales. Aunque los premios en los grandes juegos, como los olímpicos o délficos, no tuvieran ninguna dotación económica, las ciudades solían recompensar de algún modo a sus atletas vencedores. Esto posiblemente generara un doble rasero en función de la polis de origen de cada deportista, pues seguramente el premio de Atenas por ganar una prueba no sería igual que el de una ciudad pobre.

Carlos ha señalado con acierto las diferencias que, hoy en día, existen entre la práctica deportiva lúdica con respecto a la alta competición, que exige una preparación física mucho más dura e implica lesiones. En Grecia también existía esa diferencia, y así por ejemplo los entrenamientos de pugilato se realizaban con guantes acolchados, mientras que en el siglo IV a.C. se competía con myrmex, unas pieles de cordero que cubrían los antebrazos, sujetos con tiras de piel cruda que se enrollaban en torno a los nudillos, a modo de puño americano, y producían unas atroces heridas.

Durante los últimos cuatro siglos, la “deportivización” de las artes marciales ha tenido como denominador común el uso de espadas sin filo o simuladores de madera, además del empleo de caretas o protecciones. O bien la reconversión de drills de entrenamiento en danzas guerreras, todo ello con el fin de lograr una práctica segura. No obstante, antes de cada combate en la arena de los anfiteatros, se realizaba la probatio armorum para asegurarse de que las armas estaban bien afiladas, y las armaduras de los gladiadores tenían como finalidad evitar las heridas leves que incapacitaran al luchador (cabeza, brazo derecho y piernas), pero dejaban el tronco al descubierto para hacer los combates letales. Esto no cuadra bien con esa supuesta preocupación con la integridad física de los económicamente valiosos gladiatores. De hecho, los munera en su conjunto suponían un colosal derroche, pues la aristocracia romana no se caracterizaba precisamente por esa política de austeridad que postula Merkel.

En definitiva, creo en los munera había algunas semejanzas puntuales con respecto al fenómeno deportivo moderno, pero también abismales diferencias. No rechazo del todo la etiqueta de “deporte”, siempre y cuando no implique pasar por alto esas últimas.
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farsalia



Registrado: 07 Nov 2007
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MensajePublicado: Dom May 12, 2013 9:12 pm    Tí­tulo del mensaje: Responder citando

A su manera y en su contexto, la gladiatura es un deporte, como el pancracio o la lucha. ¿En términos actuales? Pues no, pero esa distinción nos queda clara desde un principio ¿no? Me refiero a este debate, claro.
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APV



Registrado: 02 Oct 2008
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MensajePublicado: Dom May 12, 2013 10:54 pm    Tí­tulo del mensaje: Responder citando

Yeyo escribió:
Los moralistas siempre critican lo que atenta contra la moral. De ahí su nombre. No obstante, la moral cristiana era distinta de la romana pagana y, en general, ha ido variando con el tiempo. Lo que estamos determinando es si un oficio entraba dentro de lo moralmente admitido, en una sociedad y momento concreto, y la respuesta es obvia para quien quiera verla. Si sólo nos fijamos en el pico y en el hecho de poner huevos, un ornitorrinco será lo mismo que un pato. Pero hay que valorar el animal en su conjunto.

Desde un punto de vista legal, Justiniano tuvo que modificar la ley para desposar a Teodora. Desde un punto de vista moral, supuso un escándalo. Éso es de lo que hablamos. Los moralistas criticaban los conciertos de rock por su vinculación, real o supuesta, con las drogas y la promiscuidad sexual. En Roma, suponía una infamia el mero hecho de subirse a un escenario. La ley prohibía a équites y senadores bailar o combatir para divertimento del público. Respecto a Cicerón, creo que no has entendido lo que quería decir.

Contra su moral, porque no necesariamente lo que unos consideraban que iba contra la moral era realmente lo que el común de la gente consideraba inmoral, recordemos que esos espectáculos eran muy concurridos.

Es una Roma donde hay tradicionalistas como Catón y helenistas como Escipión.

En cuanto a Cicerón sus discursos hay que verlos como lo que son discursos de un abogado o de un político con un objetivo determinado, en el citado lograr la absolución de su cliente.
Piensa que al tan moral Cicerón no le tiembla la mano tratando de lograr una ejecución totalmente ilegal en el asunto de Catilina.

Respecto a Teodora por mucho que se cambiara una ley o que les pareciera mal no dejaba de ser la emperatriz y con suficiente poder como para hacer sofocar a los constantinopolitanos rebeldes a sangre y fuego.
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Lopekan



Registrado: 16 Nov 2011
Mensajes: 2259
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MensajePublicado: Dom May 12, 2013 11:06 pm    Tí­tulo del mensaje: Responder citando

Un gladiador en los tiempos de la Urbs era tan deportista como un toro lo sea en nuestras plazas de hoy. ¿Qué diferencia hay?: arena en una plaza redonda, con público enfervorizado alrededor. Un condenado a muerte que es obligado a luchar por su vida, siguiendo unas estrictas reglas preestablecidas, y con el fin expreso de entretener al respetable mientras lo matan.
Como espectáculo de éxito que ambos son, sus protagonistas pueden llegar a despertar admiración. Es una de esas paradojas sobre las que advertía Yeyo. El toro Ratón, asesino célebre de hombres, vió aumentar su popularidad —y al par, su cotización— en los mejores ludi, hasta ser solicitado como semental (o ser requerido para clonarlo). Un gladiador de éxito, por tanto. Al que excepcionalmente podían llegar a indultar, es cierto, pero que no por ello escapaba a su dramática condición de condenado a muerte.

En lo bueno y en lo malo, detecto la huella ritual y cultural de los munera gladiatoria en la fiesta de los toros, y no en deporte actual alguno (ni siquiera en el boxeo o artes marciales) o aún en el Valetudo (similar al pankration griego). Falta en estos el componente esencial de la muerte. Acaso queden rescoldos de su brutalidad original en las peleas de gallos o de perros, o de caballos (que también hay).

¿Por qué piensan que los aficionados a la Fiesta se resisten a que se les escamotee la muerte del toro?
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Yeyo



Registrado: 11 Nov 2011
Mensajes: 46

MensajePublicado: Lun May 13, 2013 10:33 am    Tí­tulo del mensaje: Responder citando

APV escribió:
Contra su moral, porque no necesariamente lo que unos consideraban que iba contra la moral era realmente lo que el común de la gente consideraba inmoral, recordemos que esos espectáculos eran muy concurridos.


En una sociedad militarista como la romana, el gladiador encarnaba los valores masculinos imperantes: valentía, capacidad de soportar el sufrimiento y habilidad marcial, además de otras cualidades viriles (su sudor se consideraba un afrodisíaco; se decía que su sangre curaba la impotencia). No obstante, al mismo tiempo, los espectadores de los munera eran conscientes de que se trataba de un esclavo, un ser inferior, o alguien que voluntariamente había renunciado a su honra a cambio de dinero (el paralelismo con las prostitutas es evidente).

Los espectadores que acudían al anfiteatro eran conscientes de que disfrutar con ello y admirar a un esclavo no estaba bien. En psicología, esa clase de conflicto entre comportamiento y creencias se llama “disonancia cognitiva” y normalmente obliga al individuo a buscar una auto-justificación. En mi opinión, en Roma se atribuyó al fenómeno de los munera una coartada de ese tipo: se los presentaba como espectáculos inmorales, pero con una función educativa, la de acostumbrar a la ciudadanía a la sangre.
http://es.wikipedia.org/wiki/Disonancia_cognitiva

En su antropología social, Marvin Harris desarrolla los conceptos emic y etic, para señalar la diferencia entre el modo en el que los miembros de una sociedad explican una determinada costumbre y el modo en que un observador externo, más objetivo, la percibe.
http://es.wikipedia.org/wiki/Emic_y_etic

Como ya he dicho, infinidad de autores han estudiado esta paradoja, que no era exclusiva a la gladiatura, sino también a los actores y a otras profesiones, como los perfumeros: las clases altas utilizaban perfumes, pero se los consideraba algo decadente y ese oficio era un ars sordida. Esto último hay que enmarcarlo, en efecto, dentro del proceso de helenización que experimentó la sociedad romana a lo largo de los siglos II-I a.C., que tanto desagradó a Catón y a todos los que ensalzaban las sobrias costumbres (reales o supuestas) de los antiguos romanos. Los munera son la evolución de rituales funerarios que se transformaron en espectáculo, pero estaban impregnados de ese mismo gusto por lo fastuoso.

APV escribió:
En cuanto a Cicerón sus discursos hay que verlos como lo que son discursos de un abogado o de un político con un objetivo determinado, en el citado lograr la absolución de su cliente.


La jurisprudencia romana era muy conservadora y otorgaba una gran importancia a los mos maiorum, los usos y costumbres de los antepasados, que adquirían el valor de derecho consuetudinario, aunque no estuvieran recogidos en las Doce Tablas. El argumento de Cicerón en Pro Plancio está claro: dado que las violaciones a actrices de mimo son una práctica común desde siempre, son legítimas. Obviamente, si el pretor y los jueces a los que se dirigía sabían que eso no era así, su argumentación no tendría ninguna base. De esto se infiere que, más allá de cualquier consideración ética o legal, debían ser ciertamente habituales.

APV escribió:
Respecto a Teodora por mucho que se cambiara una ley o que les pareciera mal no dejaba de ser la emperatriz y con suficiente poder como para hacer sofocar a los constantinopolitanos rebeldes a sangre y fuego.


La ética de todas las sociedades humanas condena el homicidio, al igual sus sistemas legales lo castigan, y eso no es óbice para que se comentan asesinatos. De igual modo, el hecho de que Justiniano desposara a una actriz de mimo no significa que no supusiera un atentado contra la moral imperante. Dado que estamos juzgando la consideración social del oficio de actriz, y no si Justiniano se casara o no con una de ellas, creo que tu apreciación es irrelevante. Por otra parte, según Procopio, el poder de Teodora procedía de su capacidad de influenciar a su esposo, no del prestigio obtenido como actriz. Esto me parece lógico, más allá de su subjetividad como fuente.
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APV



Registrado: 02 Oct 2008
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MensajePublicado: Mie Jun 13, 2018 10:12 am    Tí­tulo del mensaje: Responder citando

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farsalia



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MensajePublicado: Mie Jun 13, 2018 10:15 am    Tí­tulo del mensaje: Responder citando

Estaba al tanto desde hace meses, el autor escribió un adenda que no aportaba demasiado a lo ya publicado en su momento: a ver si hay algún matiz respecto a la primera edición.
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