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	<title>Libros de Historia, libros con Historia - Hislibris</title>
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	<description>Libros de Historia. Libros con Historia.</description>
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		<title>BANDERAS LEJANAS &#8211; Fernando Martínez Lainez y Carlos Canales Torres</title>
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		<pubDate>Fri, 03 Sep 2010 11:19:32 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Balbo</dc:creator>
				<category><![CDATA[Historias especializadas]]></category>

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		<description><![CDATA[«Allí donde un español no llega con la mano, llega con la punta de﻿ su espada.»
(Embajador español en la corte de Luis XIV, salvando el honor de España ante una afrenta.)
Cuando a una persona cualquiera se le pregunta por algún símbolo de la Conquista del Oeste, seguro que enseguida le viene a la cabeza imágenes [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img src="http://www.hislibris.com/imagenesportadas/banderas_lejanas.jpg" alt="BANDERAS LEJANAS - Fernando Martínez Lainez y Carlos Canales Torres" hspace="4" align="left" /><em>«Allí donde un español no llega con la mano, llega con la punta de﻿ su espada.»</p>
<p>(Embajador español en la corte de Luis XIV, salvando el honor de España ante una afrenta.)</em></p>
<p>Cuando a una persona cualquiera se le pregunta por algún símbolo de la Conquista del Oeste, seguro que enseguida le viene a la cabeza imágenes de largas caravanas de carros recorriendo las grandes praderas más allá de la última frontera, o la siniestra y enigmática figura de un indio a lomos de un caballo en lo alto de un peñasco desierto en las márgenes calurosas del Río Colorado. En cambio si a la misma persona le decimos igualmente que haga memoria y piense en símbolos de la Conquista de America seguro que nombrará a bote pronto a Colón, Cortés, y si es algo culto el nombre de algún Adelantado y sus hazañas en frondosas selvas plagadas de peligrosos aztecas, o entre escurridizos incas en los Andes. Por eso sí la persona encuestada es algo avispada y te inquiere el motivo de estas preguntas, y le respondes que también hubo grandes descubridores y exploradores allá por la Florida, norte de Nuevo México, California e incluso la inhóspita Alaska, entre otros muchos lugares, se quedará asombrado por la noticia en sí. Tocado por el asombro, la incertidumbre, y la incredulidad. Es en este momento cuando has de desempolvar ante sus ojos una vieja historia… una historia de olvido y valentía.<br />
<span id="more-7173"></span><br />
Para el gran público no ha habido más Conquista del Oeste que la que aparece en las películas de Hollywood. Pero la construcción de ese enorme país, tan grande como un continente tuvo primeramente unas bases fuertes y sólidas. Unos pilares que se alzaron con las aguerridas manos de los españoles. Sí, el Imperio Español ya estuvo allí durante 300 años y esta permanencia en las grandes llanuras fue toda una gran aventura llevada a cabo con una dura defensa efectuada con escasísimos recursos. Toda una heroicidad. Los encargados de desenterrar esta historia, ahora políticamente incorrecta debido al buen maridaje político que existe actualmente entre España y Estados Unidos, pero que  ha de ser recordada con justicia universal, han sido dos escritores Fernando Martínez Lainez, y Carlos Canales Torres en un libro conjunto titulado Banderas Lejanas. El primero es reportero, guionista, columnista de <em>ABC e Historia y vida</em>, autor de obras como <em>Tras los pasos de Drácula, Escritores espías, El Rey del Maestrazgo, El Enigma de la Gioconda</em> y director de la colección literaria de género negro <em>La Casa Ciega</em> de Edaf. Y el segundo, Carlos Canales Torres, es abogado, escritor, con obras como <em>Seres Mágicos de España, La primera guerra Carlista, Breve Historia de la Independencia</em> o <em>Las compañías olvidadas</em> y miembro del equipo radiofónico del programa <em>La Rosa de los Vientos</em> que trabajó con el añorado  Juan Antonio Cebrián en Onda Cero.</p>
<p>Haciendo historia… ¿cómo es posible que los españoles llegaran a la zona del Norte de América si estaban inmersos en un gran periodo de conquista en el Sur del Continente? Antes de contestar a esta pregunta, es necesario comenzar no por una respuesta sino por otra pregunta ¿Cómo es que no llegaran antes al Norte de América? La respuesta la tiene un mineral, el mineral que tantas alegrías y desgracias ha llevado a la Humanidad durante siglos: El Oro. Esta piedra amarilla, brillante y deseada fue uno de los grandes motores de la conquista, pero por desgracia no había suficiente oro para todo el mundo que se presentara a la aventura en los enigmáticos límites de América. Por ello, se empezó a vislumbrar nuevas vías y alternativas para contentar a los cientos de Adelantados que pisaban las playas de La Española, auténtica lanzadera hacia América. El foco se centró por tanto en el norte del Golfo de Mexico y hacia alli empezaron a navegar grandes aventureros como por ejemplo en un  principio Ponce de León, o Lucas Vázquez de Ayllón, a quien se debe la fundación del primer asentamiento europeo en los Estados Unidos, San Miguel de Guadalupe. Es en estos momentos cuando comienzan a aparecer los asentamientos españoles en zonas de La Florida o Carolina del Sur.           </p>
<p>Esto fue solo el comienzo de la gran aventura. A partir de aquí se inicia la gran gesta de la colonización interior hacia el Oeste y Norte de Nuevo México hacia zonas de Texas (nombre que significa «Bienvenidos» en el idioma de los oriundos de allí), California y más allá, plus ultra, al Noroeste más gélido… Alaska (1603). Todo ello rodeado de grandes peligros y acechanzas no solo de las grandes tribus indígenas de la zona como apaches, comanches (los más peligrosos), shoshones, mescaleros… entre otros, sino también por otras potencias enemigas que querían parte del pastel americano como Inglaterra y Francia. Y he aquí que bandera, tras bandera, conquista tras conquista, y gloria sobre gloria, aparecen grandes hazañas y nombres en esta segunda fase más decisiva de conquista y exploración: Pánfilo Narváez recorre la Florida y el Sureste de America; Alvar Núñez Cabeza de Vaca recorre gran parte del continente americano en un peregrinaje mítico tras su desastrado naufragio; Vázquez de Coronado hace la primera exploración europea de lo que hoy son los estados sudoccidentales de Estados Unidos; Los hombre de García López de Cárdenas, son los primeros hombres europeos que hollan con sus pies las profundidades del majestuoso Gran Cañón del Colorado… Nombres y nombres se amontonan. Cientos de voluntariosos guerreros dejan la marca española en aquellas tierras infinitas para la mayor gloria de España… esa ingrata España que les olvidó durante cientos de años después.</p>
<p>Pero no quisiera terminar este pequeño marco histórico sin olvidarme de otro elemento también colonizador. El elemento religioso. Al igual que los romanos que traían tras sus conquistas la cultura, los conquistadores tras la imposición de las banderas en tierras descubiertas traían consigo a la religión cristiana apostólica romana para hacer proselitismo de su religión entre los indígenas conquistados. Estos asentamientos americanos son en muchos casos misiones sobre todo de jesuitas y franciscanos. Estas misiones se propagaron especialmente por la zona de la Baja California. En este punto no hemos de olvidarnos de la controvertida figura del jesuita Junipero Serra y su duro programa evangelizador. Muchas de estas pequeñas aldeas serán el germen de grandes ciudades con nombres puramente españoles como son Los Ángeles, San Francisco o Sacramento, entre otras muchas.</p>
<p>Toda esta gran historia de valentía, descubrimiento y exploración es la que nos ofrece en más de 500 hojas el libro <em>Banderas Lejanas</em>. ¿Qué hace a este libro tan valioso en nuestro tiempo y que merezca tanto ser leído y recordado por las futuras generaciones? Varias razones. La primera de ellas es que, a parte de pequeñas misceláneas históricas ya desfasadas y tergiversadas, es un libro que aporta por vez primera una visión general y coherente <em>del proceso de exploración, conquista y defensa a cargo de España en ese inmenso, hostil y con frecuencia desértico territorio que se extiende desde Río Grande hasta las gélidas costas de Alaska</em>, como nos indican los autores. La segunda de estas razones es que este libro, por fin, desentierra  y saca del olvido no solo uno de los episodios fundamentales de la Historia Española, sino incluso también de la Historia de los Estados Unidos de América, ya que esta colonización de su, actualmente, territorio patrio, proporcionó base a su propia Historia como país. Un americano de cualquier clase y posición sólo tiene que andar por los territorios del Oeste, Suroeste y Sureste para darse cuenta de la huella hispana con ingentes nombres toponímicos puramente españoles e incluso con tradiciones que no son puramente estadounidenses sino arraigadas en el acerbo español más arcaico. A la vez este libro, y esperemos que a raíz de este vengan muchos más, este libro también tiene la misión, y esta seria una tercera razón, de reconocimiento ya que España fue junto a muchos otros países, y otros muchos emigrantes, uno de los fundadores de esa nación transoceánica, ya que por ejemplo sin gran parte de nuestra ayuda en contiendas como La Guerra de la Independencia no se habrían como formado como país. Recordemos en este punto a personajes como Juan de Miralles, amigo íntimo y espía de George Washington, o al afamado Bernardo de Gálvez en su enfrentamiento épico contra los ingleses. Recalco este último punto para que gracias a libros como <em>Banderas Lejanas</em>, se olvide el silencio que el gobierno americano ha llevado a cabo con respecto a  la aportación española en su historia, y de esta manera exorcizar la desdichada Leyenda Negra que sobre nuestra historia ha caído gracias al mundo anglosajón.</p>
<p>A pesar del precio del libro, el cual no considero caro debido a su magnifico planteamiento editorial a base de conjugar texto e imagen, y a la aportación de excelentes mapas desplegables que ayudan a seguir las aventuras hispanas por todo el continente americano, recomiendo este gran libro que reseño humildemente no solo como lectura sino como libro ejemplificante y esencial en cualquier estantería de cualquier persona interesada en saber que su país no solo tuvo una conquista transoceánica en el Sur del Continente americano y central, sino que también pisó con sus pies gloriosos las tierras más allá de los aztecas, muy al norte a una gran tierra de oportunidades llamada Nueva España contribuyendo a crear un país, Estados Unidos,  a base de leyendas, mito, valentía, y conquista más allá de cualquier limite inimaginable.</p>
<p>Gloria y honor a aquellas banderas… aquellas Banderas Lejanas. </p>
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		<title>LOS DEMONIOS DE BERLÍN &#8211; Ignacio del Valle</title>
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		<pubDate>Thu, 02 Sep 2010 11:00:30 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Pintaius</dc:creator>
				<category><![CDATA[Novela histórica]]></category>
		<category><![CDATA[Sagas y series]]></category>

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		<description><![CDATA[ En esta mi segunda reseña en Hislibris no he dejado atrás los reparos que yo mismo formulaba en el caso de la primera (dedicada a Los olvidados de Filipinas). Pero ahora, como entonces, me veo impelido a ello por la profunda y extraordinaria impresión que ha causado en mí esta novela, Los demonios de [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img src="http://www.hislibris.com/imagenesportadas/demonios_berlin.jpg" alt="LOS DEMONIOS DE BERLÍN - Ignacio del Valle" hspace="4" align="left" /> En esta mi segunda reseña en Hislibris no he dejado atrás los reparos que yo mismo formulaba en el caso de la primera (dedicada a <em><a href="http://www.hislibris.com/los-olvidados-de-filipinas-lorenzo-mediano/">Los olvidados de Filipinas</a></em>). Pero ahora, como entonces, me veo impelido a ello por la profunda y extraordinaria impresión que ha causado en mí esta novela, <em>Los demonios de Berlín</em>, de mi paisano Ignacio del Valle.</p>
<p>Su presencia en Hislibris no es nueva. Hace aproximadamente un año Juanrio le dedicó una estupenda reseña con motivo de su anterior novela, <em><a href="http://www.hislibris.com/el-tiempo-de-los-emperadores-extranos-ignacio-del-valle/">El tiempo de los emperadores extraños</a></em>, igualmente protagonizada por el mismo inolvidable Arturo Andrade que había hecho su primera incursión con <em>El arte de matar dragones</em>. De nuevo Arturo actúa como el eje de una narración que funciona a las mil maravillas, si bien en esta ocasión el escenario de sus andanzas sea uno más terrible si cabe que la heladas tierras rusas del frente de Leningrado de <em>El tiempo de los emperadores extraños</em>: el Berlín apocalíptico de los últimos días del III Reich, aquel que había de durar mil años, y cuya antaño orgullosa capital, centro neurálgico del que había sido efímeramente todopoderoso imperio, será engullida por la marea soviética contra la que los alemanes apenas podrán oponer un variopinto conglomerado de fuerzas residuales que irremediablemente serán aplastadas a pesar de su derroche de valor, fanático o desesperado según los casos.<br />
<span id="more-7176"></span><br />
En esta novela encontramos a un Arturo Andrade que ha recuperado su empleo de teniente, el que ostentaba en España al final de la Guerra Civil, y que perdió por diversas vicisitudes (que no desvelaremos para no afectar a la lectura de quienes se acerquen a la primera de las tres novelas), de manera que durante su paso por la División Azul lo hará en condición de simple soldado. Repatriada la División Azul, pasará por la Legión Azul y luego por otros cuerpos de voluntarios hasta acabar en la Unidad Ezquerra, encuadrada en las Waffen SS que defendían Berlín (a pesar de que sus actitudes y pensamiento dejen bien claro al lector su notorio alejamiento de los postulados nazis, como quizás podría pensarse a priori de su integración en ese cuerpo tristemente conocido). De mano, la justificación de su presencia en un escenario como éste no deja de ser ampliamente original, y al mismo tiempo creíble. Junto a él, un pequeño puñado de españoles (Manolete, Ninfo, Saladino, la gente de la embajada española), ofrecen un interesante contrapunto a los modales y esquemas mentales de la mayor parte de alemanes que desfilan por las páginas de la novela. </p>
<p>El inicio de la novela no puede ser más sugerente, y en él encontramos un evidente punto en común con su anterior obra: también el desencadenante de gran parte de la trama será aquí la aparición de un cadáver en extrañas circunstancias, como no podía ser de otra forma para mostrar alguna notoria singularidad en un matadero descomunal como correspondía a Berlín en esos momentos. En esta ocasión ese muerto se trata de un prominente científico del programa atómico alemán, y el escenario del crimen tampoco será menos llamativo: el edificio de la Cancillería, y  más concretamente, la localización del cadáver apuñalado, sobre la enorme maqueta que representaba a Germania, la increíble megalópolis proyectada por Speer para satisfacer la tan conocida megalomanía hitleriana.</p>
<p>Como resultante de su brillante resolución de los crímenes acaecidos en el frente de Leningrado, en el seno de la División Azul,  Arturo es integrado por los alemanes en el equipo investigador, algo en lo que también tienen mucho que ver otras carambolas del destino y las maniobras del Secretario de la Embajada Española, obsesionado por mantener bien informado a Madrid de la evolución de una situación que parece claramente irreversible. A partir de este hecho se desencadena una carrera contrarreloj por descubrir al asesino del científico, ante la creencia por parte alemana de que pueda tratarse de un acto de sabotaje contra su programa del «WuWa» (las armas secretas), su última gran esperanza de dar un vuelco total a una contienda que parece irremediablemente perdida; con los rusos apretando su cerco de acero sobre Berlín, en el marco de una ciudad casi arrasada por los bombardeos aéreos primero, y luego por la artillería; con comandos americanos y británicos infiltrados cual caballo de Troya, a los que se busca desesperadamente empleando unos recursos que parecen tan necesarios en otras partes en esos momentos; las fraticidas disputas entre las SS, la Gestapo, la Wermacht, y los restantes cuerpos policiales; el descubrimiento de que el muerto estuvo implicado en la conspiración de Stauffenberg y su pertenencia a ciertas sociedades secretas ligadas al origen del nazismo que tendrán una importancia decisiva en la narración. En el seno de toda esa vorágine, un atormentado Arturo Andrade, complejo personaje del que no podemos entender los motivos que le han impulsado a permanecer en semejante infierno cuando tuvo ocasión de dejarlo atrás, pero al que acaba por unirnos un fuerte afecto, porque posee una extraña integridad, creíble como no podría serlo ese otro tipo de actitudes impostadas que se esperan de los héroes, y también porque dispone de una lucidez arrolladora, que ilumina el apocalíptico escenario en el que se mueve, permitiéndonos asistir a través de su mirada al macabro espectáculo del auténtico cataclismo histórico que supuso el hundimiento del Reich de los mil años.</p>
<p>Un variopinto elenco de secundarios acompañan el deambule de Arturo por el Berlín devastado de los últimos días de abril de 1945: los ya aludidos soldados españoles enrolados como él en los diferentes cuerpos militares; el personal de la embajada española en trance de la evacuación total que les alejase de aquel infierno; los oficiales alemanes a cargo de la investigación, perfectos ejemplos de la barbarie nazi, arquetipos ampliamente difundidos por el cine y la literatura; pero también encontraremos otro tipo de alemanes mucho menos conocidos, como el comisario Krappe,  una mirada tan lúcida como la de Arturo, y al que deja desconcertado con su pensamiento crítico con el nazismo y sus maneras de bonhomía. Tampoco falta la figura de una mujer (tan decisivas en todo el periplo de las novelas protagonizadas por Arturo Andrade), Silke, cuya historia de amor con nuestro antihéroe tampoco podía reducirse a previsibles convencionalismos. </p>
<p>Los diálogos son fantásticos, tanto los habitualmente jocosos con los demás españoles (en especial los terribles chistes y dichos de Manolete), como los tremendamente lúcidos y aleccionadores mantenidos con el komissar Krappe; los que rozan lo cínico con el Secretario de la embajada española, Francisco Maciá, o los duelos dialécticos sostenidos con los oficiales nazis, verdaderos caminos sobre el filo de la navaja.</p>
<p>Confieso que no he leído el elogiado libro de Anthony Beevor sobre la batalla de Berlín, pero sinceramente creo que la recreación llevada a cabo por Ignacio del Valle es tan verosímil, además de evocadora, que en todo momento uno tiene la sensación de encontrarse junto a los protagonistas, oler la misma atmósfera corrompida, oír los mismos estruendos causados por la artillería, palpar su miedo y tensión durante tantos momentos, experimentar la misma violencia brutal nacida del puro instinto de supervivencia, sufrir su mismo cansancio agotador y su desesperación. La construcción de los escenarios se encuentra al mismo enorme nivel ya referido para los diálogos y la elaboración de los personajes.</p>
<p>Aunque toda la novela mantiene en todo momento un ritmo altísimo, con los breves respiros que proporcionan las reflexiones de Arturo (y ni tan siquiera entonces debe distraerse el lector), existen episodios especialmente conseguidos, como la reunión con Fanjul en la guarida subterránea del hampa falangista, la persecución de un comando aliado a través de la atmósfera opresiva de los refugios subterráneos, el asalto al Reichbank, o la cruel lucha con los soviéticos en la abandonada embajada española. </p>
<p>Con un lenguaje depurado y preciso, junto con un dominio total de la narración (a veces más parece que mueva una cámara, a que se trate de palabra escrita, tanta es la capacidad del autor para mostrarnos las imágenes de lo que pone delante del lector), Ignacio del Valle nos conduce en volandas a lo largo de la novela para conducirnos a un final, que aunque parcialmente esperado por lo histórico, se reserva enormes sorpresas que no es posible revelar aquí sin afectar a los futuros (y ojalá que muchos) lectores.</p>
<p>¿Es una novela histórica o una novela de ambientación histórica? Esta eterna discusión, tantas veces aparecida en Hislibris, será sin duda nuevamente aludida por algunos de quienes se acerquen a esta narración. Para mí sí lo es, pero al margen de todo ello, lo que tengo totalmente claro, en mi humilde condición de simple lector, es que se trata de una soberbia y espléndida novela, de un estupendo narrador, que creo que ha superado el elevado nivel en que se había situado con su anterior <em>El tiempo de los emperadores extraños</em>, alcanzando con esta <em>Los demonios de Berlín</em> una cota narrativa de primera magnitud. Sólo nos queda esperar que siga haciéndonos disfrutar así en el futuro, aunque no sé si en su mente está previsto que ello vuelva a ser alguna vez más a través de la cansada y escrutadora mirada de Arturo Andrade. En cualquier caso, se produzca o no ese feliz acontecimiento, os animo a todos a acercaros ahora a esta extraordinaria novela.</p>
<p>Pintaius, agosto 2010</p>
<p><em>Los demonios de Berlín</em><br />
Ignacio del Valle.<br />
Editorial Alfaguara, 2009.<br />
427 páginas.</p>
<p>Technorati Tags: <a href="http://technorati.com/tag/Demonios" rel="tag">Demonios</a>, <a href="http://technorati.com/tag/Berl%C3%ADn" rel="tag"> Berlín</a>, <a href="http://technorati.com/tag/Ignacio+del+Valle" rel="tag"> Ignacio del Valle</a></p>
<p><center><a href="http://www.casadellibro.com/homeAfiliado?ca=1163&amp;isbn=9788420423326" target="_blank"><br /> <img src="http://www.hislibris.com/images/lv.gif" alt="Compra el libro" /></p>
<p></a><a href="http://www.casadellibro.com/homeAfiliado?ca=1163&amp;isbn=9788420423326">Ayuda a mantener Hislibris comprando el <em>LOS DEMONIOS DE BERLÍN</em> en La Casa del Libro.</a></center></p>
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		<title>¿Cómo se hicieron los Celedonios?</title>
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		<pubDate>Thu, 02 Sep 2010 08:32:54 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Javi_LR</dc:creator>
				<category><![CDATA[Especiales]]></category>
		<category><![CDATA[Varios]]></category>

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		<description><![CDATA[Hoy os voy a dejar un ilustrativo vídeo de cómo se hicieron las estatuillas para la entrega de los premios de literatura histórica de Hislibris. No tiene desperdicio y Nuri es una figura. Ya sabéis, no confundais a Nuri con Nuru, las Zipi y Zape del diseño.
And the Celedoniano making of to&#8230;

Y no os olvidéis [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Hoy os voy a dejar un ilustrativo vídeo de cómo se hicieron las estatuillas para la entrega de los premios de literatura histórica de Hislibris. No tiene desperdicio y Nuri es una figura. Ya sabéis, no confundais a Nuri con Nuru, las Zipi y Zape del diseño.</p>
<p>And the Celedoniano making of to&#8230;</p>
<p><object width="425" height="344"><param name="movie" value="http://www.youtube.com/v/TwZP09qnEaM?fs=1&amp;hl=es_ES&amp;rel=0&amp;color1=0xe1600f&amp;color2=0xfebd01"></param><param name="allowFullScreen" value="true"></param><param name="allowscriptaccess" value="always"></param><embed src="http://www.youtube.com/v/TwZP09qnEaM?fs=1&amp;hl=es_ES&amp;rel=0&amp;color1=0xe1600f&amp;color2=0xfebd01" type="application/x-shockwave-flash" allowscriptaccess="always" allowfullscreen="true" width="425" height="344"></embed></object></p>
<p>Y no os olvidéis de visitar <a href="http://www.youtube.com/user/EvoheLR">nuestro canal en Youtube</a> y dejarnos vuestros comentarios.</p>
<p><span id="more-7395"></span></p>
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		<title>BIZANCIO &#8211; Stephen R. Lawhead</title>
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		<pubDate>Wed, 01 Sep 2010 11:00:48 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Darklyes</dc:creator>
				<category><![CDATA[Novela histórica]]></category>

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		<description><![CDATA[ «Inspirado en la vida de san Aidano, Bizancio es el apasionante viaje realizado en el siglo IX por este místico irlandés a las lejanas tierras de Oriente. Un viaje salpicado de peligros y sorpresas en el que Aidan no sólo llegará a contemplar la belleza incomparable de la capital bizantina sino que descubrirá los [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img src="http://www.hislibris.com/imagenesportadas/bizancio.jpg" alt="BIZANCIO - Stephen R. Lawhead" hspace="4" align="left" /> <em>«Inspirado en la vida de san Aidano, Bizancio es el apasionante viaje realizado en el siglo IX por este místico irlandés a las lejanas tierras de Oriente. Un viaje salpicado de peligros y sorpresas en el que Aidan no sólo llegará a contemplar la belleza incomparable de la capital bizantina sino que descubrirá los dones más preciosos de la vida que pueden encontrarse en cualquier parte, incluido en uno mismo.»</em></p>
<p>Me hice con este libro allá por el año 1996, por medio del catálogo de Círculo de Lectores. Por aquel entonces, la editorial  promocionaba dos lanzamientos estrella dentro de su apartado de novela histórica. Uno era <em>Bizancio</em>, de Stephen R. Lawhead, y el otro <em>El Abisinio</em>, de un tal Jean Christophe Rufin. Mi madre tuvo el bonito detalle de regalarme ambos, y ni corto ni perezoso metí mano a <em>El Abisinio</em> pero tuve que abandonar su lectura antes de la mitad porque no me estaba gustando.<br />
<span id="more-7363"></span></p>
<p>Me había dejado <em>Bizancio</em> como segunda opción, pues había leído la información de la contraportada del libro y decía que estaba inspirado en la vida de San Aidano, un monje irlandés del siglo IX y pensé: <em>«pufff&#8230; ¡vaya petardo!, ¡no tengo ganas de rollos de monjes!»</em> La verdad es que era muy joven y me autoimponía muchas trabas, pero como en ese momento no tenía otra cosa a mano lo empecé a leer y… ¡sorpresa!, me enganchó desde el principio y me sumergí en sus páginas con auténtica devoción y disfrute. Bien, al lío.</p>
<p>Aidan McCainnech es el segundo vástago de un gran señor de la guerra irlandés, que decide enviar a su hijo de cinco años a criarse al monasterio de Cennannus. Ésta, es una medida adoptada por los padres de forma relativamente habitual en la época, puesto que solo el primogénito tenía derecho a heredar la posición del jefe del clan. Además, estaba bien considerado y favorecía la suerte de la familia que uno de sus miembros formara parte del clero. </p>
<p>El joven Aidan crece por tanto rodeado de libros y tras mucho esfuerzo y dedicación, se hace con una de las plazas de copista dentro del monasterio. El muchacho no destaca particularmente de los demás, aunque su espíritu de trabajo y su carácter benévolo y generoso, hacen que sea uno de los elegidos para formar parte de una embajada que habrá de llevar al gran Basileus, allá en la lejana Bizancio, la joya del monasterio, el Libro de Kells. </p>
<p>La peregrinación comienza, pero nunca llega a su destino. El grupo de clérigos tiene la mala suerte de cruzarse con una expedición de saqueo vikinga. Los feroces piratas del mar, además de matar a la mayoría de miembros de la embajada irlandesa, secuestran a nuestro amigo Aidan y se lo llevan a sus fríos hogares del norte para convertirlo en esclavo.</p>
<p>Gunnar, destacado guerrero y campesino libre de la región de Scania (en la actual Suecia) se queda con Aidan. Es con él y con su esposa e hijos con los que convivirá los siguientes años de su vida, llegando al corazón de la familia de Gunnar gracias a su honestidad y a su temperamento apacible y esforzado. </p>
<p>Es quizás esta parte del libro una de las más interesantes, pues el autor traza un bonito cuadro sobre la vida y las costumbres de los tan temidos vikingos aprovechando el contraste entre el modo de vida de éstos y el del pobre Aidan. Un instruido y abnegado monje irlandés, frente al rudo, primitivo y visceral mundo de los bárbaros. </p>
<p>Pasado un tiempo, el destino pone a Aidan en camino, otra vez, hacia Bizancio. Gunnar es requerido por el <em>jarl</em> al que sirve para luchar en lo que va a ser la gran y definitiva expedición de guerra y saqueo que los hará ricos para siempre. Existe una ciudad a la que antiguos hombres llamaban Constantinopla. Al parecer está llena de fastuosos palacios de piedra, bellas mujeres e infinidad de tesoros que esperan a que alguien vaya a cogerlos. La habilidad de Aidan como lector e intérprete de mapas, así como su dominio del latín y el griego obligará al pobre monje a acompañar a los daneses a la guerra; entre otras cosas será el intérprete y el encargado de traducir las condiciones de rendición de la ciudad. </p>
<p>Como mercenarios, espías o esclavos, tanto en territorio bizantino como sarraceno, nuestros protagonistas se verán envueltos en nuevas peripecias que pondrán a prueba la fe de nuestro monje y la resistencia de los vikingos. El viaje hacia la gran Bizancio, es también el «viaje interior» de una persona que ve tambalearse los pilares de sus creencias, pues se da cuenta de que toda su concepción de lo que él consideraba que era el mundo, fuera de los muros de su monasterio, es errónea. Es también el viaje de un grupo de hombres valientes y orgullosos, que acaban dándose cuenta de que allí fuera, tan lejos de sus asentamientos, enfrentados a civilizaciones y culturas muy superiores, no son nada. Y… no quiero revelar más detalles del argumento por si alguien quiere leérselo. </p>
<p>Uno de los puntos a favor de la novela es, sin duda, el personaje de Aidan. Es además una propuesta arriesgada de Lawhead, porque está totalmente alejado del prototipo de héroe (o mejor dicho, superhéroe) que tanto abunda en la novela histórica en general (¿verdad Vorimir?). La mentalidad y actitud ante la vida del Aidan que protagoniza la novela, tampoco tiene nada que ver con la imagen de San Aidano que nos ha hecho llegar la Iglesia, afortunadamente. Lejos de ser un abnegado evangelista hacedor de milagros, y un portento capaz de convertir al cristianismo a todo el que se le ponga por delante, Aidan es un cristiano que duda, que conserva su fe pero la cuestiona, y que incluso llegado el momento y harto de los avatares de su destino, reniega de ella. Es un hombre temeroso de todo aquello que no conoce, contradictorio, tímido y sensible, y por todo ello dotado de una gran humanidad. Es el personaje clave, con una profundidad psicológica que despierta en el lector inmediata empatía con él, o al menos fue mi caso, y página tras página el autor consigue que quieras saber más acerca del pequeño clérigo irlandés. En resumen, todo un acierto por parte del novelista del que si me lo permitís, me gustaría dar algunos datos de forma rápida.    </p>
<p>Antes de leer este libro no sabía nada de Stephen R. Lawhead y cuando busqué información sobre él me encontré con que es un escritor estadounidense afincado en Inglaterra, que había escrito alguna que otra saga dentro de géneros literarios menores, como la fantasía y la ficción histórica. Basado en las leyendas artúricas, publicó <em>El Ciclo Pendragón</em> (creo que formado por cuatro o cinco novelas) y una trilogía llamada <em>La Canción de Albión</em>. Hoy día, gracias a Internet, he podido investigar un poco y observar en la web del autor que ha seguido escribiendo novelas a buen ritmo durante todos estos años. A juzgar por las portadas de las mismas, son obras de carácter más fantástico que histórico y digo lo de las portadas porque yo personalmente no he tenido la oportunidad de leer nada más de Lawhead aparte de la novela que reseño en esta ocasión. Curiosamente, éste <em>Bizancio</em> que nos ocupa, es el único caso en el que el autor ha hecho una incursión, pienso que con acierto, en el género de la novela histórica propiamente dicho. </p>
<p><em>Bizancio</em> fue para mí uno de esos estupendos libros de aventuras que te da mucha pena acabar. A medida que avanzaba e iba acercándome al desenlace empezaba a sentir esa sensación de pérdida que te invade cuando un libro te gusta mucho y sabes que irremediablemente se acerca el final y vas a tener que despedirte de esos personajes tan entrañables con los que has compartido unos días de tu vida. Te das cuenta justo en ese momento, en el que ya solo quedan diez o doce páginas y te preguntas: «¿Por qué este hombre no escribió cuatrocientas más?». Hace bien poco acabo de volver a sentir esto mismo terminando <em>La Traición de Roma</em> del señor Posteguillo. Os cuento todo esto porque pienso que cada libro que tenemos en casa tiene su historia y cuando repaso poco a poco los títulos de mi biblioteca me gusta mucho acordarme de esos pequeños detalles y sensaciones. </p>
<p>Después de mi opinión personal y a modo de conclusión, intentando ser un poco más objetivo, decir que en general la novela es de lectura fácil y entretenida. Tiene un estilo directo y claro, de prosa sencilla, y la línea argumental y las peripecias por las que pasa Aidan, que son muchas, enganchan desde el principio. En la edición que yo tengo son setecientas cincuenta páginas que se leen de un tirón. La ambientación histórica y descripciones que nos llevan de Eire a Escandinavia y de allí a Bizancio o a tierras del Califato de Bagdag están muy logradas. Si establezco alguna comparación con novelas de vikingos más actuales, como por ejemplo las de Cornwell, pienso que éstas últimas retratan una mentalidad vikinga más oscura, fría y gris, de enorme ferocidad bélica. El mundo vikingo de Lawhead es quizás más amable, y seguramente por eso, más interesante, al menos para mí. </p>
<p>Para lo que queráis: darklyes@hotmail.com</p>
<p>Technorati Tags: <a href="http://technorati.com/tag/Bizancio" rel="tag">Bizancio</a>, <a href="http://technorati.com/tag/Stephen+R.+Lawhead" rel="tag"> Stephen R. Lawhead</a></p>
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		<title>VIVIR PARA CONTAR. ESCRIBIR TRAS AUSCHWITZ &#8211; Primo Levi</title>
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		<pubDate>Tue, 31 Aug 2010 10:50:40 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Ariodante</dc:creator>
				<category><![CDATA[Historias especializadas]]></category>

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		<description><![CDATA[
Primo Levi (Turín, 1919-1987) es un escritor italiano, autor de relatos, memorias, ensayos, artículos y novelas, que escribe, preferentemente, en su condición de superviviente de Auschwitz, donde vivió esclavizado desde el mes de febrero de 1944 hasta la liberación del campo en enero de 1945. Perteneciente a una familia judía turinesa, Levi se gradúa en [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img src="http://www.hislibris.com/imagenesportadas/vivir_auschwitz.jpg" alt="VIVIR PARA CONTAR. ESCRIBIR TRAS AUSCHWITZ - Primo Levi" hspace="4" align="left" /></p>
<p><strong>Primo Levi</strong> (Turín, 1919-1987) es un escritor italiano, autor de relatos, memorias, ensayos, artículos y novelas, que escribe, preferentemente, en su condición de superviviente de Auschwitz, donde vivió esclavizado desde el mes de febrero de 1944 hasta la liberación del campo en enero de 1945. Perteneciente a una familia judía turinesa, Levi se gradúa en Química en 1941. A principios de año de 1944 se une a un grupo de la resistencia antifascista italiana, con tan mala suerte que es detenido por la milicia de Mussolini al poco tiempo. Desde ese momento comienza la mala fortuna; o su «buena suerte», al fin y al cabo. Para no confesarse partisano (lo que conllevaba la ejecución sumaria), Levi declara ser judío, siendo así entregado a las SS nazi y trasladado a Auschwitz. Es de los pocos judíos internados en el Lager alemán que pudo cruzar vivo la puerta del campo, esta vez de salida, presidida por el rótulo ¿irónico?, ¿cínico?, ¿blasfemo? «Arbeit macht frei» (El trabajo os hace libres). Mala suerte o buena fortuna, al fin.<br />
<span id="more-6842"></span></p>
<p><center><img alt="" src="http://www.hislibris.com/images/levi1.jpg" class="aligncenter" width="318" height="215" /></center><br />
La existencia de Primo Levi es trágicamente real —soportando sobre sus espaldas los mayores horrores consumados en la humanidad— pero, asimismo, legendaria por el valor simbólico que representan su vida y su testimonio. Una leyenda que impregna la misma vida, pero sin escaparse tampoco a la propia muerte del escritor. Sobre su presunto suicidio sigue habiendo hoy discusión. No dejó nota del mismo y ha sido negado por sus amigos íntimos. Con todo, el hombre que salió vivo del tenebroso destino de Auschwitz no pudo escapar a la larga sombra de la leyenda sobre su muerte. Sería, desde luego, un macabro asunto enfrentarse a otro capítulo del «negacionismo», aplicado, en este caso, a la verdad y a la mentira, no sólo de su cautiverio y al exterminio de millones de judíos como él, sino al de su propia y definitiva desaparición.</p>
<p>Sobre estas graves cuestiones ha reflexionado y escrito Levi, entre muchos otros temas relacionados con la Shoá. Su libro más conocido lleva por título <em>Si esto es un hombre</em> (1947), donde narra con detalle su terrible estancia en Auschwitz. Otros textos igualmente célebres del escritor italiano son <em>La tregua</em> (1963) y <em>Los hundidos y los salvados</em> (1986). En 1997 la editorial italiana Einaudi publicó sus obras completas.</p>
<p>El breve volumen que ahora reseñamos es una compilación de textos poco conocidos de Levi, editados por Arnold I. Davidson, profesor de Literatura en la Universidad de Chicago y de Historia de la Filosofía Política en la Universidad de Pisa. Los escritos aquí incluidos (artículos de prensa, reseñas de libros, pequeños ensayos, cartas, intervención en una mesa redonda, etcétera) vienen agrupados en tres secciones «La masacre como fin en sí misma», «Verdad y mentira» y «La huelga moral del fascismo». El libro lleva, por lo demás, un inspirado Prefacio a cargo del editor («Los ejercicios espirituales de Primo Levi») y una nota final firmada por Piero dal Bon. Una edición, pues, como puede comprobarse en este sucinto resumen, muy competente y muy meritoria en todos los aspectos.</p>
<p>Declara el editor del volumen, Arnold I. Davidson que escogió el título para la presente edición española —<em>Vivir para contar</em>— releyendo un fragmento de un ensayo del propio Levi que refiere su firme decisión de relatar la dura realidad y profundo significado de Auschwitz: <em>«no vivir y contar, sino vivir para contar»</em>. Primo Levi no se dedica a escribir por ser superviviente, sino que es superviviente porque escribe. La energía que le da fuerzas para sobrevivir en las condiciones del Lager nazi proviene, principalmente, del hecho de hacerse cargo de la circunstancia que le ha llevado hasta el límite. A él, y a millones de personas como él: por ser judío, por pertenecer a un pueblo condenado al exterminio. La mayoría de personas internadas en los campos de trabajo —aquellos que no han sido seleccionados, nada más llegar al Lager, para pasar directamente a la cámara de gas: ancianos, enfermos, mujeres, niños— mueren a las pocas semanas de estancia: el trabajo agotador, las palizas y las humillaciones, la ansiedad y el terror, la alimentación que no merece tal nombre, las enfermedades, les consumen rápidamente. </p>
<p>Primo Levi siente que no tiene derecho a desfallecer, a abandonarse a la muerte en esas condiciones. Debe sobrevivir para contar al mundo el Holocausto y lanzar al rostro de lo que queda de la humanidad graves preguntas: <em>«Estos son los hechos; funestos, inmundos y sustancialmente incomprensibles. ¿Por qué, cómo llegaron a producirse? ¿Se repetirán?»</em> (pág. 35). Esta misión le da fuerzas para salir con vida del infierno nazi y dedicar el resto de su existencia quebrada y quebrantada a dar testimonio de Auschwitz. </p>
<p><em>«No es lícito olvidar, no es lícito callar. Si nosotros callamos, ¿quién hablará?»</em> (pág. 30). Levi sabe muy bien que tan descomunal horror de Auschwitz no sería fácil de mostrar —y demostrar— ante el mundo. El régimen nazi actuaba con ese presupuesto, los mandos militares alardeaban de ello en el mismo Lager, borraron huellas y, secuela clásica de toda barbarie y toda atrocidad, dan por descontada la colaboración presente y futura de quienes rebajen —o nieguen, sin más— la veracidad y dimensión de la catástrofe.</p>
<p>Y es que las víctimas del Holocausto (de cualquier crimen, pero <em>sobre todo</em> de este crimen) no sólo deben soportar el cartel acusador e infame de «victimistas» (y vengativos) por el simple hecho de denunciarlo y clamar justicia. También cae sobre ellas la lacra siniestra y repugnante del «negacionismo». A este atroz asunto dedica el libro la segunda sección «Verdad o mentira». Un oscuro profesor francés, un tal Faurisson, o el «Institute for Historical Review» de Los Ángeles, dedicado a revisar la historia oficial de la Segunda Guerra Mundial (<em>«sólo se preocupa de negar o minimizar los delitos del nazismo»</em> (pág. 105), representan algunas ignominiosas muestras de esta labor que aspira a no dejar descansar a los muertos o, mancillando su memoria, volver a asesinarlos. Para semejante tarea monstruosa, como la llevada a cabo por los carceleros del campo, siempre habrá sujetos dispuestos llevarla a cabo. Levi, en este punto, protesta y exige un mínimo de sensatez en este océano de perversidad: <em>«Un poco de cordura, ¡diantre!: si la masacre os complace, ¿por qué negar que ha ocurrido? Y si no os gusta, ¿por qué la imitáis y os convertís en sus apologetas?»</em> (pág. 106).</p>
<p>La tercera parte del libro, «La huelga moral del fascismo», reproduce una mesa redonda sobre «La cuestión judía». Hace bien el editor en recoger, junto a la intervención de Levi, las demás intervenciones en el acto. De esta manera, por contraste, puede comprobarse mejor el vibrante estilo del escritor turinés. Su mente, lucida y fría, analiza los hechos con gravedad y sin concesiones, utilizando para expresar sus ideas y sentimientos frases breves, impactantes, esenciales, radicales, porque van al núcleo del asunto. Un asunto que no sólo ha sentado ante el tribunal de la Historia al régimen nazi, a sus colaboradores y cómplices, sino a la<em> humanidad</em> en su conjunto. Porque no fueron demonios los culpables de la bestialidad, fueron hombres, después de todo. Una bestialidad, en fin, que puede volver a repetirse mientras las trazas del totalitarismo sigan nublando el horizonte. ¿Qué ha pasado? ¿Qué puede volver a pasar?: <em>«Es la realización de un sueño demencial, en el que uno manda, nadie piensa, todos caminan siempre en fila, todos obedecen hasta la muerte, todos dicen siempre sí.»</em> (pág. 37).</p>
<p><center><img alt="" src="http://www.hislibris.com/images/levi2.jpg" class="aligncenter" width="346" height="205" /></center></p>
<p>Ariodante<br />
Agosto 2010</p>
<p><em>VIVIR PARA CONTAR. ESCRIBIR TRAS AUSCHWITZ,</em> Primo Levi<br />
Edición de Arnold I. Davidson, traducción Albert Fuentes<br />
Revisión y nota final de Piero dal Bon<br />
Alpha Decay, 2010, 167 páginas.</p>
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		<title>LA CRISIS DEL SIGLO XII. EL PODER, LA NOBLEZA Y LOS ORÍGENES DE LA GOBERNACIÓN EUROPEA &#8211; Thomas N. Bisson.</title>
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		<pubDate>Mon, 30 Aug 2010 11:00:07 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Urogallo</dc:creator>
				<category><![CDATA[Historia por épocas]]></category>
		<category><![CDATA[Historias especializadas]]></category>

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Posiblemente la oscuridad de la edad media jamás fue tan tenebrosa como durante el siglo XI. Desde luego, Bisson está dispuesto a convencernos de ello. Su libro se construye sobre una minuciosa recopilación de atropellos, injusticias y violencias. La Europa cristiana se define por un feudalismo en permanente expansión, donde cualquier banda de hombres armados [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img src="http://www.hislibris.com/imagenesportadas/crisis_siglo_XII.jpg" alt="LA CRISIS DEL SIGLO XII. EL PODER, LA NOBLEZA Y LOS ORÍGENES DE LA GOBERNACIÓN EUROPEA - Thomas N. Bisson." hspace="4" align="left" />
<p>Posiblemente la oscuridad de la edad media jamás fue tan tenebrosa como durante el siglo XI. Desde luego, Bisson está dispuesto a convencernos de ello. Su libro se construye sobre una minuciosa recopilación de atropellos, injusticias y violencias. La Europa cristiana se define por un feudalismo en permanente expansión, donde cualquier banda de hombres armados se cree con derecho a crear su propio dominio a costa de la libertad de los campesinos, e incluso de la Iglesia. Rescates, robos y extorsiones. La marca de la época.</p>
<p><span id="more-7030"></span></p>
<p>Y es en ese mundo de oscuridad, de violencia y de desesperanza donde resurge el poder de los Reyes. El Poder con mayúsculas, el ejercicio constante de una justicia objetiva impartida por servidores leales a la corona y cuya corrupción es castigada de diversos modos. Ese ejercicio de justicia comienza con una fiscalidad productiva y que comienza a ser registrada, y avanza, no sin problemas, hasta forjar un poder regio centralizado y estable que será una distintivo de Europa en los siglos por venir.</p>
<p>Naturalmente, esto supone resumir mucho 800 páginas de prolija, minuciosa, detallada, densa y espesa prosa. El autor no parece dispuesto a que su tesis sea discutida, y se encarga de enumerar lenta y puntillosamente una cantidad aplastante de ejemplos que apoyen su postura. 800 páginas de ejemplos, para ser concretos.</p>
<p>El poder real había caído en el barro con la crisis de la edad oscura. Inevitablemente el modelo de gobierno de los reinos bárbaros se había agotado, y de entre sus ruinas empezó a emerger lentamente un sistema de dominio inmediato, en el que todo poder estaba basado de un modo directo en la fuerza. Una situación semejante solo podía conducir a la arbitrariedad, y la arbitrariedad fue la norma sobre toda Europa, donde la fuerza sustituía a la justicia y se expresaba en todo tipo de atropellos y exacciones.</p>
<p>Naturalmente una crisis tan total tenía que llevar en sí misma la semilla se su propia regeneración, siempre que existiesen hombres dispuestos a acometer la tarea. Y existieron, naturalmente. Los monarcas que habían visto desaparecer su poder comenzaron a aplicar un sistema de tributos mejor controlado y explotado que sería la base de un poder más fuerte que el de cualquier banda de caballeros. Tributos y burocracia a nivel estatal marcaron la diferencia y produjeron un sistema de gobierno basado en la ley antes que en la fuerza.</p>
<p> Obivamente, 800 páginas de pruebas no aseguran un veredicto favorable. Pero al menos sí que constituyen un punto de partida más que razonable.</p>
<p>Technorati Tags: <a href="http://technorati.com/tag/Crisis" rel="tag">Crisis</a>, <a href="http://technorati.com/tag/siglo+XII" rel="tag"> siglo XII</a>, <a href="http://technorati.com/tag/poder" rel="tag"> poder</a>, <a href="http://technorati.com/tag/nobleza" rel="tag"> nobleza</a>, <a href="http://technorati.com/tag/or%C3%ADgenes" rel="tag"> orígenes</a>, <a href="http://technorati.com/tag/gobernaci%C3%B3n" rel="tag"> gobernación</a>, <a href="http://technorati.com/tag/europea" rel="tag"> europea</a>, <a href="http://technorati.com/tag/Thomas+N.+Bisson" rel="tag"> Thomas N. Bisson</a></p><br />
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</center></p>
<p><center><a href="http://www.casadellibro.com/homeAfiliado?ca=1163&amp;isbn=9788498920710" target="_blank"><br /> <img src="http://www.hislibris.com/images/lv.gif" alt="Compra el libro" /></p>
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		<title>EL ARTISTA, EL FILÓSOFO Y EL GUERRERO &#8211; Paul Strathern</title>
		<link>http://www.hislibris.com/el-artista-el-filosofo-y-el-guerrero-paul-strathern/</link>
		<comments>http://www.hislibris.com/el-artista-el-filosofo-y-el-guerrero-paul-strathern/#comments</comments>
		<pubDate>Fri, 27 Aug 2010 11:00:30 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Farsalia</dc:creator>
				<category><![CDATA[Biografías]]></category>
		<category><![CDATA[Historia por épocas]]></category>

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		<description><![CDATA[
«Recuerda lo que dijo no sé quién: En Italia, en treinta años de dominación de los Borgia, no hubo más que terror, guerras, matanzas,… pero surgieron Miguel Ángel, Leonardo da Vinci y el Renacimiento. En Suiza, por el contrario, tuvieron quinientos años de amor, democracia y paz, ¿y cuál fue el resultado? El reloj de [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img src="http://www.hislibris.com/imagenesportadas/artistaetc.jpg" alt="EL ARTISTA, EL FILÓSOFO Y EL GUERRERO - Paul Strathern" hspace="4" align="left" />
<p><a href="http://www.youtube.com/watch?v=96c13HnPbv0">«Recuerda lo que dijo no sé quién: En Italia, en treinta años de dominación de los Borgia, no hubo más que terror, guerras, matanzas,… pero surgieron Miguel Ángel, Leonardo da Vinci y el Renacimiento. En Suiza, por el contrario, tuvieron quinientos años de amor, democracia y paz, ¿y cuál fue el resultado? El reloj de cuco.»</a> (Harry Lime/Orson Welles en <em>El tercer hombre</em>, 1949)</p>
<p>De Paul Strathern contamos con la reciente reseña de <a href="http://www.hislibris.com/napoleon-en-egipto-paul-strathern/"><em>Napoleón en Egipto</em></a> pero para los interesados en la filosofía es también conocido por su serie <em>Filósofos en 90 minutos</em> (véase algunos títulos en la <a href="http://www.sigloxxieditores.com/autores/paul-strathern-463.html">web</a> de la editorial Siglo XXI, y suele aunar un conocimiento casi enciclopédico con una amenidad y una voluntad de divulgar que lo convierten en un autor interesante. Por ello, cuando apareció en castellano <em><strong>El artista, el filósofo y el guerrero: la historia de un encuentro que marcó a Europa</strong></em> (Ariel, 2010) me llamó poderosamente la atención por dos razones: el estilo del autor y el período tratado.</p>
<p><span id="more-6285"></span></p>
<p>En el verano y otoño de 1502 César Borgia (1475-1507), hijo del papa Alejandro VI y <em>gonfaloniere</em> de las fuerzas militares de los Estados Pontificios, trató de conquistar, por tercera vez, el territorio de la Romagna, ocupando una ciudad tras otra y, según la mala fama del <em>condottiero</em>, extendiendo el terror por cada ciudad que ocupaba. Esta campaña militar puso a César Borgia en contacto con dos de las figuras más importantes del Renacimiento italiano: Nicolás Maquiavelo (Niccolò di Bernardo dei Machiavelli, 1469-1527) y Leonardo da Vinci (1452-1519), pintor, científico, ingeniero, inventor, anatomista, escultor, arquitecto, urbanista, botánico, músico, poeta, filósofo y escritor de origen florentino pero que llevaba varios años al servicio de la familia Sforza en Milán. Maquiavelo, el mejor negociador de la Signoria de Florencia, había sido enviado como diplomático para mediar con el hábil hijo de Alejandro VI, pues, en última instancia, contra Florencia estaba destinada la campaña por la Romagna y la Toscana. Por su parte, Leonardo, quien recientemente había regresado a su ciudad natal, Florencia, tras varios años en la corte milanesa de los Sforza, entró al servicio de César Borgia como ingeniero militar. El encuentro de estos tres hombres, el militar, el filósofo y el artista, fue único, aunque las consecuencias del mismo no sirvieron para que Italia, acostumbrada a una endémica y en cierto modo «guerra civil», consiguiera la anhelada paz general.</p>
<p>El libro se estructura en tres partes, que prefiero no analizar a fondo (que el lector se deje llevar por una historia atractiva y muy adictiva) sino sucintamente mencionar: en primer lugar, nos presenta a los tres actores principales de este drama –Borgia, Maquiavelo y Leonardo– y cómo fue su vida hasta ese verano de 1502; a continuación, Strathern nos introduce en el segundo semestre de 1502, siguiendo las huestes de César Borgia por la Romagna; en una tercera parte, asistimos a la paulatina caída de César Borgia a lo largo de 1503, después del exitoso y glorioso año anterior, que comenzó con la muerte de Alejandro VI y la elección –tras el interludio del breve Pío III– del archienemigo de la familia Borgia, el cardenal Giuliano della Rovere, es decir, Julio II. La cuarta y última parte del libro nos muestra un largo período de tiempo, entre 1504 y 1527: el resto de las vidas de estos tres grandes personajes, en un nuevo escenario político.</p>
<p>Pero este libro no nos habla sólo de las correrías de César Borgia por la Romagna: en realidad estamos ante un auténtico <em>divertimento</em> que nos transporta, de manera harto deliciosa, a la Italia de finales del siglo XV y principios de la centuria siguiente. Un libro que se lee como si de una novela se tratara, que atrapa desde el principio y nos permite acompañar a un tímido y habitualmente introspectivo Leonardo, cuyas experiencias como ingeniero militar al servicio del Borgia le afectaron especialmente, despertándole una repugnancia por todo aquello relacionado con el arte de la guerra; seguimos las andanzas del jocoso pero lúcido Maquiavelo, tratando de acercar las posturas de la Signoria florentina con las ansias expansionistas del Borgia, aunque apenas tuvo éxito en su empeño, pues el hijo de Alejandro VI no estaba por la labor de contemporizar con Florencia; y nos introducimos en el ejército de César Borgia, protegido aunque también a menudo criticado por su padre el Papa (que consideraba que no mostraba siempre el rigor que los Borgia debían imponer en Italia), atacado en su rostro ya entonces por los efectos de la sífilis, capaz de mostrarse encantador con aquellos a quienes quería convencer, para, a continuación, mostrar su cara más salvaje, ya con aliados o con enemigos.</p>
<p>El libro de Strathern seduce por un estilo subyugador, consiguiendo mantener en vilo al lector, que, casi como en un buen <em>thriller</em>, se mantiene a la expectativa de lo que puede suceder en cada página. Se nos habla del auténticamente maquiavélico Alejandro VI, de su anhelo de crear un auténtico reino en Italia para sí y sus hijos, a despecho de rivales en potencia como la familia Orsini, que basculó entre la alianza de hoy y la oposición de mañana, o como el no menos pérfido cardenal Della Rovere; se nos habla de las cabalgadas de Carlos VIII de Francia sobre Italia, en 1494, cuando el joven César Borgia, que estaba destinado a la carrera eclesiástica –arzobispo de Valencia con diecinueve años, cardenal a los veinte–, se forjó en el arte de la guerra (un aprendizaje que combinó con la diplomacia durante los primeros años de Luis XII de Francia, cuya alianza siempre buscó); se nos ilustra sobre la carrera artística (y en cierto modo, espiritual) de Leonardo da Vinci, genio en múltiples sentidos, pero imbuido de una piedad y de una sensibilidad que se pusieron a prueba durante el servicio de César Borgia; y nos divertimos, en cierto modo, con la sorna y el sarcasmo de quien aspiró a convertir Florencia en la principal ciudad italiana, Maquiavelo, pero que finalmente vio sus planes truncados con el retorno, cada vez más despótico, de los Médicis a la capital de la Toscana.</p>
<p>No sé qué más contar de un libro que cualquier interesado en la historia debería leer. Porque estamos ante una obra de altísima divulgación, combinada con una prosa que seduce y en cierto modo enamora, que no nos cuenta cosas que no supiéramos, pero nos deleita siguiendo las andanzas de un artista, de un filósofo y de un guerrero que, por avatares del destino (o no), se encontraron y se separaron durante un corto período de tiempo. Háganme caso: léanlo, no se arrepentirán.</p>
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		<title>LA GUERRA DESPUÉS DE LA GUERRA &#8211; Melvyn P. Leffler</title>
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		<pubDate>Thu, 26 Aug 2010 11:00:49 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Rodrigo</dc:creator>
				<category><![CDATA[Historia por épocas]]></category>

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		<description><![CDATA[
Al grano: un estudio de la Guerra Fría, más analítico que narrativo, centrado en cinco momentos cruciales –de varios años de duración cada uno de ellos-  y cuyo engranaje lo constituyen las tensiones y eventuales confluencias entre las cúpulas gubernamentales de las superpotencias, los Estados Unidos de América y la Unión Soviética. Esto es en [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img src="http://www.hislibris.com/imagenesportadas/guerra_despues_guerra.jpg" alt="LA GUERRA DESPUÉS DE LA GUERRA - Melvyn P. Leffler" hspace="4" align="left" /></p>
<p>Al grano: un estudio de la Guerra Fría, más analítico que narrativo, centrado en cinco momentos cruciales –de varios años de duración cada uno de ellos-  y cuyo engranaje lo constituyen las tensiones y eventuales confluencias entre las cúpulas gubernamentales de las superpotencias, los Estados Unidos de América y la Unión Soviética. Esto es en esencia el libro del historiador estadounidense Melvyn Leffler, publicado en 2007 y cuyo título original, <em>For the Soul of the Mankind</em>, remite a un texto de George H. W. Bush: <em>«La Guerra Fría fue una lucha por el alma misma de la humanidad. Una lucha por un estilo de vida»</em>. La cita parece sugerir una preeminencia del aspecto ideológico en el estudio de la polarización que afectó al mundo; empero,  el guión desarrollado por Leffler concede mayor peso a los procesos resolutivos en las administraciones involucradas.</p>
<p><span id="more-6137"></span></p>
<p>No estamos en presencia de una historia general con pretensiones de exhaustividad sino de un trabajo interpretativo en base a saltos temporales, enfocado fundamentalmente en el análisis de lo que dijeron,  escribieron e hicieron las  principales autoridades estadounidenses y soviéticas al calor de situaciones que comprometían el bienestar de gran parte de la humanidad (planteamiento que se ha beneficiado del acceso por parte del autor a archivos rusos desclasificados, entre otras fuentes). El enfoque asume una esmerada equidistancia entre los bandos confrontados, lo que no equivale a completa neutralidad ni menos a alguna suerte de indulgencia sino que obedece a un afán de comprender, desde un distanciamiento crítico, las líneas de conducta seguidas por las partes implicadas. Se trata, pues, de un intento de superar el esquematismo reduccionista propio de una simple historia de «héroes y villanos».</p>
<p>Los momentos o intervalos de tiempo abordados son los siguientes:</p>
<ul>
<li>1945-1948,  los orígenes de la Guerra Fría, instancia que confrontó a Stalin y Truman; </li>
<li>el bienio de 1953 y 1954,  en que las relaciones entre Eisenhower y Malenkov abrieron una ventana a la paz; </li>
<li>1962-1965, el período de la crisis de los misiles en Cuba y la subsecuente distensión, con Jrushov y Brezhnev de un lado, Kennedy y Johnson del otro; </li>
<li>1975-1980, declive de la política de distensión, con las dificultades que se verificaron entre Carter y Brezhnev; </li>
<li>1985-1990, el fin de la Guerra Fría, etapa protagonizada por Gorbachov, Reagan y Bush.</li>
</ul>
<p>Leffler sostiene que el principal artífice del fin de la Guerra Fría fue Gorbachov, quien tuvo la fortuna de contar con interlocutores adecuados en los presidentes Reagan y Bush. Por supuesto, no es que Gorbachov tuviese la intención de provocar la caída de la Unión Soviética -lo que pretendía era reformar el quebrantado sistema soviético a fin de garantizar su supervivencia-.  El mérito superior de Gorbachov, según nuestro autor, estuvo en admitir y enfrentar lo insoluble de una contradicción como la de un estado con rango de superpotencia militar cuya economía hacía agua por todos lados, un país cuyos habitantes no se hacían ya ilusiones acerca de la instauración del prometido paraíso en la tierra. Gorbachov comprendió que el peligro no venía de afuera sino de las propias, enormes falencias del sistema, que lo reducían a una situación de parálisis e involución en todo orden de desafíos, internos tanto como externos. <em>«No estamos rodeados de ejércitos invencibles, sino de economías superiores»</em>, afirmó. No cesó de postular la superioridad del ideal comunista, pero sí dejó de ver a los países capitalistas como unos enemigos irreductibles e hizo mucho por refrenar la carrera armamentística, además de desideologizar la política internacional y de reducir sustancialmente el intervencionismo soviético en asuntos extranjeros.</p>
<p>Aunque Reagan sea caracterizado como un agente histórico crucial, no escatimando Leffler los elogios tanto hacia su persona como a su gestión, es el líder soviético quien aparece como principal motor del cambio, y es que en el contexto de estancamiento en que había desembocado el polo soviético, su postura representó lo más cercano a una forma de dinamismo rupturista e innovador. Como fuere, Leffler asigna a ambos líderes la facultad de comprender que la rivalidad entre ambos sistemas, más allá de los eslóganes y las camisas de fuerza ideológicas, se resolvería en el campo de la satisfacción de las necesidades de la población, pues de esto se trataba en el fondo: del reto de proveer una mejor alternativa de organización política, económica y social; la rivalidad entre los polos ideológicos representados por las superpotencias era, pues, una competencia por el alma de la humanidad. Gorbachov apostó por reforzar el frente interno, atendiendo a unos problemas domésticos largamente postergados, subordinados como habían estado a unos exorbitantes imperativos militares (orden de prelación que había hecho de la URSS, en la famosa definición de Jrushov, un <em>«Alto Volta con misiles»</em>). Como se sabe, la apuesta supuso una presión excesiva para un sistema cerrado a la flexibilidad y que apenas justificaba alguna esperanza de reforma -por no hablar de lo mucho que lesionaba los intereses de la casta de privilegiados del sistema-.</p>
<p>A pesar de su planteamiento focalizado, <em>La guerra después de la guerra</em> ofrece una mirada amplia sobre un tema de rango global, y que en otros frentes -fuera del de las relaciones entre las dos superpotencias- enmarcó conflictos nada de latentes sino muy concretos y sobremanera violentos. El tratamiento de estas tensiones y conflictos en otras regiones del planeta no es exhaustivo pero tampoco me ha parecido despreciable, habida cuenta del enfoque.  El libro consta de una notable coherencia interna y es consecuente con el plan subyacente, distante de cualquier autocomplacencia triunfalista (se entiende: del lado estadounidense). Un plan que privilegia la voluntad y el arbitrio de los líderes de las superpotencias en desmedro (relativo) de factores estructurales  o condiciones de contexto. La interpretación del final de la Guerra Fría lo deja en claro: ahí donde otros hacen hincapié en las flaquezas del sistema soviético o en las presiones ejercidas por la administración Reagan (en la forma de restricciones a la ayuda económica y recrudecimiento de la política armamentística), Leffler enfatiza la lucidez y el voluntarismo mostrados por Gorbachov y la mixtura de firme determinación y de voluntad de comprensión personificada por Reagan.</p>
<p>-Melvyn Leffler, <em>La guerra después de la guerra</em>. Editorial Crítica, Barcelona, 2008.  776 pp.</p>
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<p></center></p>
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		<title>EL PATRIOTA Y OTROS ENSAYOS &#8211; Samuel Johnson</title>
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		<pubDate>Wed, 25 Aug 2010 11:00:52 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Josep</dc:creator>
				<category><![CDATA[Otras especialidades históricas]]></category>

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		<description><![CDATA[
Samuel Johnson, el Doctor Johnson, es poco conocido en España pero una gran celebridad en Inglaterra, donde es el escritor más citado después del Gran Bardo. No en vano es el autor en solitario de un Diccionario de la Lengua Inglesa utilizado como texto canónico durante más de doscientos años; de una edición crítica, prologada [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img src="http://www.hislibris.com/imagenesportadas/patriota_ensayos.jpg" alt="EL PATRIOTA Y OTROS ENSAYOS - Samuel Johnson" hspace="4" align="left" /></p>
<p>Samuel Johnson, el <em>Doctor Johnson</em>, es poco conocido en España pero una gran celebridad en Inglaterra, donde es el escritor más citado después del Gran Bardo. No en vano es el autor en solitario de un <em>Diccionario de la Lengua Inglesa</em> utilizado como texto canónico durante más de doscientos años; de una edición crítica, prologada y comentada de las obras de Shakespeare; y de una <em>Vida de los Poetas ingleses</em> que es obra de referencia para todos los especialistas en literatura inglesa. Educador, poeta, ensayista, articulista, crítico, mosca cojonera, contertulio respetado a la par que incómodo, fue un intelectual completo cuyos artículos de opinión, aunque publicados en revistas de escasa difusión, acababan influyendo en la opinión pública, formando parte de esa Ilustración Inglesa tan poco conocida en nuestro país.<br /> <span id="more-7171"></span><br /> Político <em>tory</em>, aunque sin venderse a su propio partido ni rechazar los aciertos del contrario, sorprende por su profundo pacifismo y antiimperialismo. El señor Galtieri debería haber leído su crítica contra la guerra entre España e Inglaterra por el control de las Malvinas, dispendio de dinero y vidas para decidir quiénes serían «los señores de una tierra estéril golpeada por el mal tiempo». Hombre de profundas contradicciones, hallamos en él ideas progresistas, como la libertad de culto para los francófonos de Quebec (siendo como era un fervoroso anglicano), junto a otras claramente reaccionarias, como negar inteligencia política a las «clases inferiores» («ya que sus opiniones no se propagan por la razón, sino que se transmiten por contagio») o acusar de antipatriotas a los candidatos que se dirigen preferentemente a dichas clases. Puede a la vez criticar la guerra imperialista («la guerra es uno de los males más abrumadores para la nación, una calamidad que trae consigo toda suerte de miserias») y defender el recurso a la fuerza por parte del estado («el poder del gobierno legítimo ha de ser defendido») incluso aunque cause desgracias y muerte a civiles inocentes («las consecuencias de la violencia indiscriminada pueden ser lamentables, más no culpables»), lo que hoy llamaríamos «daños colaterales». Profundamente monárquico, su adhesión a la forma de gobierno no impidió sus críticas a la ineptitud de los reyes en particular: «Jorge I era un ladrón, Jorge II era un tonto y Jorge III era idiota». Antes he dicho que es una celebridad «en Inglaterra» y no en «los países de habla inglesa», dado que es particularmente odiado en los Estados Unidos por su abierta oposición a la independencia («separación») de las colonias («unas colonias que fueron pobladas gracias a la protección de Inglaterra, instituidas gracias a estatutos ingleses y defendidas por soldados ingleses»), al tiempo que critica el carácter criollo del nuevo estado («gritan &#8220;libertad&#8221; aquellos que se la niegan a los negros»); aunque tampoco ahorró críticas a la política europea con los nativos americanos, que definió claramente como «opresión».</p>
<p>El presente libro incluye algunos de sus más célebres artículos. En algunos (como en «El oficio de escribir», sobre el agobiante peso de la fama) destila fina ironía, hasta el punto de que a veces hace dudar de cuál es la postura que defiende, hasta que la reducción al absurdo («cambio de dirección cinco veces por semana, y me mudo siempre en plena noche») despeja la incógnita. En otros, por el contrario, huye de artificios y desarrolla un discurso moralizante para enseñarnos a tolerar las críticas, condenar la excesiva aplicación de la pena de muerte, o aceptar que nuestros logros deben ser por necesidad limitados. En otros, finalmente, opta por un estilo fabulístico, como en «La visión que el buitre tiene del hombre», donde una hembra que instruye a sus polluelos nos muestra el agradecicimiento del carroñero ante la contemplación de un campo de batalla: «-El hombre -dijo la madre buitre-, es la única bestia que no come lo que mata, y esta particularidad lo convierte en un auténtico benefactor de nuestra especie».</p>
<p>De todos modos, que el lector no se llame a engaño: sus artículos, como el autor, no responden a ninguna ideología del siglo XXI, y pueden usarse tanto en un sentido como en otro. Johnson es, ante todo, fiel a su conciencia, no a los dictámenes de un grupo político concreto. Quien pretenda hallar un catálogo de frases afines a sus propios pensamientos, o un autorrefuerzo de su propia doctrina, se verá defraudado.</p>
<p>Con todo, no puedo evitar citar uno de sus artículos: «Aceptar las críticas».</p>
<p>«Quienes estallan de ira a la menor contradicción o la más leve crítica, dando así a entender que se consideran ofendidos, lo hacen porque se imaginan que alguno de sus viejos privilegios ha sido quebrantado o alguien se ha atrevido a usurpar una cualquiera de sus prerrogativas naturales. Equivocarse (si tales fueran capaces de suponerse propensos al error) no debiera ser considerado algo vergonzoso o extraordinario (&#8230;). De todos los mortales, los más seriamente infectados con esta variante de la vanidad parecen ser los que integran la raza de los escritores. Como su reputación está basada exclusivamente en su discernimiento, han desarrollado una sensibilidad exacerbada a cualquier ataque a su reputación literaria.»</p>
<p>Ficha técnica:<br /> Título: <em>El patriota y otros ensayos.</em><br /> Autor: Samuel Johnson.<br /> Editorial: El Buey Mudo. Madrid, 2010.<br /> Bolsillo. 240 páginas.<br /> PVP: 17,50 euros</p>
<p>Technorati Tags: <a href="http://technorati.com/tag/Patriota" rel="tag">Patriota</a>, <a href="http://technorati.com/tag/ensayos" rel="tag"> ensayos</a>, <a href="http://technorati.com/tag/Samuel+Johnson" rel="tag"> Samuel Johnson</a></p>
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<p> </p>
<p></center></p>
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		<title>EL TESTAMENTO DE ARISTÓTELES &#8211; Alfredo Marcos</title>
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		<pubDate>Tue, 24 Aug 2010 11:00:44 +0000</pubDate>
		<dc:creator>cavilius</dc:creator>
				<category><![CDATA[Biografías]]></category>
		<category><![CDATA[Novela histórica]]></category>

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		<description><![CDATA[
«Ahora tengo que reposar. Duele, ¿sabes? Y quiero pensar. Me tenderé en el lecho con una bola de bronce en  mi mano y al menos mi cuerpo descansará. Mi mente no podrá hacerlo. Tengo que pensar acerca de un texto hipocrático que he encontrado entre los que me mandó Teofrasto. Cuando viene el sueño la [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img src="http://www.hislibris.com/imagenesportadas/testamento_aristoteles.jpg" alt="EL TESTAMENTO DE ARISTÓTELES - Alfredo Marcos" hspace="4" align="left" /></p>
<p style="text-align: justify"><em>«Ahora tengo que reposar. Duele, ¿sabes? Y quiero pensar. Me tenderé en el lecho con una bola de bronce en  mi mano y al menos mi cuerpo descansará. Mi mente no podrá hacerlo. Tengo que pensar acerca de un texto hipocrático que he encontrado entre los que me mandó Teofrasto. Cuando viene el sueño la bola cae con estruendo y sobresalta. Me mantendrá despierto. Tengo ya poco tiempo.»</em></p>
<p style="text-align: justify">Entre los griegos hay individualidades que brillan con luz propia: Pericles, Alejandro, Aquiles, Leónidas, Alcibíades, Homero, Aristófanes, Solón&#8230; También entre los griegos destacan las parejas: Hipias e Hiparco, Harmodio y Aristogitón, Demóstenes y Esquines, Temístocles y Arístides, Heráclito y Parménides, Cástor y Pólux, Epaminondas y Pelópidas, la <em>alpha </em>y la <em>beta</em>&#8230; Pero no son menos famosos los tríos: Esquilo, Sófocles y Eurípides; Tales, Anaximandro y Anaxímenes; Mirón, Policleto y Fidias; el dórico, el jónico y el corintio; Praxíteles, Scopas y Lisipo; Sócrates, Platón y Aristóteles&#8230; Hombre, hablando de Aristóteles (nótese qué hábil recurso he usado para introducir el tema): acabo de leer un libro sobre su vida, aunque por el título bien pudiera parecer que es sobre su muerte: <em>El testamento de Aristóteles</em>. Pues ya que estamos y vista la expectación que acabo de despertar (¿?), paso a comentarlo.</p>
<p><span id="more-6916"></span></p>
<p style="text-align: justify">Por llenar este párrafo con algo (resoplidos del lector, bufidos, ganas de dejar de leer), y por seguir con el asunto de los tríos (atención del lector recuperada de nuevo), diré que no deja de ser curioso que del triunvirato aquel que mencioné formado por Sócrates el autodidacta, Platón su idealista discípulo y Aristóteles el díscolo discípulo de éste, sea sobre el primero de ellos sobre quien existen más novelas. Y digo novelas y no ensayos o zarzuelas porque el libro que comentaré luego es eso, una novela (histórica por más señas -como si esto hubiera que decirlo-); y digo también que no deja de ser curioso porque de esos tres señores probablemente sea Sócrates quien haya llevado una vida menos novelesca. Salvando algún episodio concreto que ya le pilló entrado en años, y obviando por supuesto el juicio que le condenó a muerte y le hizo inmortal (mira tú la paradoja), el resto de su vida no hizo otra cosa que pasearse metido en su <em>quitón</em> (o en su <em>himation</em> en los días de fiesta -o sea, casi siempre, que en Atenas tenían casi más festivos que laborables-) por las calles de la ciudad y hablando con unos y con otros. Pese a esa existencia tan anodina e inane, pese a no escribir en su vida ni una línea, Sócrates es un personaje secundario habitual en la mayoría de novelas históricas sobre la época (incluso les da caché), cuando no se erige en el protagonista absoluto: <em><a href="../ciudadano-socrates-jose-solana-dueso/">Ciudadano Sócrates</a></em> de Solana Dueso, <em>Mi amigo Sócrates</em> de Josef Vital-Kopp, <em>Las dos muertes de Sócrates</em> de García-Valiño, <em>Sócrates</em> de Benigno Morilla, <em><a href="../asesinato-en-el-jardin-de-socrates-sascha-berst/">Asesinato en el jardín de Sócrates</a></em> de Sascha Berst&#8230; Su éxito en el terreno del ensayo también es considerable: <em>Desayuno con Sócrates</em> de Robert Rowland, <em>Sirve Nadal, responde Sócrates</em> de T. Nadal y P. Mas, <em>Lo que Sócrates diría a Woody Allen</em> de J. A. Rivera, <em>Sócrates en el hiperespacio</em> de Joaquín Rodríguez, <em>El balcón de Sócrates</em> de J. M. Barrio, <em>Sócrates café</em> de Christopher Phillips, <em>Sócrates enamorado</em> del mismo de antes, <em>Denuncia contra Sócrates</em> de V. Shentalinski, <em>Sócrates y los tres cochinitos </em>de Tuyosi Mori&#8230; Platón tuvo una vida algo más dinámica que su maestro: viajó a Sicilia tres veces, fue vendido como esclavo (eso dicen), fundó la Academia (esto último no es especialmente trepidante, es verdad). Escribió diálogos famosísimos y se conserva algo de su correspondencia. No es el colmo de la aventura pero ya es más de lo que hizo Sócrates. También suele aparecer como secundario en ejercicios literarios que tratan ese periodo, e incluso cuenta con algún papel estelar (sólo me viene a la cabeza <em><a href="../la-septima-carta-vintila-horia/">La séptima carta</a></em> de Vintila Horia, siempre citada por un servidor, ya lo sé), pero su mayor éxito es como <em>guest star</em> en algunos ensayos -o lo que sea- multicolores: <em>La gastritis de Platón</em> de Antonio Tabucchi, <em>Más Chaplin y menos Platón</em>, de Luis Miguel Díaz, <em>Más Platón y menos Prozac</em> de Lou Marinoff, <em>Pregúntale a Platón</em> del mismo de antes, <em>Matar a Platón</em> de Chantal Maillard, <em>Platón y un ornitorrinco entran en un bar</em> de T. Catchcart y D. Klein -¿realmente hacen falta dos señores para escribir un libro con semejante título?-). ¿Y qué hay del tercero en discordia, de Aristóteles? Su vida fue algo más excitante que la de Platón: anduvo de aquí para allá desde la efebía hasta que murió (Estagira -su ciudad-, la Academia de Atenas, la costa de Asia Menor, Macedonia, Atenas de nuevo, la isla de Eubea&#8230;), escribió tanto como pudo sobre todas las materias imaginables y sobre otras que él mismo inventó, se casó, se quedó viudo, volvió a casarse, fue maestro de Alejandro Magno, fundó el Liceo, fue perseguido&#8230; No está mal, no. ¿Y qué se ha escrito sobre Aristóteles? Pues fuera del género novelesco no le ha ido mal del todo al estagirita (o sí, según se mire): <em>Aristóteles y un armadillo van a la capital </em>del dúo Catchcart &amp; Klein, <em>Si Aristóteles dirigiera General Motors</em> de Tom Morris, <em>De Aristóteles a Woody Allen</em> de Pedro Luis Cano, <em>La vesícula de Aristóteles</em> de M. A. Zamorano, <em>Si Aristóteles levantara la cabeza</em> de Mª Ángeles Duran&#8230; ¿Y qué tal le ha ido en la ficción histórica? Bastante peor que a Sócrates, me temo, y algo mejor que a Platón. ¿Qué novelas hay sobre su variopinta existencia? Pues que yo sepa (porque hasta ahora y en lo sucesivo siempre ha sido y será «que yo sepa», como es de suponer), apenas se le usa como secundario salvo en las novelas dedicadas a Alejandro Magno, en las que suele tener un brevísimo papel como preceptor del joven macedonio; y es protagonista (ni mencionaré siquiera en par de novelas, <em>Aristóteles, el mejor gato para una bruja</em> de Dick King-Smith y <em>Mistela con Aristóteles</em> de Isabel Clambor, en las que Aristóteles no es nuestro Aristóteles) de una serie de 3 ó 4 novelas histórico-policíacas escritas por Margaret Doody (por citar una de ellas: <em><a href="../aristoteles-y-los-secretos-de-la-vida-margaret-doody/">Aristóteles y los secretos de la vida</a></em>); y para de contar. Bueno, no: también está la novela de Alfredo Marcos <em>El testamento de Aristóteles</em> (nótese de nuevo qué hábil recurso he usado para reintroducir el tema), que justamente es de la que ahora toca hablar.</p>
<p style="text-align: justify">Se trata de una novela epistolar. También lo es el <em><a href="../dracula-bram-stoker/">Drácula</a></em> de Bram Stoker (bueno, entre epistolar y diario), así que quizá convenga dar algún dato más. Lo del formato epistolar suele ser un truco en virtud del cual la novela carece de narrador porque la narración corre a cargo del <em>epistolero</em>, sea uno o varios. Quien <em>epistola</em> la epístola se convierte así en quien novela la novela, en una especie de porteador que la carga sobre sus hombros (que no son otros que los del narrador hábilmente camuflado, claro está) y hace que todo se contemple y se interprete a través de sus ojos y de su mente. El epistolario que hay en esta novela, como en la mayoría de novelas epistolares, es falso. Salta a la vista además por dos detalles: porque es una novela y porque difícilmente haya quien escriba cartas del estilo de las que aparecen en las novelas epistolares (en la actualidad difícilmente hay quien escriba cartas, sean del estilo que sean). Digamos que sería raro que le escribiéramos a un amigo de toda la vida y, en lugar de ir al grano, le contáramos precisamente eso, nuestra vida, como si no la conociera o le interesara un ápice. Perogrulladas aparte, lo cierto es que esta novela presenta la vida (y obra, que también hay que decirlo) de Aristóteles en forma de cartas que él mismo escribió a su amigo Antípatro, quien no es otro que el general que Alejandro dejó encargado del gobierno de Grecia durante su larga ausencia. ¿Y por qué le escribió precisamente a Antípatro y no a Hipomaquínides el escanciador de vino? Porque el propio Aristóteles (el auténtico, no el novelado) lo citó en su testamento, y esa cita (deduzco yo) es la que ha llevado al autor de la novela a recrear toda una correspondencia entre ambos que le ha servido para construir su relato. ¿Cómo es eso, tenemos el testamento de Aristóteles, el auténtico? Pues sí, eso parece: el historiador griego del (probablemente) siglo III d.C. Diógenes Laercio escribió unas <em>Vidas, opiniones y sentencias de los filósofos más ilustres</em>, obra de valor<em> </em>inigualable por recopilar justo lo que dice su título: la vida (<em>grosso modo</em>), lo que otros opinaban (es decir: chascarrillos varios) y lo que dicen que dijeron un buen número de filósofos desde Tales hasta Epicuro (y son muchos, puedo asegurarlo), así como el título de todas las obras que escribieron. Cierto que el libro de Diógenes hay que espigarlo bien y no tomar por bueno todo lo que en él aparece, pero gracias a esta obra podemos recuperar pequeñas joyas como la que decía antes: el testamento de Aristóteles. Vaya usted a saber de dónde lo sacó Diógenes (porque no lo aclara) y si será auténtico o no, pero es más romántico creer que sí, de modo que aquí está, lo tenemos: el testamento, la última voluntad del mayor filósofo de todos los tiempos. Y la primera voluntad de su última voluntad fue la de nombrar albacea y <em>«ejecutor de todo y siempre»</em> a Antípatro.</p>
<p style="text-align: justify">Sin abandonar el tema de los testamentos (nuevos resoplidos del lector, algún que otro bostezo) ni tampoco el de los tríos (¡ajá!), vale la pena decir que Diógenes Laercio se preocupó de consignar en su obra no sólo el testamento de Aristóteles sino el de muchos más; mediante ellos puede uno adivinar bastante acerca del nivel de vida de los finados, lo cual es interesante en grado sumo. Así, en el de Aristóteles (que la novela que tenemos entre manos va reproduciendo fragmento a fragmento) se descubre un cierto grado de esplendidez y generosidad, y espléndido es quien puede, no quien quiere, por supuesto: se dispone cómo han de resolverse los matrimonios entre los herederos, a qué familiares se le darán quinientos o mil dracmas, a qué esclavos se concederá la libertad, de quién se deberán erigir estatuas&#8230; Todo ello se nos antoja sinónimo de haber llevado una vida no especialmente apretada. En el testamento de Platón, que el bueno de Diógenes también nos brinda, se aprecia el mismo grado de abundancia en el difunto, si no mayor: tal heredero se quedará con tal hacienda, tal otro con tal otra finca, este esclavo queda libre, aquellos se quedarán con tales muebles, estos con tal dinero&#8230; En fin, que parece que Platón tampoco padeció estrecheces. En cuanto a Sócrates, Diógenes Laercio no recoge su testamento, y desde luego habría sido cosa extraordinaria tratándose de alguien que nunca escribió nada. Quien sí lo hace es su fiel discípulo, el bueno de Platón, quien en su diálogo <em>Fedón</em>, donde vemos morir a Sócrates, éste se despide de su amigo Critón allí presente expresándole su última voluntad y reflejando en ella, al igual que los testamentos que acabo de citar, qué vida ha llevado el sujeto en cuestión y en qué parámetros de abundancia se ha movido. Esta es la herencia que dejó Sócrates: <em>«Critón, le debemos un gallo a Asclepio; así que págaselo y que no se te olvide»</em>. Anda que&#8230;</p>
<p style="text-align: justify">Volviendo a la novela, de la que en realidad nunca nos hemos alejado demasiado: como toda novela epistolar, consiste en un monólogo. De Aristóteles, claro. <em>«Cielos»</em>, dirá más de uno, <em>«un monólogo de doscientas y pico páginas, y encima es Aristóteles quien lo suelta, menudo tostón; antes soy capaz de leerme su </em>Metà Tà Physikà <em>que semejante rollo»</em>. Errará quien piense así, me apresuro a decir, como erraría también quien osara acercarse a la <em>Metafísica</em> aristotélica sin hacer antes algún test de inteligencia o sin una previa preparación física y psíquica. Lo cierto es que el libro incluye algún que otro diálogo (no al estilo platónico, anticipo de nuevo rápidamente, así que no bufen los suspicaces) y lo mejor que se puede decir de ellos es que la novela no los necesita para leerse con dinamismo (porque, paradójicamente, es eso y no otra cosa lo que otorga un diálogo a una novela: dinamismo en la lectura. Y digo «paradójicamente» porque los diálogos frenan la fluidez de la acción, detienen la escena mientras un personaje habla y otro le contesta, sin embargo una narración puede hacer correr la acción tanto como el autor desee. Y fin del excurso). A lo largo de las nueve cartas de Aristóteles a Antípatro (preludiadas y epilogadas con sendas misivas del propio Antípatro a Teofrasto, discípulo de Aristóteles), el «lector» (como algunos llamaban al filósofo por su costumbre de leer en silencio) pone al tanto a su amigo el general macedonio de cuáles son sus últimas voluntades, es decir, su testamento, y aprovecha la coyuntura para desgranar los episodios más significativos de su vida. Hay que decir que, en la época en que Aristóteles va comunicándose con Antípatro, este no permanece ocioso en la corte macedonia sino que tiene sus propios problemas, a los que también alude el estagirita de vez en cuando: ni más ni menos que la guerra contra los atenienses, que se han rebelado porque no hace mucho que ha muerto Alejandro. Aristóteles, desde su refugio en Calcis, en la isla de Eubea, adonde ha huido precisamente de los atenienses, nota como una enfermedad le va acortando la vida y por ello se decide a testar antes de que le llegue el momento fatal.</p>
<p style="text-align: justify">El tono de la novela, como hábilmente habrá adivinado el lector sagaz, es en general melancólico (otro excurso: ¿se atreverá ese mismo lector sagaz a echar un vistazo a la obrita <em>El hombre de genio y la melancolía, </em>de -del pseudo- Aristóteles, editorial Acantilado, 2007, por si acaso el tono de este texto fuera, yo qué sé, epistolar?). En algunos pasajes la melancolía deja hueco a la emotividad, y quizá son los momentos más logrados de la novela; en otros pasajes la melancolía y la emotividad dejan paso a la erudición, que de todo tiene que haber, y no en vano el autor no es presentador de concursos televisivos sino todo un experto en Aristóteles, profesor de universidad, articulista y autor de numerosos trabajos sobre filosofía, ciencia y filosofía de la ciencia. O sea, que la novela también ilustra acerca de lo que Aristóteles pensaba sobre los animales, el alma, la materia y la forma, el movimiento y el tiempo, los conceptos y las cosas&#8230; Puestos a escoger, mejor se entera uno de todo eso con un Werner Jaeger, un Pierre Aubenque o un Giovanni Reale, que con una novela. Pero como lo más probable es que los libros de estos señores no los lea ni aquel lector sagaz de antes, esta novela es una manera de acercarse a esas materias de una forma infinitamente más amena y comprensible, y además escrita por alguien que no nos dará gato por liebre. Y por último, en algunos otros pasajes, la melancolía, la emotividad y la erudición dejan paso al misterio, las conspiraciones y los embrollos de altos vuelos, ya que también la novela da pie a que aparezcan en ella Olimpia y sus maquinaciones, Filipo y las suyas, Alejandro y su cambiante personalidad, el futuro suegro de Aristóteles o el propio Aristóteles jugando a ser espías de Filipo&#8230; y el misterio de la muerte (¿enfermedad, asesinato?) de Alejandro.</p>
<p style="text-align: justify">De modo que (yo por mí seguiría pero habrá que ir acabando) ¿cuál es el mérito de esta novela? Buena pregunta para la que tengo una respuesta: su gran (que no único) mérito es este, y no es baladí en absoluto: humanizar al más grande filósofo de todos los tiempos. Porque aunque parezca increíble, el autor de infinidad de textos (de los que se conserva una mínima parte, vaya), que sentó bases acerca de botánica, zoología, física, metafísica, lógica, filosofía, retórica, ética, literatura, política, mecánica, astronomía (algunas de cuyas disciplinas inventó él, por cierto), cuyos escritos fueron estudiados, comentados, y considerados indudables durante siglos, que configuró una línea de pensamiento sobre la que se ha apoyado la construcción de los valores de la cultura occidental, que dio a luz una manera de entender el mundo aún vigente, el origen de todo ello fue un hombre de carne y hueso nacido en Tracia, hijo de un médico, que sufrió y gozó, amó y fue amado, fue niño y anciano, y temió a la muerte como cualquier otro hombre de su tiempo, como cualquiera de nosotros. Aristóteles no es sólo un nombre que aparece en los libros sino que fue un ser humano que pisó este mundo.</p>
<p style="text-align: justify">Al margen de este apunte sensiblero pero con gancho, al margen de que la novela verse sobre Aristóteles o sobre el vecino del quinto, se trata de un libro de exquisita prosa, que se hace algo lento en algún párrafo pero que se ve compensado con la amenidad de otros muchos, y que en su conjunto ofrece al lector, sagaz o no, una estupenda manera de satisfacer su necesidad, porque de eso y no de otra cosa se trata, de leer. Como dijo Bertrand Russell, <em>«los problemas del mundo jamás se solucionarán porque los inteligentes siempre plantean dudas acerca de todo y los ignorantes nunca tienen ninguna duda»</em>. Sed ignorantes y buscad este libro sin dudarlo, y que el mundo siga con sus problemas unos días más.</p>
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