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	<title>Hislibris - Libros de Historia, libros con Historia</title>
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	<description>Libros de Historia. Libros con Historia.</description>
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		<title>LA BATALLA DE KINSALE. LA EXPEDICIÓN DE JUAN DEL ÁGUILA A IRLANDA &#8211; Albero Raúl Esteban Ribas y Tomás San Clemente de Mingo</title>
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		<pubDate>Fri, 24 May 2013 08:56:37 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Urogallo</dc:creator>
				<category><![CDATA[Historias especializadas]]></category>

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		<description><![CDATA[En un par de ocasiones me he encontrado con libros sobre la cuestión de la implicación española en Irlanda durante el reinado de Isabel Iª que, a pesar de tener títulos de alcance general, ofrecían un contenido fragmentario e invariablemente oscuro. ¿Cuáles habían sido los motivos reales de la intervención? ¿Cómo se había desarrollado? ¿Por [...]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://www.hislibris.com/wp-content/uploads/2013/05/batallaKinsale.jpg"><img class=" wp-image-15724 alignleft" alt="batallaKinsale" src="http://www.hislibris.com/wp-content/uploads/2013/05/batallaKinsale.jpg" width="100" height="141" /></a><span class="postbody">En un par de ocasiones me he encontrado con libros sobre la cuestión de la implicación española en Irlanda durante el reinado de Isabel Iª que, a pesar de tener títulos de alcance general, ofrecían un contenido fragmentario e invariablemente oscuro. ¿Cuáles habían sido los motivos reales de la intervención? ¿Cómo se había desarrollado? ¿Por qué los nativos católicos no habían apoyado más decididamente las operaciones españolas? ¿Por qué los españoles no habían apostado más decididamente por un frente en el que parecía tan sencillo causar tanto daño con tan pocos recursos? No aclaraban en absoluto estas respuestas. En todo caso parecía que los españoles se habían pasado medio siglo mirando a otro lado sin darse cuenta de que podían atacar a Inglaterra en su punto débil. Por lo que yo sabía, mientras, los irlandeses se dejaban expoliar y exterminar sin buscar el apoyo exterior que podía salvarles de su terrible destino. <span id="more-15722"></span></span></p>
<p><span class="postbody">Este libro, a pesar de tener un título evidentemente fragmentario, tiene un contenido de alcance claramente general. Introduce la expedición de Juan del Aguila dentro del contexto general de la resistencia nativa irlandesa frente a la ocupación inglesa, especialmente durante la etapa de Isabel Iª, tratando el origen de esta y su desarrollo, así como las principales figuras implicadas. Y una vez que conocemos el contexto, pasa a relatarnos la expedición, su organización, sus objetivos y su desarrollo, así como la gran batalla de Kinsale (grande, entiéndase, por su alcance dentro del limitado contexto de las operaciones en Irlanda), que </span><span class="postbody">constituye el fin de las esperanzas de permanencia de un poder católico independiente en la isla. </span></p>
<p><span class="postbody">Así pues, para comprender adecuadamente lo que nos puede parecer una expedición menor, con tropas limitadas y resultados nulos, una modesta aventura que solo destacaría por lo exótico y evocador de su ubicación, los autores nos introducen en el contexto general de la intervención española en Irlanda. Una intervención marcada siempre por la indecisión, la timidez, la existencia de frentes más importantes y por la dificultad de las comunicaciones. Mientras que para los ingleses caer sobre la costa española era un juego de niños, ya que al fin y al cabo era la ruta natural del comercio, llegar hasta Irla</span><span class="postbody">nda con buques de vela era un ejercicio complicado y casi siempre de tristes consecuencias (como había demostrado la armada invencible) por lo peligroso de la costa y lo imprevisible de los temporales.<br />
En suma, un libro para entender mejor la torturada historia de la isla esmeralda y su relación con la diplomacia mundial de los Austrias a través de una campaña de triste resultado.<br />
</span></p>
<p>Technorati Tags: <a href="http://technorati.com/tag/Albero+Ra%C3%BAl+Esteban+Ribas" rel="tag">Albero Raúl Esteban Ribas</a>, <a href="http://technorati.com/tag/Tom%C3%A1s+San+Clemente+de+Mingo" rel="tag"> Tomás San Clemente de Mingo</a>, <a href="http://technorati.com/tag/batalla" rel="tag"> batalla</a>, <a href="http://technorati.com/tag/Kinsale" rel="tag"> Kinsale</a>, <a href="http://technorati.com/tag/Inglaterra" rel="tag"> Inglaterra</a>, <a href="http://technorati.com/tag/Isabel" rel="tag"> Isabel</a>, <a href="http://technorati.com/tag/Espa%C3%B1a" rel="tag"> España</a>, <a href="http://technorati.com/tag/Irlanda" rel="tag"> Irlanda</a>, <a href="http://technorati.com/tag/Eire" rel="tag"> Eire</a></p>
<p style="text-align: center;"><a href="http://www.libreriaproteo.com/libro/ver/id/1056017/titulo/la-batalla-de-kinsale.html" target="_blank"><img class="aligncenter" alt="Compra el libro" src="http://www.hislibris.com/images/lv.gif" width="206" height="71" /></a></p>
<p><a href="http://www.libreriaproteo.com/libro/ver/id/1056017/titulo/la-batalla-de-kinsale.html" target="_blank">Consigue LA BATALLA DE KINSALE. LA EXPEDICIÓN DE JUAN DEL ÁGUILA A IRLANDA de Albero Raúl Esteban Ribas y Tomás San Clemente de Mingo en La Casa del Libro.</a></p>]]></content:encoded>
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		</item>
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		<title>PAX ROMANA &#8211; Yeyo Balbás</title>
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		<pubDate>Wed, 22 May 2013 08:46:19 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Vorimir</dc:creator>
				<category><![CDATA[Novela histórica]]></category>

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		<description><![CDATA[«El templo de Jano Quirino, que nuestros ancestros deseaban permaneciese clausurado cuando en todos los dominios del pueblo romano se hubiera establecido victoriosamente la paz, tanto en tierra cuanto en mar, no había sido cerrado sino en dos ocasiones desde la fundación de la Ciudad hasta mi nacimiento; durante mi Principado, el Senado determinó, en [...]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://www.hislibris.com/wp-content/uploads/2013/05/pax-romana-9788499183572.jpg"><img class=" wp-image-15706 alignleft" alt="pax-romana-9788499183572" src="http://www.hislibris.com/wp-content/uploads/2013/05/pax-romana-9788499183572.jpg" width="100" height="152" /></a>«El templo de Jano Quirino, que nuestros ancestros deseaban permaneciese clausurado cuando en todos los dominios del pueblo romano se hubiera establecido victoriosamente la paz, tanto en tierra cuanto en mar, no había sido cerrado sino en dos ocasiones desde la fundación de la Ciudad hasta mi nacimiento; durante mi Principado, el Senado determinó, en tres ocasiones, que debía cerrarse».<i> Res Gestae Divi Augusti</i></p>
<p>El Argiletum, una calle que unía los barrios bajos de Roma —la subura— con el Foro, era el hogar del templo del dios Jano, situado no muy lejos de la Curia romana. No era tan imponente como el de Júpiter Óptimo Máximo, pero poseía un gran valor simbólico para los ciudadanos de la urbe: sus puertas se abrían al comenzar una guerra y solo se cerraban cuando el conflicto terminaba.</p>
<p><span id="more-15704"></span></p>
<p>Y en las últimas décadas de la República pocos habían visto sus puertas cerradas.</p>
<p>Tras las Guerras Civiles y los conflictos en diversas provincias, Augusto ordenó cerrarlo en el año 24 a. C. tras sus primeras victorias en las guerras cántabras —aunque el conflicto durase aun unos años más—. Proclamó así que el Imperio se encontraba en paz dentro de sus fronteras e inauguró un largo periodo de relativa tranquilidad que duró hasta el fin de la dinastía de los Antoninos y la grave crisis que azotó al Imperio en el siglo III.</p>
<p>Yeyo Balbás (Cantabria, 1972) nos narra en esta su primera novela el transcurso de las mencionadas guerras cántabras que marcaron el inicio de la «Paz Romana» y que no eran más que una continuación de las continuas rebeliones indígenas a las que Roma había tenido que hacer frente en sus dos siglos de ocupación de la península ibérica.</p>
<p><i>Pax Romana</i> es una novela eminentemente militar, protagonizada por soldados y dirigida a aquellos que disfrutan con este tipo de historias llenas de desesperado heroísmo, peligros y acción.</p>
<p>Seguiremos las andanzas de un soldado y <i>mensor</i> —ingeniero— de la IX Legión, llamado Marco Vitruvio Rufiano, y de algunos de sus compañeros de contubernio en estas guerras. Pero no se tratará solo de enfrentarse a los peligros de la guerra, puesto que el héroe se verá envuelto en intrigas políticas que demostrarán que la ambición y la codicia de los hombres son más peligrosas que las lanzas de los enemigos.</p>
<p>Resulta que nuestro Marco Vitruvio no es un cualquiera, sino el hijo adoptivo del famoso arquitecto Marco Vitrubio Polión, de quien ha aprendido todo lo relacionado con las artes y la ingeniería. Es por eso que su personaje se aleja del arquetipo del soldado raso, duro y valiente, pero inculto —tipo de algunos de sus compañeros—, para perfilarse como un hombre inteligente, desencantado de la vida y cuyas reflexiones sobre esta, la guerra y el arte salpican la obra en muchos de sus capítulos.</p>
<p>Asimismo nos encontramos con una historia de amor en la novela y con una figura femenina con cierto protagonismo —Vitrubia, hija de su padre adoptivo—. También aquella se aleja del prototipo de romance empalagoso e inmortal, y es llevada por unos cauces bien distintos, estando la relación mucho más llena de sombras que de luces y resuelta de forma aceptable. Mérito tiene, sobre todo por lo poco que suelen arriesgar los autores con las aventuras amorosas en la novela histórica.</p>
<p>Por lo demás, es una muy buena narración, bien escrita y trabajada, que engancha desde el principio. Con espléndidas escenas de acción y batalla, reconstruye de forma muy acertada lo que debió ser esta campaña militar en el norte de Hispania contra las tribus cántabras lideradas por el implacable caudillo Corocuta y sus fieros <i>devoti</i>.</p>
<p>Si tuviera que apuntar algún que otro punto débil en la obra, diría que quizás posee un final demasiado apresurado y, aunque la novela es conclusa, tal vez se deje la puerta abierta a una continuación —aunque desconozco si esa es la intención del autor—. También añadir que algunas de las explicaciones sobre arte y otros temas puedan aburrir un poco a algunos lectores a los que no les interese mucho el asunto o los ya duchos en el tema, aunque no son tantas para ser un problema. Además, el protagonista posee tales cualidades, como soldado, ingeniero y artista, que se sitúa muy por encima de la media (a pesar de no ser ajeno a defectos y no representarse idealizado). Al convertirlo también el autor en hijo adoptivo de un personaje histórico tan famoso como Vitrubio, es justo él quien se ve en el ojo del huracán, tanto de las intrigas políticas que acompañan a la guerra como de la guerra misma. ¿Demasiada casualidad? ¿Destino?&#8230; Al final, se perdonan perfectamente tantas coincidencias por lo interesante de un protagonista para nada tan ensalzado como en otras novelas del género.</p>
<p>Puede que la obra, tan marcadamente castrense, aburra a aquellos que buscan otros alicientes. Lo más importante es la campaña militar y el resto son accesorios de la trama; tan tangenciales como muchas explicaciones o reflexiones del protagonista sobre diversos asuntos, que a algún lector pudiera parecerles pesadas o fuera de lugar.</p>
<p>Para más opiniones sobre la novela pueden visitar este enlace al foro de Hislibris:</p>
<p><a href="http://www.hislibris.com/foro-new/viewtopic.php?t=7589&amp;start=15&amp;postdays=0&amp;postorder=asc&amp;highlight=">PAX ROMANA</a></p>
<p>En mi opinión, una novela muy recomendable, sobre todo a aquellos que disfrutan del tema militar romano; de esta temática, una de las que más he disfrutado en los últimos años.</p>
<p><b>Pax Romana<br />
Roca Editorial (2011)<br />
604 Páginas</b></p>
<p>Technorati Tags: <a href="http://technorati.com/tag/Yeyo+Balb%C3%A1s" rel="tag">Yeyo Balbás</a>, <a href="http://technorati.com/tag/Pax+Romana" rel="tag"> Pax Romana</a>, <a href="http://technorati.com/tag/paz+romana" rel="tag"> paz romana</a>, <a href="http://technorati.com/tag/Roma" rel="tag"> Roma</a>, <a href="http://technorati.com/tag/Imperio" rel="tag"> Imperio</a>, <a href="http://technorati.com/tag/legiones" rel="tag"> legiones</a>, <a href="http://technorati.com/tag/novela+hist%C3%B3rica" rel="tag"> novela histórica</a></p>
<p style="text-align: center;"><a href="http://www.casadellibro.com/homeAfiliado?ca=1163&amp;isbn=9788499183572" target="_blank"><img class="aligncenter" alt="Compra el libro" src="http://www.hislibris.com/images/lv.gif" width="206" height="71" /></a></p>
<p><a href="http://www.casadellibro.com/homeAfiliado?ca=1163&amp;isbn=9788499183572" target="_blank">Ayuda a mantener Hislibris comprando PAX ROMANA de <strong>Yeyo Balbás</strong> en La Casa del Libro.</a></p>]]></content:encoded>
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		<title>CENTAUROS DEL DESIERTO &#8211; Alan Le May</title>
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		<pubDate>Mon, 20 May 2013 08:43:55 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Hagakure</dc:creator>
				<category><![CDATA[Novelas de género]]></category>

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		<description><![CDATA[«Estas gentes poseían una clase de coraje que bien podría ser el mejor don de cualquier hombre; el coraje de aquellos que simplemente perseveran día tras día, poniendo todo de su parte, más allá de cualquier resistencia razonable, raras veces teniéndose como mártires, y nunca creyéndose valientes». Valdemar, en la cuarta entrega de su colección [...]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://www.hislibris.com/wp-content/uploads/2013/05/CENTAUROS.jpg"><img class=" wp-image-15696 alignleft" alt="CENTAUROS" src="http://www.hislibris.com/wp-content/uploads/2013/05/CENTAUROS.jpg" width="100" height="158" /></a>«Estas gentes poseían una clase de coraje que bien podría ser el mejor don de cualquier hombre; el coraje de aquellos que simplemente perseveran día tras día, poniendo todo de su parte, más allá de cualquier resistencia razonable, raras veces teniéndose como mártires, y nunca creyéndose valientes».</p>
<p>Valdemar, en la cuarta entrega de su colección Frontera, sigue apostando por novelas que han sido llevadas al cine. En esta ocasión nos ofrece, en opinión de muchos, una obra maestra; y después de leerla con auténtico entusiasmo, un servidor de ustedes no va a discutírselo. <span id="more-15694"></span></p>
<p><i> </i>Desde que se inició esta colección, siempre tuve la intuición de que este libro aparecería, y que lo haría con su título original: <i>The Searchers; </i>que una vez traducido leeríamos:   <i>Los buscadores</i>.  Pero no;  <i>Centauros del desierto</i> es el título elegido;  el mismo que el de la soberbia  película dirigida en 1956 por  John Ford, dos años después de ser publicada la novela.</p>
<p>La razón de que esto sea así queda explicado en la buena presentación (como siempre) que firma  Alfredo Lara López. Razones con las que estoy bastante de acuerdo, aunque no voy a extenderme comentándolas. Solo pretendo decir que no se trata de un error, sino de algo meditado y  razonado.</p>
<p>Estamos ante “una buena” del Far West. Una jugosa novela de aventuras que hará, estoy seguro de ello, las delicias de los amantes del género del Oeste, y de también, aunque quizá en número menor por aquello de los gustos, de los amantes de las narraciones de aventuras.</p>
<p>Como novela de aventuras lo tiene todo. Acción a raudales;  suspense; paisajes exóticos; protagonistas atractivos en su forma de ser y desenvolverse;  cierto romanticismo provocado por varios de los elementos puestos en juego por el autor; sucesos meteorológicos extremos, y quizá alguno más del que me olvido en este momento.</p>
<p>Como novela “Western” su colorido es extraordinario. La ambientación es perfecta. Una gran narración que respira “Frontera” por sus cuatro costados y en todo su esplendor. Colonos, comanches, Tonkawas, Rangers de Texas, la caballería, comancheros,  los grandes desiertos de Texas y Nuevo México con sus distancias gigantescas e inhumanas. Con una gran profusión de detalles, elementos y situaciones que se derivan de lo citado anteriormente. Esto podría dar pie a criticar esta obra de Alan Le May, de tópica, pero para mi no es así, ya que pocas novelas hay que tengan esta gran configuración. El tópico vino después con el cine, que siempre va a remolque de las obras de referencia como esta.</p>
<p>Pero esto no acaba aquí. Alan Le May va más allá.</p>
<p><i>The Searchers/Centauros del desierto</i>, es la historia de una búsqueda con tintes épicos, la de unas niñas raptadas por los comanches,  que tiene su punto de partida con la descripción de la vida heroica de los colonos, aunque yo prefiero en este caso la palabra “pioneros”, que aparece en algún sitio del texto, por su mayor intensidad épica y el mayor drama que sugiere. A través de esta búsqueda vamos comprendiendo la actitud ante la vida de aquellas gentes de la Frontera, no ya solo de los diversos tipos de  anglosajones, sino también de los indios y de los hispanos. El autor desarrolla la sicología de los personajes a partir de la búsqueda; principalmente de los dos protagonistas: Amos Edwars (John Waine en el film) y Martin Pauley, para los cuales la situación se convierte en su forma de vida. Una forma de vida que tiene sus consecuencias sicológicas y sociales. Porque las búsquedas, las grandes búsquedas, te calan hasta los huesos, hasta el corazón, hasta el alma. En la presentación dice Alfredo Lara a propósito de la novela: “La búsqueda se convierte en un fin en si mismo”.</p>
<p>La dura vida en el desierto te cambia, la desesperación te cambia, el complejo trato con los indios y demás habitantes de la Frontera te cambia. Esperanza y desesperanza;  no rendirse jamás; un paso y después otro hasta perder la noción del tiempo, y hasta perder la noción de ti mismo; lo que te obliga a la búsqueda más dramática que existe, la de ti mismo.</p>
<p>Alan Le May, nos cuenta todo esto con un estilo sobrio, claro y directo. Abrumadoramente eficaz y nada complicado. Sin florituras innecesarias. Con precisión en los detalles y con una fidelidad histórica encomiable (mil ochocientos setenta y pico). Sacándole todo el jugo a la mítica de la “Frontera”.</p>
<p>Para mí, de los cuatro libros de la colección aparecidos hasta ahora, este es el mejor. Y ya sabéis lo que me han gustado los tres anteriores.</p>
<p>Le May nació en Indianápolis en 1899 y falleció en 1964. Participó en la IGM. Se licenció en filosofía en 1922 en la universidad de Chicago. Fue guionista, además de novelista.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Traducción de Marta Lila<br />
Colección: Frontera / FR-004<br />
año: 2013<br />
ISBN: 97884-7702-744-7<br />
págs: 368<br />
precio: 23,00EUR</p>
<p>Technorati Tags: <a href="http://technorati.com/tag/Alan+Le+May" rel="tag">Alan Le May</a>, <a href="http://technorati.com/tag/Centauros+del+desierto" rel="tag"> Centauros del desierto</a>, <a href="http://technorati.com/tag/Western" rel="tag"> Western</a>, <a href="http://technorati.com/tag/Oeste+americano" rel="tag"> Oeste americano</a></p>
<p style="text-align: center;"><a href="http://www.casadellibro.com/homeAfiliado?ca=1163&amp;isbn=9788496066021" target="_blank"><img class="aligncenter" alt="Compra el libro" src="http://www.hislibris.com/images/lv.gif" width="206" height="71" /></a></p>
<p><a href="http://www.casadellibro.com/homeAfiliado?ca=1163&amp;isbn=9788496066021" target="_blank">Ayuda a mantener Hislibris comprando CENTAUROS DEL DESIERTO de <strong>Alan Le May</strong> en La Casa del Libro.</a></p>]]></content:encoded>
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		<title>EL SECRETO DE MONNA LISA &#8211; Dolores García</title>
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		<pubDate>Fri, 17 May 2013 08:51:19 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Ariodante</dc:creator>
				<category><![CDATA[Novela histórica]]></category>

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		<description><![CDATA[Al sumergirse en la lectura de esta novela viajará el lector en varias direcciones: la vida de Mona Lisa y de Leonardo da Vinci. Más conocida y comprobable la del artista florentino,  pero también con grandes misterios y lagunas; apenas tenemos datos, sin embargo, de la de Monna Lisa Gherardini, conocida mundialmente por el famoso [...]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://www.hislibris.com/wp-content/uploads/2013/05/941605_513666725335097_1247179055_n.jpg"><img class="wp-image-15691 alignleft" alt="941605_513666725335097_1247179055_n" src="http://www.hislibris.com/wp-content/uploads/2013/05/941605_513666725335097_1247179055_n.jpg" width="100" height="158" /></a>Al sumergirse en la lectura de esta novela viajará el lector en varias direcciones: la vida de Mona Lisa y de Leonardo da Vinci. Más conocida y comprobable la del artista florentino,  pero también con grandes misterios y lagunas; apenas tenemos datos, sin embargo, de la de Monna Lisa Gherardini, conocida mundialmente por el famoso retrato que la inmortalizó. Sabemos que posó para Leonardo, pero poco más. Que se casó con Francesco Giocondo, y que tuvo dos hijas. Y que curiosamente el cuadro no se lo quedó ella, sino el rey francés Francisco I. «¡Cuántos emperadores y príncipes han pasado, de los cuales no queda ya recuerdo alguno! Un hermoso objeto mortal pasa, no así una hermoso objeto de arte». <span id="more-15687"></span></p>
<p>Lo que ambos hablaron, los vínculos que crearon entre sí, son el nudo de esta narración. Mucho campo para imaginar, pues. Y eso es lo que hace <b>Dolores García</b>, imaginar qué pudo pasar entre un artista singular como Leonardo y una dama extraordinaria, como Mona Lisa. Porque había de ser muy especial para ser la modelo de una pintura tan enigmática y tan atractiva.  Enigmática es la palabra: Lisa cautivó a Leonardo, pero no por su físico, puesto que ni era espectacular ni al artista florentino le atraían las mujeres. Le atrajo por su fortísima personalidad y sensibilidad, por esa coincidencia de orígenes, de aficiones y de ideales.  La autora recrea en estas páginas la historia de una amistad, un vínculo muy fuerte, que roza el amor; un amor intelectual, espiritual, que les lleva a una comunión virtual en el tiempo y en el espacio. En boca de Monna Lisa pone estas palabras: «Al final de nuestra vida por fin somos lo que hemos sido y cómo nos hemos ido haciendo: somos nuestra propia obra», en una de sus abundantes tertulias. Y esta idea es la que rememora el propio Leonardo en sus últimos días.</p>
<p>En el lecho de su villa francesa de Cloux, Amboise,  ya cercano a la muerte, da Vinci desgrana la vida pasada ante su discípulo Francesco Melzi, y su fiel criado Battista, que recibe unos encargos a realizar póstumamente. En otros momentos de duermevela, el artista simplemente rememora su pasado, y sobre todo, recuerda a aquella dama que tan hondamente supo entenderle y conocerle. «El artista ha de permanecer solitario… si estás solo, serás todo tuyo; si tienes un compañero te pertenecerás solo a medias, o incluso menos.» reflexiona Leonardo, que tiene muy asumida su independencia y la soledad que implica.</p>
<p>En la narración, la autora oscila entre la tercera y la primera persona, encajando unas narraciones dentro de otras: Giocondo cuenta la historia de Lisa a Leonardo, y Leonardo lo cuenta a Francesco. Lisa, que permanece muda para el mundo, cuenta sus misterios a Leonardo, mientras Leonardo recuerda otras anécdotas de su vida e investigaciones. Hay, pues, muchas historias en el libro, y entre todas componemos el puzzle de esas dos vidas: Leonardo y Lisa.  Por entre medias, los discípulos (entre ellos, el bello pero vengativo Salai), los compañeros y competidores artísticos: Botticelli, Filippo Lippi, Miguel Ángel, Rafael…y también los gobernantes y mecenas: Soderini, Giuliano de Médicis, Ludovico Sforza, Cesar Borgia, con sus encargos y presiones, Maquiavelo e incluso Savonarola. Un plantel de primer orden.</p>
<p>Dolores García disecciona la obra de Leonardo, ese desafortunado hábito de dejar inacabados múltiples proyectos por la ansiedad de probar nuevos objetivos, atacar nuevos retos.  Quizás debido a su concepción de que «el arte no es tarea manual, sino que los artistas consiguen más cuanto menos parecen trabajar, precisamente cuando conciben mentalmente su obra (…)En el arte, primero es el concepto, la creación mental; luego viene la ejecución, que solo es una consecuencia mecánica de la primera».</p>
<p>También rastrea el pensamiento del artista-investigador e inventor, los deseos y las inquietudes del gran hombre, intercalando textos de sus diarios y publicaciones varias.</p>
<p>Encuentra en la Gioconda ―siempre según el enfoque de la novela― su alter ego: la autora crea el personaje de Lisa y la  provee de una enorme capacidad intelectiva, un personaje femenino adelantado a su tiempo en el pensamiento y las ansias de saber, rodeándola a su vez de un misterio y creando una trama de intrigas que conseguirá dar a la novela un gran interés, captar la atención del lector, sugiriendo explicaciones plausibles a las zonas oscuras de aquellas vidas. Hay muchas licencias literarias de hechos que no tenemos constancia que ocurrieran así, pero… pudieron haberlo hecho. Quizá el único tramo que resulte un tanto chocante sea el de las pruebas del artilugio volador de Leonardo, más próximo al tono humorístico y menos verosímil, sobre todo en la participación de Lisa. En ese punto creo que la autora se ha dejado llevar por un entusiasmo excesivo, forzando el protagonismo femenino hasta límites propios del presente, pero no de la época, incluso tratándose de una mujer excepcional.</p>
<p>Sin embargo, es una novela histórica por pleno derecho: prima la ficción, obviamente; los hechos reales que la jalonan y enmarcan están bien documentados; el lenguaje, respetuoso con los tratamientos y las costumbres, los modos y las modas, con el ambiente del renacimiento italiano, de la política y el arte de la época; la relación de artistas con políticos-mecenas, bien reflejada, y  la única licencia importante es la personalidad y vida de Lisa Gherardini, que anticipa a una mujer sobresaliente, muy avanzada para su tiempo y la posición que ocupa socialmente. Pero esa es la apuesta y la hipótesis que Dolores García presenta, con la que podremos estar de acuerdo o no, pero que es, cuando menos, muy sugerente.</p>
<p><a href="http://www.doloresgarcia.es/index.php?nav=inicio"><b>Dolores García Ruiz</b></a>, (1964, Melilla) En esta ciudad pasó su primera infancia. A los nueve años se trasladó a Valencia, donde actualmente reside. Cursó estudios de Derecho por la UNED, es Corrector Profesional de Edición. Ha colaborado en diversos programas de radio y televisión y ha publicado artículos en revistas culturales de prestigio. Asimismo, ha impartido charlas y conferencias sobre Leonardo Da Vinci en diversos foros de la geografía española y en las principales capitales. Su obra <i>El Secreto de Monna Lisa </i>está traducida a varios idiomas y ha sido publicada en numerosos países, entre ellos EEUU, donde esta novela ha sido seleccionada por diversas universidades para formar parte de su fondo de biblioteca de obras escogidas en idioma español. También es autora de <i>La rebelión de Penélope</i>, <i>La reina del azúcar</i> y de relatos breves. La novela fue en principio publicada en 2004 por la Editorial Roca y posteriormente autopublicada por la propia autora, que se ha ocupado de la distribución y publicitación, tanto en papel como en e-book.</p>
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		<title>LA MARCHA DE LA MUERTE &#8211; Christopher Summerville</title>
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		<pubDate>Wed, 15 May 2013 08:56:00 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Inigo</dc:creator>
				<category><![CDATA[Historia de Esp.]]></category>

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		<description><![CDATA[Una vez leído este ensayo de Christopher Summerville, acudí a Hislibris para ver si alguien había reseñado el libro. Me llevé una gran sorpresa cuando, a pesar de haberse editado en España en el año 2006, a nadie se le había ocurrido. Y eso que como todos sabemos muy bien, tenemos grandísimos seguidores y especialistas [...]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://www.hislibris.com/wp-content/uploads/2013/05/La-marcha-de-la-muerte1.jpg"><img class=" wp-image-15682 alignleft" alt="La marcha de la muerte[1]" src="http://www.hislibris.com/wp-content/uploads/2013/05/La-marcha-de-la-muerte1.jpg" width="100" height="157" /></a>Una vez leído este ensayo de Christopher Summerville, acudí a Hislibris para ver si alguien había reseñado el libro. Me llevé una gran sorpresa cuando, a pesar de haberse editado en España en el año 2006, a nadie se le había ocurrido. Y eso que como todos sabemos muy bien, tenemos grandísimos seguidores y especialistas de las guerras napoleónicas. <span id="more-15681"></span></p>
<p>El autor nos emplaza en la península ibérica en el año 1808, cuando Napoleón ya había situado en el trono español a su hermano José; los españoles se habían levantado en armas contra el francés e incluso habían conseguido infringir en la batalla de Bailén la primera derrota del ejército invasor. El corso cruzó los Pirineos con 80.000 soldados para intentar aplacar al pueblo levantisco que, a pesar de ser extremadamente aguerrido, no dejaba de ser un grupo heterogéneo más o menos organizado de soldados y patriotas disgregados a lo largo del territorio.</p>
<p>Y aquí es donde el gobierno británico decide entrar a coprotagonizar el largo periodo de las guerras contra Napoleón en la Península. Ya sea por el romanticismo que los británicos quieren ver en todo lo que sucede en la península, ya sea por el esfuerzo de la embajada española para lograr en un principio ayuda económica, ya sea por el interés de la gran Albión de enfrentarse en tierra firme al invasor francés, Londres decide enviar una fuerza de intervención, que desembarcará en Portugal y posteriormente se adentrará en territorio español.</p>
<p>Aquí es donde empieza a desarrollarse en el libro la historia de la primera campaña de Gran Bretaña en la Península, que nos llevará por caminos rurales, bajo lluvias torrenciales, extensos barrizales,  campos nevados y ventisqueros terribles, a lo largo de parte de España, hasta terminar con el embarque de las tropas en el puerto de La Coruña en 1809.</p>
<p>Será el  general Sir John Moore el encargado de comandar la operación de apoyo a las tropas españolas. Cruzará la frontera de Portugal el 1 de noviembre de 1808. A lo largo de casi dos meses el contingente británico se dedicará a intentar realizar maniobras de evasión y engaño, para provocar al ejército de Napoleón, evitando que llegue al centro del país y consiga reducir a los españoles levantados en armas, que tanto daño le produjeran en ese año.</p>
<p>Sin embargo las tropas británicas,  finalmente tuvieron que tomar camino de Galicia para no caer en manos de un ejército superior en efectivos y material, lo que llegaría a forzar la llamada Marcha de la Muerte, en el periodo más frío e inclemente del año, en territorio desconocido y sin el avituallamiento necesario para un ejército de 20.000 soldados.</p>
<p>Todo ello llevará a que, tras casi 30 días de penalidades, siempre en retirada,  con la retaguardia británica defendiendo heroicamente los puentes recién cruzados por el ejército, los británicos lleguen a La Coruña. Por fin el general Sir John Moore se verá obligado a enfrentarse al ejército francés del Mariscal Soult. Será en el cenit de la batalla, cuando el insigne Sir John morirá en combate sin abandonar suelo español.</p>
<p>Nos encontramos ante un ensayo entretenido. Desarrolla la intervención y posterior retirada de las tropas británicas, salpicando el texto de las experiencias de distintos intervinientes de la tropa y oficialidad, lo que consigue humanizar y acercar los acontecimientos que acompañaron la llamada Marcha de la Muerte. Además los distintos combates que se dan a lo largo de la campaña, están llenos de acciones de valentía, cargas de bayoneta e intervenciones heroicas.  Por otro lado, se trata de un ensayo claramente  pro- británico, donde tanto la población española como los mandos nacionales quedan muy mal parados. En distintos momentos del libro se les presenta como traidores, huraños a prestar ayuda, negándoles a los aliados cualquier tipo de apoyo militar o estratégico. Por supuesto en sus comentarios los militares británicos ensalzan  y justifican su estancia en el país como libertadores frente al yugo del francés.</p>
<p>Sin embargo a lo largo del texto, podemos ver los problemas reales del ejército británico. Continuamente se cometían faltas graves de disciplina, la tropa cada vez que estacionaban en una población rapiñaba y se embriagaba con facilidad. Todo ello sacaba de quicio al comandante en jefe, pero en ningún momento consiguió atajar estas faltas y el ánimo de las tropas decaía constantemente. Realmente, se dio una carrera en busca del mar, en la que el buen uso de la retaguardia y de la caballería consiguió que los franceses no llegaran a copar al enemigo y entablar batalla campal hasta llegar a La Coruña.</p>
<p>El libro consta de 236 páginas, de las cuales  200 forman el ensayo en sí. Acompaña el texto planos de los movimientos del ejército y de la batalla de La Coruña, además de datos sobre la formación británica y sus bajas. Por supuesto apéndices, bibliografía y una pequeña biografía de los personajes destacados.</p>
<p>En definitiva un libro que no es extenso y relata de manera relativamente llevadera los sucesos acaecidos. Reseñar eso sí, la flema británica del texto, que por supuesto desmerece toda actuación y comportamiento del ejército español y no digamos de su población. Pero es que nadie es perfecto, ¿o ellos sí?<br />
Título: La marcha de la muerte<br />
Autor: Christopher Summerville<br />
Editorial: Inédita Editores<br />
Páginas: 236<br />
Edición: 2006</p>
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		<title>EL MUNDO DE GERARD MERCATOR &#8211; Andrew Taylor</title>
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		<pubDate>Mon, 13 May 2013 08:56:58 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Horus Chan</dc:creator>
				<category><![CDATA[Biografías]]></category>

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		<description><![CDATA[Pocos personajes de la historia de la ciencia quedan, más allá de los de época contemporánea, cuya contribución siga teniendo una vigencia práctica actualmente; vivimos un momento lleno de cambios, innovaciones, novedades en el que, con el advenimiento de la informática en todos los campos científicos, gran parte de las aportaciones anteriores resultan obsoletas. Grandes [...]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://www.hislibris.com/wp-content/uploads/2013/05/9788426135865_g.jpg"><img class=" wp-image-15671 alignleft" alt="9788426135865_g" src="http://www.hislibris.com/wp-content/uploads/2013/05/9788426135865_g.jpg" width="100" height="151" /></a>Pocos personajes de la historia de la ciencia quedan, más allá de los de época contemporánea, cuya contribución siga teniendo una vigencia práctica actualmente; vivimos un momento lleno de cambios, innovaciones, novedades en el que, con el advenimiento de la informática en todos los campos científicos, gran parte de las aportaciones anteriores resultan obsoletas. Grandes descubrimientos o inventos han pasado de ser el no va más a piezas de museo; las mejoras tecnológicas, conceptuales, han dejado atrás teorías, estudios, tesis científicas que a día de hoy son como figuras de cartón piedra, veneradas por su contribución en el desarrollo de una disciplina, pero habiendo dejado de ser válidas. Gutenberg, por ejemplo, ideó la imprenta. A día de hoy, el fotograbado, la inyección de tinta y la impresión láser han dejado atrás cualquier sistema clásico de impresión. Gutenberg innovó; a día de hoy sus rudimentarios planteamientos están más que superados. Newton, el genio de la manzana, debió ser testigo desde el más allá de cómo, posteriormente, otros genios como Carl Friedrich Gauss mejoraron o rebatieron algunos de sus cálculos matemáticos.<span id="more-15669"></span></p>
<p>No así ocurre con el señor Gerardus Mercator –forma latinizada de su auténtico nombre holandés, Gerard Kremer–, un personaje cuya aportación conceptual, donada para la historia a lo largo del siglo XVI, aún continúa vigente a día de hoy. Así es, pues a diferencia de muchos de sus co-gremialistas, tiene en su haber una aportación que ha sido (y sigue siendo) clave en asuntos geográficos; la proyección que lleva su nombre.</p>
<p>Tal vez el más brillante cartógrafo de la historia, su famosa proyección resulta ser un sistema mediante el cual es posible solventar el problema de pasar una superficie esférica como la Tierra a una representación plana (un mapa, vamos) sin perder lo más importante: los rumbos, las referencias entre lugares.</p>
<p>Cabe decir que el descubrimiento de Mercator llegó en el momento preciso (o fue fruto de los intereses y necesidades del momento). En los antiguos portulanos o las viejas cartas de navegación, la reducida proporción de tierra representada solía ser suficiente como para maquillar las distorsiones que la esfera terrestre pudiera suponer en los planos. Sin embargo, tras el descubrimiento del Nuevo Mundo, de Oceanía, el redescubrimiento del extremo oriental de Asia, las incursiones en los polos, las circunnavegaciones de Magallanes y Drake… era necesaria una cartografía a nivel planetario que corrigiera esos errores y fuera fiel a lo más importante a bordo de una nave: la fiabilidad de los rumbos.</p>
<p>Mercator solucionó este problema, aunque ni siquiera publicó un tratado en el que se explicara matemáticamente su sistema (seguramente para resguardar la exclusividad de su idea, cual secreto, en unos tiempos de altísima competencia en Flandes respecto a la elaboración de cartografía); realmente estaba ideado para navegantes, tal como rezaba el título de su Mapamundi de 1569: <i>Nova et Aucta Orbis Terrae Descriptio ad Usum Navigantium Enmendata</i>, traducido &#8220;Nueva y Ampliada Descripción Corregida de la Tierra para Uso de Navegantes&#8221;. Pese a que en principio no tuvo una acogida acorde a su importancia, ya que ni siquiera su propio creador llegó a valorarla por las increíbles cualidades que su aplicación correcta podía suponer en alta mar, en seguida otros cartógrafos se dieron cuenta que aquello resolvía los graves problemas que, hasta entonces, se planteaba cualquier cartógrafo. En vida, el cartógrafo más grande de la historia no advirtió la verdadera importancia de su hallazgo, y su mapamundi quedó como pieza casi museística exclusiva de familias pudientes.</p>
<p>Poco después, allá por 1599 y escasos cinco años después de la muerte de Mercator, el matemático inglés Edward Wright elaboró un tratado basado en unas tablas de cálculo para aplicarlas a la proyección de Mercator, y así hacerla viable en alta mar para cualquier capitán medianamente ilustrado. Su libro, <i>Certaine Errors in Navigation</i>, fue un trabajo magistral, el complemento ideal para el trabajo de Mercator. Para colmo de grandeza, el mismo Wright elaboró un mapamundi en base a la misma proyección, siendo el primero que se basó en ella desde su creación. A partir de entonces, la nueva proyección empezó a aceptarse, progresivamente, en todos los servicios cartográficos de relevancia. Hoy en día, salvo excepciones sonadas, la gran mayoría de institutos cartográficos e hidrográficos nacionales usan la proyección de Mercator o su equivalente sistema de coordenadas, la Universal Transversa de Mercator (bien conocida como UTM). Es bien sabido también que incluso el sistema Google Maps emplea la proyección; el asunto sobre la vigencia de los descubrimientos de antaño queda aquí patente. Una proyección descubierta en el siglo XVI aún se aplica hoy en día y nadie ni nada ha podido crear alguna mejor para las imprescindibles funciones de orientación. Y ha habido intentos, pardiez. Véase el caso del ilustre cartógrafo alemán Arno Peters, que en 1974 creó su famosa proyección (bien, en realidad se la plagió a un religioso escocés del s.XIX llamado James Gall) como respuesta a la de Mercator, con las mismas propiedades respecto a los rumbos (loxódromos), acusando a la misma de eurocentrista e incluso de racista. Lo que hay que ver…</p>
<p>Sin embargo, este reconocimiento en el campo científico no se corresponde con una popularidad excesiva de la figura de Mercator, a decir verdad. Es un personaje que la mayoría de gente conoce de refilón, sin saber demasiado más sobre él que su proyección. Andrew Taylor, periodista y escritor británico, decidió allá por 2008 recuperar la figura del cartógrafo holandés elaborando la biografía que aquí se presenta, <i>El mundo de Gerard Mercator</i>, y realmente hubo de recabar información exhaustivamente pues, como bien parece, éste no es un personaje del que haya quedado demasiado vestigio. De su puño y letra apenas quedan un par de copias mal conservadas de su mapamundi, todo el resto se ha perdido. Los innúmeros globos terráqueos, las planchas de cobre de todos sus mapas, las diferentes láminas de los mismos que fueron vendidas en su momento… A nivel documental, a parte de breve correspondencia, nos ha llegado una biografía realizada por un coetáneo suyo de Duisburg, un tal Walter Ghim, cuyo punto de vista es bastante parcial por el simple hecho de haber sido amigo personal del genial cartógrafo flamenco.</p>
<p>Pocos trabajos más existen exclusivos sobre la figura de Mercator; no hay más que echar un vistazo a la bibliografía utilizada por Andrew Taylor. En mi caso, a parte del capítulo sobre cartografía flamenca de la excelente obra de G. R. Crone (<i>Historia de los mapas</i>), y del prólogo a la edición del <i>Atlas Maior</i> de Joan Blaeu, un amplio compendio sobre la cartografía holandesa del XVI realizado por Peter van der Krogt, poco más he tenido la ocasión de leer sobre Mercator y sus paisanos. Tal vez el problema es precisamente ese; la importancia de Mercator radica sólo en su obra, su proyección. El resto de su biografía carece de interés general, tan sólo reservada para los especialistas o verdaderamente interesados en el asunto. Tuvo una vida tranquila (salvo un pequeño percance con la inquisición en 1540), no realizó viajes, ni grandes aventuras, y se dedicó exclusivamente a su negocio, primero auspiciado bajo la tutela del gran matemático Gemma Frisius y luego como gerente de su propio taller. Su familia, el otro puntal en que sustentó su vida, estaba inmiscuida también en el negocio. La producción en su taller de cartografía diversa y, sobretodo, de globos terráqueos e instrumentos científicos, centró la mayor parte de su tiempo de vida.</p>
<p>Pese a ello, cabe destacar que el mismísimo emperador Carlos I de España y V de Alemania, como amo y señor de las tierras de Flandes, conoció a Mercator y le encargó en varias ocasiones peticiones especiales; mapas, brújulas, astrolabios, globos terráqueos… Por lo visto, el emperador era un gran aficionado a la cartografía, tal vez más por interés pragmático (control de su territorio) que por simple amor a la disciplina. Cuando Isabel I de Inglaterra quiso cartografiar su tierra, encomendó el trabajo al genio de Rupelmonde. Y Felipe II nombró al mismo Abraham Ortelius (otro crack de la cartografía holandesa que fue contemporáneo y amigo personal de Mercator), como consejero del rey en asuntos geográficos. Todo ello se relata en el libro, evidentemente. He aquí la verdadera importancia de estos personajes, ratas de biblioteca que apenas viajaron en su vida pero que recabaron grandísima cantidad de información geográfica para actualizar continuamente sus trabajos, hasta el punto de ser requeridos por los mismísimos monarcas de su tiempo.</p>
<p>Dada la escasez de trabajos sobre la figura de Mercator y de la cartografía flamenca en general, cabe destacar que la editorial Juventud tiene, pues, una pequeña colección centrada en asuntos en esta línea, llamada significativamente “colección Astrolabio”, dedicada a asuntos geográficos, náuticos, relativos a la ciencia de la orientación. Gran iniciativa de la cual este trabajo de Andrew Taylor forma parte. Un acierto, sí señor.</p>
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		<title>AUTOBIOGRAFÍA – Bertrand Russell</title>
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		<pubDate>Fri, 10 May 2013 08:38:35 +0000</pubDate>
		<dc:creator>cavilius</dc:creator>
				<category><![CDATA[Biografías]]></category>

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		<description><![CDATA[«Tres pasiones, simples, pero abrumadoramente intensas, han gobernado mi vida: el ansia de amor, la búsqueda del conocimiento y una insoportable piedad por el sufrimiento de la humanidad. Estas tres pasiones, como grandes vendavales, me han llevado de acá para allá, por una ruta cambiante, sobre un profundo océano de angustia, hasta el borde mismo [...]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p dir="ltr" id="docs-internal-guid-1b293d30-833b-4e42-0de6-f35f4c32218a" style="text-align: justify;"><span style="font-family: Arial,Helvetica,sans-serif; font-size: small;"><a href="http://www.hislibris.com/wp-content/uploads/2013/05/autobiografia.jpg"><img class=" wp-image-15663 alignleft" alt="autobiografia" src="http://www.hislibris.com/wp-content/uploads/2013/05/autobiografia.jpg" width="100" height="145" /></a>«Tres pasiones, simples, pero abrumadoramente intensas, han gobernado mi vida: el ansia de amor, la búsqueda del conocimiento y una insoportable piedad por el sufrimiento de la humanidad. Estas tres pasiones, como grandes vendavales, me han llevado de acá para allá, por una ruta cambiante, sobre un profundo océano de angustia, hasta el borde mismo de la desesperación».</span><em></em></p>
<p dir="ltr" style="text-align: justify;">Bertrand Russell no fue un hombre centenario por poco: murió pocos meses antes de cumplir los 98. En esos casi 100 años se dedicó a llevar una vida plena: recorrió el mundo de parte a parte, escribió infinidad de libros, conoció a los personajes más relevantes de su tiempo (jefes de estado, economistas, pensadores, escritores), fue una de las mentes más brillantes, despiertas, alabadas y también criticadas del siglo XX, y fue testigo e incluso parte activa de acontecimientos que cambiaron el mundo: el fin de la época victoriana, la primera guerra mundial, la recesión económica, la segunda guerra mundial, la guerra fría… Si hay personajes que merecen ser conocidos no solo por la obra que han legado a la posteridad sino también por su vida, hay pocas dudas de que Russell es uno de ellos. <span id="more-15639"></span></p>
<p dir="ltr" style="text-align: justify;">¿Cuál es la motivación que se necesita para escribir unas memorias? Querer dejar constancia en primera persona de lo que uno ha vivido, supongo. Sin duda es necesario un punto de vanidad: pensar que lo que a uno le ha pasado y por lo que uno ha pasado es tan interesante como para que otra persona lo lea y le llame la atención, requiere una cierta dosis de divismo. Pero diría que más destacable que esa cuestión lo es esta otra: ¿no es el escribir unas memorias, una autobiografía, algo así como echarse uno mismo el cierre a una vida interesante y admitir que de ahí en adelante lo que quede por vivir ya no tendrá interés alguno ni será digno de ser contado? ¿Qué queda por hacer cuando alguien pone el punto y final al libro de su vida? ¿Qué viene después? ¿Algo así como los “minutos de la basura”? ¿Dejarse morir? Es cierto que quien quiera contar su vida en algún momento ha de decidirse, pero sabiendo que la decisión la ha de tomar cabalgando en la paradoja: ha de ponerse a ello más pronto que tarde (no sea que la muerte se lo lleve antes de tiempo) pero también más tarde que pronto (parecería algo inmodesto escribir las memorias en plena juventud). Se dé cuando se dé ese paso, el caso es que el precio a pagar es el de rendirse a la gloria del pasado y renunciar a aspiración alguna en el futuro. Quién sabe si estas reflexiones son aplicables al caso de Bertrand Russell; lo cierto es que el filósofo galés realmente apuró casi hasta el límite antes de coger la pluma autobiográfica, y el caso es que la vida le concedió crédito: sus memorias, que no fueron escritas de una tacada sino a lo largo de los muchos años que vivió Russell (ya en 1931, con casi 60 años, dictó una breve autobiografía a su secretaria), se publicaron en tres volúmenes que fueron viendo la luz progresivamente en 1967 (correspondiendo a la narración de su vida entre 1872 y 1914), 1968 (entre 1914 y 1944) y 1969 (entre 1944 y 1967). Y Russell murió al cabo de menos de un año, en febrero de 1970, de modo que sus “minutos de la basura” fueron apenas unos meses. Es evidente, pues, que vivió la vida plenamente.</p>
<p dir="ltr" style="text-align: justify;">Nunca hasta ahora había leído yo las memorias de nadie; lo más parecido ha sido <a href="http://www.hislibris.com/el-mundo-de-ayer-stefan-zweig/">El mundo de ayer</a>, de Stefan Zweig, que más que memorias del escritor lo son de la época que le tocó vivir (época que, por cierto, es la misma que vivió Bertrand Russell). Y me da la impresión de que es un “género” diferente a cualquier otro: para empezar, y como ya dije, supongo que requiere autoconvencerse de que lo que uno ha vivido es interesante; en segundo lugar, requiere, digo yo, de una pizca de egolatría: ser el protagonista absoluto de un libro, escribir en primera persona, no debe de resultar cómodo en absoluto si uno no se quiere a sí mismo aunque sea un poco. Y en tercer lugar, diría que requiere también de una cierta dosis de desvergüenza y/o valentía, puesto que uno ha de ser capaz de “desnudarse” ante los lectores, de hablar de su vida pública y también, y sobre todo, de la privada (si no, vaya memorias que serían), y ha de atreverse a decir la verdad (su verdad, claro) acerca de lo que le haya sucedido, su opinión, benevolente, crítica o indiferente, sobre hechos y personas que hayan formado parte de su andar por el mundo. Esta <em>Autobiografía</em> de Bertrand Russell tiene todos estos ingredientes; Russell no tiene reparo alguno en hablar de sus intimidades, lo cual puede sorprender a quien desconozca la trayectoria intelectual de Russell pero a quien sepa algo de su vida y obra, le parecerá normal.</p>
<p dir="ltr" style="text-align: justify;">En efecto, Russell fue siempre, durante sus casi 70 años de vida intelectual (empezó a publicar textos con veintitantos), un escritor polémico en la teoría y en la práctica. Se le podría definir, de hecho así se hace habitualmente, como filósofo; y sin embargo su vida no transcurre dentro del paradigma que cabría imaginar para un filósofo, es decir, para alguien que tiene la mente puesta en temas más “metafísicos” que terrenales, más pendiente de los placeres del alma que del cuerpo, más preocupado por la esencia de las cosas que por el destino de la Humanidad. Lo cierto es que la vida de Bertrand Russell dista bastante, o así lo parece, de ser &#8220;filosóficamente ejemplar&#8221;, al menos a nivel personal, y casi podría decirse que, sencillamente, es una vida ligada a lo terrenal. En cuanto a su pensamiento, y puestos a empantanarnos con etiquetas, estuvo más en la línea de la lógica, la matemática y la filosofía analítica que de la metafísica y la epistemología. No fundó corriente filosófica alguna, no fue, o al menos así lo creo, un filósofo al estilo de Platón, Descartes, Kant o Heidegger. Su visión de la filosofía queda bastante bien plasmada en el párrafo con el que concluye <a href="http://www.enxarxa.com/biblioteca/RUSSELL%20Los%20problemas%20de%20la%20filosofia.pdf">Los problemas de la filosofía</a>, escrito en 1912:</p>
<blockquote>
<p dir="ltr" style="text-align: justify;">Para resumir nuestra discusión sobre el valor de la filosofía: la filosofía debe ser estudiada, no por las respuestas concretas a los problemas que plantea, puesto que, por lo general, ninguna respuesta precisa puede ser conocida como verdadera, sino más bien por el valor de los problemas mismos; porque estos problemas amplían nuestra concepción de lo posible, enriquecen nuestra imaginación intelectual y disminuyen la seguridad dogmática que cierra el espíritu a la investigación; pero, ante todo, porque por la grandeza del Universo que la filosofía contempla, el espíritu se hace a su vez grande, y llega a ser capaz de la unión con el Universo que constituye su supremo bien.</p>
</blockquote>
<p dir="ltr" style="text-align: justify;">De lo que no hay duda es de que Bertrand Russell fue un intelectual en el más amplio y profundo sentido de la palabra; su extensa obra así lo evidencia. Fue un pensador comprometido con sus ideas, lo cual le llevó a ser considerado <em>persona non grata</em> en bastantes ocasiones y bastantes lugares. En su <em>Autobiografía</em> Russell habla de todo ello sin ningún tipo de cortapisa, pero también sin resentimiento. De hecho, la naturalidad con la que está escrito el libro va acorde con la fluidez y agilidad de la que Russell hizo gala durante toda su vida en sus libros, en los que manifestó su opinión sobre los más variados temas. Si algo destaca en la prosa de Russell es la lógica y sencillez con la que describe y analiza cualquier cuestión, presentándola de manera que cualquiera puede hacerse cargo de ella y llegar, si acaso, a las mismas conclusiones que llega él. Basta leer <a href="http://www.laicismo.org/data/docs/archivo_365.pdf">Por qué no soy cristiano</a> o el citado <em>Los problemas de la filosofía</em>, por mencionar algunas de sus obras, para cerciorarse de ello. En relación a esto, en 1951 escribió un decálogo que ha llegado a gozar de cierta fama:</p>
<blockquote>
<p dir="ltr" style="text-align: justify;">Tal vez la esencia del pensamiento liberal pueda resumirse en un nuevo decálogo, que no pretende reemplazar al anterior sino únicamente complementarlo. Los Diez Mandamientos que, como enseñante, me gustaría promulgar se podrían formular de la siguiente manera:</p>
<ol style="text-align: justify;">
<li>
<p dir="ltr">No estés absolutamente seguro de nada.</p>
</li>
<li>
<p dir="ltr">No creas conveniente actuar ocultando pruebas, pues las pruebas terniman por salir a la luz.</p>
</li>
<li>
<p dir="ltr">Nunca intentes oponerte al raciocinio, pues seguramente lo conseguirás.</p>
</li>
<li>
<p dir="ltr">Cuando encuentres oposición, aunque provenga de tu esposo<em> (SIC)</em> o de tus hijos, trata de superarla por medio de la razón y no de la autoridad, pues una victoria que dependa de la autoridad es irreal e ilusoria.</p>
</li>
<li>
<p dir="ltr">No respetes a la autoridad de los demás, pues siempre se encuentran autoridades enfrentadas.</p>
</li>
<li>
<p dir="ltr">No utilices la fuerza para suprimir opiniones que crees perniciosas, pues si lo haces, ellas te suprimirán a ti.</p>
</li>
<li>
<p dir="ltr">No temas ser extravagante en tus ideas, pues todas las ideas ahora aceptadas fueron en su día extravagantes.</p>
</li>
<li>
<p dir="ltr">Disfruta más con la discrepancia inteligente que con la conformidad pasiva, pues si valoras la inteligencia como debieras, aquella significa un acuerdo más  profundo que esta.</p>
</li>
<li>
<p dir="ltr">Muéstrate escrupuloso en la verdad, aunque la verdad sea incómoda, pues más incómoda es cuando tratas de ocultarla.</p>
</li>
<li>
<p dir="ltr">No sientas envidia de la felicidad de los que viven en el paraíso de los necios, pues sólo un necio pensará que eso es la felicidad.</p>
</li>
</ol>
</blockquote>
<p dir="ltr" style="text-align: justify;">En su <em>Autobiografía</em> Russell habla bastante poco de filosofía (tampoco procede, de todos modos) y mucho de su vida personal; y lo hace sin pudor. Tan pronto menciona una lesión que tuvo en el pene como una afección de piorrea que sufrió durante un tiempo, o habla de las infidelidades matrimoniales que cometió o del mal carácter de su primera esposa. Y todo ello aparece en esas páginas con total naturalidad. Incluso confiesa haber causado, a medio y corto plazo, daños a personas próximas.</p>
<p dir="ltr" style="text-align: justify;">Sin embargo, conviene no equivocarse: Bertrand Russell fue un auténtico caballero inglés de modales exquisitos, así como un contertulio excelente. Huérfano desde muy pequeño, Russell tuvo una infancia solitaria. Fue criado por su abuela y recibió una selecta educación en Cambridge, se casó cuatro veces y tuvo tres hijos. Su posición social fue en general cómoda aunque a menudo dice haber pasado estrecheces económicas (en algún momento afirma tener el deseo de escribir de nuevo algún “gran libro” en lugar de simples libros para “ganar dinero”).</p>
<p dir="ltr" style="text-align: justify;">Russell fue siempre un defensor de causas impopulares. Militó a favor de la igualdad social de la mujer en una época, principios del siglo XX, en que tal cosa era casi una abominación. También fue durante toda su vida un firme defensor del pacifismo, lo cual, por extraño que pueda parecer, le acarreó no pocos problemas. Durante la Primera Guerra Mundial tuvo a toda la opinión pública inglesa en contra al oponerse a la intervención de su país en el conflicto (no por razones políticas sino por el simple deseo de evitar la muerte inútil de miles de vidas, la mayoría en plena juventud). Sufrió la incomprensión de los intelectuales ingleses, partidarios de la guerra la mayor parte de ellos, y amigos suyos algunos de los cuales; e incluso fue a la cárcel a causa de su postura pacifista. Ante la Segunda Guerra Mundial, en cambio, su postura cambió: aun manteniendo su repulsión hacia las muertes en combate, Russell confiesa sentir el deseo de que su nación resulte victoriosa y los nazis derrotados. Porque él nunca dejó de sentirse orgullosamente inglés, pese a vivir largas temporadas en Estados Unidos o hacer continuos viajes por todo el mundo, incluyendo lugares tan inhóspitos para la época como Rusia o China.</p>
<p dir="ltr" style="text-align: justify;">Otro de los asuntos de interés de Bertrand Russell fue el de la educación de los jóvenes. Partidario de un tipo de enseñanza más bien liberal, mantuvo contactos cordiales con A.S. Neill, fundador de la escuela <a href="http://www.summerhillschool.co.uk/">Summerhill</a>, escribió libros al respecto e incluso fundó una escuela junto a su esposa.</p>
<p dir="ltr" style="text-align: justify;">Pero uno de los temas que más centraron su actividad intelectual fue la religión. Desde los 18 años, edad en la que leyó a Stuart Mill, su postura ante el fenómeno religioso fue agnóstica, postura que defendió en numerosos escritos y que le generó no pocos problemas. Conocido es también su <a href="http://www.hislibris.com/foro-new/viewtopic.php?t=9390&amp;sid=02ad6a73643df5732bb129f3b0d2f5cf">debate radiofónico con el filósofo Frederick Copleston</a> en 1948 acerca de la existencia de Dios. A causa de sus creencias (o ausencia de ellas) sobre lo sagrado, y de sus opiniones acerca de la sexualidad, las relaciones prematrimoniales y la promiscuidad, fue considerado por un amplio sector del público algo así como un individuo pervertido y casi satánico, de modo que Russell tuvo que vivir casi toda su vida navegando entre la imagen de respetabilidad que sus trabajos como intelectual, filósofo y matemático le generaban, y la de hombre depravado, vicioso y degenerado que las mentes más puritanas se creaban a partir de sus opiniones sobre esos temas tan personales. Fue tal la presión social que en 1940 la Universidad de Nueva York se vio obligada a despedirlo cuando acababa de contratarlo para impartir clases de matemáticas, ante el temor de que pervirtiera la moral sexual de los estudiantes neoyorkinos.</p>
<p dir="ltr" style="text-align: justify;">También se mostró muy interesado por la física, el estudio del universo y las leyes que lo rigen. Pese a carecer de creencias en el más allá, su profunda fe en el ser humano le llevaba a defender la constante búsqueda de la  felicidad y el progreso de la raza humana. Sus escritos van siempre encaminados en esta dirección: situar al hombre en el cosmos, comprender las leyes que lo rigen y, dentro de ese marco, tratar de vivir de manera sana y feliz . Sin embargo, también tuvo momentos de pesimismo, como revela este texto escrito en 1931:</p>
<blockquote>
<p dir="ltr" style="text-align: justify;">Es medianoche. Solo aquí en mi torre, rememoro los bosques y las colinas, el cielo y el mar, que el día iluminó. Ahora, al mirar por cada una de las cuatro ventanas, norte, sur, este y oeste, sólo veo mi reflejo desdibujado, o sus monstruosas sombras sobre la niebla impenetrable. ¿Qué importa? Cuando despierte de mi sueño, el amanecer me devolverá la belleza del mundo.</p>
<p dir="ltr" style="text-align: justify;">Pero la noche mental que me cubre es menos breve, y no trae consigo la promesa del despertar. Anteriormente, la crueldad, la maldad, el difuso malestar de las pasiones humanas me parecía algo nimio, algo anidado, como una nota discordante no resuelta en una partitura, entre el esplendor de las estrellas y la firme procesión de los tiempos geológicos. ¿Y qué si el universo se extinguiese en una muerte universal? No por ello sería menos sereno y magnífico. Pero ahora, todo esto se ha reducido apenas a mi reflejo en las ventanas del alma, por las que observo la noche de la nada. El movimiento de las nebulosas, el nacimiento y la muerte de las estrellas, no son más que una cómoda ficción dentro de la insignificante tarea de vincular entre sí mis sensaciones personales y tal vez las de otras personas no mucho mejores que yo. La sombría física de nuestro tiempo nos encierra en el calabozo más oscuro y estrecho que jamás haya existido, pues todo prisionero ha creído siempre que del otro lado del muro le espera un mundo en libertad; pero ahora la prisión se ha vuelto el universo entero. Fuera de él hay oscuridad, y cuando yo muera, también la habrá dentro. En ningún lado hay esplendor, ni vastedad; sólo un instante de trivialidad, y luego la nada.</p>
<p dir="ltr" style="text-align: justify;">¿Para qué vivir en un mundo así? ¿Y para qué morir?</p>
</blockquote>
<p dir="ltr" style="text-align: justify;">Su militancia en pro de la paz mundial se hizo más evidente en el periodo de guerra fría que sucedió a la Segunda Guerra Mundial. Russell dedica todo el tercer volumen de sus memorias a sus actividades en favor del desarme nuclear y los peligros de una guerra que pondría fin a la civilización. En las décadas de los 50 y 60 se dedicó a dar discursos por todo el mundo, organizar movilizaciones, entrevistarse con dirigentes del bloque del este y del oeste&#8230; Logró finalmente, en 1951, promover la redacción de una declaración que firmarían numerosos científicos del bloque comunista y del capitalista (Albert Einstein fue el primero que firmó, días antes de morir), para trabajar en beneficio de la paz y en contra de la beligerancia mundial. En algún momento escribió:</p>
<blockquote>
<p dir="ltr" style="text-align: justify;">No puedo creer que éste deba ser el fin. Quisiera que los hombres olvidasen sus querellas durante algunos momentos, y reflexionasen en que, si se conceden a sí mismos la supervivencia, hay toda clase de razones para esperar que los triunfos del futuro superen inconmensurablemente a los triunfos del pasado. Ante nosotros existe la posibilidad, si la elegimos, del progreso continuo en felicidad, en conocimientos y en sabiduría. ¿Elegiremos, en lugar de ella, la muerte, porque no seamos capaces de olvidar nuestras querellas? Llamo, como ser humano, a los seres humanos: recordad vuestra humanidad y olvidad el resto. Si podéis hacerlo, se abre el camino hacia un nuevo paraíso; si no, ante nosotros sólo queda la muerte universal.</p>
</blockquote>
<p dir="ltr" style="text-align: justify;">Un individuo de mente inquieta y espíritu comprometido como Russell no podía menos que probar también en el terreno de la política, sin mucho éxito sin embargo. A principios de los años 20 se alistó en las filas del partido laborista inglés, al cual había pertenecido desde siempre su familia, pero los resultados fueron discretos. En su <em>Autobiografía</em> no tiene ningún reparo en reproducir una carta que un ciudadano le remitió en 1922, cuando tenía 50 años de edad, al respecto de su campaña:</p>
<blockquote>
<p dir="ltr" style="text-align: justify;">Estimado señor:</p>
<p dir="ltr" style="text-align: justify;">Adjunto le devuelvo parte de los folletos que me envió para que los examine.</p>
<p dir="ltr" style="text-align: justify;">En uno de ellos dice: “Por qué la gente que piensa vota laborista”. La gente que piensa no vota laborista, sólo lo hacen quienes no ven más allá de sus narices.</p>
<p dir="ltr" style="text-align: justify;">A juzgar por su foto, no tiene usted aspecto de haber dejado los pañales hace mucho tiempo, así que creo que lo más sensato es que vuelva a casa a chupar del biberón. Los electores de Chelsea desean que los represente un hombre de experiencia. Siga mi consejo y deje la política en manos de hombres más maduros. Si no puede recordar la guerra franco-prusiana de 1870, o la ruso-turca de 1876-1877, no es lo bastante viejo como para ser político.</p>
<p dir="ltr" style="text-align: justify;">Yo recuerdo esas dos guerras y también la guerra del 66, cuando se libró la batalla de Sadowa.</p>
<p dir="ltr" style="text-align: justify;">En ese entonces Inglaterra tenía hombres de experiencia para representarlos</p>
<p dir="ltr" style="text-align: justify;">Me temo que nunca más tendremos alguien como lord Derby (El Rupert del debate) o Dizzy para conducirnos.</p>
<p dir="ltr" style="text-align: justify;">Cordialmente.</p>
<p dir="ltr" style="text-align: justify;">Wm. F. Philpott</p>
</blockquote>
<p dir="ltr" style="text-align: justify;">El peso de la literatura epistolar en esta obra de Russell es enorme: la mitad de ella consiste en una selección realizada por el propio autor, de la correspondencia mantenida con innumerables personas: seres anónimos, familiares (su abuela, sus esposas, su hermano), amantes, amigos, admiradores, escritores, filósofos, matemáticos&#8230; Y es que hasta no hace tantos años la literatura epistolar, en la actualidad prácticamente desaparecida, era un género vivo y efervescente, además de ser un medio de conocer al autor más profundamente que a través de sus obras. Así, Russell se cartea e intercambia elogios y opiniones con personajes como H. G. Wells, John Maynard Keynes, Bernard Shaw, T. S. Elliot, Albert Einstein&#8230; En Cambridge, donde estudió y donde también dio clases, se carteó con pensadores como George Santayana o Gilbert Murray. Su gran amigo de la infancia, el también filósofo Alfred Whitehead, ocupa un alto porcentaje de su correspondencia. Además de con Whitehead, vale la pena destacar su profunda relación de admiración/amistad con algunos personajes, como Joseph Conrad, cuya personalidad y obra impresionaron a Russell, especialmente su novela <a href="http://www.hislibris.com/el-corazon-de-las-tinieblas-joseph-conrad/">El corazón de las tinieblas</a>, donde Russell dice captar toda su filosofía de la vida (por tanto no cabe atribuir el mérito a Coppola). T. H. Lawrence no era precisamente admirado por Russell, ya que lo consideraba un ser de carácter despótico, arrogante y presuntuoso, belicista y despiadado. Especial mención merece su relación con el filósofo Ludwig Wittgenstein. Nacido en Viena en el seno de una rica familia judía, Wittgenstein era 17 años más joven que Russell (y 6 días mayor que Hitler, con quien a los 12 años <a href="http://www.aryse.org/wp-content/uploads/2012/02/realschule.jpg">coincidió un par de años en una escuela de Linz, en Austria</a>). Fue lo más parecido a un genio loco y excéntrico, que renunció a la enorme fortuna que heredó de su padre y decidió abandonar su carrera en el campo de la ingeniería aeronáutica para dedicarse a la filosofía, disciplina en la que únicamente publicó dos libros, uno de ellos póstumamente. Su relación con Russell fue turbulenta: por momentos lo consideraba la única persona capaz de entender sus escritos, y por momentos lo privaba de ese privilegio, que ni tan solo concedía al matemático Gottlob Frege, figura que algunos colocan, en el campo de la lógica, solo por debajo de Aristóteles. Wittgenstein envió a Russell un libro manuscrito que escribió en las trincheras durante la Primera Guerra Mundial, dos meses antes de caer prisionero (dice Wittgenstein en una de sus cartas a Russell: “<em>también he enviado mi manuscrito a Frege, quien me ha escrito hace una semana y deduzco que no ha entendido una sola palabra</em>”). Russell hizo lo posible para que se publicara el libro de Wittgenstein, incluso le escribió una introducción que lo acompañaría ya en todas las ediciones, y finalmente el libro vio la luz en 1922 bajo el título de <a href="http://www.seminariodefilosofiadelderecho.com/Biblioteca/W/bilingue.pdf">Tractatus logico-philosophicus</a>. Fue también alumno suyo en Cambridge, donde incluso llegó a impartir clases tiempo después, hasta su muerte en 1951.</p>
<p dir="ltr" style="text-align: justify;">Gracias a todas las cartas recopiladas por Russell en su <em>Autobiografía</em>, por tanto, pueden descubrirse facetas y matices desconocidos de todas estas mentes brillantes del siglo XX, pues en esos textos ellos escriben como ellos mismos, no a través de sus ideas o sus personajes. Sin embargo, no hay que pensar que Russell se dedique a ensalzarlos (o a lo contrario), sino que se limita a hablar de ellos cuando le conviene a su relato, sin describirlos ni biografiarlos. No es esta obra, por poner un ejemplo y puesto que lo he mencionado antes, del estilo de la de Zweig, biógrafo consumado que canta las más altas alabanzas de los personajes que menciona; Russell hace un relato sencillo, exento de florituras, y esto vale tanto cuando se refiere a personas como a sucesos. De hecho a lo largo de toda su <em>Autobiografía  </em>mantiene un tono bastante plano, sin cargar las tintas en ningún momento en ningún sentido; casi parece, al leer la obra, que la vida de Russell ha carecido de emociones fuertes (y alguna ha habido: ir a la cárcel, sufrir un naufragio, conocer a Lenin&#8230;), pues habla de ellas con tal naturalidad y asepsia que apenas lo parecen. Se reconoce en el estilo (o eso creo) alguien acostumbrado a escribir tal y como piensa, y sin duda su pensamiento fluía con una lógica arrolladora. De otro modo es difícil explicar la gran cantidad de libros y variedad de temas que abordó. Y estos, sus libros, tuvieron un éxito aceptable en líneas generales, siendo su principal fuente de ingresos durante bastantes años su <em>Historia de la Filosofía occidental</em> (<em>History of Western Philosophy</em>, 1945), obra escrita casi por compromiso (en cuyo prólogo el filósofo tuvo que pedir excusas al no dominar a fondo la materia -salvo acerca del pensamiento de Leibniz, del que Russell era una autoridad), y que incluso llegó a ser un <em>bestseller</em> en tierras americanas. Acerca de su modo de escribir, Russell escribió en un ensayo titulado precisamente <em>Mi modo de escribir</em>:</p>
<blockquote>
<p dir="ltr" style="text-align: justify;">A propósito de esto, se me ocurre un consejo a todos los profesores que se cuenten entre mis lectores. A mí se me permite emplear un inglés sencillo porque todo el mundo sabe que, si lo prefiriese, podría emplear la lógica matemática. Tomemos el siguiente juicio: «Algunas personas se casan con las hermanas de sus mujeres muertas.» Yo podría expresarlo en forma que únicamente llegara a ser inteligible después de años de estudio. Esto me concede cierta libertad. Aconsejo a los profesores jóvenes que escriban su primera obra en una jerga que sólo puedan entender unos pocos eruditos. Con esto a sus espaldas, podrán después, siempre, decir lo que tengan que decir en un idioma «comprensible para el pueblo.» Hoy, cuando nuestras mismas vidas están a merced de los científicos, no tengo más remedio que pensar que éstos merecerían nuestra gratitud si adoptasen mi consejo.</p>
</blockquote>
<p dir="ltr" style="text-align: justify;">Tal éxito y tal volumen de libros sin duda propició que se le concediera el premio Nobel a los 78 años, en 1950; Russell confesó sentir sorpresa al enterarse de que se lo concedían en la disciplina de <a href="http://www.nobelprize.org/nobel_prizes/literature/laureates/1950/">Literatura</a> (“<em>en reconocimiento de sus variados y significativos escritos en los que defiende ideales humanitarios y libertad de pensamiento</em>”). Lo cierto es que los libros de Russell llevaban ya muchos años gozando de fama y prestigio en los círculos intelectuales y también entre el gran público. Su defensa del pacifismo especialmente en periodos de guerra fue criticada por muchos pero también alabada incluso por integrantes del ejército: Russell reproduce la carta de un teniente inglés de 25 años que le escribió desde el frente en 1916 en tono extremadamente elogioso (“<em>Esta noche, aquí en el Somme, acabo de terminar su </em>Principios de la reconstrucción social<em>, que me esperaba al volver del frente</em> (…) <em>sólo por ideas como las suyas, solo por la existencia de hombres y mujeres como usted, vale la pena sobrevivir a la guerra, si por ventura se sobrevive</em>  (…) <em>por usted, nos gustaría seguir con vida.</em>”). El soldado murió 3 meses después en batalla.</p>
<p dir="ltr" style="text-align: justify;">Las más de mil páginas de esta <em>Autobiografía</em> (en letra pequeña) proporcionan un acercamiento de primera mano a la personalidad de Bertrand Russell, y casi más que el propio relato de su vida es la copiosa correspondencia incluida (la mitad del libro, como dije antes) lo que produce la sensación de estar conociendo de verdad al auténtico Russell. Es también el auténtico Russell el que encontramos en <a href="http://www.bsolot.info/wp-content/uploads/2011/02/Russell_Bertrand-Retratos_de_memoria_y_otros_ensayos.pdf">Retratos de memoria y otros ensayos</a>, texto mucho más breve pero igual de interesante, pues es una especie de resumen de su magna <em>Autobiografía</em>. Es difícil entender el mundo intelectual del siglo XX sin hacer mención a las contribuciones de Bertrand Russell, y echar un vistazo a su vida parece un tributo casi obligado.</p>
<p dir="ltr" style="text-align: justify;"><span style="font-family: Arial,Helvetica,sans-serif; font-size: small;"><em>&#8220;Ésta ha sido mi vida. La he hallado digna de vivirse, y con gusto volvería a vivirla si se me ofreciese la oportunidad&#8221;.</em></span></p>
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		<title>PRAGA MORTAL &#8211; Philip Kerr</title>
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		<pubDate>Wed, 08 May 2013 09:59:45 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Valeria</dc:creator>
				<category><![CDATA[Novela histórica]]></category>

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		<description><![CDATA[«Investigar un asesinato en otoño de 1941 era como arrestar a un hombre por vagancia durante la Gran Depresión. Pero hice lo que se me ordenaba y comencé con mis movimientos tal como un policía de verdad hubiese hecho. ¿Qué alternativa tenía?». Praga Mortal es el resultado de un afortunado mestizaje entre novela negra y [...]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://www.hislibris.com/wp-content/uploads/2013/05/praga-mortal-9788490062654.jpg"><img class=" wp-image-15650 alignleft" alt="praga-mortal-9788490062654" src="http://www.hislibris.com/wp-content/uploads/2013/05/praga-mortal-9788490062654.jpg" width="100" height="152" /></a>«Investigar un asesinato en otoño de 1941 era como arrestar a un hombre por vagancia durante la Gran Depresión. Pero hice lo que se me ordenaba y comencé con mis movimientos tal como un policía de verdad hubiese hecho. ¿Qué alternativa tenía?».</p>
<p>Praga Mortal es el resultado de un afortunado mestizaje entre novela negra y novela histórica, protagonizada por Bernhard Gunther, un policía alemán de la KRIPO (Kriminal Polizei), que transcurre entre Berlín y Praga en el año 1941. Es la octava novela de la serie «Berlin Noir»<i>,</i> concebida  inicialmente como una trilogía que comenzó en 1989 con la obra <em>Violetas de Marzo</em>, y que Philip Kerr retomó en el año 2006.  Por mi parte, es la primera novela que leo de esta serie y este autor, y no será la última. Al menos intentaré hacerme con esa trilogía inicial, que según comentarios de lectores de esta web  es de lo mejor de «Berlín Noir». <span id="more-15648"></span></p>
<p>Centrándonos en la novela objeto de la reseña, Gunther es en este momento de la serie un cuarentón desencantado, fumador y bebedor empedernido, cuyo sentido ácido del humor, desfachatez y cabezonería nos recuerda inevitablemente a los personajes nacidos de la mano de Raymond Chandler, Dashiell Hammet o James Elroy. Personajes de serie negra, descreídos, duros y sarcásticos. La novela inevitablemente nos trae a la memoria las viejas películas americanas en blanco y negro protagonizadas por hombres de sombrero y gabardina. De hecho, encaja perfectamente con algunas definiciones de <i>hardboiled fiction</i>, un subgénero de la novela negra en el que se suele encuadrar a los autores citados: «Narración en primera persona, lenguaje duro, uso de argot callejero, cinismo profundo en el carácter de un detective protagonista que está de vuelta de todo, pérdida de importancia del proceso de identificación del culpable, y unos rasgos estoicos, y, a veces, nihilistas en la filosofía vital del detective»¹.</p>
<h3>Incluso me gusta el jazz algunas veces, siempre y cuando recuerden dónde dejaron la melodía</h3>
<p>&nbsp;</p>
<p>La novela está narrada en primera persona, y eso no sólo permite una profundización sobre la complejidad del personaje protagonista, sino que a los lectores que nos asomamos por primera vez a su mundo nos facilita muchas pistas sobre su trayectoria. Gunther luchó en la primera gran guerra, perdió muy joven a su esposa, y dejó durante un tiempo la policía para trabajar como investigador privado, pero aunque todos le reconocen como un magnífico profesional no encaja en la Nueva Alemania (obstinadamente se ha negado a formar parte del Partido —el Partido Nazi—).  Es un hombre al que le duran poco las relaciones, un lobo solitario, que todavía es capaz de sentirse interpelado por la situación de sus semejantes, especialmente si son judíos.  Pero lo más importante es que acaba de regresar de un destino maldito en el frente del Este, en Ucrania, donde tuvo que supervisar operaciones especiales de «reasentamiento» de judíos. Este eufemismo hacía referencia a la limpieza étnica desarrollada en territorios ocupados, y constituía una experiencia demoledora para la moral de las tropas, incluso para los nazis más convencidos. En el caso de Gunhter su condena le ha convertido en un hombre resentido, que sabe que nunca podrá deshacerse del asco y la culpa. Es un alemán con una visión muy lúcida sobre el camino sin retorno en que se ha embarcado su país pero que no puede salirse del sendero marcado.</p>
<p>El protagonista está atado por un extraño vínculo que no puede romper con un hombre al que odia: Reinhard Heydrich. Cuando se encuentra en Berlín investigando un homicidio rutinario, recibe la «invitación» de acompañar al Protector de Bohemia y Moravia a Praga, con el objeto de responsabilizarse de su seguridad personal.  En el Castillo de Jungfern-Breschan donde reside el SS-Obergruppenführer con toda su plana mayor  tiene lugar un sorprendente asesinato, que le corresponde resolver a Gunther.</p>
<p>La novela nos acerca, con un estilo literario sobrio, de frases cortas y descripciones duras aligeradas a base de sarcasmo, a las dificultades de una ciudad en guerra y al clima asfixiante de miedo en que viven los berlineses: los informadores de la Gestapo infiltrados en cualquier lugar, la propaganda nazi, la hipocresía de los miembros del Partido, las corruptelas de los altos mandos militares, la inseguridad de las mujeres, la situación de los judíos, las desapariciones y torturas, y cómo no, el hambre y la inexistencia de productos básicos.</p>
<h3>En estos días las cosas son menos fragantes, y si eres sensato subes al metro con una naranja con clavos, como un papa medieval que se mezcla con el populacho. Sobre todo en verano. Incluso la muchacha más bonita olía como un estibador en los terribles días de 1941</h3>
<p>&nbsp;</p>
<p>El  ritmo de la novela no decae en ningún momento, y es que a la adecuada ambientación histórica, y al protagonismo de los grupos sociales entre  los que transcurre la acción, se le une el acierto en el desarrollo de las tramas policiales. Desde Gordiano el Sabueso hasta Guillermo de Baskerville, pasando por el Juez Di o  Didio Falco, la unión de misterio e historia es una mezcla muy atractiva, que en este caso ofrece como resultado una novela notable, pese a que algunos comentarios habían rebajado mis expectativas al señalar que los números anteriores de la serie no estaban a la altura de la trilogía inicial. En esta obra en particular resulta especialmente interesante no sólo el trasfondo opresivo y macabro de una ciudad bajo un sistema que aspira al control total de los ciudadanos, sino todo lo que rodea la figura de Heydrich y los sucesos que tuvieron lugar mientras era Reichsprotektor en Praga. Un personaje sobre el que el protagonista se pregunta ¿Cómo hemos sido los alemanes capaces de permitir un Heydrich?</p>
<p>Los interesados pueden encontrar más información en la Red, pues la serie dispone de página propia: <a href="http://berniegunther.com/">http://berniegunther.com/</a>.</p>
<p>Philip Kerr es un escritor escocés que compagina la escritura de  novela policíaca con literatura infantil. Se dio a conocer con los tres primeros libros de esta serie y su libro <i>Si los muertos no resucitan</i>, novela número 6 de «Berlín Noir», fue premiada en 2009 con el III Premio Internacional de Novela Negra RBA.</p>
<p>____</p>
<h3>¹Roberto Bartual Moreno. <em>La novela policíaca: Ficción detectivesca y hardboiled</em></h3>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>PRAGA MORTAL</p>
<p>Philip Kerr<br />
RBA  LIBROS, 2012<br />
432 páginas.<br />
ISBN 9788490062654</p>
<p>Technorati Tags: <a href="http://technorati.com/tag/Philip+Kerr" rel="tag">Philip Kerr</a>, <a href="http://technorati.com/tag/detectives" rel="tag"> detectives</a>, <a href="http://technorati.com/tag/polic%C3%ADaca" rel="tag"> policíaca</a>, <a href="http://technorati.com/tag/hist%C3%B3rica" rel="tag"> histórica</a>, <a href="http://technorati.com/tag/Berl%C3%ADn" rel="tag"> Berlín</a>, <a href="http://technorati.com/tag/Praga" rel="tag"> Praga</a>, <a href="http://technorati.com/tag/hardboiled" rel="tag"> hardboiled</a></p>
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		<title>PERSÉPOLIS &#8211; Marjane Satrapí</title>
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		<pubDate>Tue, 07 May 2013 10:50:03 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Balbo</dc:creator>
				<category><![CDATA[Comics]]></category>

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		<description><![CDATA[«Teníamos tantas ansias de libertad que olvidamos que no éramos libres». Según como te cuenten un tema te puede ser grato o muy ingrato. Depende sobre todo del narrador y de como te envuelva la historia que muestra. Como nota personal, y exemplum de lo que os quiero decir, hace algunos años unos amigos, que [...]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://www.hislibris.com/wp-content/uploads/2013/05/persepolis1libro.jpg"><img class="wp-image-15631 alignleft" alt="persepolis1libro" src="http://www.hislibris.com/wp-content/uploads/2013/05/persepolis1libro.jpg" width="100" height="141" /></a>«Teníamos tantas ansias de libertad que olvidamos que no éramos libres».</p>
<p>Según como te cuenten un tema te puede ser grato o muy ingrato. Depende sobre todo del narrador y de como te envuelva la historia que muestra. Como nota personal, y <i>exemplum</i> de lo que os quiero decir, hace algunos años unos amigos, que sabían de mis gustos en lo tocante a temas históricos, me invitaron a unas charlas universitarias sobre el Extremo Oriente y su situación actual. Para mi decepción la persona que llevaba el debate mostraba los hechos de una manera tan pastosa que hizo que aquella hora pareciera que durara dos o más. Después de aquello, la verdad, se resintió un poco mi interés sobre la evolución histórica en aquella parte del mundo. <span id="more-15630"></span>Pero, pasado el tiempo, un día en una librería me tropecé, casi de soslayo, con un grueso volumen de color rojo que llamó mi atención. Su titulo era muy sugerente y evocador: <i>Persépolis</i>, escrito por una autora iraní para mí entonces desconocida: Marjane Satrapí (luego la conocería mejor gracias a otros libros suyos como <i>Bordados</i> o <i>Pollo con ciruelas</i>). Era aquellos buenos tiempos en que a los dueños de las librerías no le importaba que te sentaras en un rincón y leyeras un libro sin miedo a que te dijeran algo. Aunque era algo grueso y tuve que volver al mismo sitio en varias tandas seguidas, me enganchó de tal manera que quedó en mi mente para siempre y a pesar de no ser un ensayo sino un cómic, o novela gráfica como se dice ahora, aprendí más sobre la historia moderna de Irán que en aquella sesuda charla de años atrás.</p>
<p>Esta novela gráfica, plasmada en blanco y negro y publicada en cuatro tomos entre los años 2000 y 2003, trata esencialmente de la autobiografía de la escritora Marjane Satrapí y nos habla de sus vivencias personales y familiares ocurridas desde 1978 y 1992, no solo en su ciudad natal, Teherán, sino también en centroeuropa, en Viena más en concreto. Gracias a sus vivencias, narradas ora de manera irónica y sentimental, ora de forma cruda, Satrapí se convierte en un testigo de excepción de los cambios sociales y políticos ocurridos en su país, Irán, desde la caída del Shá de Persia hasta la instalación y fijación de una Republica Islámica en donde impera el fundamentalismo religioso más extremo. Al principio vemos a la protagonista siendo una niña que vive en una familia de clase media alta y que tiene la suerte de ser criada por unos padres y una abuela de ideas liberales que está en contra del gobierno del Shá. La familia, en concreto, tiene razones para luchar desde la política contra el tirano dirigente pues el bisabuelo de la pequeña Marji fue el último rey de la dinastía persa de los Qadjar. La niña se mueve en un mundo de contradicciones pues por un lado ve que existen avances progresistas pero por otro existen cárceles a reventar y torturas a disidentes políticos. Recordemos que en el momento en el que comienza esta novela gráfica Mohamad Reza Pahlevi, más conocido como el Shá de Persia, lleva en el poder desde 1953 y que llegó a él mediante un golpe de estado, llamado la Revolución Blanca,  promovido por la CIA. Desde el mismo momento en que ocupa el trono se extiende por el país un régimen de terror encabezado por la temible policía secreta SAVAK. Inmediatamente abole los partidos políticos, lo que conlleva cárceles y torturas; impone la no nacionalización del petróleo, en favor de países extranjeros como Reino Unido o Rusia; mientras que por otro lado está a favor del sufragio femenino y la expropiación de latifundios.</p>
<p>Un día la familia esta muy emocionada pues parece que por fin el Shá va a caer. En 1979 se producen movilizaciones callejeras, auspiciadas por los estudiantes y una parte de las fuerzas armadas, lo que lleva al tirano a exiliarse. Un mundo nuevo se abre ante la familia Satrapí. La esperanza de una Irán democrática les ilusiona, pero aunque parezca increíble el mundo en el que vive pasa de la sartén para caer en el fuego pues venido desde el exterior el Ayatolá Ruhollah Jomeini, ardiente y fanático clérigo chiita ocupa el poder imponiendo un régimen islámico que lleva al país casi de nuevo a la Edad Media. ¿Cómo se pudo llegar a esa situación?&#8230; uno de los protagonistas es quien mejor lo explica: «La mitad del país es analfabeta. Solo el nacionalismo y la religión pueden unir a la gente».<i> </i>A partir de aquí la familia se desmorona y entran en un mundo de miedos, torturas, guerras sin sentido (Guerra Irán-Irak 1980-1988) fusilamientos y exilios. Esta última medida es la que toma Marjane y tiene que emigrar a Austria a estudiar en el Liceo Francés de Viena. Allí descubre un mundo nuevo pero no se siente a gusto. Es una persona atrapada en dos dimensiones ya que por un lado es más libre en Occidente pero la gente siente prejuicios por venir de un país dictatorial. Con el tiempo y después de varias decepciones regresa a Teherán y comienza una nueva vida en un país lleno de calles con nombre de mártires «La sangre de nuestros mártires riega nuestra tierra y alimenta desiertos de esperanza»<i>, </i>oscurantismo de velos negros y rechazo por haber vivido en el decadente mundo occidental. Poco a poco se recupera y comienza a estudiar y a tener relaciones con antiguos amigos. Pero Irán, ya no es un mundo donde desee vivir. Se siente extraña  pues «era extranjera en Austria y ahora soy extranjera en mi país»<i>. </i>Así que con todo el dolor de su corazón y con la orden tajante de su familia de que nunca más regresé y que sea libre, decide, con 42 años, emigrar de nuevo a Francia y vivir de manera plena.</p>
<p>Éste es el comienzo de una obra que no solo muestra la historia de una persona, sino que a la vez es reflejo de la historia reciente de Irán. El arco comprendido entre 1978 y 1992 es esencial para comprender la evolución del centro geopolítico de Oriente. Mediante el trazo negro y el fondo blanco de la esperanza Marjane Satrapí hace un viaje a través de la Revolución que derrocó al Shá, la represión y la violación de derechos humanos vividos en los comienzos más dramáticos del gobierno de Jomeini y la Guerra entre países vecinos Irán-Irak. Muerte, desolación, ruinas y sin sentidos fundamentalitas son los que imperan en esa sociedad y la autora despliega a través de ellos una impresionante fresco de cómo era la sociedad iraní de finales del siglo XX. Satrapí es el mejor reflejo y contraste entre dos mundos, pues por un lado tiene en Oriente un pie metido en un país lleno de tristes mártires por la revolución, telas negras que ocultan la esencia femenina, y un puritanismo hipócrita; mientras que por otro lado su ser esta anclado en Occidente en un mundo nihilista y que todo el rato mira con recelo hacia aquel otro lado imbuido en una religiosidad desgarradora.</p>
<p><i>Persépolis</i>, de Marjane Satrapí es sobre todo un documento imprescindible para comprender la historia del siglo XX en Oriente Medio, pero ante todo es también un relato que nos enseña que nunca hemos de olvidarnos de quienes somos y que no nos hemos de avergonzar de nuestra historia. Un canto a la libertad, una oda a la integridad:</p>
<p>«En tu vida conocerás muchos tontos. Si te hacen daño, recuerda que es porque son estúpidos. No respondas a su crueldad. No hay nada peor que la amargura y la venganza. Muestra tu dignidad y tu integridad».</p>
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		<title>IV Encuentro Hislibris. Carmona. Crónica.</title>
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		<pubDate>Mon, 06 May 2013 10:09:45 +0000</pubDate>
		<dc:creator>H.E.A.</dc:creator>
				<category><![CDATA[Varios]]></category>

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				<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://www.hislibris.com/wp-content/uploads/2013/05/946864_530195017026315_643472451_n.jpg"><img class=" wp-image-15619 alignright" alt="946864_530195017026315_643472451_n" src="http://www.hislibris.com/wp-content/uploads/2013/05/946864_530195017026315_643472451_n.jpg" width="198" height="198" /></a>Total; que llegó el día. Con mariposas en el estómago y caracoles en el esófago empecé el día desayunando exactamente lo mismo que Juan Eslava Galán. No, no es que nos hubiésemos acostado juntos, solo que resulta que somos almas gemelas, fíjese usted. Pero dejemos eso, a su debido tiempo, que trataré de aplacar mi característico proceder caótico que tanto mola. Ya a las nueve tenía mensajes sin leer, a un niño malo con la barriga y un estercolero con ruedas que limpiar. La cosa empezaba bien. Primera faena; ir al aeropuerto a recoger a la maravillosa compañía de José Vicente Pascual, y a él mismo. Una vez montados Sonia y él en mi utilitario, y percatándome yo de que no arrugan la nariz ni tuercen el gesto, me convenzo de haber limpiado bien el auto y empieza todo a enderezarse. Ea, listos, a Carmona que vamos. <span id="more-15618"></span></p>
<p>Aun habiendo vivido durante tres años allí, José Vicente no cae en la cuenta del mejor itinerario y cruzamos Carmona por la parte en la que ni los carmonienses van, aunque el trayecto se ve recompensado por los sabios apuntes del autor, al que sonrióle la fortuna y pudo saludar a su antigua casera, una venerable y<i> kamikaze</i> anciana, justo después de no atropellarla. Una vez ubicados ellos decido dar y recibir novedades y es entonces cuando veo a Akawi en el <i>hall</i> del hotel (precioso por cierto) y no puedo evitar empezar a sobar tías buenas, que es para lo que viene uno, coño. Una vez saludados y besados, me comenta con quién había quedado allí y decido acompañarla pues esperaba a River y a Nino (Juanrio y Germanico). Pero nos fumamos un paquete de tabaco esperándolos, así que una vez pasados esos cinco minutos (en serio, a ese ritmo<i> jumemos ompare</i>) pongo pies en polvorosa y búscome la mejor ruta de ida y vuelta (ya saludaría a estos luego). Ya finiquitado el tramite del itinerario, me dispongo a planear la manera de envenenar a Urogallo y quitármelo de en medio, así que una vez recogido del aeropuerto me lo llevo a comer montaditos de ali-oli con gambas a ¡¡¡un bar de centro comercial!!! (no hagáis eso nunca, niños), optando yo por los ibéricos, más aún sabiendo que pagaría él.</p>
<p>El caso es que me regala el muy truhán un Bran Stoker, y antes de que empezara a hacerle efecto la bomba estomacal me lo llevo a casa a que mis nenes le canten los aguinaldos ¡¡¡en mayo!!! Y el tío se comportó como un autentico príncipe, llegando incluso mi hijo mayor a decirme que son los mejores de su vida. Nos vamos los dos a la estación de Santa Justa, pues la siguiente misión era la gorda: recoger a Eslava Galán del andén tres, servirle sedante en el agua con gas y secuestrarlo en plan<i> Misery</i> para que convierta en trilogía <i>El mercenario de Granada</i>. Pero todo se nos tuerce porque recibimos noticias del alto mando informando de nuevas misiones; la más importante de ellas era recoger a Mª Ángeles (41, soltera, Cádiz, bellísima persona a la que le molesta en una novela de vampiros la falta de rigor histórico, agárrate que viene curvas, porque el tema no quedará ahí) también en la estación, aunque un poco más tarde. Así que suprimimos lo de la droga y nos refrigeramos los tres en la cafetería más cara de la estación (ya saben, pagaba el Uro). El caso es que desde el primer minuto no nos comportamos como los grandes amigos que somos hoy, ¡¡¡los tres amigos, híjole!!! Al principio nos mostramos como lo que éramos, un señor que aún con ilusión se mantiene en lógica distancia, un apasionado friki de su obra y un apasionado friki de su obra con estudios. Así que para dejar claro las cosas le solté «mire, don Juan, no se preocupe porque le haremos lo mismo que Farsalia el año pasado, solo que nosotros nos hemos leído con gusto sus libros». Así que borró a Farsalia de amigo en el <i>wassap </i>y comenzamos una escalada pelotillera solo empañada por el orgullo romano del Uro que desde que pudo le dejó claro a Juan que se la tenía jurada desde la última vez que se batieron. Reveladora merienda, pero eran ya las seis, estábamos a treinta kilómetros de donde comenzarían los actos, Mª Angeles no aparecía por ningún lado y yo ya necesitaba una ducha aun pareciendo que ya lo había hecho con la ropa puesta.</p>
<p>Localizada María, nos ponemos en marcha los cuatro. Llego al pueblo (por cierto, hay que ver lo que le molesta a la gente de las pequeñas ciudades reconocerse como pueblo, qué tontería, ¿habrá algo más bonito que un pueblo?, ¿acaso no es una preciosa palabra, tan contundente que parece contenerse a sí misma como la rosa de Borges?). Suelto los bultos, saco también sus maletas, y la de Eslava de mi maletero, y tiro millas otra vez pa Sevilla a por Violeta, mi vida. 18:12 a tan solo cuarenta y ocho minutos para que den comienzo oficialmente los fastos hislibrenses. ¿Por qué no me esperé allí y fui a por Violeta luego, cabiendo la seria posibilidad de que no llegase a tiempo? Una buena pregunta, pero la respuesta no es que lo hiciera queriendo porque tuviese que hablar yo en el citado acto y ello me diera pavor. Eso no, lo mejor es pensar algo nocivo contra las mujeres y lo que tardan en arreglarse y pa’lante.</p>
<p>19.26 y yo subiendo Virgen de Gracia en coche, asombrado aún de lo guapa que está mi mujer. Al acto le quedan seis minutos por concluir. Objetivo cumplido. Llegaremos los últimos y seremos el centro de atención.</p>
<p><a href="http://play.televisioncarmona.com/v/Obu1E9HEd224GPHMDO//" target="_blank">AQUÍ EL VÍDEO DE LA ENTREGA DE PREMIOS</a></p>
<p>Jo que nervios, iba a ver a un montón de gente que ansiaba tocar desde hacía años y  voy despeinado, sin duchar y el último, tócate los cojones. Menos mal, y repito, que mi señora iba guapísima y eso lo disculpa todo, coño. Es como si llegase con el <i>Rapto de Proserpina</i> o un Velázquez a cuestas. Así que voy a empezar a citar famosos que allí había por orden de sacudida, a ver si vosotros no os pondríais nerviosos: Ariodante, Javi_LR, Juanrio, Urogallo, Rosalía de Bringas (muy enfadada conmigo, o eso o no entiendo por qué no se dejó abrazar ya que en esos instantes mis ropas estaban ya casi secas), Akawi, Ascanio y Arauxo (<i>wow</i>), Barto, Arturo (jo qué elegancia, Arturo), Germánico (jo que chubasquero rojo Germánico), Duqur, Semíramis, Mr. Gado (al que discretamente le ofrecí la posibilidad de conseguirle un ejemplar del libro de estraperlo, y que él rechazó de facto, <i>chapeau</i>), y los más famosos de todos: los que se me olvidan o los que lo son por otra cosa que no es ser hislibraico (si Lopekan se inventa lo de <i>hislibrense</i> por qué no me voy a poder inventar yo esta). El caso es que después de tirarle por sexta vez el bombín a Ariodante, Javi nos animó a todos a contemplar la belleza del lugar. Seguro que en otras crónicas la describirán mejor, pero así a bote pronto alli al agonías de Stendhal le da la apoplejía  en <i>cerocomados </i>(para que me entiendan los <i>twuiteros</i>, sí, Áglade, sabemos que estás ahí). El caso es que como, acto seguido, empezaron a sacarnos de beber y de comer cosas buenas a punta pala mi memoria se difumina entre el padre de Juan Eslava Galán sobornado al técnico que daba el carnet de conducir, para luego atropellarlo «sin querer», el parecido tan asombroso del vástago Baonza y el mío, el secuestro al que se había visto sometida mi santa esposa por parte de los aborígenes y el testigo que me entrega Arauxo en persona como <i>tocapelotas </i>oficial de este antro, sacro antro.</p>
<p>Se me olvida mencionar a los ganadores del IV Premio de literatura histórica Hislibris. Imperdonable:</p>
<ul>
<li>Mejor ensayo: <i>El terror rojo</i> de Julius Ruiz, editorial Espasa.</li>
<li>Mejor novela histórica: <i>La hermandad de la nieve</i> de José Vicente Pascual, editorial Evohé.</li>
<li>Mejor labor editorial: editorial Esfera de los libros.</li>
<li>Mejor portada: <i>Cañones de guerra</i> de Richard Woodman, editorial Pámies.</li>
<li>Mejor autor novel: Ildefonso Arenas por <i>Álava en Waterloo</i>, editorial Edhasa.</li>
<li>Mejor autor: José Vicente Pascual por <i>La hermandad de la nieve</i>, editorial Evohé.</li>
<li>Premio honorífico: Juan Eslava Galán.</li>
</ul>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y después la cena, claro, la mejor sin duda porque justo en medio de ella Javi me dio otra misión; ir a recoger a alguien que no conozco, a un sitio en el que aún no he estado, a ser posible en coche tras mil quinientas cervezas. Ya, antes del segundo y después del primero (platos): Violeta cara de tacón. Así que decidimos ir los dos juntos a pie… Muahahahajajaja, dos fumadores, librepensadores empedernidos que no conocen el pueblo, cuesta arriba, cuesta abajo, de noche, casi afectados por los vapores y siendo uno de ellos un retorcido filólogo.</p>
<p>―Aaaarf, aaarf, desde luego la situación política en que la izquierda española nos encontramos ahora mismo es complicada…</p>
<p>―Aaaarf, aaarf. ¿Y quién te ha dicho a ti que yo sea de izquierdas?&#8230;</p>
<p>Ginc-tonis.</p>
<p>Germánico, Juanrio, Javi y Arturo, sin duda, volverán a tomar gin-tonis conmigo. Y sí, lo digo a boca llena, ¡yo soy uno de esos imbéciles que descubrió los gin-tonis hace cuatro días, y ahora se cree un entendido! Al lado de estos soy un manta.</p>
<p>Sábado. Arauxo. Arauxo. Arauxo. La plata fluía de su boca como un manantial de argenta liquida bendecida con el don de alzarse contra el terrible corsé, no académico sino científico, del ambiente creado en aquella sala, perpetrado por mujeres.«Déjense de perfectos escenarios de cartón piedra, con perfectos personajes de cartón piedra, porque a mi me da igual que Flaubert  colocara una chumbera en Salambó», creo que dijo textualmente nuestro azul maestro. ¡Ay! las chumberas, y las historiadoras, y Arturo, su perfecto contrapunto. Y las historiadoras… (aquí es cuando viene lo de la exactitud histórica en las novelas de vampiros y mi caótica exposición, porque oficialmente las mesas iban del arte en las novelas y de Carmona en la historia, creo, pero ya sabéis ¡SOMOS HISLIBIBRIS!, y aquí se habla de lo que digamos nosotros, no Javi_LR, auténtico cerebro de <a href="http://www.google.es/url?sa=t&amp;rct=j&amp;q=&amp;esrc=s&amp;source=web&amp;cd=1&amp;cad=rja&amp;ved=0CDAQFjAA&amp;url=http%3A%2F%2Fwww.hislibris.com%2Fforo-new%2Fviewtopic.php%3Ft%3D9421%26sid%3D54f0faeed59fd22e739a2a96b2bf5ff6&amp;ei=gXmHUfSxLK6d0wXnmYHYBA&amp;usg=AFQjCNGRiFeHcATMf_trex3P7T6N">este nido liberal de falsificación anti-stalinista</a>, como todos ustedes bien sabréis ya, pues es el que nos despierta a las seis de la mañana a todos con la circular del día).</p>
<p style="text-align: center;"><a href="http://www.hislibris.com/wp-content/uploads/2013/05/923358_488055541266586_1260712564_n.jpg"><img class="aligncenterwp-image-15620" alt="923358_488055541266586_1260712564_n" src="http://www.hislibris.com/wp-content/uploads/2013/05/923358_488055541266586_1260712564_n.jpg" width="461" height="346" /></a></p>
<p>El caso es que Sebastián Roa lo dejó muy clarito, Y Javier Negrete más. Y miren ustedes, si yo tengo que ponerme del lado de alguien en un asunto como el que nos ocupa, aunque todavía no se lo haya dicho yo, queridos <i>leyentes</i>; es al lado de estos dos tipos. Aunque del otro lado sean las historiadoras, porque aquí nadie ha dicho que nos fuésemos a quedar perdidos en una isla, solo que había dos bandos. Además una vez Juan Eslava Galán asintió cuando dije yo algo, de manera que el éxtasis me borró de la memoria todo lo que vino después.</p>
<p style="text-align: center;"><a href="http://www.hislibris.com/wp-content/uploads/2013/05/2mesa.jpg"><img class="aligncenterwp-image-15621" alt="2mesa" src="http://www.hislibris.com/wp-content/uploads/2013/05/2mesa.jpg" width="453" height="265" /></a></p>
<p>De la antológica y no vista en su máxima expresión ponencia de Rosalía acerca del relato corto a principios del siglo XX, escoltada por dos figuras como los nombrados ya Galán y Negrete, creo que serán ustedes mas sabios en ver la magnifica grabación que TeleCarmona hizo de ella abarcando cada una de las intervenciones por nimias o cursis que fueran.</p>
<p style="text-align: center;"><a href="http://www.hislibris.com/wp-content/uploads/2013/05/472619_488058234599650_2113137124_o.jpg"><img class="aligncenterwp-image-15622" alt="472619_488058234599650_2113137124_o" src="http://www.hislibris.com/wp-content/uploads/2013/05/472619_488058234599650_2113137124_o.jpg" width="442" height="332" /></a></p>
<p>AQUÍ LOS VÍDEOS DE LA PRESENTACIÓN:</p>
<ul>
<li><a href="http://www.youtube.com/watch?v=FsHjz9Sw8L0&amp;feature=youtu.be" target="_blank">I Parte (Rosalía y el cuento corto)</a></li>
<li><a href="http://www.youtube.com/watch?v=UG2q_IjRo40&amp;feature=youtu.be" target="_blank">II Parte (Rosalía, Juan Eslava Galán y Javier Negrete presentan)</a></li>
<li><a href="http://www.youtube.com/watch?v=njpShrozojs&amp;feature=youtu.be" target="_blank">III Parte (coloquio entre los asistentes)</a></li>
</ul>
<p>Así que para la cena Lucía y yo nos remangamos como dos madres en las rebajas de los noventa y, a codazos, nos colocamos en la mesa de Eslava y Negrete, y nos dijimos «qué cojones, estos se van de aquí mañana y llevamos sin hablar de ovnis y templarios media hora, vamos a acribillarlos». Lucía se bebió botella y media de <i>Chateu Lecroix Cabestany,</i> y yo me encargué de llenar constantemente las copas de cervezas de estos, y la mía. Así que allí salió, La Rochelle, Bafomet, círculos concéntricos de agua y tierra, el oro del templo según Humberto Eco, los templarios caníbales, la Atlántida en Jaén, que no, que son los Tartessos, que si Hitler escapó vivo, anda lantáquet calla un rato, ¿esa era <i>Así en el cielo como en la tierra</i>, o esa era la otra?, las corrientes telúricas, <em>El Aleph</em>, J.J. Benitez y su <i>Yo Julio Verne</i> (en serio), Humberto Eco es otro manta, pues a mí no me gustó <i>Rayuela</i>, Eric Von Danniken no esta tan loco, dirán lo que quieran de Mel Gibson; pero el hijoputa sabe hacer películas, no os podéis perder <i>La parada de los Monstruos</i>, la banca templaria, Homo Erectus …Y todo esto con el Uro fuera de combate ya. Porque, si no, no me hubiera dejado. Segundo objetivo cumplido.</p>
<p>Gin-tonics… Y cero posibilidades de hacer el amor.</p>
<p>Besos besos besos de despedida. Y no hubo partido de Fútbol.</p>
<p>&nbsp;</p>]]></content:encoded>
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