ESPAÑA, EUROPA Y EL MUNDO DE ULTRAMAR – John Elliot

«Voto a Dios que me espanta esta grandeza».
Miguel de Cervantes
Cuando un autor llega a cierto nivel de reconocimiento, todo material suyo es susceptible de convertirse en un libro. Y asÃ, aunque se pensase en su origen para ser publicado en forma de artÃculo, o expuesto en un congreso, termina por acabar encuadernado y en las librerÃas para deleite del gran público. Ese público que no compra revistas especializadas ni es invitado a las ponencias.
Y aquà tenemos el resultado final. Un buen número de artÃculos de gran interés y que merecÃan de sobra llegar a nuestras codiciosas manos.
Personalmente destacarÃa:
- Aprendiendo del enemigo: La actitud, muy favorable, de los ingleses hacia la legislación colonial española.
- Una sociedad no revolucionaria: Los motivos de la tranquilidad de Castilla durante las turbulencias de 1640.
- Inglaterra y España en América: Las diferencias entre los modelos de colonización de ambas naciones.
- La sociedad cortesana en la Europa del Siglo XVII.
Desde luego la extensión no limita la investigación, ni le impide aportar gran cantidad de material. Sin ir más lejos, una exposición de las dificultades de gobernar un Imperio de distancias enormes en la época de la vela y el caballo:
Candia-Venecia: 33 dÃas.
Brujas-Madrid: 2/3 semanas.
Madrid-Nueva España: 3/8 meses.
Madrid-Lima: Por encima de los 10 meses.
Los artÃculos tienen interés no solo por el aporte de material, sino también por los posicionamientos novedosos que implican. Por ejemplo: ¿Por qué no se lanza a la rebelión Castilla en 1640, si realmente ha sido oprimida mucho más que Cataluña o Portugal? Castilla además estaba indefensa, no habÃa tropas disponibles, y el Rey habÃa enajenado casi todo su patrimonio para permitir a los nobles formar señorÃos jurisdiccionales. No obstante, la despoblación era un problema tan grande que cualquier noble despótico podÃa encontrarse de pronto sin vasallos, puesto que estos habrÃan escapado hacÃa las Indias o hacia el servicio de señores menos exigentes. En Castilla los brazos no sobraban, y la población urbana carecÃa de instrumentos para imponer su fuerza más allá de las algaradas callejeras. CarecÃa del apoyo de los poderosos, que instrumentalizarÃa la fuerza del populacho en otros lugares.
Por otro lado, las grandes revueltas de Inglaterra y Francia en aquella época permitieron al final del proceso la creación de estados más sólidos, modernos y eficaces. La pacÃfica Castilla, sin ningún motivo o posibilidad para una reforma en profundidad, quedó condenada a un modelo de gobierno obsoleto y fracasado que solo se revisarÃa tras una guerra a gran escala, la de Sucesión. Como afirma Elliot, a veces la paz también tiene su precio.
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13 dUTC Agosto dUTC 2010 a las 13:15 pm
Buena reseña Maese Urogallo. Lo he visto varias veces en la biblioteca y no sabia si cogerlo o no para leerlo. Ahora sé que sÃ, que vale la pena. Muchas gracias.
Fijate que coincidencia, ahora vengo de la libreria de segunda mano y me he pillado de bolsillo en letra grande El Conde-Duque de Olivares, de J.H. Elliott. ¡Que casualidad!. Un buen autor y libro que son menester tenerlos en la estanteria.
Felicidades por la lectura. Seguro que te ha hecho gran provecho.
Un abrazo. :-)
13 dUTC Agosto dUTC 2010 a las 13:16 pm
Ahora que me fijo, en estos momentos de hoy 13/24h, a no ser que haya reseña fantasma… la cartela (en la que aparecen unos nazis pidiendo documentacion) no se parece mucho al libro reseñado. Que curioso.
13 dUTC Agosto dUTC 2010 a las 13:26 pm
Jijiji… Cruce de imágenes. Arreglado, Balbo. Perdón, Uro.
13 dUTC Agosto dUTC 2010 a las 13:30 pm
InteresantÃsimo libro y buena reseña maese Urogallo. Habrá que apuntarlo en la lista de libros a seguir.
13 dUTC Agosto dUTC 2010 a las 13:31 pm
¡Qué gran libro El Conde-Duque de Olivares de Elliott! ¡O La rebelión de los catalanes!
Libro interesante el de este reseña, recopilación de artÃculos publicados en revistas especializadas (muy al estilo anglosajón), como comenta Urogallo, y fruto de décadas de investigación. Sobre por qué Castilla no se rebeló… pues pcoo faltó. la verdad, y el hecho de esa dispersión poblaiconal ayudó y mucho; y motivos no faltaron, desde la opresión fiscal que nunca tuvo fin (véase al respecto La bolsa del rey: rey, reino y fisco en Castilla, 1598-1648, de Juan Gelabert, CrÃtica, 1997) a la debilidad creciente –aunque con momentos de frano enfrentamiento al monarca en las primeras tres décadas del siglo XVII (véase alguno de los textos que Pablo Fernández Albaladejo reúne en Fragmentos de monarquÃa: trabajos de historia polÃtica (Alianza, 1992).
13 dUTC Agosto dUTC 2010 a las 14:13 pm
Pués Balbo, a mi me pasó lo mismo que a ti. De hecho cuando lo và por primera vez, pense´: ¿De que va esto?. Pasó el tiempo y al final me animé a cogerlo del silo estatal de publicaciones, y la verdad que no me he arrepentido.
Nada que perdonar Javi, asà hemos aumentado el nivel de sorpresa :D.
La opinión de Elliot sobre una sociedad no-revolucionaria me parece definitiva: Una olla no explota mientras tenga una forma de liberar la presión. Castilla, como nos recuerda El Quijote, quizás fuese una sociedad mucho más rica, dispersa y móvil de lo que suponemos, lo que daba a los súbditos la primera opción democrática: Votar con los pÃes y largarse.
La presión fiscal ya era una cuestión eterna ( HabÃa llegado a ser altÃsima en tiempos de los Reyes Católicos) y la guerra exterior tuvo la ventaja fundamental de que era, precisamente, exterior. La presión fiscal ya no podÃa ser más alta, por muchas guerras que se perdiesen.
13 dUTC Agosto dUTC 2010 a las 15:41 pm
Javi, aqui no hay perdon que valga, con el trabajo tan cojonudo que haceis. Son cosillas de la tecnologia y del directo. jeje
Enhorabuena por la gran labor que haceis Javi. Un abrazo
13 dUTC Agosto dUTC 2010 a las 20:45 pm
Uro, bandido. A mà no necesitas convencerme; es que ya lo habÃas hecho antes. Y conforme leo tu reseña y la primera parte del libro, puedo asegurar que ha sido un pleno acierto el haberte hecho caso.
Ayer por la tarde leà los tres primeros ensayos y me han parecido estupendos. El primero sobre las monarquÃas compuestas europeas: los casos británico y español, preferentemente, pero también el austrÃaco, en tensión con el efecto centrÃfugo del principio de nacionalidad; el segundo sobre el modo en que Inglaterra y España, en un contexto de rivalidad internacional, se tomaron alternativamente como ejemplo de cómo hacer o no hacer las cosas en materia de polÃtica colonial y de desarrollo económico; el tercero acerca del debate entre historiadores británicos -más algunos aportes extranjeros- sobre lo que se ha considerado como época de crisis del siglo XVII europeo. Todos ellos dan cuenta de lo que, según entiendo, es uno de los fuertes de Elliott: la historia comparada (que justamente es el motivo conductor del único libro que habÃa leÃdo de este autor: Imperios del mundo atlántico, un trabajo de calidad excepcional en mi opinión). En esta lÃnea, lo que me admira del autor -aparte su erudición- es su capacidad de mantener un equilibrio entre las similitudes y las discrepancias entre sus diferentes objetos de estudio (como los imperios inglés y español en suelo americano, en el caso del libro antes mencionado). Un esfuerzo que rinde buenos resultados.
En fin. Sin duda, un libro interesantÃsimo y una reseña de lo más oportuno. Espero llegar pronto al capÃtulo sobre Inglaterra y España en América.
13 dUTC Agosto dUTC 2010 a las 20:49 pm
Ahà tienes razón Rodrigo, porque de hecho su monumental obra sobre Olivares, tuvo como origen ( Aparte de su experiencia iniciatica ante el retrato de Velázquez) el interés en estudiar al opositor de Richelieu.
De Elliott también me soprende, como a tÃ, esa verdadera capacidad de ser hispanista, sin dejar de ser inglés, juzgando a ambas naciones con objetividad, y sin el sentimiento de arrogante superioridad de otros “hispanistas” de medio pelo.
Me gustó mucho la cuestión de las monarquias “compuestas” y las formas de enfrentarse a esa problemática, con los “buenos y libres” ingleses absorviéndo Gales por la fuerza una homogeneización impuesta, y los “malvados y tiránicos” españoles respetando las diferencias de sus reinos.
13 dUTC Agosto dUTC 2010 a las 21:09 pm
De Elliott destaco el pequeño estudio en la editorial Critica (Bolsillo), “Olivares y Richelieau”. Pequeño, pero de gran valor
13 dUTC Agosto dUTC 2010 a las 21:25 pm
Ahà te querÃa yo ver Balbo.
Semejanzas no les faltaba: Los dos personajes tenÃan casi la misma edad, y el poder de ambos procedÃa del favor de su soberano. Eran instrospectivos e idealistas, y por ello su confianza en el ser humano era muy limitada.
16 dUTC Agosto dUTC 2010 a las 14:37 pm
Esclarecedor apunte. Tomo nota, Urogallo.
16 dUTC Agosto dUTC 2010 a las 14:40 pm
… Entonces ¿algunas tesis esbozadas aquà se desarrollan en “Imperios del mundo atlántico”?
16 dUTC Agosto dUTC 2010 a las 16:30 pm
Hombre, yo más bien dirÃa que en ambos casos Elliot plantea una constante en sus estudios: El estudio de América ( Norte, Centro, Sur y Caribe) como un todo en el que impactan decisivamente Españoles e Ingleses.