EL SECRETO DEL ORÁCULO – José Ángel Mañas

El Secreto del Oráculo. José Ángel MañasY al día siguiente te dirigiste hasta la orilla del río y colocaste con todo tu despecho aquella estela que decía: Aquí se detiene Alejandro, vencido por sus hombres”.

Escoger a Alejandro Magno como personaje para una novela es arriesgado. Tantas novelas se han escrito ya sobre él, tanto se ha dicho y de tantas maneras, que se corre el riesgo de ser repetitivo. Por ello una novela de este tipo (y aquí “tipo” no alude a Alejandro sino a las novelas sobre Alejandro, claro) requiere, digo yo, de una reflexión previa que quizá con otro tema no sería necesaria; una reflexión tras la cual el riesgo es asumido y la novela se lleva a término, o bien el autor sucumbe y no llega de hecho a ser propiamente autor.

El secreto del oráculo es a todas luces el resultado de una reflexión de esa clase, una novela que surge del intento de iluminar al hijo de Filipo con unas luces diferentes a las habituales para descubrir en él brillos novedosos y sombras deslumbrantes. Pero tratándose del personaje que se trata, el hallazgo de nuevos claroscuros es poco menos que imposible por la razón antedicha: Alejandro es un personaje que ha sido manoseado durante 24 siglos por la literatura universal. ¿Qué les queda por hacer, pues, a los escritores presentes y futuros? ¿Han de renunciar a él? Triste resignación para quienes se supone que son creadores de historias. ¿Qué, entonces? Javier Negrete (por citar a alguien que recientemente ha publicado una novela sobre Alejandro) no se resignó, e hizo un acercamiento al personaje que de hecho tiene un precedente claro y directo (aunque quizá poco conocido) en un autor clásico, Tito Livio. ¿Repitió entonces el enfoque? Sí; pero cambió la manera de enfocar. He ahí la clave: ya que las historias y los enfoques, las luces y las sombras, las perspectivas y las visiones sobre Alejandro, difícilmente pueden ya ser novedosas, sea pues novedosa la manera de abordarlas, la forma de presentarlas, el modo de mostrarlas al lector. Ya que el qué difícilmente sorprenderá al lector, búsquese la sorpresa en el cómo. Y esto, el cómo, soporta mejor el lastre de los 24 siglos de manoseo literario ya que es algo que depende de la capacidad creativa del propio escritor, y por principio conviene pensar que el ser humano, en tal virtud, es infinito.
 
Hablemos pues de esto último. José Ángel Mañas saltó a la palestra literaria quedando finalista del premio Nadal de 1994 con tan sólo 23 años. Su Historias del Kronen fue al año siguiente llevada con éxito al cine, como lo fueron también sus dos obras siguientes (Mensaka y Soy un escritor frustrado). Su estilo ha sido definido por unos como “neorrealismo”, por otros como “realismo sucio” (cito el inicio de una de sus novelas:“Tío, tú no sabes nada de mí, vale. Y si sabes algo es porque has leído algo de las novelas del Mañas, que se dedica a contar historias de los demás, pero te aseguro que hay un mogollón de cosas que exagera y otras tantas que el muy listo se calla.”). Y tras 13 años con la etiqueta de “niño prodigio” a cuestas, un total de 7 novelas y un éxito fulgurante y envidiable, Mañas decide cambiar completamente de registro: se aleja de ese “realismo sucio” y se enrola en la ficción histórica. Alejandro Magno es la baza, lo cual nos lleva de nuevo al inicio de esta reseña: ¿por qué Alejandro? Según el propio Mañas, su acercamiento al género de corte histórico, tan de moda en los últimos años, ha de entenderse en términos finalistas: en función del resultado (acogida por parte del público, ventas, etc. ), la novela puede suponer un simple paréntesis dentro de su trayectoria o bien el arranque de una nueva etapa. Sinceridad aplastante y visión realista de las cosas, sin duda, tan realista como el género que hasta ahora venía cultivando el autor. Pero en justicia hemos de suponerle, aparte de la motivación finalista, algún tipo de afinidad con la Historia en general (es licenciado en la materia) y con Alejandro en particular, afinidad que sin duda le ha hecho decidirse por el Magno en lugar de, pongamos por caso, por el desembarco de Normandía.
 
En cuanto a la aportación de Mañas a la (cada vez más grande) historia de las novelas sobre Alejandro, es decir, en cuanto a cómo ha abordado el autor el qué de Alejandro, hay que señalar que el balance es francamente positivo. Delimitemos un poco esta valoración: el libro se percibe como una oferta al lector para que conozca (o reconozca) no tanto lo que sucedió en aquella época y en aquellas tierras (batallas, conquistas, fundación de ciudades, integraciones étnicas…), como para que conozca quién lo hizo. Esto, que puede parecer una perogrullada, a poco que se piense se verá que no lo es: cualquier novela que narre las hazañas de Alejandro (o de quien sea) ha de tener como personaje vertebrador a Alejandro (o a quien sea), pero eso no implica que necesariamente sea una novela sobre Alejandro; en todo caso implica que es una novela sobre sus hazañas. Lo que propone el autor de El secreto del oráculo es un acercamiento al hombre, no a sus hechos, no a su leyenda (que también, inevitablemente, claro). Sigamos avanzando: la presentación del hombre llamado Alejandro conduce al lector no tanto a valorar al personaje con baremos de héroe, conquistador, megalómano, estratega… como a valorarlo en tanto que ser humano. Es decir, no define al personaje en función de sus heroicidades, sus conquistas, sus megalomanías (puesto que hace tales cosas, Alejandro es así), sino que define éstas en función del personaje (puesto que Alejandro es así, hace tales cosas). También esto puede parecer una obviedad, pero no lo es en absoluto. No se aplica aquí la sentencia neotestamentaria “por sus hechos les conoceréis”, sino la contraria, “por ellos conoceréis sus hechos”. ¿Y cómo es, pues, el Alejandro de Mañas? Sólo cabe pensar en un adjetivo, esclarecedor y oscuro a un tiempo: Alejandro es… humano. Y esa humanidad está tejida en la novela con los hilos de todos los personajes, todos los que le conocen y comparten sus vivencias, porque son ellos los verdaderos protagonistas de la novela, quienes viven por y para Alejandro; su protagonismo es, así, el peldaño sobre el que se alza el protagonismo de Alejandro. Se crea de este modo en la mente del lector una sensación de novela “coral”, no tanto porque haya muchos personajes (no son tantos después de todo) como por el hecho de que todos contribuyen y son necesarios para alcanzar el objetivo final: con las historias de todos ellos se construye la historia de Alejandro.
 
Por tanto, aunque toda la novela se vertebra en torno a la figura del Magno, aunque él es el protagonista, no es el hilo conductor; de hecho su presencia en las páginas es esporádica. En su inicio, la novela se presenta como la historia de Nicias, personaje que por avatares del destino recala en las filas del ejército macedonio. Es él quien nos acompaña al escenario de la vida de Alejandro y una vez allí desaparece, dejándonos rodeados por los demás partícipes de esa historia, que entran y salen, van y vienen, a lo largo de las 600 páginas del libro, como lo hace el propio Nicias, quien una vez acabada la representación viene a recogernos. En cierto modo quizá sea él el actor principal; quizá también lo sea Barsine, o sus hijos, o los Compañeros de Alejandro (Ptolomeo, Filotas, Hefestión…). Quizá lo sean todos.
 
Mérito del escritor es la forma en que se nos cuenta la historia, forma en la que la dimensión tempoal es manejada hábilmente. La primera página nos presenta a Alejandro en su última noche, en Babilonia, enfermo y a punto de morir. Se intuye entonces que lo que a continuación se nos va a exponer será una especie de flashback, de recuerdo; en efecto así es: este relato del pasado avanza de manera cronológica hasta que pasado y presente se encuentran. Además, durante esa noche Alejandro va recibiendo ocasionalmente, a lo largo de la narración temporal, la visita de “sus fantasmas”: Filipo y Hefestión (algún otro también) monologan con el moribundo Alejandro, y lo hacen acerca de lo que está pasando en ese momento y de lo que pasó tiempo atrás, de modo que pasado y presente vuelven a mezclarse. Las intervenciones de los “fantasmas” no son en absoluto un freno para el recorrido, no entorpecen la “otra” narración, de hecho incluso a veces el lector está deseando que aparezca alguno de ellos. Y en tercer lugar, junto al avance temporal lógico de la acción y junto a los regresos al presente que en el fondo son revisiones de un pasado más lejano, la novela recurre al género epistolar que no es sino otra manera de manejar el tiempo, congelándolo, haciendo que todo se detenga para que escuchemos lo que alguien tiene que decir.
 
Tanta mezcla no agria en ningún momento la bebida literaria, más bien al contrario: anula en cierto modo la típica sensación de “narración cronológica de los hechos” y la reemplaza por otra en la que parece que avancemos por la historia subidos a un carro en el que lo llevamos todo: el presente y el pasado. Hay que decir que el tono general de la novela es descriptivo. No hay demasiados diálogos, y en los que hay las frases están separadas entre sí por párrafos descriptivos o reflexiones de los interlocutores. Esto hace que queden difuminados y no sean en general decisivos para el desarrollo de la novela. Quizá por ello resulta agradable que de vez en cuando, alternando con los diálogos de los vivos, encontremos los monólogos de los muertos.
 
Un último comentario: aunque por su título pueda pensarse que el autor se apunta a la moda de las novelas históricas con misterio incluido, en El secreto del oráculo no hay más misterio que el de averiguar, como decía él mismo, si se tratará de un simple paréntesis o de un comienzo en su trayectoria como escritor. Hay que decir, sinceramente, que ojalá sea lo segundo.
 
En definitiva, se trata de una obra escrita con mucho oficio y que logra su cometido: que el lector se convenza de que está leyendo algo diferente. Es, pues, una magnífica novela que no sólo debería interesar a los amantes del género histórico. No puedo resistirme a citar otra frase de Mañas: “todavía soy joven y algún día escribiré una gran obra”. De hecho, en su próxima novela, en su próximo intento por escribir “una gran obra”, abordará el género de la ciencia-ficción. Tal grado de modestia y de sinceridad merece un reconocimiento, y creo que vale la pena hacer un acercamiento a su historia de Alejandro y cerciorarnos de cuán cerca o cuán lejos está el autor de conseguir su propósito.
 
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19 Respuestas a “EL SECRETO DEL ORÁCULO – José Ángel Mañas”

  1. juanrio Dice:

    ¡Que magnífica reseña! Cavilius, me has dejado anonadado. Uno ve el nombre del autor, por el que no siente una especial atracción, aunque sólo he leido el Kronen, después el título que no es un prodigio y además suena a novelita de kiosco y otro punto negativo a su favor es que trata de Alejandro, otra novela sobre Alejandro. Y entonces uno lee la reseña de Cavilius, y tras leerla le da otra vuelta y sólo le queda darle las gracias.

    Espero que tras leer la noticia pueda decir tambien ¡que magnífica novela!

  2. Verdoy Dice:

    Estupenda reseña Cavilius. A mi me surge la misma duda respecto al título después de lo leído. Si el autor quiere hacer algo diferente con la novela, desde luego, el título no acompaña. Palabras como “Oráculo” están saturadas en las novedades de superventas; más si cabe si va precedida de la palabra “secreto”.

    Aunque es cierto que la vida de Alejandro, al menos hasta antes de llegar a Babilonia, está muy relacionada con oráculos, sobre todo el de Shiwa.

    Le echaré un vistazo.

    Saludos

  3. Turriano Dice:

    Cavilius, estoy de acuerdo con tu opinión acerca de este libro. Yo añadiría que no es una novela fácil de leer, es densa y necesita de buena dosis de concentración. A veces entre un comentario de un protagonista y la respuesta de otro hay un parráfo de 20 o más lineas.
    En la novela hay escenas excelentes. Nicias, el protagonista principal hablando con Alejandro Magno al pie del Mausoleo de Halicarnaso – Una de las 7 maravillas del mundo antiguo- acerca de alguna de las esculturas hechas por el gran Scopas. También la escena en la que ejecuta a Autofrádates es espeluznante.
    Los capítulos en los que aparecen los fantasmas de Alejandro Mañas los utiliza para hacer un juicio a Alejandro de lo más adverso para este. Sale muy mal parado. Creo que este caso los protagonistas hacen crítica de Alejandro con mentalidades de hoy en día. No me parece que las reflexiones de Filipo, Hefastión etc hubieran podido ser estas, pero supongo que la intención del autor ha sido intentar dar una visión del ser humano que fué alejandro, como bien dices tú , cavilius.
    Secreto sí hay uno, y precisamente ese secreto del Oráculo da significado a la actitud de Alejandro y hubiera sido entendido si lo hubieran conocido sus hombres.

    saludos

  4. cavilius Dice:

    Gracias a ambos por los comentarios.

    Es cierto lo que dices, Turriano: es un libro en el que hay que centrarse cuando se lee. Y eso que yo lo hice “traicionándolo” un poco, porque lo interrumpí un par de veces para leer sendos libros que me apetecían en aquel momento. Y el caso es que cuando lo retomaba volvía a captar mi interés como si nunca lo hubiera interrumpido.

    Sí, el “secreto del oráculo” es lo que le dijo (fuera lo que fuera, Mañas da su versión novelesca evidentemente) el oráculo de Siwah a Alejandro, que él nunca quiso compartir ni siquiera con Hefestión.

    Saludos.

  5. juanrio Dice:

    “espero que tras leer la noticia…..” evidentemente no, no era esa la palabra, la palabra era novela. Perdonenme

  6. Cimbro Dice:

    Alejandro, Alejandro……… asi!! el macedonio ese. Mi pregunta es: ¿De donde ha surgido el revival este sobre Alejandro?? Junto con Elvis Presley debe ser el muerto más rentable de la historia. Si tuviese herederos se habrían forrado con los derechos de autor. En fin.

    Parece que es el personaje ideal para reflotar carreras fracasadas como la de Mañas. Si no vendo con esto no vendo con nada, ha debido de pensar. Y no le falta razón.

    No sé si la novela estará bien o mal, no puedo criticarla porque no la he leido pero me parece todo demasiado oportunista…….

    Alguien se ha leido la biografia de Robin Lane Fox sobre el personaje?? Me la compre hace poco pero aún no podía incarle el diente.

    Salu2.

  7. Gadatas Dice:

    Todo lo que puedo decir es que me ha encantado el desmenuzamiento al que has expuesto la obra, Cavilius, y la manera de recoger tantos libros y tantas teorías sobre el tema. También puedo decir que no me llamaba en absoluto cuando lo vi y que quizás ahora le de una oportunidad; el personaje me apasiona y no me canso de él pero la verdad es que las novelas históricas sobre él me repiten de una manera cansa últimamente. Supongo que será una moda.

    Y le das en el clavo. Puede que no haya nuevo bajo el sol en temas tan trillados pero siempre está el cómo se expresan, que todavía puede sorprendernos.

  8. cavilius Dice:

    Gracias, juanrio, se me había pasado tu comentario. Sólo puedo decirte que a mí la novela me ha encantado, y eso que también voy cargadillo de novelas sobre Alejandro. Es un caso parecido al de la guerra de Troya: quien más y quien menos ya sabemos cómo es el argumento de la historia, o recordamos detalles, escenas, situaciones, que ya hemos leído en otros libros. Por eso yo al principio era un poco reticente con esta novela, pero decidí probar suerte. Y no me arrepiento, desde luego.

    Al autor no le conocía de nada, no sabía que era el de Historias del Kronen. Desconozco, Cimbro, si la razón de Mañas para optar por ese personaje ha sido la de reflotar su carrera (que, sinceramente, y por lo poco que me he informado tras leer la novela, no creo que estuviera en absoluto bajo el nivel del mar). Pero si ha sido esa la motivación, ha escogido un duro reto, por lo que ya he expuesto en la reseña. En cualquier caso, e independientemente de cuál sea la razón, y de cómo se llame el autor, la novela tiene peso y consistencia por sí misma. Dale una oportunidad. También tengo desde hace poco el Alejandro de Lane Fox, y como tú, aún no he podido leerlo. Y ya toca, ya.

    Y gracias por tus palabras, Gadatas.

    Saludos.

  9. Paco T Dice:

    Estoy en pleno proceso de lectura de la novela y me está gustando tanto que había pensado en hacer una reseña sobre la misma, pero Cavi se me ha adelantado. ¡No hay quien compita con tu ritmo de lecturas, chico! Sin embargo, me alegro del retraso porque siempre es un placer leer tus reseñas. En buena medida coincido contigo respecto al tono general de la obra, el manejo de los tiempos en el desarrollo de la narración, etc. Pero yo abundaría aún más (sin haber terminado aún el libro) en el tono desmitificador del personaje de Alejandro; es, como bien señalabas en la reseña, la piedra angular para construir una novela diferente sobre un personaje machacado y examinado con lupa desde hace siglos.
    Por cierto, además del Alejandro de Lane Fox, creo que recientemente han publicado otra biografía, pero no recuerdo ahora mismo el autor.
    Saludos.

  10. cavilius Dice:

    Gracias, Paco T. Y si cuando acabes de leerlo te apetece hacer un comentario-reseña, adelante. Tienes razón en lo del objetivo desmitificador de la novela, que yo he resumido en una escueta palabra (hacer “humano” a Alejandro).

    Quizá te refieras a la biografía de Paul Cartledge. Me gustaría hincarle el diente, pero la vida es tan corta…

    Saludos.

  11. Paco T Dice:

    Sactamente, a ese mismo me refería, pero no recordaba que era de Cartledge. Menudo ritmo lleva este hombre últimamente: si vende la mitad de “Alejandros” que de Termópilas puede darse por satisfecho… Y lo más probable es que venda aún más, porque supongo que el éxito de éste último le dio a conocer como historiador a muchos lectores, que podrían repetir compra al ver quién es el autor.

  12. farsalia Dice:

    Tengo pendiente tanto el Alejandro de Mañas como el de Cartledge, cada cual en su esfera. Con Cartledge tiemblo después de Termópilas, bastante flojo en mi opinión… no es de lo mejor de este especialista en Esparta.

  13. cavilius Dice:

    Cierto, farsalia, no es de lo mejor, pero tampoco está mal. Es de lo poco que tiene traducido al castellano, junto con (si no me equivoco) el Alejandro y Grecia. Encrucijada de una civilización (sobre biografías de algunos personajes griegos). A ver si se le traducen de una vez sus trabajos sobre Laconia.

    Por algún lado hay una reseña de su Termópilas.

    Saludos.

  14. farsalia Dice:

    De Cartledge, cierto que hay poco traducido (acostumbrémonos a ello, en general), pero hay cosas mejores, como el que mencionas, que se titula Los griegos (Crítica, 2002). Más que biografías, son semblanzas de personajes griegos: Homero, Safo, Clístenes, Artemisa, Pericles, Aspasia, Sócrates, Cinisca, Epaminondas, Diotima, Pasion, Neaera, Aristóteles, Olimpia y Alejandro.

  15. farsalia Dice:

    Sobre Esparta tendremos que conformarnos de momento con el desigual estudio de César Fornis, Esparta: historia, sociedad y cultura de un mito historiográfico (Crítica, 2003), que imagino ya conoceréis.

    Y alguna cosa que recuerdo haber visto en Acento, si no ando muy errado. Sí, el de E. Baltrusch, Esparta (Acento, 2002).

  16. cavilius Dice:

    Acepto la enmienda de “biografía” por “semblanza”.

    Excelente libro el de Fornis. El de Acento lo conozco pero no lo he leído. Y ya puestos, citemos también un tercero en discordia: el de Pavel Oliva Esparta y sus problemas sociales, más árido de leer que el de Fornis, todo hay que decirlo.

    Saludos.

  17. ALEJANDRO DE MACEDONIA – Harold Lamb » Novela histórica » Libros de Historia, libros con Historia – Hislibris Dice:

    […] y novelas –por ejemplo, las de Gisbert Haefs, Valerio Massimo Manfredi, Nicholas Nicastro, José Ángel Mañas, Annabel Lyon o Steven Pressfield– de todo tipo?  ¿Aún hay más? Pues sí, amigos, hay más. […]

  18. Marina Dice:

    Me lo habían recomendado pero tenía mis dudas… viendo los comentaríos me lo voy a comprar.

    Saludos!

  19. saragar Dice:

    Estupendo!!

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