EL REICH DE LOS MIL AÑOS – Jesús Hernández

EL REICH DE LOS MIL AÑOS - Jesús HernándezHará unas semanas, para un sucedáneo de entrevista que no viene a cuento, me preguntaron qué me molestaba de un autor o de un libro, y respondí que me tomara el pelo. Que prometiera y luego no cumpliera, que te llevara al huerto sin pasar por vicaría (en el sentido figuradamente literario de la palabra…), que te vendiera la moto, que te diera gato por liebre. Estamos acostumbrados ya a autores y libros que acaban demostrándose ser un fraude, tanto por el modo de narrar una novela, de relatar un ensayo o, simplemente, de contar una historia. Se podría uno preguntar si Jesús Hernández es de esos autores, pero como desde luego podemos decir que tampoco cumple. O, si cumple, no es lo que prometió cumplir. Igual tenemos un problema de interpretación semántica.

En una entrevista reciente, Jesús Hernández decía, en referencia a El Reich de los Mil Años (La Esfera de los Libros, 2010), el libro que aquí reseñamos: «la gracia del libro es que es arriesgado, muy arriesgado incluso. Creo que de libros previsibles están las librerías llenas. He querido hacer algo diferente, novedoso, un enfoque del nazismo distinto al habitual y, naturalmente, eso implica un claro riesgo de que sea malinterpretado». No sé a qué se referirá con lo de «novedoso», de hecho lo sigo buscando en este libro. Pero vayamos por partes.

Sea dicho de entrada que nos encontramos con un libro ameno, muy ameno. En algunos capítulos, tremendamente ameno. ¿De qué va este libro? Según el autor:

«Al aproximarnos al nazismo debemos seguir el consejo del historiador Martin Broszat de no estudiar la historia “desde atrás”. Para comprender una época histórica, es necesario retrotraerse al momento en el que todo ocurrió y estudiarla “hacia delante”, en las mismas condiciones que los que la vivieron. Por tanto, en el caso de este libro el lector no asistirá a la inmolación del pueblo alemán desde las alturas, sino que descenderá para entremezclarse con él. Éste es el objetivo de este libro: transmitir al lector las sensaciones que experimentaron los alemanes en aquella época convulsa» (pp. 17-18).

Bien, podemos decir para empezar que no estamos ante una historia del Tercer Reich (del Reich a secas, como decían los alemanes del período), ni de lejos. Desengáñese el lector desde ya mismo, destine sus esfuerzos a buscar otras lecturas para ese propósito; por ejemplo, La Alemania nazi de Álvaro Lozano (Marcial Pons, 2008) como excelente introducción seria al tema, o los magníficos estudios de Michael Burleigh (El Tercer Reich. Una historia total, Taurus, 2002) y Richard J. Evans (La llegada del Tercer Reich y El Tercer Reich en el poder, Península, 2005 y 2007 respectivamente) como lecturas ya más especializadas. Porque lo que pretende Jesús Hernández, a pesar del título de su libro, es:

«A través de la lectura de estas páginas, presenciará ilusionado la inauguración de la red de autopistas que asombraría al mundo, participará en los cruceros turísticos para los trabajadores, será espectador de lujo de los extraordinarios Juegos Olímpicos de Berlín o se quedará con la boca abierta ante los espectaculares congresos del partido en Núremberg» (p. 18).

Sí, de eso va el libro, grosso modo. A pesar de que el autor diga que «quiere apostar por un nuevo enfoque, mucho más modesto en sus pretensiones [que otros investigadores], aunque quizá más útil para entender lo que ocurrió: trasladar al lector a aquella época, como en una máquina del tiempo, para que sea él mismo el que se encargue de extraer sus propias conclusiones» (p. 20). Sigo sin ver ese enfoque «novedoso» en un libro dividido en tres partes –«La revolución nazi», «El Tercer Reich, en su apogeo» y «El camino hacia el abismo»–, la última de las cuales no deja de ser un refrito resumen amplio sobre Alemania en la Segunda Guerras Mundial. Pero centrémonos en las dos primeras partes.

Tras terminar el libro me pregunté a qué se refiere Jesús Hernández con lo de la «revolución nazi». Está claro que no es el modo en que los nazis cambiaron la estructura del Estado por la de un partido, ni lo es el cambio ideológico que representaba la asunción de una nación racial en contraposición a una nación «nacional», valga la redundancia. Tampoco lo es el acceso al poder, el modo en que los nazis, ya desde el 30 de enero de 1933, iniciaron el proceso que, el racismo mediante, llevó a las cámaras de gas de Auschwitz. No, no parece que sean temas que al autor le interesen, o al menos se llega a esa deducción por el hecho de que no los plantea. No, la «revolución nazi» es el Primero de Mayo nazi, la quema de libros, el «saludo alemán» (con sus variantes y repercusiones), las carreteras (Autobahn), los programas de ayuda a los desamparados (El Auxilio de Invierno), la ecología o la lucha contra el tabaco. En la lectura del libro se da cuenta uno de que, vamos, no hay para tanto, que esa «revolución» queda bastante difuminada ante un régimen feudalizado y feudalizante, con un líder que delegaba funciones y a quien le aburría el trabajo diario, y en un país donde la omnipresencia de las estructuras de poder nazis no eran ni tan omnipresentes ni desde luego tan omnipotentes. Dice el autor en la entrevista antes citada, «las razones que motivaron esa preocupación por la naturaleza no tenían tanto que ver con el ecologismo sino con conceptos como la raza o la patria»; pues podríamos responderle que «para ese viaje no hacen falta esas alforjas».

Pero seamos justos y veamos el libro como le comenta el entrevistador al autor en una pregunta: «una especie de intrahistoria, de historia de las gentes de a pie, de la Alemania Nazi». Lamentablemente, como lectores no podremos llegar a tanto. Porque estamos ante un libro que nos cuenta, en cierto modo y de aquella manera, la vida cotidiana en y los logros y hazañas técnicas de la Alemania del régimen nazi. Se nos informa, sobre todo en la segunda parte, de lo bien que fueron los Juegos Olímpicos de 1936 en Berlín (con el ensayo exitoso de la olimpiada invernal en Garmisch-Partenkirchen), de los magníficos proyectos ferroviarios (trenes con vagones de cinco metros de altura sobre vías de tres metros de ancho, que nos llevarían de Berlín a lo más recóndito de Ucrania); de que a Hitler le aburrían las películas propagandísticas que Goebbels proyectaba y prefería a Mickey Mouse y los westerns; de que el «coche del pueblo» (el famoso Escarabajo) nunca lo pudieron conducir los alemanes que destinaron dos años de sus sueldo a adquirirlo; del combate de boxeo entre Max Schmeling y en norteamericano Joe Louis, o de la carrera triunfal en el tenis de Gottfried Alexander Maximilian Walter Kart von Cramm hasta que cayó en desgracia; de los clubes de fútbol en el período nazi, y de quién ganó la liga en esos años; o de una pormenorizada recreación de los congresos del partido nazi en Núremberg (como si cogemos El triunfo de la voluntad de Leni Riefenstahl y vamos comentando la película por escrito). Y esto por poner varios ejemplos y llegando a la conclusión de que si nos tomamos el libro de Jesús Hernández como capítulos estancos en que se nos cuentan historietas y anécdotas interesantes pasaremos un buen rato. Pero si realmente queremos captar la esencia de lo que fue el Tercer Reich tendremos que buscar otras lecturas más… adecuadas.

Añadamos a todo ello la manía del autor por apabullarnos con cifras y cifras acerca de los logros del régimen nazi en la construcción de carreteras, de los proyectos megalómanos para Berlín (Germania), Viena, Linz o Hamburgo, de las inmensidades de los edificios construidos para albergar a los miembros del partido en los congresos veraniegos anuales, de la gente que disfrutó de las vacaciones gracias al programa «A la Fuerza por la Alegría», etc. Quizá entonces podremos preguntarnos, del mismo modo que el autor en la introducción del libro, «cómo fue posible que un país tan adelantado social y económicamente como Alemania, poseedora de una sólida tradición cultural y artística, cayese en manos de un embaucador de masas como Adolf Hitler» (pp. 15-16); porque es algo que nos seguimos preguntando cuando lo terminamos, si es que acaso lo esperábamos de este libro. O quizá pensemos como dice Jesús Hernández, también en ese prólogo, que «es innegable que el otorgar racionalidad a un proceso histórico como el Tercer Reich puede arrojar sospechas de un intento de legitimación. Por tanto, al intentar esquivar esa objetivación, el historiador acaba por presentar una realidad deformada, que puede servir para condenar una vez más aquel régimen criminal y disuadir a quien pueda pretender banalizarlo o incluso justificarlo, pero que resulta muy poco útil para comprender lo que ocurrió en realidad» (p. 16); y sin embargo nos preguntamos si el autor no ha caído también en el defecto de «presentar una realidad deformada»…

En resumen, si el lector, neófito o no, especializado o no, busca algo en este libro serán anécdotas e historias interesantes sobre aspectos determinados. Si busca otra cosa, me temo que se ha equivocado de lugar. Con todo, pasará un rato entretenido, eso sí. Aunque, también, le quedará la sensación de que le han tomado el pelo.

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53 Respuestas a “EL REICH DE LOS MIL AÑOS – Jesús Hernández”

  1. Urogallo Dice:

    ¿Por la cultura alemana en general o por la cultura alemana en la segunda guerra mundial?.

    Donde esté el Dr Fausto.

  2. Ignacio Pasamar Dice:

    je je je
    ¿El de Goethe o el de Thomas Mann?.
    Saludos.

  3. Urogallo Dice:

    Oh, por favor, ¿Cabe alguna duda?. :D

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