EL MUNDO DE ATENAS – Luciano Canfora

el-mundo-de-atenas-9788433963635“Un político que acepta trabajar en una ciudad regida por la democracia es sin duda un sinvergüenza que tiene algo que esconder”.
Pseudo Jenofonte, Constitución de los atenienses, II 20.

Este es un libro que se ha de leer con calma. Los libros de Luciano Canfora suelen serlo, es un italiano que no escribe a la ligera, aunque a veces lo parezca. Se trata de un libro desmitificador, o mejor, revelador. Se pretende en él que el lector abra los ojos, nada más y nada menos, ante lo que realmente fue, política y socialmente hablando, la Atenas del último tercio del siglo V a.C., la Atenas de la democracia durante la guerra del Peloponeso. En esa revelación, en esa investigación de la mano de Canfora, se descubre el trasfondo del espejismo y el mito de Atenas cae estrepitosamente. 

El mundo de Atenas no es una exposición del funcionamiento (ni del no-funcionamiento) de la democracia griega; para eso hay otros muchos y muy buenos libros, que en mayor o menor medida se alinean con el mito de la Atenas democrática. Canfora no busca eso, ni siquiera le reclama ese conocimiento al lector; lo que sí le reclama, so pena de perder el hilo discursivo, es poseer un cierto bagaje de lecturas clásicas. La Historia de la guerra del Peloponeso de Tucídides, en especial su último tercio, es pieza clave, y no lo es menos la Constitución de los atenienses, cuyo anónimo autor se conoce como Pseudo Jenofonte (el texto fue encontrado entre los papeles de Jenofonte) o el “Viejo Oligarca” y que algunos, el propio Canfora entre ellos, identifican con Critias, uno de los Treinta Tiranos. Otros muchos textos clásicos son citados, comentados en mayor o menor medida e integrados en la argumentación general de Canfora: los discursos de Andócides, los de Isócrates, las comedias de Aristófanes, las tragedias de Eurípides, algún diálogo de Platón, las Helénicas de Jenofonte… No hay en ello afán de erudición: la razón de que esos escritos figuren en este libro es simplemente que todos fueron compuestos en la época que analiza Canfora o inmediatamente después, y por ello, explícita o implícitamente, permiten al autor aportar luz al objeto de su análisis. También demanda el autor, lo cual y dicho lo dicho parece una demanda más que obvia, que el lector sepa al menos quiénes fueron Pericles, Jenofonte, Tucídides, el mencionado Critias, Alcibíades, Isócrates; por no hablar de otros atenienses “menores”: Efialtes, Andócides, Frínico, Antifonte, Pisandro, Terámenes… Canfora es filólogo y se nota en cada párrafo: sus explicaciones, sus deducciones, a menudo rocambolescas, tienen siempre como base un análisis minucioso de los textos que se nos han conservado de o sobre todos esos individuos. No es, pues, un libro cómodo; para obtener de él el máximo jugo se habría de leer como mínimo con la obra de Tucídides al lado. En su defecto, el lector puede dejarse llevar por el relato de Canfora, cargado de erudición, citas textuales y algún que otro salto temporal, y fiarse de los argumentos del italiano. Sepa pues el lector que este libro ofrece pero también exige, y mucho.

¿Y cuál es, en definitiva, ese “mito de Atenas” que Canfora pretende hacer volar por los aires (en realidad, no tanto como eso: aunque Canfora “inventa” cosas, una de ellas no es la desmitificación de la Atenas democrática)? El que se sostiene sobre tres pilares, tres ideas básicas: 1ª, Atenas es la salvadora de todos los griegos (frente a los persas); 2ª, avalada por ese primer pilar, Atenas merece liderar a los griegos; y 3ª, quien ha logrado lo primero y por tanto ha de hacerse cargo de lo segundo es el pueblo de Atenas, el demos; ¿y de qué sistema se vale para asumir su tarea? De la democracia. A poco que uno haya leído a Tucídides descubrirá que estos argumentos son los que expone Pericles en su famosísima oración fúnebre a los caídos en el primer año de la guerra del Peloponeso. Pericles es, pues, si no el creador, sí el que apuntala el mito, el que defiende el sistema democrático, el que considera que en la asamblea del pueblo habla y argumenta y razona y convence con entera libertad todo aquel que lo desee, porque esa es la esencia de la democracia, de Atenas, de Grecia. Ese es el mito que Pericles trata de “vender” a sus propios conciudadanos y a todos los griegos; pero la realidad no es exactamente así, como pone de manifiesto Canfora: en la asamblea no habla quien quiere sino quien tiene algo que aportar; un “pobre”, un miembro del demos, del pueblo, no se atreverá a abrir la boca. Lo hará únicamente el que tiene planeado qué decir, el que tiene cómplices que le aplaudirán y que mandarán callar a los que gritan, el que tiene capacidad de organización para conseguir lo que quiere (y el pueblo, casi por naturaleza, carece de esa capacidad). Este no será un miembro del demos sino de la élite, un “rico”, un aristócrata. Por otro lado, la pasión de los atenienses por el sistema democrático dista mucho de ser la que transmite el discurso tucidídeo de Pericles o la que pretenderán reflejar las arengas de Demóstenes años después. “La asamblea está desierta”, dice Aristófanes en su comedia Los acarnienses. Y, con toda probabilidad exactamente eso es lo que sucede: que a la asamblea no va casi nadie. Pero al teatro sí. La comedia ática es, entonces, un reflejo de la realidad ateniense más fiable que el discurso de un líder que pretende mantener un mito.

Quizá Canfora peca (¿deliberadamente?) de maniqueo, de ver solo en blanco y negro la realidad ateniense: pobres o ricos, demos o élite, demócratas u oligarcas, thetes u hoplitas. O tal vez solo pretenda poner de manifiesto esta bipolaridad, que sin duda se daba, sin por ello desdeñar que hubiera otros colores en el espectro social y político ateniense. Un par de ejemplos: llama la atención que, según Canfora, oligarcas destacados como Critias o Antifonte se dedicaran también a escribir tragedias, porque en la asamblea sus palabras solo llegaban en el mejor de los casos a 5.000 ciudadanos mientras que en el teatro eran oídas por 30.000. Tal afirmación supone que hay que entender los mitos escenificados en las tragedias en clave política (así lo hace Canfora con alguna obra de Eurípides, quien no participó activamente en la política pero cuyas ideas oligarcas le obligaron a exiliarse de Atenas en su vejez). Esa bipolaridad también le sirve al autor para razonar cómo fue posible lo que sucedió en un año clave de la historia democrática ateniense: en el 462 a.C. el líder democrático Efialtes y su segundo Pericles lograron que la asamblea redujera y limitara los poderes del Areópago, órgano que simbolizaba la tradición aristocrática ateniense. ¿Cómo fue posible? Porque por las fechas en que tal cosa sucedió Cimón, destacada figura de una de las más nobles familias atenienses, se había llevado 4.000 hoplitas a Lacedemonia para ayudar en la guerra contra los ilotas; es decir: que en la asamblea no había más que ciudadanos del demos, gente humilde que no pertenecía a la clase de los hoplitas y que votaron sin dudar a favor del decreto de Efialtes y en contra de la institución que encarnaba el poder aristocrático.

La idea que subyace en toda la obra de Canfora es que la democracia ateniense no tuvo una vida tan diáfana, transparente e inmaculada como pueda parecer. No fue el sistema político “de los buenos” frente a la tiranía “de los malos”, y tampoco los contemporáneos lo sintieron así. Esta tesis no es, ya lo dije, novedosa ni original. El apego de Sócrates a la democracia es más que discutible; el de Platón es inexistente; Aristóteles coloca la democracia junto a la tiranía y la oligarquía en la categoría de los gobiernos “degenerados” (es una degeneración del gobierno llamado “república” -politeia-). Tampoco Tucídides simpatizaba con los demócratas, ni Eurípides, ni Alcibíades, ni muchos otros. Porque la democracia, y esto hay que tenerlo claro, no era el gobierno de la mayoría en busca del bien común (definición aristotélica que corresponde a “república” ), sino el gobierno del demos, de los “pobres”, en busca no del bien común sino del propio demos. ¿Pero el bien del demos acaso no es el bien común: el gobierno justo, el buen gobierno, la eunomia? No: “el pueblo quiere ser libre, no subyugarse a la eunomia”, dice Canfora citando al Pseudo Jenofonte (I, 8); y la cita, que Canfora no prolonga, sigue así: “el pueblo quiere ser libre y mandar, y poco se le da que haya un mal gobierno; y aquello que tú consideras como un desgobierno, con eso mismo se fortalece el pueblo siendo libre” (I, 9). ¿Acaso era esto lo mejor para Atenas o para cualquier otra ciudad; dejar que el destino de todos dependiera de la voluntad de los menos preparados, aceptar la “dictadura del demos”? La libertad del demos, dice Canfora, se sustenta en la tiranía que ejerce sobre los demás. “La democracia nace cuando los pobres obtienen la victoria y a los del otro bando a unos los matan y a otros los obligan a exiliarse”, afirma Platón en el libro VIII de la República. La democracia era en esencia algo violento, y con toda probabilidad el propio término “demokratia” fue acuñado con tono despectivo por sus detractores. Muchos eran, pues, los que no comulgaban con la democracia, ni siquiera el propio Pericles, afirma Canfora; pero el caso es que tras las reformas de Clístenes y tras las guerras Médicas era el demos el que había salido fortalecido y el que ejercía de potencia social en Atenas: por ello Pericles, como muchos otros, se vio obligado a tolerar el sistema democrático para sobrevivir en él. Era una gran empresa “quitar la libertad al demos después de casi cien años de la caída de los tiranos” (Tucídides, VIII, 68 4), por ello Pericles se vio en la necesidad de “entenderse” con el demos. Por tanto no hay que dejarse engañar, el pueblo era feliz siendo libre pero el gobierno real lo ejercían los de siempre: “algunos la llaman democracia, otros de otra manera; en los hechos es un gobierno de los mejores con la aprobación de la masa”, dirá Platón en el Menexeno; “aquello era de nombre una democracia, pero en realidad era el gobierno del primer ciudadano”, dirá Tucídides.

En algún momento dice Canfora que la democracia y el imperio atenienses “nacieron” al mismo tiempo, de la mano de Temístocles. Hecho paradójico, la convivencia de estos dos sistemas, difícil de entender pero que en efecto se dio: el mantenimiento de una política imperialista en la cual los “aliados” de Atenas han de someterse a ella y ser sus tributarios, mientras los atenienses presumen de demócratas de puertas adentro. Una democracia, además, en la que son ciudadanos de pleno derecho un bajísimo porcentaje de sus habitantes, entre los cuales se reparten los beneficios del tributo imperialista. Con razón repite Canfora un par de veces la definición que Max Weber dio de la democracia antigua: “una camarilla que se reparte el botín”.

Este es el planteamiento de El mundo de Atenas. Bajo ese prisma Canfora analiza el texto del Pseudo Jenofonte (¿quien seguramente no es otro que Critias?), profundamente antidemocrático y prooligárquico. Y sobre todo analiza diversos episodios de la obra de Tucídides: el discurso fúnebre de Pericles, el diálogo con los melios, el ”caso” de la mutilación de los hermes en vísperas de la expedición a Sicilia, y todo el proceso de crisis política que vivió Atenas en los años finales de la guerra del Peloponeso (tomando como base el último libro de la obra de Tucídides y los dos primeros de las Helénicas de Jenofonte): el golpe de estado oligárquico del 411, la inmediata restauración de la democracia, los juicios a los cabecillas de uno y otro bando, el juego político de Alcibíades, el de Terámenes, el gobierno de los Cuatrocientos, el de los Treinta, su caída… Y se asoma al siglo IV a.C. con un penúltimo capítulo dedicado al orador Demóstenes. Mantiene el autor sus posiciones en torno a algunos aspectos de la vida de Tucídides, que ya expuso en su breve El misterio Tucídides, y que alteran sensiblemente la interpretación de algunos capítulos de la obra del ateniense. Es especialmente interesante la manera en que Canfora pone a la luz, con un profundo análisis de los textos, los párrafos e incluso a veces las palabras, las intenciones y motivos que Tucídides, Jenofonte, Isócrates, etc., probablemente tuvieron para escribir lo que escribieron y del modo en que lo hicieron: qué hubo de cierto en los discursos de defensa de Andócides y por qué en ellos dijo lo que dijo; qué llevó a Jenofonte a continuar la labor de Tucídides y por qué lo hizo en el modo en que lo hizo; cómo es que el Panegírico del prodemócrata Isócrates contiene veladas (o no tan veladas) alusiones críticas al prooligarca Tucídides…  Canfora dedica la mayor parte del libro al análisis de todos estos temas, de manera episódica pero con continuidad argumental, haciendo gala de una agudeza y erudición asombrosas y dejando ver que le resulta tan fácil moverse entre los textos clásicos y las diferentes copias y modificaciones que de ellos se han hecho a lo largo de la historia (cosa que queda patente en todas las obras del italiano, entre ellas otro libro comentado en estas páginas, El viaje de Artemidoro), como entre los estudios que de esos textos se han ido haciendo en épocas posteriores, desde Maquiavelo a Tocqueville, desde George Grote a Wilamowitz, desde los copistas medievales a M. I. Finley, desde Max Weber a Davis Hanson.

Sobre la impecable edición del libro de Canfora no hay nada que decir: notas a pie de página, amplia bibliografía, glosario (excesivo, creo yo), cronología precisa y mapas típicos. La lástima es que el libro contiene más erratas de las que serían deseables (de hecho ninguna errata es deseable), que en algunos casos afectan a la ortografía de algunos nombres propios: “Argesilao” por Agesilao, “Adnócides” por Andócides, “Fromisio” por Formisio…

Se trata, como dije al principio, de un libro exigente pero interesantísimo: analítico, en absoluto generalista (lo único que tiene de general y poco concreto es el título) y que pone de relieve que la típica y a veces bucólica percepción de la antigua Atenas como cuna y origen de la democracia (el “menos malo de los sistemas políticos”, como a menudo se la suele definir en los círculos pseudointelectuales contemporáneos), esa imagen clásica navega sobre un río de aguas turbulentas.

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19 Respuestas a “EL MUNDO DE ATENAS – Luciano Canfora”

  1. atenea Dice:

    Gracias por una estupenda reseña. Iba yo a “tirarme al barro” con este libro, muy alegremente me temo, pero creo que me lo voy a pensar. Como aconsejas, mejor conocer bien antes a los clásicos.

  2. Farsalia Dice:

    Como escribí en mi blog, me puede la sensación de haberme perdido detalles en el libro de Canfora, lo cual por un lado me frustra y por otro me impulsa a reflexionar y a pensar en una relectura… dentro de no demasiado tiempo. No me he sentido perdido en ningún momento: por mucho que parezca que Canfora se va por las ramas (y se va mucho), en todo momento me he sentido con los pies en la tierra. Digamos de entrada que este no es un libro para quienes estén interesados en aproximarse o introducirse en la historia de Atenas en los siglos V y IV a.C. Me ha interesado mucho es mirada incisiva de los oligarcas y de los críticos con la democracia.

    Apegado como está Canfora al debate (y el caldo de cultivo) historiográfico, el autor hace (o quizá sugiere) un paralelismo entre la Guerra del Peloponeso y la “larga guerra civil” del siglo XX (con permiso de Nolte y demás), es decir, los treinta años que se suceden, por etapas, entre la Primera y la Segunda Guerra Mundial. La historiografía alemana del período (esencialmente) le sirve a Canfora para reflexionar sobre conceptos y etiquetas. Tampoco trata de “darle la vara” al lector, aunque él se deja llevar en lo que le interesa. Por decirlo con claridad, Canfora se va por las ramas, a cuenta de las lecturas diversas sobre la democracia y sus críticos; y en ese irse por las ramas, analiza el activismo político de Tucídides (¿realmente pensábamos que sólo escribió una monografía tras su exilio?) y sus concomitancias con el círculo intelectual de los oligarcas, o su defensa no demasiado disimulada de Alcibíades. Canfora se pregunta qué aportaba realmente el ciudadano a un régimen democrático que tampoco trataba de motivar su participación, y establece una clara relación entre imperio (o imperialismo) y democracia, de modo que el primero influyó en la segunda y la moduló, evolucionó… o incluso involucionó.

    Libro complejo e interesantísimo que requiere algo de esfuerzo para el lector y una futura relectura…

  3. cavilius Dice:

    O como mínimo a Tucídides, atenea. El título es engañoso, creo yo, porque da la impresión de que uno va a encontrarse con una exposición del funcionamiento de la democracia en Atenas, y lo que encuentra es un análisis, con trasfondo filológico casi siempre, del bipartidismo oligarquía-democracia que se dio en el último tercio del siglo V a.C.

    Es verdad, farsalia: Canfora hace ese paralelismo y al hilo de ello introduce una interesante reflexión: para los griegos contemporáneos de la guerra del Peloponeso, esta no fue un “continuum” desde el 431 al 404; solo la perspectiva histórica, y el ojo clínico de algunos como Tucídides, lo percibieron así. Pero el resto entendió que en el 421 la paz de Nicias puso fin a la guerra, y que tras varios un lustro de “calma tensa” volvió a desencadenarse el conflicto. Tener en cuenta esto no es baladí, porque permite dar otro enfoque a la actitud de los atenienses durante el periodo entreguerras: en el caso de la expedición a Sicilia (la cual, siendo una empresa desmesurada, parece menos disparatada realizada desde la tranquilidad de la paz con Esparta que desde la incertidumbre de una simple tregua); o en el caso de la brutal represión sobre la isla de Melos (no cometieron una brutalidad fuera de contexto y de lugar, sino que una vez “acabada la guerra” en el 421 sometieron a un miembro insumiso del imperio ateniense, a un castigo estipulado para el caso, como indica Isócrates.

  4. Farsalia Dice:

    Y es una muy interesante reflexión, que nos sitúa en la óptica de la época: una sucesión de guerras cambiantes y un ambiente político que mutaba: no era el mismo el que lidiaba en la guerra arquidámica que el de la expedición siciliana o que el de la etapa final del conflicto. Muy centrado en el siglo V a.C., y concretamente en el período de la Guerra del Peloponeso, es interesante el uso de fuentes no tan habituales (habituados a Tucídides…), como los textos oligárquicos, espléndidamente analizados y comentados (en ocasiones, casi exclusivamente para un público académico).

    Te deja muchas ideas que conviene dejar reposar…

  5. Farsalia Dice:

    Moderating on fire!

  6. cavilius Dice:

    Otra reflexión interesante: el estado de guerra era la situación habitual en el mundo griego (se suele decir que la Atenas del siglo V a.C. no tuvo dos años seguidos sin que estuviera en conflicto bélico con alguien). Los tratados de paz se redactaban con fecha de finalización, lo cual hace pensar en que los griegos estaban deseando tomar las armas por alguna causa.

    Por otro lado, la conocida habitualmente como “guerra del Peloponeso” se suele definir también como “segunda guerra del Peloponeso”, tomando como primera el enfrentamiento Esparta y aliados & Atenas y aliados, que tuvo lugar en los años centrales de la “pentecontecia” que va desde el fin de las guerras médicas (Platea, año 479) hasta el conflicto entre Corcira y Corinto y la batalla de Potidea, hacia el 432-31. Lo cual apunta también a la idea de que el conflicto bélico era el estado natural de los griegos, al menos durante el siglo V a.C.

  7. Txoto Dice:

    Muchas gracias por la reseña cavilius. He disfrutado mucho de su lectura por el tema tan interesante que trata. Me veo en el caso que adviertes, si me atreviera con su lectura no me enteraría de nada, estoy seguro. La mínima base que tengo sobre el tema y los clásicos es un escoyo para este interesante libro, creo. Pero esta lectura me devuelve el interés por el jugos siglo V a.c. griego y realmente a sido muy instructivo, y gratamente ameno. Gracias!!

  8. cavilius Dice:

    Eso me pasó a mí, Txoto: que a medida que leía a Canfora me entraban ganas de leer (en mi caso releer) a Tucídides, al Pseudo Jenofonte (este lo hice, es un texto de apenas una veintena de páginas), a Andócides, Isócrates, Eurípides… Más que nada para comprobar si efectivamente todo cuadra y encaja tal y como dice Canfora, y Neoptolemo de Las troyanas es un retrato del Alcibíades del caso de Melos, por ejemplo, o cuán veladas son las puyas de Isócrates a Tucídides o a Jenofonte.

  9. iñigo Dice:

    Madre mía como habéis disfrutado, no solo con su lectura, sino también con la reseña y sus comentarios. Da gusto ver el dominio de los contenidos que tenéis, Cavilius y Farsalia. Enhorabuena, no solo por la reseña sino también por los “apéndices”… ;-)

  10. Dominus et Deus Dice:

    Excelente e instructiva reseña. Desde fin del último año vengo siguiendo sus recomendaciones con respecto al mundo Griego. Leyendo clásicos y ensayos varios siguiendo un orden cronológico que creo que me servirán como trampolín para esta lectura. Además hace un tiempo que una idea viene rondando mi cabeza desde que leí sobre la historia del período democrático en Atenas y este libro puede llegar a servirme para refutar o afianzarla.
    Me gustaría conocer sus opiniones. Creo que la democracia que hoy estamos aplicando fue planteada para pequeñas ciudades (polis) donde la gente tenía contacto directo con quienes estaban a cargo del gobierno y mucha más participación en el debate diario. Hoy los grandes paises hacen que terminemos eligiendo a “representantes” que realmente no sabemos quienes son a ciencia cierta. Con esto no quiero decir que soy anti-democrático, sino que creo que la democracia tal como fue creada funcionaría para pequeños estados, pero en grandes lugares pierde su esencia……….

  11. luciano tanto Dice:

    en estos comentarios brilla por su ausencia una verdad complementaria, sencilla de entender: canfora, fecundo estudioso, pluma ágil e inteligente, carga en sus espaldas con una inoxidable militancia estalinista; mucho de lo que escribe tiende a probar que la política es cosa para élites iluminadas. y totalitarias. como la que él representa.

  12. cavilius Dice:

    No sé, Dominus et Deus: sin interesarme en absoluto la política ni los políticos, creo que la democracia actual es una degeneración tan grande de aquello que tuvo lugar en Atenas (y que como desvela Canfora tampoco fue un fenómeno tan puro e inmaculado como pueda parecer), que solo desde la abstracción generada a partir de estar sentado en un sofá con una cerveza en la mano y una tele delante se le puede llamar democracia.

    Pues tampoco sé qué decirte, luciano tanto. Yo me limito al libro: empiezo con él y acabo con él; del autor solo se me ocurre decir que su apellido significa alcanfor…

  13. luciano tanto Dice:

    estimado cavilius, todo es política. como dice el viejo dicho, ¿no te interesas por la política?, pues ella se encarga de ti slds.

  14. cavilius Dice:

    Bueno, se encarga de mí como tantas otras cosas se encargan de mí, luciano tanto: los alimentos que como, la ropa que me pongo, las cosas que veo por la tele, la tecnología que utilizo, las cosas que compro… hasta el clima que sufro o disfruto. Todo ello “se encarga de mí”, todo ello me determina, todo me lleva para aquí o para allá, todo me limita por un lado y me abre un camino por otro, todo me conduce a que piense unas cosas y no otras. Todo ello afecta a mi vida de manera importantísima. ¿Debería interesarme por todos esos ámbitos entonces? ¿La moda, la biología, la economía, la tecnología, la meteorología…? Porque todo “se encarga de mí”, todo me condiciona, todo me pone sus correspondienes orejeras, todo conduce mi vida por donde le interesa y casi siempre sin que yo me dé cuenta. ¿Por qué debería prestar más atención a la política que a la composición de los alimentos que ingiero, si de ellos depende mi salud y en el fondo mi vida? Creo que el gran logro de la demagogia política no es el conseguir que alguien vote por tal o cual partido, sino el hacernos pensar a todos que la política es lo más importante en la vida.

    Es una opinión, claro, de alguien que piensa que no hay como vivir en lo alto de un olivo para ver las cosas desde arriba. Lo cual creo que es obvio, por cierto.

  15. luciano tanto Dice:

    ya. (la literatura, aun si ocasional y para desviar el tema, también es política). niente paura…! slds sudamericanos.

  16. Soldadito Pepe Dice:

    Recomiendo de Cánfora “La historia falsa”, un prodigio en corto de erudición e inteligencia, y otro que leí hace años sobre la muerte de Sócrates cuyo título no recuerdo ahora porque no era mío. Tambièn disfruté con El misterio Tucídides. Como anédcota menor, reseñar que Luciano Cánfora es muy amigo de Pérez Reverte y alguna vez han debatido juntos en público en Italia, y en El Tango de la guardia vieja, Reverte dedica un homenaje bromista llamando “Luciano Cánfora” (con lo comunista que es L.C.) a un barco que en 1937 transporta armas para las tropas nacionales de Franco. Magnífica reseña, Cavilius. Lo leeré a pesar de que lo pones un poco duro en cuanto a exigir al lector.

  17. cavilius Dice:

    Ese sobre Sócrates quizá te refieras a Una profesión peligrosa, donde habla de él, de Jenofonte, Platón, Aristóteles y algún otro.

  18. Farsalia Dice:

    Buen libro, por cierto…

  19. Soldadito Pepe Dice:

    Ese era, si señor. Magnifico recuerdo. Gracias, amigus Cavilius.

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