EL MAR NEGRO – Neal Ascherson

EL MAR NEGRO - Neal Ascherson«Cada quien denomina barbarie a aquello que no es a su usanza»(Montaigne).
 
El mar Negro es en gran medida un mar muerto. En él desaguan cinco grandes ríos que arrastran consigo una considerable masa de materias orgánicas, excesiva para las bacterias marinas que debieran descomponerlas. Necesitadas de oxígeno -en un proceso del que Neal Ascherson informa brevemente-, estas bacterias acaban por producirlo de un modo que genera una de las sustancias más mortíferas de la Tierra: el gas conocido como ácido sulfhídrico. El mar Negro es el mayor depósito planetario de este gas; no hay vida en él bajo los 150 o 200 metros de profundidad y el 90% de su volumen es estéril. Pero en la superficie y en las costas, vida e historia han tenido un escenario preponderante.

Una gran cantidad de pueblos se ha beneficiado de la riqueza en recursos alimenticios de este mar; pueblos que a lo largo de muchos siglos se han congregado en el litoral y en los territorios aledaños, configurando un verdadero muestrario étnico mas no, al decir de Ascherson, un modelo aprovechable de comunidad multirracial o pluricultural. La tumultuosa historia del entorno del mar Negro ofrece un testimonio fehaciente de que convivencia no es sinónimo de maduración solidaria. 

Neal Ascherson (n. 1932, Edimburgo) es historiador, arqueólogo y periodista. Se ha desempeñado entre otras cosas como corresponsal extranjero para medios británicos, especializándose en temas de Europa oriental (sobre los que ha publicado algunos libros); fue también editor de una revista de arqueología de corte académico.  En El mar Negro, libro cuya edición original data de 1995, efectúa un recorrido por la porción de historia que se ha dado cita en torno de dicho mar,  en un amplio arco temporal que va desde el siglo VII a.C. hasta los días del gobierno de Boris Yeltsin, en 1993. Recorrido singular puesto que el libro no es un manual de historia ni se ciñe a una secuencia cronológica lineal sino que procede a saltos, avances y retrocesos, tanto temporales como temáticos. Esto, conforme progresa la marcha in situ del autor por el entorno costeño: parte en Crimea, se dirige hacia el este hasta Georgia y luego retrocede hacia el oeste, desembocando en Estambul. El itinerario, hay que decirlo, no es exhaustivo; el propio Ascherson dista de considerarse un trotamundos y advierte que Turquía, Rumania y Bulgaria reciben menos atención de la que merecen. Aunque algo de libro de viajes contiene, El mar Negro es ante todo un ensayo que en lo medular da cuenta de una vívida exploración intelectual en pos del problema de la identidad colectiva y las relaciones con los otros, en el marco geográfico e histórico especificado.

«En las costas del mar Negro nacieron dos hermanos siameses llamados civilización y barbarie», sostiene el autor. La dicotomía «civilización y barbarie», surgida de un acto griego de construcción de imaginario (por su propia naturaleza, una iniciativa  del todo unilateral), inspirará el discurso etnocentrista de raigambre occidental. La referencia hecha en la Ilíada al habla supuestamente balbuciente e inarticulada del pueblo de los carios contiene en germen el fundamento de dicho discurso, con su característica lógica centro/periferia y su reducción del «otro» al estereotipo. Será al calor de las guerras médicas que comience a operar ya de modo decidido la identificación de la «alteridad», el ser otro de los llamados bárbaros -definido primariamente por su habla no griega-, con «inferioridad». Dado este crucial paso, y con el refuerzo provisto por la ideología o discurso del orientalismo, aquellos que pasen por «bárbaros» proporcionarán el contraste que confirme la superioridad de los autodenominados «civilizados». 
 
No todo el libro se ocupa de esta materia, pero sí reside en ella y en el problema de la nacionalidad y las identidades culturales su motivo central. El mar Negro funciona en importante medida como un alegato contra la exaltación rabiosa de las particularidades locales  y como denuncia del prurito de homogeneidad étnica que anima a movimientos de índole nacionalista, aparte de motivar la implementación de políticas gubernamentales de índole asimilacionista. En uno de sus pasajes, en el que medita acerca de los cosacos («sentirse cosaco es sufrir una terrible crisis de identidad»), Ascherson ironiza sobre lo que se puede considerar como «complejo de centinelas avanzados»: el arrogarse, un pueblo cualquiera,  la calidad de guardián de tal o cual patrimonio cultural, creerse custodio de una cierta tradición o sistema de valores y creencias -cuando no de toda una civilización-. Un complejo que oculta tanto como revela una situación de indeterminación e inseguridad identitaria (tal sería el caso de los cosacos). En el presunto centinela, Ascherson detecta dos «síndromes alucinatorios»: una percepción tergiversada y paranoica del mundo exterior, y el síndrome del dominio, consistente en que el centinela debe continuamente recordarse que ejerce su poder sobre unos otros subalternos. 
 
Por las páginas de El mar Negro transita multitud de escenas históricas, personajes y situaciones hábilmente orquestados por el autor. Sus comentarios se nutren de disciplinas como arqueología, antropología, ciencia política, historia, mitología y literatura, plasmando un acucioso aparato reflexivo. Tan pronto nos topamos con Heródoto como con la fundación de Odessa a fines del siglo XVIII o con las deportaciones de etnias minoritarias ordenadas por Stalin; tan pronto, según convenga a cada etapa de la andadura emprendida por Ascherson. El paso por Crimea, por ejemplo, le sugiere la consideración de sucesivas empresas de colonización efectuadas en la península, culminando en los devaneos pseudohistóricos de los nazis con la idea de restaurar un (presuntamente) perdido reino gótico. Sabemos en otro pasaje de las resonancias del nacionalismo polaco en la región y de las andanzas de escritores como Mijaíl Lérmontov, autor de la célebre novela Un héroe de nuestro tiempo, y Adam Mickiewicz, el poeta nacional de Polonia.

Objeto de atención son también los movimientos migratorios, relaciones comerciales y choques entre pueblos verificados en torno al mar Negro; el conocimiento existente acerca de pueblos antiguos asentados en la región (escitas, sármatas, jázaros y otros), refiriendo fuentes clásicas y hallazgos arqueológicos recientes; las aristas ideológicas de diversas expresiones del nacionalismo y expansionismo ruso –zarista, soviético y postsoviético-; el fin de la URSS y el estallido de conflictos étnicos (de los que la guerra en Abjasia es sólo un ejemplo), etc. Todo lo cual habla no de dispersión sino de amplitud temática, coherente y perfectamente consecuente con el plan que preside el libro.

En mi opinión, un trabajo que proporciona una lectura cuando menos estimulante.
 
Neal Ascherson, El mar Negro. Tusquets, colección Tiempo de Memoria. Barcelona, 2001. 356 pp.

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12 Respuestas a “EL MAR NEGRO – Neal Ascherson”

  1. Koenig Dice:

    Opinión que corroboro plenamente, amigo Rodrigo.

    La verdad es que hace tiempo que lo leí, unos diez años, pero lo que comentas aviva mis recuerdos de un libro sorprendente, porque podía uno encontrarse con cualquier cosa; relajante, porque al no adivinar adónde va a ir el autor (ni cuando), se queda uno simplemente disfrutando del momento; y entretenido, tanto en la forma de narrar las cosas como en las cosas que narra.
    (Añadiría que imprescindible para todos los que traten de seguir eurovisión, pero vamos a dejarolo….)

    Saludos.

  2. Urogallo Dice:

    El Mar Negro…¿Qué sabemos del Mar Negro en la época clásica?. Que los navios volvían cargados de trigo, y que de alguna manera estaba bajo el control occidental, primero griego y luego romano.

    Una inmensidad tan rica como vacia, siempre en el borde de la leyenda…

  3. akawi Dice:

    Si no es demasiado denso, o largo, o retórico, con suerte lo apile en mis tochos por leer. Pues sobre las riberas del Mar Muerto, sé poquito, poquito.
    Estupenda reseña, muy profesional.

  4. ausente Dice:

    Que bueno leer una reseña de este libro, hace unos meses lo tuve en mis manos tentado para llevármelo, parecía algo fuera de lo común y con ingredientes muy interesantes de un espacio geográfico en donde creo en general se tiene un “gran vacío”, y donde hasta ahora (puedo entender equivocadamente) se dan luchas y conflictos que se arrastran muchas veces por temas raciales o de clanes. Muchas gracias Rodrigo.

  5. Rodrigo Dice:

    Gracias, compañeros.

    Akawi, el libro no es retórico ni denso, en absoluto. Tampoco demasiado largo, menos de 350 páginas si descontamos la bibliografía y unos cuantos mapas. Como dice nuestro estimado galo, es sorprendente y entretenido.

    Un honor coincidir contigo, Koenig. Lástima que la referencia a Eurovisión me haya dejado en blanco.

    Supongo que dices bien, Uro. Tú sabes de estas cosas.

    Entiendes súper bien, Ausente. A ver si encuentras el libro y te lo llevas.

    Saludos.

  6. Koenig Dice:

    Je,je.

    La referencia a Eurovisión es porque participan países como Ukrania, Azerbaijan, Georgia y otrosmuy cercanos o ribereños del Mar Negro, y siempre hay alguno que pregunta donde están.

  7. Rodrigo Dice:

    Arg.

    Que se lean el libro, sí.

  8. ARIODANTE Dice:

    …¡Y además tiene mapas! Pues suena estupendo, Rodri, ¡un descubrimiento!
    Me recuerda en cuanto a la manera de tratar un tema, a “Danubio” de Claudio Magris, que también habla de todo un poco, pero con el río como punto de referencia o como eje conductor.
    Del Mar Negro mis referencias son el libro de Graves “El vellocino de oro”… y la Carga de la brigada ligera en Balaclava, claro: (http://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/6/64/Black_sea_crimean_war.jpg).
    En fin, que parece apetecible su lectura y además, como siempre, tu reseña nos hace sentir curiosidad y atracción por el tema.

  9. Rodrigo Dice:

    Precisamente, Ario: mientras leía El mar Negro me acordé del libro de Magris. Claro que El Danubio es más bien un magnífico híbrido literario, cierto que vertebrado por la cosa histórico-geográfica. El de Ascherson es más derechamente ensayístico, y aunque puede que el autor tomase hasta cierto punto a Magris como modelo, no creo que aspirase a alcanzar su altura literaria.

    Saludotes.

  10. juanrio Dice:

    Rodrigo, además de reseñar con gusto, eres capaz de soltar dos frases memorables…”El Danubio es un magnífico híbrido literario”..totalmente de acuerdo, y “El de Ascherson es más derechamente ensayístico”…genial. NAda, otro que parece llamarme, con dos recomendadores tan buenos como tu y el galo…

  11. Rodrigo Dice:

    (Honrosa comparación.)

    En Hislibris nos hemos confabulado para arruinarnos recíprocamente en base a recomendaciones. ;-)

    Gracias, Juanrio.

  12. ARIODANTE Dice:

    Jajaja! Si, arruinados y enviciados totalmente con las lecturas. “Danubio”, es efectivamente lo que tan bien describes, Rodri.

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