EL GIGANTE ENTERRADO – Kazuo Ishiguro

EL GIGANTE ENTERRADO - Kazuo IshiguroEs ésta una novela atípica en el conjunto de la obra del autor. Si bien en su totalidad la obra literaria de Ishiguro presenta diversos perfiles, temas y modos de tratarlos, con esta novela rompe todos los esquemas anteriores. En realidad es más bien un largo cuento lleno de simbolismos, metáforas, imágenes mitológicas, mezclando lo fabuloso con unas gotas de épica; un viaje introspectivo hacia el pasado y una lucha contra el olvido. Pero también hay que decir que es una novela irregular, cuya lectura se hace en algunos tramos cuesta arriba por su lentitud o por sus digresiones. Eso sí, el lector que persevere y llegue al final podrá comprender mejor la narración. Y debe perseverar.

Aquellos que hayan leído “La Torre Vigía” de Ana María Matute se reconocerán inmersos en un ambiente, un clima muy parecido. Impreciso, brumoso, atemporal. Porque si el autor sitúa la narración en una Britania post artúrica, donde aún sobrevive un viejo guerrero de la Tabla Redonda, un anciano Sir Gawain, los personajes se mueven entre las brumas del terreno y las de la memoria.

Sorprendentemente, los protagonistas son dos ancianos, no una juvenil y ardorosa pareja, sino dos achacosos personajes, lentos, olvidadizos, temerosos y descuidados, que viven en una aldea imprecisa, indefinida,  y tratan de llegar a donde suponen que vive su hijo, del que no recuerdan por qué se fue ni en qué condiciones. De hecho, Axl y Beatrice del pasado no recuerdan prácticamente nada, salvo breves retazos de imágenes, de sensaciones, ideas… pero por alguna razón, están persuadidos de que visitar a su hijo es la solución de sus problemas, o al menos, la idea más feliz que han tenido en mucho tiempo. Y se deciden al viaje.

Pero en el viaje no solo se enfrentan a la dureza de las condiciones climáticas y geográficas, sino a múltiples peligros humanos y sobrenaturales, a seres que no son lo que parecen o cuyas potencialidades superan lo humanamente conocido. Ogros, duendes, brujas, animales fabulosos… Y un miedo difuso a cualquier cosa que surja de la bruma que les rodea.

La pareja de ancianos carga con una culpa,  una culpa que agobia a cada uno de ellos, sobre todo porque es una culpa oculta, arraigada en unos hechos perdidos en la niebla que invade su memoria,  pero que no libra del dolor de sentirse culpables. La niebla que borra sus recuerdos les protege de esas culpas; por un lado desean disiparla, por otro, temen que ocurra. Sin embargo, ambos mantienen una fuerte ligazón: su amor es un lazo que no puede romperse, y que les ayuda a soportar el peso que arrastran.

Interviene además un personaje misterioso, Wistan, guerrero sajón, y no britano como los protagonistas. Este caballero les va a acompañar una parte del camino, junto a Edwin, un silencioso joven estigmatizado por una herida. Tanto Wistan como Sir Gawain, al que encuentran después, sufren los efectos de la niebla que borra sus recuerdos. Todos parecen sentir que hay algo que les unió o les enfrentó en el pasado. También han olvidado sus culpas pasadas. Sir Gawain transita cabalgando por la narración, asegurando que su misión es matar a Querig, el dragón hembra, que al parecer es el causante de todos los males que aquejan a los habitantes de esas tierras brumosas. Su aliento forma la peligrosa y olvidadiza niebla, dicen. También Wistan reconocerá que su misión es la misma, produciéndose una competición entre ambos para ver quién será el que finalmente acabe con el dragón.

“En mi opinión, la amenaza de Querig viene menos de sus propias acciones que del hecho de su permanente presencia. Mientras se la deje en libertad, todas las formas del mal no pueden sino expandirse por nuestra tierra como una pestilencia. (…) Puede que Querig se deje ver raramente, pero de ella emanan fuerzas oscuras, y es una desgracia que no hayamos sido capaces de exterminarla durante todos estos años.”

El camino que retoman, después de una parada en una aldea sajona, pasa por la búsqueda de un monasterio donde un monje sabio quizás les pueda ayudar a reconocer el mal de Beatrice. Wistan y Edwin, a los que conocen en la aldea sajona, se les unen en su viaje hacia el monasterio. Edwin parece tener otro objetivo en el viaje, que es encontrar a su madre, de la que solo tiene una vaga imagen pero una fuerte atracción.

En el trayecto al monasterio se tropezarán con soldados de Lord Brennus que vigilan un paso, por el que han de cruzar necesariamente. La situación se pone tensa. Finalmente en el monasterio podrán ver al viejo monje que buscan, pero también surgirán peligros imprevistos.

La narración está hecha principalmente en tercera persona, en algunos momentos adoptando el punto de vista de Edwin, o de Wistan o incluso de Sir Gawain, si bien el punto de vista central es el de la anciana pareja. Al comienzo y casi al final el narrador omnisciente se dirige al lector, en segunda persona:

“Algunos de vosotros tendréis hermosos monumentos por los que los vivos podrán recordar la maldad que padecisteis. Algunos de vosotros tendréis sólo austeras cruces de madera o piedras pintadas, mientras que otros deberéis seguir ocultos entre las sombras de la historia. Formáis en cualquier caso parte de un antiguo cortejo, de modo que siempre es posible que el túmulo del gigante fuese erigido para marcar el lugar de alguna tragedia ocurrida hace mucho tiempo, cuando niños inocentes fueron masacrados en la guerra.”

El conjunto se divide en cuatro partes: la primera presenta a los personajes, crea el clima y comienza el viaje, concluyendo con la llegada al monasterio; la segunda relata lo que les ocurre allí y la dispersión del grupo; en la tercera se producen las ensoñaciones de Sir Gawain, (narradas en primera persona), el reencuentro de Edwin y Wistan, el viaje desmemoriado de Beatrice y Axl por el río (¿Leteo?).  Finalmente, el desenlace se produce en la cuarta parte tras el encuentro con el dragón; un Barquero desconocido toma la palabra para guiar a los ancianos protagonistas en el final de su viaje, mientras la niebla va disipándose.

En suma, una narración muy ambiciosa, que a tramos consigue interesar, emocionar, aunque en otros –principalmente algunos diálogos- puede llegar a aburrir, por la lentitud de las digresiones, de las que a veces resulta difícil ver una relación con el conjunto. El gigante es una metáfora; de hecho, el texto está lleno de simbolismos, a veces evidentes, a veces más oscuros. El gigante enterrado se revuelve bajo tierra:

“¿Pero quién sabe qué viejos odios aflorarán ahora por estas tierras? Sólo nos queda esperar que Dios encuentre un modo de preservar los lazos entre nuestra gente, aunque las costumbres y las suspicacias siempre nos han dividido. ¿Quién sabe qué sucederá cuando hombres con facilidad de palabra relacionen antiguos agravios con un nuevo deseo de tierras y conquista?”

Ariodante.

EL GIGANTE ENTERRADO
KAZUO ISHIGURO
Anagrama, 2016

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8 comentarios en “EL GIGANTE ENTERRADO – Kazuo Ishiguro

  1. Iñigo dice:

    Efectivamente un libro que recuerda a Ana María Matute… en mi caso a su fantástica y magna novela “Olvidado rey Gudú”. Tengo sensaciones encontradas. A mí me pareció algo irregular, con grandes momentos narrativos y otros algo aburridos. Pero su literatura desarrolla profundidad y mucha lírica… interesante propuesta. Con permiso añado la reseña que publique en mi blog no hace mucho. Buena reseña Ario… http://elpuentelejano.blogspot.com.es/2018/01/el-gigante-enterrado-kazuo-ishiguro.html?m=1

  2. Valeria dice:

    Pues curiosamente, yo que soy más bien efervescente, no me aburrí en ningún momento. Me pareció una prosa tan delicada, tan sentida, que aún teniendo momentos de desconcierto disfrutaba con el simple discurrir de las palabras, dando igual a dónde me llevase la historia.

    Ya no recuerdo apenas nada de Olividado Rey Gudú, de tantos años que pasaron desde que lo leí. Pero ahora que citáis a Ana María Matute tendré que hojear de nuevo ese libro.

  3. Rodrigo dice:

    Como a Iñigo, me genera sensaciones encontradas esta obra. Por un lado le alabo el que se desmarque de la típica novela de fantasía o de aventuras legendarias y de ambientación seudo-medieval, merced a la inmersión en los vericuetos sicológicos y morales de los personajes y a esa especie de indagación en la importancia vital de la memoria en que se embarca Ishiguro. Por otro, le reprocho cosas como las que señalas en tu reseña, Ario. La parsimonia o la ausencia de acción trepidante y vertiginosa no es para mí un defecto per se, pero aquí lo que hay es algo peor que la lentitud: lo que hay es una carencia aplastante de fluidez y de ritmo, tan lastrada está la narración por el exceso de simbolismos, de claves alegóricas y de digresiones, elementos todos que en lugar de enriquecer la lectura la interrumpen cada dos por tres, volviéndola una experiencia decididamente farragosa, muy poco grata. Y no es que de puro significativa (en sentido de plena de significado) le quede a uno rondando en la cabeza, finalizada la lectura; más bien es que uno se pregunta qué diantre habrá querido decir el autor en tal o cual pasaje, qué esconde esta o esa clave simbólica, qué sentido tiene la novela en su conjunto. Demasiada oscuridad, demasiado apretar contenidos. No, mientras más lo pienso, más pretenciosa y deficiente me parece.

    Obviamente, no creo que vaya a contar entre las obras maestras del escritor.

  4. Derfel dice:

    Me da cierto miedo la deriva que está tomando la prosa de Ishiguro porque, siendo un escritor muy capaz de emocionar desde la aparente sencillez de sus historias -que suelen esconder sentimientos muy complejos-, también me parece que siempre ha tenido cierta tendencia a desbarrar.

    Su último libro de relatos (“Nocturnos”) me pareció infumable y, por lo que contáis, creo que esta novela tampoco me va a gustar mucho…

  5. Ariodante dice:

    Veo que, salvo Valeria, estáis en general de acuerdo con mi opinión sobre el libro. Ciertamente, Valeria, las digresiones en sí pueden ser interesantes, pero hay momentos en que uno se pregunta si era necesario introducirlas o hubiera sido mejor dejarlas a un lado.
    Derfel, si no has leído “Los inconsolables”, lleva precaución. No lo compres sin leerlo antes (o al menos lee mi reseña en mi blog), porque es otro experimento de Ishiguro, un experimento onírico y surreal que a mí me generó incluso cierto cabreo. Ishiguro parece haber tomado el camino de que cada libro, un nuevo experimento…y no todos le salen redondos, desde luego.

  6. Derfel dice:

    Tengo “Los inconsolables” desde hace años y nunca lo he podido terminar. TE admiro realmente por ello…

  7. ARIODANTE dice:

    Jajaja, Derfel, no te preocupes. No te pierdes nada. Me lo acabé con la pretensión de saber qué pasaba al final…y es un bluff. Sin embargo, haciendo de abogado del diablo, te diré que consigue convertir es espacio-tiempo en algo parecido a un chicle. No sé qué diría Einstein al respecto, pero se pasa el espacio-tiempo por el forro y lo hace de modo que al final incluso ya estás esperando a ver por donde sale. Es como el espacio-tiempo en Alicia: Lewis Carroll tambien lo hizo, pero claro, antes de leer ya sabias que aquello era una ficción desaforada. Aquí empiezas a leer y piensas que los parámetros son los habituales y te llevas mas de un sobresalto…hasta que te acostumbras.

  8. Arturus dice:

    Comencé a leerlo por mi afición al tema artúrico y no pasé de unas cuantas páginas. Normalmente, salvo novelas de largo recorrido, me suele bastar con leer veinte o treinta páginas para engancharme si el libro me interesa. Aquí, evidentemente, no ocurrió.

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