EL DÍA D. LA BATALLA DE NORMANDÍA - Antony Beevor
«Cuesta trabajo creer que en pocas horas empezará la invasión a través del canal. Me siento muy inquieto ante esta operación. En el mejor de los casos el resultado quedará muy, muy lejos de las expectativas de la mayor parte de la gente, esto es, de aquellos que no tienen ni idea de las dificultades que entraña. En el peor de los casos quizá acabe siendo el desastre más espantoso de toda la guerra».
Alan Brooke, mariscal de campo británico, 5 de junio de 1944
Se ha escrito mucho sobre el Día D, el desembarco más famoso de la Historia. La Operación Overlord ha cautivado a lectores de narrativa histórica de todos los pelajes y colores. El cine nos ha mostrado su cara más cruda como, por ejemplo, en Salvar al soldado Ryan (1998) de Steven Spielberg. Se han publicado infinidad de libros y artículos sobre el tema. Y ahora, en este 2009, nos llega El Día D. La batalla de Normandía, de Antony Beevor (Crítica), un libro con voluntad de ser referente y que, sin duda alguna, lo será.
Ya en 1959 se publicó un libro que, en su tiempo, quedó fijado en el imaginario colectivo, El día más largo, que dio pie a la película del mismo nombre de 1962. En 1982, John Keegan publicó un estudio con más fuentes y que durante los últimos 25 años se ha convertido en una obra de referencia: Six Armies in Normandy (traducción española, Seis ejércitos en Normandía. Del Día D a la liberación de París, Ariel, 2008). Poco después, Max Hastings publicó Overlord, otro libro esencial. En 1995, Stephen Ambrose, biógrafo «oficial» de Dwight Ike Eisenhower, publicó D-Day, June 6, 1944: The Climactic Battle of World War II (traducción española, El Día D. La batalla culminante de la Segunda Guerra Mundial, Salvat, 2002/Inédita, 2009). Resumiendo títulos, que hay más, el lector medio podía preguntarse si había algo más que contar acerca del Día D. Y desde luego lo hay.
No creo que a estas alturas deba presentar al autor, Antony Beevor (véase su web de diseño imposible o, para el lector en español, la relación de libros publicados por Crítica. Decir, nada más, que Beevor se ha convertido ya en un referente con sus libros sobre Stalingrado, Berlín. La caída: 1945 o La guerra civil española, combinando erudición, dinamismo, agilidad y amenidad en sus libros. Personalmente, siempre me ha gustado eso de Beevor: consigue que una disertación bélica no se convierta en un farragoso rollo.
El Día D de Beevor no es un libro que se centre exclusivamente en el desembarco, a diferencia de la monografía de Ambrose, por ejemplo. No se dedica a los preparativos ni hace un estudio pormenorizado y al máximo detalle de los desembarcos en las diversas playas –de oeste a este, Utah, Omaha, Gold, Juno y Sword–; a partir de la página 190 (y el texto tiene 650), el libro va más allá: a grandes rasgos, se disecciona la conquista de Normandía y el camino hacia París, los acontecimientos que se desarrollan entre el 6 de junio y el 25 de agosto de 1944. Ni más ni menos. De este modo, una vez aseguradas las cabezas de playa, seguimos a los ejércitos norteamericano y británico-canadiense; los primeros, hacia Saint-Lô, la conquista de la península de Cotentin y el camino hacia Bretaña; los segundos, hacia Caen, Falaise y el camino a París. Un París que Eisenhower tenía pensado pasar de largo, para dirigirse a la frontera alemana. Pero los acontecimientos fueron cambiando, semana a semana, en función de los resultados militares, y la apuesta por París –la carrera que Patton y Montgomery, con los franceses de De Gaulle y Leclerc uniéndose casi al final– fue ganando enteros a partir de mediados de agosto.
Uno se podría preguntar: «pero esto, ¿no lo explicó ya Keegan hace tiempo?». La siguiente pregunta que nos planeamos muchos en consecuencia es «¿por qué, entonces, otro libro sobre el Día D?». Una primera respuesta a ambas preguntas podría ser, en boca del propio Beevor, que el Día D fue «una liberación que no fue feliz». Y yendo más allá, tal y como se publicó en una entrevista en el suplemento Babelia de El País el pasado sábado 5 de septiembre:
«Tenemos que enfrentarnos a la terrible paradoja de que una democracia en una guerra puede llegar a matar a muchos civiles, porque la presión de la prensa y el Parlamento en casa para reducir las bajas puede forzar a los comandantes a utilizar mayor potencia en los bombardeos. Y eso es lo que sucedió en Francia. Churchill estaba muy preocupado por este tema porque decía que los franceses les iban a odiar y trataba de convencer a los responsables de los ataques aéreos para que intentasen mantener bajo el número de víctimas, que llegaron a ser 15.000 antes de la invasión. Y durante la batalla subieron más todavía. No sé cómo van a reaccionar los lectores estadounidenses ante el dato de que en el Día D murieron muchos más civiles franceses que soldados británicos y estadounidenses. Debo decir que a mí me chocó porque todos tenemos mitificado el Día D, pero cuando uno descubre las víctimas de la batalla de Normandía es terrible. Eso no minusvalora la valentía de los soldados o la importancia de la batalla. Se montó un escándalo porque utilicé la palabra crimen de guerra para describir el bombardeo de Caen y hay que ser muy cuidadoso con esta expresión, lo que dije es que estaba cerca del crimen de guerra. Pero lo que es cierto es que el bombardeo no consiguió nada y fue estúpido desde el punto de vista militar porque si quieres capturar una ciudad rápidamente no deberías destrozarla. Y sólo hubo bajas entre los civiles.»
Esta es una de las primeras reflexiones y conclusiones a las que se llega tras la lectura del libro. Beevor, además, nos responde a la pregunta acerca de por qué otro libro sobre el Día D con el hecho de que se ofrecen nueva documentación, nuevos materiales de archivo (por ejemplo, los archivos del Memorial de Caén; una documentación a la que ni Keegan ni Hastings tuvieron acceso hace 25 años. Como el propio Beevor afirma en la entrevista citada, «escribo historia de una forma completamente diferente de Max [Hastings], estoy más interesado en entender cómo era el combate desde la mirada de los soldados que en describir la batalla desde un punto de vista estratégico. Otro de mis objetivos era explicar por qué Normandía es diferente de lo que la gente suele pensar». Uno podría aducir que ya Ambrose hizo un uso extensivo de la «mirada de los soldados», con sus entrevistas a soldados estadounidenses.
Pero, lo cierto es que en su libro Beevor va más allá. No esconde las ejecuciones brutales de soldados alemanes, prisioneros de guerra; no elude matanzas durante y después del desembarco, así como los bombardeos de ciudades, donde los civiles franceses pagaron, en mayor medida, las consecuencias. Caen fue bombardeada a conciencia y con consciencia: en agosto de 1944 apenas quedaban en pie 8.000 casas en una ciudad que tenía más de 60.000 habitantes antes del desembarco. Tras la contraofensiva alemana en Mortain (6-12 de agosto), «el centro de la población era apenas un montón de ruinas, entre las cuales sólo quedaban en pie algunas paredes y chimeneas. La mayor parte de aquella destrucción se había producido el día antes de la liberación. De modo casi increíble, el jefe del Estado Mayor de la 30ª División dijo: “Quiero que Mortain sea arrasada… Demoledlo todo durante la noche, quemadlo todo para que no quede nada vivo”. Esta inocente población francesa había sido destruida en un terrible ataque de rencor» (p. 528). Hasta ahora, la imagen que se nos había quedado en la retina era la de las barbaridades alemanas, que se produjeron con repugnante repetición.
Los civiles fueron la principal víctima como consecuencia de las diversas operaciones de los aliados y los alemanes. En las ciudades los bombardeos eran constantes e indiscriminados y en el campo las granjas eran saqueadas y sus habitantes obligados a una rápida evacuación. «Recuerdo una escena conmovedora que nos emocionó a todos», evocaba un oficial de un batallón químico estadounidense, «pasó por delante de nuestra posición una familia que llevaba el cuerpo de un niño tendido encima de una puerta. No sabíamos cómo había muerto. El dolor pintado en los rostros de aquella familia inocente nos afectó a todos e hizo que nos emocionáramos por los habitantes de la comarca y lo que debían de estar pasando» (p. 369): Sin embargo, esta emoción no impidió que a lo largo de los meses de junio, julio y agosto las directrices de Eisenhower, Bradley, Montgomery y Tedder fueran las de avanzar a pesar y en contra de todo. Aunque, desde el avance de una columna de la 3ª División Acorazada llegando a Avranches (la puerta de Bretaña), Ernest Hemingway escribiera a su futura esposa Mary Welsh, hablándole de la «vida muy alegre y divertida [que llevaba], llena de muertos, botines de alemanes, un sinfín de tiros, un sinfín de peleas, setos, pequeñas colinas, caminos polvorientos, paisajes verdes, campos de trigo, vacas muertas, caballos muertos, tanques, cañones de 88 mm, Kraftwagen, y chicos americanos muertos» (p. 470).
El sufrimiento de los civiles franceses estaba contemplado por los capitostes aliados, aunque no previeron un alcance tan extenso: «El cruel martirio de Normandía había servido efectivamente para salvar al resto de Francia. No obstante, el debate sobre el excesivo número de víctimas de los bombardeos y la artillería de los aliados está condenado a seguir vivo. En total perecieron 19.890 civiles en Francia durante la liberación de Normandía, y el número de heridos graves fue mucho mayor. A estas cifras hay que añadir los 15.000 muertos y los 19.000 heridos de los primeros meses de 1944, durante el bombardeo preparatorio de la Operación Overlord. Los 70.000 civiles muertos en Francia por la acción de los aliados en el curso de la guerra son motivo de honda reflexión, y más si tenemos en cuenta que esta cifra excede el número total de víctimas británicas a causa de los bombardeos alemanes» (pp. 649-650). Y no sólo los bombardeos: «sólo en el departamento de Calvados, 76.000 personas habían perdido sus casas y prácticamente todas sus pertenencias. El saqueo y daño innecesario llevados a cabo por los soldados aliados sólo vinieron a añadir más amargura en el mar de fuertes emociones mezcladas que muchos sintieron con la llegada de la liberación. Algunos murmuraban que habían recibido mejor trato de los alemanes» (p. 650)
La «batalla de Normandía» fue feroz para los civiles franceses, pero también para los combatientes. Y, en palabras de Beevor, «a pesar de los irónicos comentarios de la propaganda soviética […] fue sin duda comparable a la librada en el frente oriental. Durante los tres meses de aquel verano, la Wehermacht sufrió casi 240.000 bajas y perdió otros 200.000 hombres que cayeron en manos de los aliados. El XXI Grupo de Ejército de británicos, canadienses y polacos tuvo 83.045 bajas, y los americanos, 125.847. Además, las fuerzas aéreas aliadas perdieron a 16.714 hombres entre muertos y desaparecidos» (p. 653). ¿Dónde está la gloria, se preguntará más de uno?
Los enfrentamientos en el seno de los dos rivales en liza también son elocuentemente mostrados en el libro. Entre los alemanes, la disparidad entre la irrealidad de Hitler, que apenas veía más allá de sus mapas en el Berghof bávaro o en la «Guarida del Lobo» en Prusia Oriental, y los suplicantes mensajes de Von Rustendt, Rommel o Von Kluge, que veían que el teatro de operaciones en Normandía se hundía irremediablemente. Entre los aliados, la paciencia infinita de un Eisenhower frente al ego desmedido y los fracasos de Montgomery, la excesiva prudencia de Bradley y, cómo no, el componente dartagnesco de Patton; recién llegado a Francia el 4 de julio, Patton dirigió una arenga a sus soldados con su inefable estilo: «Me siento orgulloso de estar aquí para luchar a vuestro lado. Ahora, cortémosles los huevos a esos alemanes y vámonos a Berlín de una puta vez. Y cuando lleguemos a Berlín, yo mismo voy a pegar un tiro a ese empapelador hijo de puta, como si fuera una serpientes» (p. 357). Como dice el propio Beevor, «Patton y Eusenhower no podían ser más distintos, desde luego».
Beevor no ahorra críticas contra Montgomery, responsable del primer fracaso en tomar Caen, del llamado «Monte Calvario» y de la Operación Totalize en la bolsa de Falaise. Las disputas con los comandantes británicos (y con algunos británicos) fueron feroces y constantes. Su egocentrismo y su equiparación a Marlborough y Wellington, posiblemente sin tanto talento militar como estos dos, era ridículo, según Beevor. «Él solo prácticamente había conseguido en Normandía que la mayoría de los altos oficiales americanos se convirtieran en antibritánicos en el momento preciso en el que el poder de Gran Bretaña caía en picado. Así pues, su comportamiento constituyó un desastre diplomático de primera magnitud» (pp. 653-654). Tampoco debemos olvidar las diferencias con De Gaulle y los dirigentes de la Francia Libre. De sobras es conocida la inquina de Roosevelt contra De Gaulle, cuyo autoproclamado Gobierno Provisional dio órdenes de que no fuera reconocido mientras durase la guerra. A ello añadimos que, una vez liberada París, De Gaulle menospreció públicamente la inmensa ayuda de los aliados para que se produjera tal liberación; algo que incluso en este 2009, el presidente francés Sarkozy ha dejado patente en los festejos del 65º aniversario de la liberación de la capital gala.
Por todos estos motivos, y muchos más (que dejo a la lectura atenta de los interesados en el tema), el libro de Beevor se convierte en un libro de referencia obligada. Añadamos la prosa dinámica del autor, con ese estilo tan particular, logrando que el devenir de las diversas operaciones militares no se convierta en una carrera llena de obstáculos para el lector. El libro se acompaña de numerosos y necesarios mapas. Se echa de menos, para aquellos que no somos especialistas en historia militar, un cuadro con la estructura de los ejércitos (véase también en Curistoria). El propio Beevor remite a su web para una tabla de equivalencia de rangos entre los diversos ejércitos en liza. Pero, como crítica importante, se echa en falta un prólogo. Beevor empieza el libro prácticamente con el desembarco, pero no ofrece al lector unas páginas de por qué se ha dedicado, en este 2009, a publicar un libro sobre el Día D. Indirectamente y en otros medios, como ya he comentado antes, se encuentran pistas acerca de qué ofrece de nuevo este libro, pero no en el propio libro. Un prólogo de tal calibre creo que habría redondeado aún más un libro cuya recomendación es obligatoria.
Un libro, pues, que rompe algunos mitos, ofrece nuevos puntos de vista y pone en su justa medida lo que fue «el día más largo».
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10 de Septiembre de 2009 a las 1:37 pm
Muy buena reseña Farsalia.
Estoy totalmente de acuerdo en que, tal y como dices, Beevor tiene la gran virtud de saber narrar historia militar sin convertir su narración en una sucesión de números y nombres, lo que es un grandísimo mérito. Aunque por otro lado hay que decir que no es un detallista, y probablemente tampoco lo pretende.
Creo además que Beevor tiene otra ventaja, la solvencia que ha ido adquiriendo libro a libro. Y esto me produce cierta… no es mosqueo, digamos que cierta pena.
Tengo por ahí un libro publicado por un francés, Eddy Florentin, titulado “Stalingrado en Normandía”. Es un libro antiguo, reeditado, que ya se encargaba de demostrar lo durísimia que fue la lucha en Normandía y el brutal descalabro que supuso el embolsamiento de Falaise para los alemanes.
También he tenido la ocasión de leer artículos de autores como François Buffetaut y Georges Bernage, que ya hablaban de los muertos civiles durante la campaña de Normandía. El segundo, en concreto, escribe habitualmente para una editorial cuya sede está en Bayeux, y ha tenido sobrada ocasión de entrevistar a cuantos supervivientes de la batalla se han cruzado en su camino. También ha publicado un escalofriante relato sobre los combates entre la 3ª Div canadiense y la 12 Div SS donde detalla todas las burradas que cometieron unos y otros.
Y seguramente habrá muchos mas a los que no he leído.
Y digo que me produce cierta pena porque parece que hasta que Beevor no ha hablado de ello estas cosas no han sucedido. O a estos autores no se les ha dado el crédito suficiente como para estudiar sus conclusiones.
Pero en fin, por otro lado me alegro de que Beevor mencione estas cosas en su libro.
Opino.
Saludos.
10 de Septiembre de 2009 a las 1:40 pm
Sí, Beevor rompe mitos, ofrece nueva documentación, parece estar al tanto de lo que se ha ido investigando (aunque tampoco sabría decirte hasta qué punto recoge las obras que citas; fijo que cuando leas el libro sabrás decirnos algo al respecto) y no esconde culpables y víctimas. Huye de los habituales maniqueismos y pone la “batalla de Normandía” en su justa medida: algo que los aliados calibraron mal y cuyos platos rotos pagaron los civiles franceses.
10 de Septiembre de 2009 a las 5:53 pm
¿habría algún problema en quitar la D? o estoy tonta y torpe o no se leer yá estas alturas.
10 de Septiembre de 2009 a las 6:10 pm
He de reconocer que, con mis 7 dioptrías en cada ojo, la D me está resultando algo incómoda; pero, claro, es mi caso… ;-)
10 de Septiembre de 2009 a las 6:24 pm
Después de leer Stalingrado y Berlín , sin duda este libro lo compraré aunque no sé cuándo . Gracias por la reseña.
10 de Septiembre de 2009 a las 8:13 pm
Gracias por la reseña farsalia. Sobre el Día D se han escrito un montón de libros, pero Beevor tiene su público, o mejor dicho sus lectores, los cuales esperan con impaciencia cualquiera de sus publicaciones. A mí, en concreto, Beevor me encanta. ¿Por qué? Pues por todo eso que has comentado en tu reseña. Es un autor que combina perfectamente la narración bélica con la amenidad narrativa que este tipo de lecturas necesita para los que no les agrade excesivamente la vertiente militar pura y dura como es mi caso. No sé si Beevor habrá descubierto algo nuevo que no conozcamos sobre el Desembarco Aliado en Normandía, pero seguro que su estilo hará que nos enganche una vez más. Sobre la delicada cuestión de las bajas civiles y las bajas aliadas, el famoso historiador Hastings ya deja entrever algunas de las causas por las que las bajas aliadas tendían a intentar minimizarse con respecto a las alemanas: había que sacarlas a la luz y explicarlas al público en general en una sociedad democrática. En cuanto a las bajas civiles, éstas se han intentado minimizar con respecto al fin máximo de la operación militar. Seguramente esto fue así, es algo aceptado, pero después de más 60 años de acabada la guerra tal vez sea el momento de analizar cómo y cuánto tuvo que pagar el pueblo francés por su liberación.
Por lo que leo Beevor no se anda con chiquitas y se lanza desde la primera página a analizar el desembarco en sí. Esto puede ser un lastre para todo aquel que se acerque por primera vez a la historia del Día D, pero a lo mejor es que Beevor piensa que los antecedentes están más que estudiados y piensa que hay que atacar otros puntos no tan desarrollados. Estoy poniéndome en la piel del historiador británico, aunque personalmente, a mí me gusta una breve introducción y un epílogo en todo buen libro que se precie de serlo.
Un saludo.
11 de Septiembre de 2009 a las 7:44 am
Excelente reseña, Farsalia. Es un libro esperado y que seguramente abre nuevos caminos en el relato de la liberación de Europa desde el Día D. Hasta ahora Beevor no me ha defraudado, por poner un ejemplo me encanta su libro sobre Creta, así que me pondré lo antes posible con su lectura.
En cuanto a lo que dice Koenig, sobre los libros publicados en Francia, el problema supongo que será de difusión. Uno puede escribir un libro bien escrito y documentado, pero si no supera los límites del público especializado parece que no ha hecho nada. La ventaja es que escritores como Beevor abren mercado para la historia militar, lo que es de agradecer por parte de los que somos aficionados a ella.
11 de Septiembre de 2009 a las 9:16 am
Pues no se que decirte Juanrío.
Esta gente que cito es tan amena como Beevor (bueno, Florentin algo menos). Y lo de abrir nuevos caminos…Jo (que diría aquel). En fin, espero que pronto publique un libro sobre la batalla de Francia en 1940 y demuestre que los franceses combatieron.
Con respecto a Creta. ¡Por fin! Encuentro a alguien a quein también le haya gustado. Como se nota que eres buen lector. Juas.
Opino y….
Saludos.
11 de Septiembre de 2009 a las 3:16 pm
Buah, el problema de Creta no es que no guste, es que te engañan. Te esperas Stalingrado II ambientado en la batalla de Creta, y los primeros capítulos te convencen hasta cierto punto de lo mismo…Pero luego te sorprendes.
¿Por que no mantuvieron el título original?.
¿Los franceses participaron en la S.G.M?.
Me pasmas.
11 de Septiembre de 2009 a las 3:48 pm
Y eso que no soy Isabel de Borbón.
11 de Septiembre de 2009 a las 6:12 pm
Tienes razón, Koenig, sería interesante un libro sobre el comienzo de la guerra en el frente del oeste. La impresión que uno tiene es que les abrieron la frontera y p’alante.
11 de Septiembre de 2009 a las 7:25 pm
Hubo una serie de combates interesantes y poco conocidos durante la campaña, como las acciones del Corps de Cavalerie del general Prioux, al sur de Bruselas, la bolsa de Lille o la defensa del perímetro de Dunkerque.
Saludos.
11 de Septiembre de 2009 a las 9:34 pm
¿Hubo franceses en Dunkerke?.
Terrible, los libros anglosajones lo omiten.
Algo inconcebible en los serios y profesionales historiadores ingleses.
11 de Septiembre de 2009 a las 11:54 pm
Y belgas también, según algún autor.
12 de Septiembre de 2009 a las 3:01 am
Mira, esos sí me suena, y los holandeses, y la policia de tráfico luxemburguesa.
Pero franceses…Que curioso. Supongo que a eso se referirá “La batalla de Francia”.
12 de Septiembre de 2009 a las 9:51 pm
Gracias Farsalia por la reseña, esto me asegura que ete libro va a caer definitivamente, no se cuando, pero caerá, gracias por los avances…
13 de Septiembre de 2009 a las 12:16 am
Un tirón de orejas para la traducción, han traducido panzergrenadier como “Granaderos Acorazados”, chirría que da gusto leer “La 17ª División de Granaderos Acorazados de las SS”, pffff………….
13 de Septiembre de 2009 a las 9:31 am
Bueno ya lo compré, Beevor como siempre de bueno.
13 de Septiembre de 2009 a las 10:15 am
¿Y la traducción sería?
13 de Septiembre de 2009 a las 10:34 am
No he hallado errores de bulto en la traducción aunque, inevitablemente (”la errata es inmortal”), alguna habrá…
13 de Septiembre de 2009 a las 12:36 pm
Viva la mercadotecnia y el consumismo, ¿Para qué un libro sobre la guerra en Birmania cuando podemos seguir publicando sobre Normandia? Ya tenemos encima una campaña prenavideña para que el lector compre compulsivamente y luego se piense que Beevor es el único que ha escrito sobre Berlin,Stalingrado o el Dia D. Un libro con tantas páginas y que no dedique ninguna a los preparativos del desembarco, que parece olvidar que los alemanes también tendrían algo que ver en la destrucción de la campiña normanda …
Para rajar acerca de la incompetencia de ciertos generales aliados ya lo hizo Murray en “La guerra que había que ganar” o Capa ya dejó testimonio en su día de las quejas de la población en su diario (”si hubieran arrojado más armas para la resistencia y menos bombas entonces hubieran sido antes derrotados los alemanes”).
Una vez más se trata de hacer caja con los plomizos libros de Beevor, el cual encima parece que cobrará dinero al público asistente a su presentación española.
Si de verdad estuvo buceando en los archivos de Caen, podría dejar constancia del epílogo que uno pudo ver en el estupendo documental D-Day: atrapado por los escombros tras un bombardeo aliado, un francés escribió “sé que voy a morir porque nadie podrá rescatarme pero no me importa morir por la Liberación, Vive la France et vive les Alliés”
ps: soy partidario de no traducir ciertas denominaciones de unidades germanas, para que no ocurra lo que ha pasado por ejemplo con los panzer grenadiers
13 de Septiembre de 2009 a las 1:37 pm
La entrada a la presentación del libro en el Centre de Cultura Contemporània de Barcelona (CCCB), el 30 de septiembre, es gratuita…
13 de Septiembre de 2009 a las 1:44 pm
A los hechos me remito.
Dedica 4 capítulos a los preparaivos (no con el detallismo de Ambrose); el capítulo 3 se centra en los alemanes y como prepararon la defensa en Calais… y en Normandía.
Por supuesto que Beevor no inventa nada comentando los fracasos de Montgomery, pero no trata el libro únicamente de esto. Murray (y Millet) no tratan con detalle los aspectos que sí trata Beevor: los mitos del desembarco en las playas, las consecuencias de las operaciones desde las playas y hacia Caen y la bolsa de Falaise; la nueva documentación en caen hasta ahora (historiadores franceses aparte) no se conocía en detalle. Hay que tener en cuenta estos detalles, y otros más, desde luego.
Mi recomendación es que leas el libro y saques tus propias conclusiones, desde luego.
13 de Septiembre de 2009 a las 3:41 pm
Habia oido rumores de que en la presentación de Toledo (?) o Segovia (?) cobrarian 5 euros por acudir. Murray no sólo hablaba mal de Monty, sino de la generalidad de los generales aliados con alguna excepción como Patton que no comprendían aún los fundamentos de la guerra moderna; habla de la futilidad de la campaña bretona cuando era mucho mejor dejar rodeada la peninsula y avanzar en dirección sur, la oportunidad perdida en Falaise de coger muchos más prisioneros por culpa de la lentitud de Monty …
Por cierto que el Memorial por la paz de Caen tiene un gran surtido de libros a la venta y una mediateca de consulta para el visitante.
Lo siento pero Beevor me parece muy sobrevalorado, parece que se ha puesto de moda y sus libros me aportan bien poco, salvo una indigesta lectura de infinitos nombres y números.
13 de Septiembre de 2009 a las 4:20 pm
Uffff…Un libro sobre la campaña de Birmania de Slim. Brutal. Aunque bueno, hay trozos interesantes en “Némesis”, pero eso tiene más que ver con la demanda del mercado que con la mercadotecnia: La gente quiere nazis, y si son divisiones acorazadas de las SS, mucho mejor.
Por cierto que la campaña de Cherburgo y la península era vital, vital por que hacía falta un puerto de gran tonelaje, esa era una necesidad absoluta, y por que hacía falta ganar kilómetros, más aún cuando los ingleses se estancaron en Caen.
13 de Septiembre de 2009 a las 4:44 pm
Cuando lo leas ya nos dirás.
Por cierto, acabo de ver en la biblioteca de mi universidad la recentísima edición en bolsillo de Seis ejércitos en Normandía. Del Día D a la liberación de París de John Keegan (Crítica, 2009):
14 de Septiembre de 2009 a las 12:50 pm
Va a hacer un año que compré el de Keegan y aún no lo he leído…
14 de Septiembre de 2009 a las 1:09 pm
Mal hecho.
Yo lo llevaba buscando desde principios de los 90, pero no era fácil conseguir la edición de la editorial del ejército, y además yo no tenía ni idea de quién era el tío ese y no quería arriesgar mi escaso peculio.
Error mío. Un clásico como la copa de un pino, un libro impresionante.
14 de Septiembre de 2009 a las 6:00 pm
¡Anatema!!!, no saber quien es John Keegan…
Excomulgado.
Saludos.
14 de Septiembre de 2009 a las 6:15 pm
¡Inquisidor!
15 de Septiembre de 2009 a las 12:00 pm
No te quejes, que lo leíste gracias a mí…
15 de Septiembre de 2009 a las 12:01 pm
Al Uro me refiero.
15 de Septiembre de 2009 a las 12:15 pm
El sufrimiento de los civiles franceses en Normandía a causa de la llegada de los aliados me recuerda al de los españoles que sufrieron la llegada de los “salvadores” británicos del general Wellington durante la guerra de la independencia. Todavía hoy en día se puede leer en algunos historiadores ingleses que los españoles no supieron reconocer en su día la gran ayuda que les prestaron los ingleses. Estos parece que no quieren recordar que los ingleses saquearon y sometieron al vandalismo más brutal varias de las localidades españolas que iban “liberando”. El propio Wellington se mostró asqueado alguna vez por el comportamiento de sus tropas.
15 de Septiembre de 2009 a las 10:14 pm
El Duque de Wellington era tan odiado por su propia tropa que una vez rescatado de un río español cuando se ahogaba, como recompensa el soldado pidió que no se lo dijera a nadie de su regimiento. En aquella época a la población local le tocó sufrir a las hordas de desertores galos e ingleses que no dudaban en aliarse para saquear, junto a los ensalzados “guerrilleros”. Estos guerrilleros enmarcados en el mito de la resistencia popular contra los franceses, en su mayoría se dedicaban más al bandidaje. Si alguno lo recuerda, hay una serie televisiva sobre las novelas de “Sharpe” con algún episodio dedicado a España y con Sean Bean de prota; también salía el episodio de la granja de Hougoumont en Waterloo con un actor clavado al famoso francés enorme que hacha en mano mantenía a raya a los ingleses
24 de Septiembre de 2009 a las 12:24 am
Acabo de terminar el libro de Keegan, “Seis Ejércitos en Normandía, editorial Ariel, 2008, y sólo puedo decir que es de lo mejorcito que he leído últimamente. La verdad es que su estilo es muy parecido al de Beevor y al de Cornelius Ryan. Estoy deseando leer este libro del historiador británico para poder comparar ambos. Sobre el Día D he leído el de Olivier Wieviorka, el de Martín Gilbert, y el de Stephen Ambrose. Sin duda el mejor ha sido el de Keegan, así que este de Beevor ha de poner el listón muy alto para superar a este último mencionado.
Un saludo.
7 de Octubre de 2009 a las 1:58 pm
Sobre el inicio de la guerra en el frente del oeste y la batalla
de Francia,hay un libro precioso:”La batalla de Francia” de A-
listair Horne,publicado por Bruguera en los años 70,la obra de Osprey con el mismo titulo es un calco de él.
Un saludo
30 de Octubre de 2009 a las 12:40 pm
Manífica reseña, Farsalia, mi mas sincera enhorabuena.
Llevo leídos dos tercios del ensayo de Beevor y no me esta defraudando. En mi opininión este “Día D” no esta a la altura de “Stalingrado” o “Berlín”, sus obras cumbres hasta el momento, pero es uno de los mejores, si no el mejor ensayo, sobre la batalla de Normadía.
Beevor no nos descubre grandes cosas, quizás porque sobre Normandía se ha escrito mucho, pero probablemente nos cuenta lo mismo mejor que nadie.
16 de Noviembre de 2009 a las 7:45 pm
Jejeje, te llamas como mi hermano… Gracias, Javier.