EL ARTE DE LA GUERRA EN EL MUNDO ANTIGUO – Victor Davis Hanson, Ed.

Imaginemos a los romanos con armas nucleares”.

El hombre es el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra, dicen. Existe una curiosa tradición ensayística que, en lucha denodada contra esa sentencia, llena páginas analizando hechos históricos con el sano (e ingenuo) objetivo de aprender de ellos para que los errores cometidos en el pasado no se repitan de nuevo. Sin embargo Charles Darwin ya rizó el rizo una vez al afirmar, a cuento de otra cosa, que “la historia se repite; ese es uno de los errores de la Historia”, de modo que esa tradición ensayística, al pretender eso que pretende, se está enfrentando probablemente sin saberlo al propio Darwin. Aunque si lo analizamos con detalle, de hecho no se enfrenta a él sino todo lo contrario: lo ratifica. Porque empeñarse en la idea de que se puede aprender de los errores del pasado es un error con el que el hombre en general, y esa tradición ensayística en particular, tropieza una y otra vez.

Honradamente hay que decir que la traducción castellana del título original de esta recopilación de ensayos, Makers of Ancient Strategy. From the Persian Wars to the Fall of Rome, no acaba de hacer justicia al contenido y de hecho puede incluso llevar a error al lector. Como explica el editor e impulsor del proyecto, Victor Davis Hanson, la intención fue hacer una precuela (sic) de un mastodóntico libro publicado hará unos 25 años titulado Makers of Modern Strategy from Machiavelli to the Nuclear Age (hay edición castellana: Creadores de la estrategia moderna desde Maquiavelo a la Era Nuclear, Ministerio de Defensa, Madrid, 1992) el cual era una ampliación de otro publicado bastantes años atrás titulado Makers of Modern Strategy; Military thought from Machiavelli to Hitler. En estos volúmenes se traían a análisis logros militares comprendidos en esos periodos de tiempo, en aras de la idea de que comprender el pasado nos ayuda a comprender el presente. Consecuentemente, los ensayos que recoge el compendio editado por Hanson están alumbrados de lejos con esta misma luminaria. Más concretamente, el presente que se pretende iluminar es, de manera explícita, el de los Estados Unidos: casi todos (¿o todos?) los autores acaban sus intervenciones haciendo referencia a la presencia militar estadounidense en Oriente Medio. Pero en eso Hanson no engaña a nadie, ese es el objetivo del libro y así lo indica en la introducción.

La obra se articula en diez ensayos redactados por otros tantos eminentes autores (incluyendo al propio Hanson), la mayoría seleccionados de entre el profesorado universitario estadounidense, quienes no han tenido ninguna directriz previa a la hora de escoger el tema para sus breves ensayos salvo lo ya dicho en el párrafo anterior. Es por esto que muchos han optado por temas en los que son especialistas, lo cual a priori dice mucho a favor del resultado final del libro. De este modo, los artículos presentan un panorama, a veces con nombre propio (Pericles, Epaminondas, Alejandro, Julio César, Espartaco), de ciertos aspectos de la guerra en el mundo griego y romano (en concreto seis ensayos se dedican al griego, tres al romano y uno está a caballo entre ambos) con el objetivo de que el lector obtenga una visión más o menos global de qué era eso de guerrear en el mundo antiguo y cómo, a pesar de que con el paso del tiempo muchas circunstancias han cambiado, el trasfondo de las guerras y el comportamiento del hombre en ellas sigue siendo, antes y ahora, el mismo.

Abre el fuego Tom Holland (excepción a los autores que le siguen, pues ni es profesor ni vive en los USA), escritor de sobras conocido en esta página (Fuego Persa, Rubicón, Milenio), quien hace aquí un resumen de la primera de esas tres obras. Con su característico estilo divulgativo, directo, de narración cuasi novelesca y tomándose libertades que un historiador quizá no se tomara, presenta la trayectoria del pueblo persa hasta su choque con los griegos, y cómo en esa operación de venganza / expansión territorial, Darío primero y Jerjes después tuvieron que claudicar ante los agresivos helenos.

Donald Kagan, profesor (ya retirado, supongo, a sus 80 años) de la Universidad de Yale, especialista en Grecia en general y en la guerra del Peloponeso en particular (no en vano es autor de una magna obra en cuatro volúmenes dedicada a ella, que resume y divulga en su libro La guerra del Peloponeso), centra su ensayo en la figura de Pericles. El líder ateniense, en su afán de hacer de Atenas una ciudad poderosa y abierta al mar, tuvo que llevar a cabo una política imperialista a menudo más basada en los fines que en los medios. Kagan, menos divulgativo que Holland, redacta un interesante artículo, poco novedoso pero instructivo sin duda. Como curiosidad: tanto él como Holland usan la misma cita del poeta griego Focílides, aunque uno de los dos se equivoca en el número del fragmento…

Las murallas de Atenas enmarcan el ensayo de David L. Berkey, profesor adjunto de la Universidad de California. La historia de esas murallas, su construcción, ampliación, destrucción y reconstrucción, definen en cierto modo la historia de la propia polis ateniense durante casi dos siglos. Temístocles y Pericles fueron los principales promotores de los muros sin apercibirse (o quizá sí) de que al concederles tal relevancia estaban dejando atrás algo tan propio y característico del modo de ser griego como es el espíritu heroico. Resguardarse la ciudadanía al completo tras los Muros Largos y contemplar pasivamente desde allí la destrucción de las cosechas y las haciendas por parte del enemigo espartano está muy alejado de lo que un Aquiles habría hecho, incluso de lo que una falange hoplítica habría hecho. Sin embargo no deja de ser paradójico que las afanosamente reconstruidas murallas (habían sido demolidas por los espartanos al fin de la guerra peloponesia) no pudieran proteger a la ciudad de caer en manos de Filipo y Alejandro de Macedonia, y esto sin necesidad de ser asediadas.

Victor D. Hanson, editor de este libro, además de profesor emérito de la Universidad de California es un especialista en historia militar antigua y tiene una personal preocupación por la moderna (como demuestra con esta obra). Y tal vez por ello escoge un tema de rabiosa actualidad, quizá el que más de toda la obra: la guerra preventiva. En primer lugar conviene aclarar que no es lo mismo la guerra preventiva que la de anticipación: si la una es, digamos, una reacción ante un peligro inminente y real a muy corto plazo, la otra es menos reacción y más acción, ante la posible eventualidad de una futura situación peligrosa a largo plazo. Hay apenas una sutil diferencia, un matiz que a menudo sólo conoce y reconoce el que actúa, el que agrede, el que provoca la guerra. ¿Estuvo justificada la intervención de los Estados Unidos en Irak en busca de armas de destrucción masiva? ¿Fue necesaria esa guerra anticipatoria (que no preventiva, porque Irak no amenazaba de forma inminente, ni por asomo, a los USA)? Hanson deja el asunto un poco en el aire y ejemplifica este tipo de acciones bélicas usando la figura de Epaminondas, líder tebano que ya fue protagonista (junto con el general Sherman y el general Patton) de su voluminoso ensayo The soul of battle . Epaminondas es casi un desconocido (a quien Plutarco dedicó una de sus Vidas, por desgracia perdida) pero lo poco que sabemos de sus increíbles e impensables logros provoca admiración: en apenas una década liberó a Tebas del dominio espartano, desmanteló la hegemonía de Esparta en el mundo griego y acabó con el ilotismo en Mesenia. ¿Fue aquel ataque sobre Esparta una guerra preventiva o anticipatoria? ¿O ninguna de las dos cosas? Lo que llevó a Epaminondas hasta las mismas puertas de Esparta ¿fue instinto de conservación o búsqueda de venganza? ¿Fue ataque o defensa? Esa es la cuestión, si es que a estas alturas a alguien le interesa.

Ian Worthington, inglés que ha dado clases en Australia y que actualmente las imparte en Missouri, es especialista en Alejandro Magno (otro más, sí). Ha escrito sobre él, sobre Filipo, Demóstenes y la oratoria griega del siglo IV a.C. Abordando el tema de las dificultades que conlleva mantener un imperio, describe los recursos de que se valió Alejandro para malograr el sostenimiento de sus conquistas, revelando así su incapacidad como gobernante de las vastas tierras que conquistó a los persas. La escasa eficacia de Alejandro para conservar la unidad de su recién creado imperio hizo inevitable su desmembramiento, que de hecho ya se gestaba en cada territorio conquistado en cuanto el macedonio lo dejaba atrás. Y desde luego, afirma Worthington, nunca se dio ni por asomo esa política de “unidad de toda la humanidad” o de “hermandad entre razas y pueblos” que a veces se ha atribuido a Alejandro. Opiniones discutibles, por supuesto, que van en consonancia con las expresadas por autores como Waldemar Heckel y en disonancia con  valoraciones como las de N.G.L. Hammond.

Una vez leído, el ensayo de John W. I. Lee (otro profesor adjunto de la Universidad de California) parece un poco traído por los pelos, aunque a priori el tema resulta atractivo o, cuando menos, original: la guerra griega en el interior de las ciudades. El artículo suena más a recopilatorio de episodios picoteados a lo largo de la historia bélica griega sin demasiada sistematicidad (aunque alguna hay), que a análisis de las guerras civiles griegas. Los sucesos acaecidos en Platea al inicio de la guerra del Peloponeso o los que enfrentaron a oligarcas y demócratas en la Atenas de los Treinta Tiranos (ambos minuciosamente relatados por Tucídides) son mencionados varias veces en el ensayo; las dificultades que entrañaba el manejo de lanzas en el interior de las viviendas (no digamos ya las sarisas macedonias) o el intrincado entramado de las calles de las ciudades griegas son otras ideas que aparecen también, casi como por hablar de algo. Incluso la mención de la Poliorcética de Eneas el Táctico parece traída por los pelos, porque la obra es un tratado no tanto sobre el arte de guerrear en el interior de una ciudad como sobre el de defender la ciudad de los enemigos que la atacan. En cualquier caso, son unas páginas amenas y amables que se leen con interés y comprensión.

Susan P. Mattern, desde la Universidad de Georgia, y Peter J. Heather, desde el King’s College de Londres, están en el bando romano. Y además sus trabajos son en cierto modo complementarios: el artículo de la Mattern se centra en los métodos de represión y supresión de las insurgencias y el bandolerismo reinante en el interior de las fronteras del imperio romano, mientras que el de Heather se ocupa de la defensa del imperio contra los enemigos que acechan en las fronteras. Cuán organizados estaban los atacantes, hasta qué punto las insurgencias eran una rebelión contra el invasor romano o simplemente actos de bandolerismo sin bandera, etc. En cualquier caso, el imperio romano combatía contra todo ello empleando la táctica del terror: represalias crueles y violentas con fines disuasorios.

Los esclavos fueron el motor del mundo antiguo. Ya se tratara de esclavos-mercancía (fruto de las guerras, material humano que se compra y se vende) o de esclavos-comunales (ciudades o regiones enteras tradicionalmente sometidas a otras), lo cierto es que las sociedades antiguas eran inconcebibles sin la institución de la esclavitud. Poseer esclavos era algo habitual, comprendido y aceptado por todos, e incluido dentro de la normalidad. Tan normal era que pocas veces los esclavos se levantaron en armas contra sus opresores (pocas en comparación con la larga duración del fenómeno esclavista). Barry Strauss, de la Universidad de Cornell, otro conocido de Hislibris (La batalla de Salamina, La guerra de Troya, La guerra de Espartaco), aborda precisamente el tema de las guerras de esclavos en el mundo griego y romano. Las guerras mesenias son mencionadas algo de pasada y el autor pasa a centrarse, como era de suponer, en la figura de Espartaco. Finalmente llega a la triste conclusión de que las revueltas de esclavos pueden tener un éxito pasajero en función del elemento sorpresa con el que cuenten o del grado de importancia que la sociedad en la que se generan les dé, pero a la postre, cuando el estado se moviliza contra ellas, están irremisiblemente condenadas al fracaso.

Adrian Goldsworthy, de la Universidad de Newcastle, es sin duda uno de los historiadores más reseñados en esta página (El ejército romano, Las guerras púnicas, César, la biografía definitiva, Antonio y Cleopatra) e incluso cuenta con una entrevista en su haber. El ensayo recogido en este libro, dedicado al ascenso al poder de Julio César, probablemente le ha salido solo y sin esforzarse demasiado, lo cual no es una crítica ni va en detrimento del texto, que es sumamente interesante y sintetiza en grandes trazos la  llegada al poder de César y el exceso de confianza que le costó la vida. Obviamente, tanto este artículo como el de Strauss tienen difícil correlato en el mundo actual, en el que la esclavitud es una lacra social y el ascenso al poder por la fuerza de las armas lo es estatal. Sin embargo son páginas que, sin aportar gran cosa al conocedor de esos temas, pueden ser leídas con interés.

La obra editada por Hanson, en fin, es un compendio algo irregular (cosa lógica por otra parte) en el que unos trabajos aportan reflexiones al lector y otros se quedan a medio camino. Desde la fría óptica de que son apenas diez pinceladas sobre diez aspectos de la guerra en el mundo griego y romano, es exagerado pretender que el libro proporcione al lector una visión general sobre el tema. Igual de dificultoso, especialmente en algunos de los artículos, es el tratar de buscar equivalentes en el mundo actual, de conectar los hechos del pasado con los del presente en aras de prevenir los del futuro. Ciertamente ese es el objetivo del libro, pero se antoja un tanto forzado en ocasiones. En cualquier caso, cumplido o no cumplido ese propósito, no deja de ser un libro interesante y recomendable, aunque en ningún caso imprescindible.

[tags]Victor Davis Hanson, táctica, poliercética, guerra, estrategia, armas, batallas, antigüedad, mundo antiguo[/tags]

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6 comentarios en “EL ARTE DE LA GUERRA EN EL MUNDO ANTIGUO – Victor Davis Hanson, Ed.

  1. iñigo dice:

    Con lo leído en la reseña me basta. Gracias por lo ameno de tu escrito. Gran trabajo.

  2. Farsalia dice:

    Impresiones personales muy parecidas a las tuyas, Cavilius. Me parece un libro interesante (lo es y mucho), pero su lectura te decepciona; sí, también es cierto que esperas mucho, pero cuando ya ves la extensión del volumen empiezas a olerte que mucha chicha no te va a dar. Promete más de lo que luego te ofrece…

  3. Vorimir dice:

    Gran reseña de Cavilius, muy completa. El libro puede estar bien para neófitos o para repasar, pero como ya indicáis dudo que aporte nada nuevo.

  4. sanpi dice:

    ¿¿Dónde se podría comprar «Creadores de la estrategia moderna desde Maquiavelo a la Era Nuclear»??????

  5. cavilius dice:

    Anda, qué reseña más larga, y total para decir que el libro no está mal pero que si has de usarlo para calzar una silla tampoco habría que hacerle mucha ceremonia. En fin. Y mira que Davis Hanson tiene un buen número de cosas escritas sobre Grecia, de esas que uno está deseando que alguien las traduzca al castellano porque tienen una pinta estupendísima: sobre la guerra del Peloponeso, sobre el modo de combate hoplita, sobre las relaciones entre la economía las situaciones de guerra en Grecia… A priori interesantísimo todo, aunque luego uno pueda o no estar de acuerdo con los planteamientos del autor, claro.

    Hola sanpi. Echa un ojo en http://www.iberlibro.com, que ahí lo tienen. No pongo el enlace porque es muy largo y me moderan, pero por mis sarisas que ahí lo tienen, y no es excesivamente caro para el tocho que es.

    Saludos.

  6. Valeria dice:

    Qué pereza me está entrando. Demasiado grueso. Y ¿tal vez demasiado «ad hoc»? ¿Todo pensado en hacer paralelismos más o menos creíbles sobre la guerra moderna? ¿Tal vez estoy yo demasiado preguntona?
    Cavi, qué cósas lees a veces.

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