EL ALQUIMISTA HOLANDÉS – Isabel Abenia

El Alquimista Holandés. Isabel Abenia“El arte es sobre todo un estado del alma”. Marc Chagall.

La pintura de Hieronymus van Aken, “El Bosco” (´s Hertogenbosch, ca. 1450-1516) está plagada de seres oníricos y grotescos y de referencias apocalípticas: un hombre-árbol de miembros retorcidos y resecos que se gira hacia el espectador, un monstruoso ser con cabeza de pájaro devorando seres humanos, rostros desfigurados ante la tortura y el tormento del infierno, bucólicos paisajes plagados de animales mitológicos, extraños monstruos deformes, personajes en posturas antinaturales y obscenas…

Ese universo propio, total y radicalmente diferente al resto de las pinturas de su tiempo, fascinó a sus contemporáneos y sigue sorprendiendo hoy en día. Un autor y una época que puede constituir un auténtico filón para los escritores de novela histórica, porque contiene todos los ingredientes del género: religión, herejía, brujería, esoterismo, alquimia, peste, arte, amor, ambición…pero que se le escurre de entre los dedos a Isabel Abenia -pintora y autora de El alquimista holandés– sin saber cómo sacarle el máximo partido.

La acción transcurre durante la segunda mitad del siglo XV, cuando el Gótico agoniza en Europa y el Renacimiento -ya deslumbrante en Italia- comienza su andadura en los territorios bajo el dominio de los Habsburgo. No deja de ser curioso que aún se nos presente aquella época, en palabras del narrador omnisciente, como aquel siglo oscuro que todavía no había alcanzado el renacer de los tiempos.

Este cliché acerca de la supuesta “oscuridad” medieval no es un hecho aislado, ya que la novela está plagada de ellos: el artista atormentado -personaje estereotipado donde los haya-, el fraile dominico espía de la Inquisición o la curandera quemada en la hoguera acusada de brujería. Todo ello enmarcado por unos hechos históricos que parecen introducidos artificialmente en la novela, barnizados ligeramente por los personajes para dar mayor credibilidad, pero que revelan una más que evidente carencia de naturalidad. Entre ellos se destaca la omnipresente creencia de que la Inquisición española -Torquemada a la cabeza- era el más terrible y feroz martillo de herejes. Un error que se hace más evidente dentro del contexto que nos ocupa, habida cuenta que la Inquisición torturaba y quemaba seres humanos en Flandes desde principios del siglo XIII.

Para enredar más la madeja, Isabel Abenia toma prestadas todas las teorías más heterodoxas para explicar la pintura de El Bosco: las corrientes heréticas, la locura, la secta de los adamitas, la alquimia o la influencia de las drogas alucinógenas, mezcladas en un totum revolutum que emborrona el supuesto viaje de búsqueda personal del artista y que conduce a un callejón sin salida en la novela.

Tópicos que desenfocan un relato lleno de secundarios mal dibujados y sin la suficiente entidad para edificar un escenario coral, distrayendo la atención con una serie de historias menores, deslavazadas y peor cohesionadas, que originan un descenso notable de la tensión y el ritmo argumental. El registro, eminentemente coloquial debido a la excesiva presencia de diálogos -muchos de los cuales no aportan nada a la historia-, transforma la lectura en un proceso veloz pero de escasa profundidad.

Por último, destacar un detalle: la autora nombra a los perros de raza Golden Retriever como fieles acompañantes de Carlos V en sus partidas de caza. Un dato curioso, teniendo en cuenta que dicha raza se originó en el siglo XIX.

Características técnicas: Editorial La Esfera de los libros, 1ª edición, 2008. Cartoné, 648 páginas. PVP: 24,00€.

Para saber más:

“El Bosco. La obra completa – Pintura”. Walter Bosing. Ed. Taschen. 1ª edición, 2000.

“La llave del Prado”. Consuelo Luca de Tena y Manuela Mena. Ed. Silex, 1ª edición, 1982.

En Internet:
Biografía en Artehistoria.
Biografía en Wikipedia.
Pintura flamenca en el Museo del Prado. Siglos XV y XVI.
El jardín de las delicias.
El carro de heno.
La Mesa de los pecados capitales.

[tags]El Alquimista Holandés, El Bosco, Isabel Abenia[/tags]

ampliar

Compra el libro
Ayuda a mantener Hislibris comprando “El Alquimista Holandés” en La Casa del Libro.

92 Respuestas a “EL ALQUIMISTA HOLANDÉS – Isabel Abenia”

  1. juanrio Dice:

    Enhorabuena, Ascanio. De un libro que no te ha gustado has hecho una gran reseña de la que ha nacido un debate muy interesante. Leo con los ojos como platos las aportaciones de Arauxo, Javi, Ariodante, Turriano, etc…gracias.

  2. Ascanio Dice:

    Gracias, juanrio. Por lo menos hemos conseguido lo que dice el refrán: “No hay mal que por bien no venga”.
    Y ahora sólo queda esperar que aparezca Arauxo (o Anthos…¿andeandará?) y recoja el guante lanzado por Javi sobre la espiritualidad, San Agustín, las corrientes teológicas…En fin, todo aquello sobre lo que a Arauxo le encanta tejer sábanas, mantas, edredones, colchas y sacos de dormir tipo momia.

  3. Koenig Dice:

    Yo tambien soy berlinés.

  4. Ascanio Dice:

    Me acabo de quedar con las patas colgando.

  5. juanrio Dice:

    …y no eres la única….

  6. Incitatus Dice:

    Javi grandes aportaciones haces a horas intempestivas.

    Con respecto a la concepción que el hombre medieval tendría de si mismo, me parece un tema espinoso. ¿qué es el hombre medieval al que te refieres? las diferencias entre: un campesino de sajonia, un calatravo de castilla, un monje de irlanda, un duque francés, un cura de borgoñon, una condesa provenzal, una campesina del sur de Italia, un comerciante veneciano… son tan grandes, que las concepciones de si mismo y del mundo que les rodea son totalmente diferentes. Ya no te cuento si además ponemos el filtro temporal. ¿Cómo podemos entonces definirlo correctamente? Posiblemente existiera una concepción mucho más comunal, es decir primaría un cierto concepto de comunidad, de círculo “social”, más que un concepto de individuo. Pero fuera de esto todo tendría mil cambios mil matices.

    Con respecto al arte, creo que también existe la funcionalidad del arte, tanto en técnicas como en contenidos. El arte, hasta tiempos muy recientes es decir hasta mediados del XIX prácticamente, estaba completamente en manos del poder y de los poderosos, estos lo encargaban y lo financiaban, y los artistas les proporcionaban en el fondo lo que ellos querían. Posiblemente la escritura pueda ser más subversiva o independiente: pero la arquitectura, la pintura, la escultura… dependían, nos guste o no, del gusto de estos poderosos… y por muy revolucionarios que fueran algunos artistas estos no dejaban de depender de estos “mecenas” y con ello su obra solo podía perdurar si gustaba a esas élites.
    Pero en todo caso: ¿no te parece sublime el gótico? ¿el románico? por mucho que sean fundamentalmente religioso, no son las catedrales un ejemplo magnífico de la grandiosidad del arte. Así que si bien la pintura no era tan “espectacular” como la del renacimiento, la arquitectura sí podía ser mucho más “sublime”

    digo yo

  7. Koenig Dice:

    Buenaaas.

    “Ich bin eine berliner”

    Creo recordar que fue lo que dijo Kennedy en 1963, en Berlín, nada mas erigirse el muro, solidarizándose así con la población de Berlín Oeste.

    En resumen, pretendía sumarme al comentario de Juanrío, hacer notar que yo también seguía el debate con sumo interés y animar a los “sabios” a que continuaran con sus interesantes comantarios.

    Ala, ya podeis recoger las patas.

    Saludos.

  8. cavilius Dice:

    Hombre, si hubieras dicho “Yo también soy Espartaco” se te habría entendido a la primera.

  9. Ariodante Dice:

    Me too, Koenig. Si, cierto, Kennedy se solidarizó con los berlineses así.

  10. Javi_LR Dice:

    Palabrita que buscaré tiempo para más, Inci, pero quiero comentar un par de cosillas para no dejarlas pasar de largo.

    El caso es que a mí el Románico me parece sublime, claro que sí, y el Gótico, pero no por su grandiosidad, que no me parece un atributo necesario del arte, sino, precisamente, por su sublimación. A lo largo de mi corta vida -aunque amenazo con hacerla larga- he intentado visitar casi todos los puntos nacionales ricos en ese tipo de arte. Los que me conocen (o intuyen) saben que soy tan próximo a un tipo de saber racional como irracional y valoro sobre manera la intuición -al respecto, me siento profundamente identificado con Unamuno, con Hesse, etc…-. Pero es esa sublimación lo que me interesa, es decir lo que subyace en el hombre medieval, las pasiones que levantan esas catedrales. El caso es que no estoy subjetivando todo esto, lo estoy intentando objetivar, por eso me alejo de mis gustos.

    Al igual que Arauxo ve al hombre moderno como un ser pensante eminentemente científico, valga de la misma manera partir de otro lugar común respecto al hombre medieval. Entiendo que la corriente del pensamiento dominante, una cierta ortodoxia, necesariamente habría de conformar las mentes individuales de la población. ¿Hacia dónde iba dirigida su voluntad? Aparte de ir a la supervivencia, claro, aunque, en puridad, incluso este elemento forje el carácter.

    En cuanto al arte y a las manos que le daban de comer, no creo que hoy en día estemos en mejores condiciones que en la antigüedad, la verdad. Comparto la misma posición al respecto que la de Ariodante: era más libre cuando se subvencionaba a cargo de los poderosos (muchos de ellos, grandísimos amantes del arte) que ahora, en este momento, que es un ministerio quien se encarga de dichos menesteres (la política entiende más de propaganda que de arte). Figúrate, Inci, de las pocas subversiones que hay hoy en día una es el antiarte, de un carácter incoherente y destructivo insoportable.

  11. Koenig Dice:

    Buenas.

    Por enredar.

    He leído a menudo sobre la religiosidad del hombre medieval. El hombre medieval veía la “voluntad” divina en una inmensa cantidad de cosas. Se llegaba al punto, como dice Fossier, de considerar la fealdad como una manifestación física del pecado. Es decir, los feos eran así por sus pecados, idem los leprosos, o los tullidos, no por una “desgracia” natural.
    No solo en este aspecto era importante. Si alguien ha leído “El Domingo de Bouvines”, de G. Duby, vera la descripción de la batalla como un inmenso juicio de Dios. Una masificación de la ordalía. Es una idea que hoy puede parecernos absurda, pero entonces no lo era. Hasta el punto que nociones como la táctica o la estrategia podían llegar a estar fuera de lugar, ya que se interponían en ese juicio divino que se manifestaba mediante la batalla.

    Creo que esa religiosidad impregna también la evolución del arte. Tanto el románico, en su aspecto recoleto, íntimo, como el gótico mas adelante, mas grandioso, mas etéreo, buscan reflejar la espiritualidad del hombre de la época. En este sentido la creatividad en el arte es libre, siempre y cuando busque el camino de Dios. El caso contrario, tal vez no sea falta de libertad. Tal vez, simplemente, no existe. No entra dentro de los parámetros.

    Esa religiosidad, otra vez Fossier, se reduce incluso a la supervivencia, al día a día. La sociedad está constituída según la voluntad de Dios, cada uno tiene su lugar, y le toca sufrir lo que Dios decida. Rebelarse contra ello es rebelarse contra Dios. Y no quiero decir con esto que el hombre medieval sufriera de falta de libertad. Simplemente, no podemos desear aquello que desconocemos por completo. Supongo que esta es una de las cosas difíciles de entender desde nuestro punto de vista actual. Y probablemente esto sea lo que haga que el hombre renacentista empiece a hablar de libertad, precisamente porque se le plantean cosas que no puede obtener, decisiones que no puede tomar.

    Opino, claro.

    Saludos.

  12. Ariodante Dice:

    Muy interesante, Koenig, muy interesante…Creo que tembién le llamaban “el juicio de Dios” a los combates entre caballeros, para dirimir quien tenía razón: el que gana es porque Dios lo quiere. Al fin y al cabo, Dios regía absolutamente cada minuto de la vida del mundo. Nada escapaba a su ojo. El tema de la falta o no de libertad del hombre medieval…depende qué hombre, claro; los siervos de la gleba estaban adscritos a los señores y a ver qué podían hacer. Obedecer o morir. Pero ciertamente en sus parámetros no entraba otra opción. Y los señores ¿tenían libertad? Dentro de su rango tenían unas obligaciones y un honor que mantener, y también estaban bajo el manto religioso.
    Y realmente en esa época tomaban muy en serio el tema de la excomunión y el infierno, y si un obispo les amenazaba con ello, se agobiaban y se achantaban. Claro que luego habría quien se saltara a la torera todo, pero yo creo que esos serían las excepciones.
    Lo que es cierto es que desde nuestra época no podemos comprender completamente cómo funcionaban entonces. Podemos tratar de hacerlo, incluso aproximarnos, haciendo un esfuerzo mental, pero…creo que es más fácil comprender a un romano o un griego -incluso un galo- que a los medievales. Es una razón teñida de misticismo y religiosidad, luego…poco razonable. Más intuitiva y pasional, como decía Javi.
    Por cierto, Javi: a qué te estabas refiriendo exactamente cuando hablas del anti-arte?

  13. Javi_LR Dice:

    Pues no tanto al artcore como al dadaísmo. Tal vez porque mi visión del arte está muy fijada, y es muy simple, amplia, radical y férrea. El concepto de antiarte para mí no existe, pues es “nada” y nada puede producir. Es como si tuviese un automóvil y se me ocurriese hacer un anti-automóvil; ¿qué sería esto?, ¿un autoinmóvil?, ¿un exomóvil? Pues no, pues sería otra cosa y no exactamente su antítesis, formando parte de conceptos similares. La antítesis del arte es el caos, es un trabajo sin reglas, sin técnica, efectivamente, o incluso los productos de la naturaleza si no la concedemos logos. Pero no se puede pretender realizar un antiarte dándole ínfulas de novedad, pues el antiarte siempre ha existido y existirá, y simplemente al proponerte hacer un “antiarte” estás siendo atrapado por el concepto mismo de “arte”.

    En fin, perdón por la digresión.

    Koenig, interesante tu aportación. A ver si saco tiempo, demonios.

  14. Aretes Dice:

    ¡Caray, chicos! Me uno a los berlineses o a los que tengan las palomitas.

  15. Incitatus Dice:

    Desde luego que se decía que dios así lo quería, pero esos mismos caballeros llevaban a cabo un entrenamiento en el arte de la guerra que ya les gustaría a muchos, por lo tanto creo que no creían solo en el juicio de dios, ellos sabían que dependía de ellos mismos y no de una tercera parte. Otra cosa sería lo que querían que la masa pensase y lo que esta masa pensase.

    En cuanto a la gente común creo que era claramente manipulada política y culturalmente debido a la incultura generalizada (parecida a la de hoy en el fondo): rebelarse contra lo establecido era pecado, ¿pero quien lo había establecido? Los que poco a poco construían el sistema eran plenamente conscientes de ser ellos los que lo hacían y no Dios, pero Dios era el mejor método de coerción, fuera la Iglesia o fuera la Corona.

  16. Urogallo Dice:

    ¿De verdad se tomaban tan en serio a Dios?. Yo estoy con Incitatus, y hay otro ejemplo interesante: Las ballestas y los duelos, o más aún, las guerras entre cristianos.

    Todos sucesos que conllevaban excomunión, y que no por eso desaparecieron.

  17. cavilius Dice:

    Pues a mí tanta aportación por parte de unos y tanta aportación por parte de otros, me hace recordar un símil que usaba el mejor profesor de filosofía que yo he tenido, y que haya habido, hay y habrá en las universidades todas: Felipe Martínez Marzoa. Cuando quería decir que dos cosas eran idénticas, decía que había tanta diferencia entre ellas como la hay entre un aporte y una aportación.

    (Hombre, yo era por decir algo en el debate…)

  18. Incitatus Dice:

    Fectivamente Urogallo unas cosas son las formas y otra es la realidad del día a día.

  19. Ascanio Dice:

    Pues si Javi tiene una visión del arte simple y férrea, la mía más. Y sobre todo porque no es tan amplia como la suya -aunque no sé exactamente en qué sentido utilizas lo de “amplia”- ya que a mí, si me sacas del arte figurativo y alguna cosita más, ya me parece un camelo. Por ejemplo, Tapies y toda lo que se expone como “arte” y consiste en plantar un váter en medio de una sala de exposiciones para que la gente lo mire con cara de asombro y exclame que es una maravilla cuando por dentro piensan que en realidad es una basura. O llenar de churretes, cuerdas, alambres y moscas un lienzo, como si fuera una naturaleza muerta. Me parece la mayor tomadura de pelo de la historia. Pero en fin, eso es ya otro tema.

    Sobre los aspectos religiosos del Medievo, y desde mi ignorancia, me atrevo a opinar que no era todo oro lo que relucía. Que frente al miedo de la excomunión y el pecado, existía el simple instinto de supervivencia y el día a día. En una época en la que, como decía Arauxo, igual mañana arrasan tu campito, mejor vivamos el presente, que son dos días. Así que si me gusta la vecinita de al lado y puedo lanzarle los tejos aunque esté casada y sea pecado mortal, a mí plin. O si puedo delatar al vecino como hereje y quedarme con su casa aunque eso implique un falso juramento, pues más plin todavía. Que me quiten lo bailao.

  20. juanrio Dice:

    Eso que comentáis es lo terrible de la religión, o del uso que se le ha dado. Para atemorizar, para mantener en la ignorancia, para arrasar pueblos. Soy ateo, pero respeto las creencias de cada uno. Creo que la base de la mayoría de las religiones es el amor por nuestros semejantes, pero las jerarquías de las distintas iglesias se han encargado de que hiciéramos lo contrario. Es una pena, de algo que siempre debería ser bueno hemos pasado a algo que puede ser terrible.

  21. Javi_LR Dice:

    Sí, Ascanio, efectivamente. Eso es, justo como lo has dicho. ¿Qué mentalidad surge desde el ubi sunt (que es un carpe diem pero trascendental), desde esa religiosidad, desde esa mezcla de presente inmediato y misticismo, de lo mundano y lo espiritual, de lo pagano y lo cristiano, del conocimiento sólo destinado a la salvación? ¿Estuvieron más vivos los tópicos horacianos en el medievo que en la misma Roma, en el Renacimiento o en la actualidad?

    Y para mí el concepto de arte es amplio, tanto que sólo se delimita con adjetivos que nazcan de un gusto personal. Es decir, puede haber un arte “talentoso”, “bello”, “feo”, “ingenioso” (aunque el in-genio es casi sinónimo de arte)… Creo que a la palabra “arte” le hemos añadido varios de estos adjetivos, haciéndola subjetiva, ambigua y, a veces, incomprensible, cuando, a fin de cuentas, ¿qué es arte sino un buen trabajo efectuado bajo unas reglas y normas? La calificación de “bueno” se ha de atener, ante todo, a la relación entre el resultado y las reglas propuestas, sin olvidar que el trabajo, en cuanto a resultado, siempre tiene un objetivo. Por eso creo que sin reglas, sin técnica o sin objetivo no puede haber arte, y en cuanto las propones, ya estás inmerso en lo artístico.

  22. Ascanio Dice:

    Sobre la fusión de lo religioso y lo mundano en la Baja Edad Media, esto es lo que afirma Emilio Mitre en su libro Historia de la Edad Media en Occidente:

    Pocas veces en la historia han coexistido de forma tan estrecha como en los siglos XIV y XV la piedad y el pecado. Las figuras de un Luis de Orleans, disoluto y sensual, pero extremadamente devoto, o de un Luis XI de Francia, cruel y de una extraordinaria doblez política y, a la vez, de una piedad gazmoña, representan bien -aunque sólo sea entre las altas esferas- lo que fueron los sentimientos religiosos de los laicos.
    La figura del libertino despreocupado es rara en el otoño de la Edad Media. Más frecuente es la figura del caballero transgresor de varios mandamientos y, al mismo tiempo, sincero penitente llegada la hora

    Yo me inclino a pensar que esto pasaba en las esferas más “cultas” o en los estratos sociales más altos. En las capas más inferiores, pienso que lo mundano se daba la mano, no con la espiritualidad, sino con la superchería y la idolatría, ya que -como queda de manifiesto en la pintura de El Bosco- la muerte y el demonio eran obsesiones del hombre medieval. Ello lo conduciría a buscar otro tipo de espiritualidad, menos ortodoxa, y más cercana a la superstición.

  23. Arauxo Dice:

    Estoy en desacuerdo con todo el mundo, menos con Cavilius.

    (Es que sólo me daba tiempo a escribir una frase y creo que esa resume mi pensamiento…)

    Ea. Un saludo.

  24. Ascanio Dice:

    No, si ya sabía yo que a ti Tàpies te gustaba…

  25. Turriano Dice:

    Yo estoy de acuerdo con todo el mundo menos con Turriano y Cavilius

  26. Ascanio Dice:

    Es que el Turriano ése es un tío ruaro, ruaro. Del tal Cavilius no puedo hablar, no me suena. ¿Entra en Hislibris?

  27. cavilius Dice:

    A mí todo lo que dice ese cavilius me redunda mucho.

  28. Aretes Dice:

    (Y tú ¿por qué siempre pones el nombre con minúscula?)

  29. cavilius Dice:

    Es que aún no me he ganado las alas…

  30. Aretes Dice:

    Yo creía que era para pasar inadvertido…

  31. Koenig Dice:

    Pues visto que todo el mundo está ocupado, no me queda mas remedio que estar en desacuerdo conmigo mismo.

    Sigh.

  32. Incitatus Dice:

    ¿de qué habláis que me opongo?

  33. Arauxix Dice:

    Estoy de acuerdo.

    (Esto empieza a parecerse a los diálogos de un tebeo de Astérix…)

  34. Turriano Dice:

    Ascanio , ¿Más raro que Corcontas ?

  35. Arauxix Dice:

    Corcontas es único.
    Je, je.

  36. Koenig Dice:

    Ese pescado no huele bien…

  37. Aquiles Dice:

    Con todos los respetos, me parece cometemos un error si identificamos plenamente la época en la que vive y trabaja El Bosco con la Edad Media; tanto por una cuestión de fechas como por el ambiente económico y social de la segunda mitad del siglo XV y principios del XVI, parecería más apropiado hablar de una incipiente Edad Moderna. Por influencia del pensamiento y arte que se desarrollan en Italia – no olvidemos que estamos hablando del Quattrocento – el resto de Europa asiste paulatinamente a un cambio de sociedad y a un nuevo tipo de hombre, lo que lógicamente también se refleja en las expresiones artísticas. El Bosco no es una excepción; aunque en sus obras haya reminiscencias de épocas anteriores lo cierto es que, tanto por el tipo de composición de sus cuadros como por la intencionalidad que en ellos se aprecia, representa un nuevo tipo de lenguaje que lo distancia del Medievo.

  38. Arauxix Dice:

    Cierto, Aquiles (oye, ¿tú cuándo duermes?), estamos mezclando cosas, porque hemos empezado por un sitio, seguido con otro, luego hemos vuelto al anterior…Evidentemente, hablar de “siglo oscuro” -como dice la autora- en el siglo XVI todavía tiene más delito.

  39. Ascanio Dice:

    Oh, cielos…los dos últimos mensajes de Arauxix en realidad son de Ascanix.

  40. Turriano Dice:

    El Bosco ese no fué entrenador del madrid?. Se llamaba Bujadin, no ?

  41. cavilius Dice:

    Pues a mí me sonaba que se llamaba Vicente.

  42. Incitatus Dice:

    Fectivamente Vicente del Bosco entrenador, futuro seleccionador y pintor onírico en sus ratos libres

Deja una Respuesta