COMPAÑÍA K – William March

cubierta compañia k 2.indd“Los senderos de gloria no conducen más que a la tumba” (Thomas Gray).

“¡La guerra que acabará con todas las guerras!”. “¡La gran Cruzada por salvar la civilización europea!”. Estos y otros gritos patrióticos, exaltados, corrían por todas las ciudades del Viejo Continente. Al sonido de aquellas arengas cientos de miles de jóvenes, de distintos lugares, diversas lenguas y etnias variadas, corrían a alistarse a las cajas de reclutamiento que se habían abierto aquel tórrido verano de 1914 en que un disparo en Sarajevo había abierto las puertas a los Cuatro Jinetes del Apocalipsis: Hambre, Guerra, Victoria y sobre todo Muerte. Con el corazón henchido de orgullo y las manos sudorosas se encaminaron al frente pensando que aquella sería una guerra como otra cualquiera, unos meses y a casa cubiertos de gloria inmortal. Pero con el tiempo aquellas fanfarrias, y toques marciales se estancaron en el barro de la realidad. A aquella gloria de antaño se le había añadido un quinto Jinete más… la locura. Todo un mundo de hierro y trincheras se había abierto delante de los soldados que veían como la única manera de salir de aquella salvajada era la morir. Ya no eran bravos milites sino reses en el matadero de la nuevas armas de destrucción. Llegando incluso a no ser ni personas, sino mera carnaza para generales que jugaban en los salones de ricos palacios a ser napoleones o alejandros en un mundo de fantasía muy alejada ya de la realidad. 

Y a esa pesadilla de barro y tableteo de ametralladoras se quiso añadir en 1917 otro jugador más: Estados Unidos. ¿Por qué? Por un mensaje ultrajante. Me explico: Nunca un telegrama estuvo más regado de sangre que el llamado Telegrama Zimmermann, nombre dado por el Ministro de Asuntos Exteriores Arthur Zimmermann quien el 16 de Enero de ese mismo año envió a su embajador en México Heinrich von Eckardt un telegrama en que le daba permiso para convencer al presidente mexicano Venustiano Carranza para que participara en la guerra al lado de las Potencias Centrales. Si lo hacía el gobierno alemán se comprometía en un futuro a devolverle las tierras que Estados Unidos le había quitado a México en el controvertido Tratado de Guadalupe-Hidalgo. Este delicado mensaje fue descubierto por la inteligencia británica y puesto en conocimiento del gobierno estadounidense que no dudo en ningún momento en declarar la guerra y enviar a Europa un fuerte contingente de tropas para restituir el honor mancillado. En uno de aquellos barcos que se acercaban al continente se hallaba el autor del libro que, he de decirlo, he tenido la suerte de leer: Compañía K, de William March (1893 – 1954). Nació en Mobile (Alabama) y desde muy joven demostró al mundo que no había meta que no pudiera alcanzar. Era tenaz e inteligente, y aunque era de familia muy humilde nunca quiso ser analfabeto por lo que incluso pagó de su bolsillo sus estudios de bachillerato. Gracias a ello pudo estudiar la carrera de derecho. Cuando solamente tenía 21 años se enroló en el Cuerpo de Marines, como muchos jóvenes, en las tropas americanas que fueron a Europa a luchar contra el Kaiser. Allí demostró su valía como soldado luchando en un buen número de batallas ganando con ello el aprecio de sus compañeros a la vez que conseguía notables distinciones como por ejemplo la Cruz de Guerra francesa, la Cruz por Servicio Distinguido o la Cruz de la Armada por su valor en combate.

Así, que qué mejor escritor para relatarnos cómo fue aquel infierno sino aquel que lo ha vivido de primera mano. Compañía K narra las vivencias de aquel grupo de soldados desde su llegada a Francia hasta el final del conflicto y lo que sufrieron no solo en batalla sino también las vivencias sufridas en retaguardia o en los momentos de calma entre trincheras mientras las moscas se posaban cual rica miel sobre los cuerpos desmembrados y pútridos de anteriores ataques. Gracias a este libro podemos ver cómo era aquella vida y cuáles eran los pensamientos de aquellos soldados que muy bien se podían extrapolar a cualquier otro que estuviera en el lado contrario, fuera alemán o austriaco. El modo en que William March narra la historia de la Compañía K es de lo más original. A base de pequeños relatos, contados por cada soldado u oficial de aquel grupo (cada uno tiene el suyo), y no mayores a dos hojas, el autor teje un precioso tapiz que narra la vida del soldado americano en la Primera Guerra Mundial. No existe un argumento al uso, sino que cada soldado, superviviente o muerto en combate, en cada capítulo nos cuenta una anécdota, la que más le ha llamado la atención o la que más le ha marcado, ejemplificando las penurias que les ha acarreado el ir a aquella contienda.

Y es que nos encontramos ante una novela que no es de corte épico ni marcial. Que nadie vaya buscando entre los relatos a un Sargento York, ni a un super general que con su audacia saque de apuros a sus soldados, pues se llevará una decepción. Es un libro que habla de la vida de los soldados pero desde su punto de vista, del que tiene que bregar en el barro y soportar la mayoría de las veces ordenes incongruentes de superiores infames. Podríamos considera a Compañía K como una novela antibelicista al estilo de Sin Novedad en el Frente, de Erich Maria Remarque, pero mezclada con otras de corte más ácido e irónico como Trampa 22 de Joseph Heller. Vemos a soldados americanos muriendo sin razón aparente en batalla o en actos deleznables, aunque también observamos cosas increíbles y absurdas entre las trincheras y en la convivencia con los lugareños. Todos estos claroscuros de aquel mundo de barro son los puntales en los que se asienta cada capítulo de esta magnífica novela. Lenguaje directo, sencillo y ante todo humano es lo que se va a encontrar el lector que desee bajar a la trinchera y observar de primera mano como vivieron aquellos milites entre la podredumbre y el asombro de un mundo loco para el que no estaban preparados.

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3 Respuestas a “COMPAÑÍA K – William March”

  1. Vorimir Dice:

    Me parece un poco como un “Hermanos de sangre” en la PGM. :D
    Tiene que ser una buena lectura, sin duda.

  2. alexander Dice:

    Sobre el asunto del Telegrama Zimmermann existe un muy buen libro de la historiadora estadounidense Barbara Tuchman, llamado precisamente así El Telegrama Zimmermmann editado por primera vez en castellano, por Editorial Grijalbo, México 1960. De la literatura antibelicista norteamericana está Johny cogio su fusil de Trumbo y un libro muy bueno aunque ubicado en la guerra de Secesión, La roja insignia del valor de Stephen Crane.

  3. Caballero Dice:

    Mira dónde me vengo a enterar que el cuarto jinete es el de la victoria cuando yo siempre creí que a la guerra, el hambre y la muerte, les acompañaba la peste. Me gusta ese quinto jinete que haces cabalgar junto a los cuatro clásicos… la locura. Y a pesar del tiempo y la historia se siguen oyendo sus cascos.

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