BIOGRAFÍA DE LA PUERTA DEL SOL – Ignacio Merino

«Una pedrada en la Puerta del Sol mueve ondas concéntricas en toda la laguna de España» (Ramón Gómez de la Serna, Greguerías).

Con forma de almendra mística, la muy conocida Puerta del Sol de Madrid es sin lugar a dudas la verdadera Babilonia de la capital de España. A ella acuden los ríos ancestrales de las calles Alcalá, San Jerónimo, Carretas, Mayor, Arenal, Preciados, Carmen y Montera, que acaban vertiendo en su diáfano lugar gran copia de gentes venidas de todas las partes del mundo. Todas las lenguas del orbe son allí habladas en un guirigay de risas, asombros, fiesta y espectáculos sin fin, convirtiendo a esta plaza pública en lugar de encuentro y reconciliación. Si uno acude allí podrá ver a Carlos III intentando llegar de forma infinita al edificio donde la Comunidad de Madrid tiene parada y fonda; al Oso encaramado en su Madroño suspirar por una copita del Tío Pepe; y al solitario Kilómetro, caput mundi de muchas carreteras españolas, ser pisoteado por cientos de turistas que en gran parte desconocen la increíble historia y vida que atesora esta plaza. Y es que las vivencias, recuerdos y añoranzas que ha visto pasar esta Mantua Carpetanorun son muchísimas. Solo basta con ponerse en su centro y ver cómo ha evolucionado la ciudad y sus calles adyacentes, cerrar los ojos y escuchar sobrecogido las cargas de mamelucos, o imaginar el trasiego de capas y espadas al son de un agua va y un voto a bríos destemplado. La Puerta del Sol es más que turistas, estatuas vivientes, ágora de reivindicaciones o uvas en Nochevieja, es un fiel testigo de la Historia de Madrid y por eso era necesario que un escritor como Ignacio Merino loara su historia en su obra Biografía de la Puerta del Sol (Kailas, 2016). 

Para empezar ¿De dónde le viene su nombre a esta plaza? ¿Dónde principia su historia? Al igual que en otras localidades de la península ibérica, la de Madrid también fue protagonista de la llamada Guerra de las Comunidades (1520 – 1521) en la que gran parte del territorio nacional se alzó en armas contra las políticas del rey Carlos I. Muchas villas y ciudades levantaron sus propias milicias, como por ejemplo la de la futura capital del reino que fue comandada por Juan Zapata. En la hoy conocida Puerta del Sol, las autoridades mandaron construir en 1520 una fortificación que curiosamente tenía una entrada que miraba hacia el este, por donde sale el astro rey. Siempre se ha pensado que esta plaza toma su nombre de este hecho, aunque a día de hoy existen estudiosos que opinan que debe tal denominación a la mano de un artista anónimo que habría pintado o hecho un relieve de un sol en la misma puerta de la fortificación, es decir la que recibe los primeros rayos de sol. Como nota anecdótica indicarles que el nombre de la calle Carretas, también conocida como calle de las ortopedias por el número que en ella existen, debe igualmente su nombre a esa fortificación, ya que para evitar que las tropas imperiales entraran por ese lado fue taponada por todas las carretas que había a mano.

Tras las veleidades guerreras de los comuneros, con la llegada de los Austrias se derriba ese fortín y se amplía el terreno. Nada de mercado como la otra plaza que está un poco más abajo, la Mayor, nada de arrabal ni mercado extramuros, este lugar se convierte en centro de reunión, y aunque con Felipe II se la quiera dotar de carácter conventual (como todas las plazas de la ciudad en donde tiene que haber per secula seculorum un convento presidiendo, o más bien vigilando, el día a día), esto no será más que un trampantojo pues la futura Puerta del Sol tendrá algo de laico, algo de punto de reunión que no será afectado en exceso por el celo eclesiástico del momento. En los tiempos de los Austrias menores esta característica se acrecienta más pues no solo el atrio y las rejas de la iglesia del Buen Suceso serán punto de encuentro de pillos o majas que acuden a la Mariblanca a llenar de prístina agua los cántaros, los escalones del Mentidero de San Felipe se llenaran de aguerridos hombres de capa y espada, leguleyos, o simples viandantes que se dedican a comentar los vaivenes del imperio a través no solo de los rumores que circulan por la ciudad sino también de primera mano con las noticias que llegan a la posta aledaña al lugar.

La Puerta del Sol ya es lugar importante en Madrid pues incluso aparece de forma definida en el Plano de Texeira (1656). Por ella, por sus polvorientos caminos, atraviesan reyes y nobles, matasietes y prostitutas, y cualquier madrileño que decida ir a Alcalá, la Red de San Luis, Arenal, Carretas… Pero con la llegada de los Borbones la Puerta del Sol remoza su faz y los edificios gubernamentales de piedra, como La Casa de Postas, Aduana, o los excelsos edificios culturales como el de Bellas Artes (que lo flanquea) dan un nuevo aspecto a la zona. Incluso la acera de Casa de Correos (posteriormente Gobernación y después edificio principal de la Comunidad de Madrid) será paseo de nobles y pisaverdes que por gracia o desgracia desbancan el reino de majos y majas (durante cierto tiempo). Aunque pierde algo de solera, la Puerta del Sol no dejará de ser testigo de los acontecimientos del siglo y de los que lo proceden, como por ejemplo el Motín de Esquilache, el alzamiento del Dos de Mayo de 1808, la proclamación de la Segunda República, las correrías de los madrileños buscando un refugio de las bombas en la Guerra Civil, o incluso en nuestros días la rotunda congregación del famoso 15 M.

La Puerta del Sol es lugar de trasiego, de cafés, de cultura, de recuerdos, y de turistas ávidos de hacerse una foto. Pero también es plaza donde la memoria ha quedado impresa en cada piedra. Si nos situamos en ella, con la venida de don Carlos III (que no se bajó al final de su caballo como cantaba Ana Belén y Víctor Manuel) y miramos hacia la calle Alcalá o la Carrera de San Jerónimo podremos sentir todavía el brillo de los coraceros que están a punto, o a intentarlo si es posible, de desbaratar la revuelta madrileña de aquel 2 de Mayo tan goyesco. Si nos sentimos parte de la multitud que cada día hollan aquella Babilonia y cerramos los ojos tal vez nos engañemos pensando que estamos en la proclamación de la Republica. O si miramos hacia la Mallorquina (famosa pastelería que hace esquina con la Calle Mayor) en uno de sus lados podremos recrear como era el desaparecido Mentidero y observar con los ojos de Clío como un espadachín corre para acogerse ha sagrado en dirección hacia San Ginés, en Arenal. Guerreros que luchan contra un rey extranjero, majos y chisperos, liberales y conservadores que acuden al Congreso, soldados y generales… esta plaza ha visto correr la Historia desde su nacimiento y es por eso que es bueno, de vez en cuando, hacerle un homenaje, como por ejemplo el realizado en este libro de Ignacio Merino, Biografía de la Puerta del Sol.

     

Un comentario en “BIOGRAFÍA DE LA PUERTA DEL SOL – Ignacio Merino

  1. Vorimir dice:

    Una reseña muy madrileña, jejejeje.

    PD: Por cierto, el título en la cabecera no está en mayúsculas y desentona.

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