BANU QASI, LOS HIJOS DE CASIO – Carlos Aurensanz

BANU QUASI, LOS HIJOS DE CASIO - Carlos AurensanzAunque lo desarrollaré más abajo, vaya por adelante un breve resumen:

- Valor narrativo (argumento, trama, personajes), 9.
- Valor lírico (lenguaje, estilo, ritmo), 7.
- Rigor histórico, 9.

Ya es una discusión enquistada y sin solución aparente: la novela histórica, ¿debe potenciar el aspecto literario sobre el histórico o viceversa? Hay un gran abanico de posturas intermedias, con diversos grados de exigencia, y por supuesto hay dos extremos irreconciliables, con los partidarios del “bueno-sólo-es-una-obra-de-ficción” encumbrando a Dan Brown y los ultrapuristas leyendo y disfrutando de soporíferos pestiños. Por ello, al juzgar una novela, es preciso separar los aspectos literarios y los historicistas y que sea el lector de la crítica quien decida si es buena o no.

En términos globales, estamos ante una magnífica obra. El rigor y la calidad literaria están equilibrados, y nos introduce en una época poco explotada por la literatura comercial, evitando ser “una de romanos” o “una de templarios”. Tal vez me haya impresionado más por haberla leído justo después de otra ubicada en el mismo espacio y tiempo, y en la que los personajes eran anacrónicos y pillabas un gazapo o más por página. De todos modos, vaya por delante que seré especialmente crítico precisamente porque la obra es muy buena, y que mis opiniones son enteramente discutibles. Además, como suelo decir, “si nos dejaran, todos corregiríamos a Homero”.

Valor narrativo.

La obra cuenta la historia de Musa ibn Musa, un caudillo muladí en el Al Ándalus del siglo IX. No sigue el esquema habitual de “introducción-nudo-desenlace”, ni falta que hace; es un esquema apropiado para novelas policíacas, de misterio, de amor (incluyendo las que se ambientan, como un simple decorado, en un escenario histórico), pero que se ajusta mal a las biografías, sagas y grandes horizontes. El autor inicia la novela en el momento del nacimiento del protagonista, y termina con su muerte; la distribución de los momentos álgidos sigue el curso de los hechos tal y cuando sucedieron, y no las directrices de la “poética”. Ya va siendo hora de echar siete llaves al sepulcro de Aristóteles.

La historia es interesante y está bien reconstruida. El equilibrio entre la épica y las escenas de la vida cotidiana resulta adecuado. Rellena huecos en los aspectos íntimos, pero huye de especulaciones para aquellos momentos sobre los que no hay fuentes históricas, recurriendo a las elipsis con prudencia para no contar mentiras o aburrirnos con “este año fue feliz, y también al siguiente, y también otro más”.

Los personajes son creíbles, ajustados a su tiempo. No hay buenos angelicales ni malvados demoníacos, al menos entre los actores principales. Los individuos actúan movidos por lo que consideran correcto, que no tiene por qué coincidir con un bien absoluto y objetivo ni con lo que es correcto para otro sujeto. El honor, el orgullo herido o el derecho a gobernar son razones tan válidas como el bienestar del pueblo o el cumplimiento del deber, haciendo que cada personaje se comporte tal y como cabría esperar en el siglo IX.

Hay un buen balance entre la narración omnisciente y los diálogos, y éstos son creíbles, sin engolamientos ni uso inadecuado de los registros del lenguaje. Los interludios en estilo epistolar están bien colocados, y permiten “ponernos al día” en temas como política, intrigas palaciegas o “moda y sociedad”, de un modo que no resultaría apropiado para el narrador o los diálogos.

El sentido épico-bélico está al 50%. No hay narraciones espectaculares de batallas, cosa que a mí, particularmente, me la refanfinfla. Al fin y al cabo, ¿qué puede decirse al respecto que no se haya escrito ya? ¿Es necesario repetir por enésima vez lo del miedo, las heces en los muslos, el peso del escudo, el soldado que vomita de miedo, etc, etc? ¿De cuantas formas puede sujetarse una lanza o empuñarse una espada? Puede que algún lector eche de menos esas descripciones, pero desde luego no es mi caso.

Valor lírico.

En general, acaba mejor que empieza, lo cual no es malo.

El lenguaje es culto, pero no artificioso. Huye de cultismos que suelen emplearse mal (un error frecuente entre escritores “de Ciencias”). Es claro, conciso, sin largas parrafadas pretenciosas, con una agradable estructura de sujeto-predicado-complemento-punto (una virtud de escritores “de Ciencias”). Huye tanto del vulgarismo fácil como de la ultracorrección inverosímil.

La estructura de párrafos y episodios se ve lastrada por una excesiva fragmentación, sobre todo al principio, pero esto se corrige conforme avanza el texto, alcanzando un ritmo adecuado una vez sobrepasado el primer tercio.

Otro lastre son las notas a pie de página, señalando de dónde se ha extraído un texto o en cuál se ha inspirado. Que no, Carlos, de verdad, que no hacía falta, que te creemos, que ya se nota que te has informado bien y que todo está documentado. Estas notas, como en el caso anterior, se van reduciendo en la evolución de la obra, de modo que hacia la mitad están en su punto.

Las palabras comunes en árabe o romance, así como los topónimos, son algo que me parece bien. Añaden “sabor” al texto y nos ayudan a ambientarnos. En general están bien escogidas, aunque pecan de un error frecuente: el descuido en género y número. No puede decirse “una qamis” y “unas qamis”, por ejemplo, como si las palabras extranjeras fuesen invariables. También hay una cierta confusión con los términos “ibn” y “banu”. Ya he dicho que es un error frecuente: casi todos decimos “espaguetis”, ignorando que el término italiano ya era un plural; incluso los medios de comunicación, esos faros de cultura, han hecho de las suyas con palabras como “talibán” (plural de “talib”). Del mismo modo, cabría esperar que los topónimos árabes fuesen empleados sólo por los árabes, evitando la aparente equivalencia intercambiable de “Banbaluna-Pampilona” o “Sarrantiya-Cerretania”. De nuevo (ya parece una constante), esto mejora en la evolución del texto.

Finalmente, al inicio de la obra parece que el autor está demasiado impaciente por contarnos todo lo que sabe. Algunas cosas están metidas con calzador, o con el narrador menos apropiado. Episodios como el del halcón o la Jornada del Foso hubiesen quedado mejor en manos del narrador omnisciente que en boca de un contador de historias. Pero este fallo desaparece casi enseguida.

Parece, en resumen, que Aurensanz ha mejorado su estilo de capítulo en capítulo, prometiendo un magnífico autor para su segunda novela. O tal vez debería decir “aún mejor autor”.

Rigor histórico.

Aquí debo quitarme el sombrero, aunque se me vea la calva.

Soy un enemigo acérrimo de los apéndices bibliográficos, pero en este caso debo quedarme calladito y mono. Suele ser una constante que las novelas están peor documentadas cuanto mayor es el apéndice en que el autor se justifica (excusatio non petita, acusatio manifesta). Una novela histórica es un trabajo de investigación, como una tesis doctoral; así es que, si no eres capaz de citar cien referencias bibliográficas, más vale que te calles. Pues, para cerrarme la boca, Aurensanz ha superado con creces las cien referencias y no hace patéticos intentos de justificación. Bien.

La precisión no alcanza sólo a la macrohistoria, con reyes y batallas, sino también a la microhistoria. No hay gazapos en gastronomía, botánica, vestimenta… Siendo muy muy puristas, podríamos encontrar dos chorradas (y no es frase hecha, es que son dos) que en absoluto suponen un falseamiento de la época ni una divulgación de errores. Me ha resultado particularmente impresionante la descripción de remedios y enfermedades, donde se demuestra la excelente formación en Salud Pública que tienen los veterinarios. Agradezco especialmente la referencia al tifus y su transmisión, evitando el error típico de confundirlo con la fiebre tifoidea (incluso en revistas como “La aventura de la Historia”).

Una excepción es el capítulo de la invasión normanda, donde la aventura se sobrepone a la solidez. Pero es eso, una excepción, y no debe manchar el excelente trabajo desarrollado en el resto del libro.

Otro valor añadido es que el libro huye tanto del mito de la “comunión de las tres culturas” como de la falacia del enfrentamiento a muerte. Ni paraísos de tolerancia (como si nunca hubiera existido una “noche toledana” o un impuesto de capitación) ni épica de reconquista, sino relaciones creíbles dentro de un marco de realpolitik.

Ya hemos dicho que los personajes se comportan de un modo verosímil. Ello incluye actuar según los valores propios del siglo IX y no del XX/XXI. En ese aspecto debo felicitar al autor, que ha evitado el anacronismo moral, más peligroso que el de los hechos. Sólo hay algo que no me gusta (y, como siempre, es discutible): la relación de afecto entre Abderramán y Musa. En la antigüedad era habitual disfrazar los motivos políticos con motivos personales: el favor de un monarca a un vasallo útil y capaz se mencionaba en términos amistosos; la incapacidad del soberano para castigar a un vasallo díscolo se transformaba en magnanimidad; la aceptación de un hecho consumado se convertía en perdón. No dudo de que las fuentes consultadas se refieran a dicha amistad, pero a mí me resulta poco creíble. Es más probable que el emir se moviera por los poderosos argumentos de la realpolitik; al fin y al cabo, como dice el refrán valenciano, “amor d’amo es com aigüa en cistella” (“amor de amo es como agua en cesta”). Pero, como siempre, yo no estaba allí para verlo, por lo que nada es imposible, y el autor tiene perfecto derecho a crear un vínculo de afecto entre señor y vasallo si lo cree oportuno para su obra.

Y ya acabo, que casi me ha salido una reseña tan larga como la novela.

En resumen: compradla, que os gustará.

Ficha técnica.
Título: Banu Qasi. Los hijos de Casio.
Autor: Carlos Aurensanz.
Editorial: Ediciones B, colección Histórica. Barcelona, 2009.
Cartoné, 807 páginas.
PVP: 22,50 euros.

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17 Respuestas a “BANU QASI, LOS HIJOS DE CASIO – Carlos Aurensanz”

  1. Vorimir Dice:

    Grandísima reseña Josep. Siempre me había picado la curiosidad la novela, y por lo que veo es un acierto hacerse con ella y leerla.

  2. richar Dice:

    Saludos,

    a mi también me tienta, la verdad. Me gusta la pinta que tiene, lo que comentas, Josep, y el hecho de que trate temas menos trillados. Creo que caerá.

    Un saludo,
    Richar.

  3. Javi_LR Dice:

    Mira que partir de la premisa de: los que defienden la ficción encumbran a Dan Brown… Te voy a dar un capón por sofista.

    Una cosa me ha llamado la atención, Josep. Haces referencia a que elude el manido “introducción-nudo-desenlace”, debido, sobre todo, a que es una novela, digamos, biográfica, pero a mí se me ocurre preguntarte qué es la narración de una vida. ¿Acaso no es un manido “introducción-nudo-desenlace” toda ella, llena de otros manidos “introducción-nudo-desenlace”? No sé, yo no enterraría aún a Aristóteles, y menos en estas lides.

    En cuanto a las notas a pie de página, ya sabéis lo que opino de ellas. Me resisto a ellas, me resisto a ser condescendiente con ellas a no ser que formen parte de la narración, que sean notas necesarias del traductor o sean una edición crítica.

    Un saludo, Josep.

  4. JJSala Dice:

    Fantastica reseña.

    Gironella leyó más de mil libros para documentar ” Un millón de muertos”.

    Saludos

  5. jerufa Dice:

    Felicidades, Josep, por la reseña. Es muy atractiva de leer y sugerente para adquirir.
    Y aunque te quejes de que te haya salido un poco “larguita”, es de agradecer porque la desmenuzas con mucho arte. Cuentas lo necesario para saber si te haces o no con la obra.
    ¡Ah, otra cosa!, me ha encantado eso de los defectos y las virtudes de los escritores de Ciencias.
    Muy acertado y muy sabrosón.

  6. Carlos Aurensanz Dice:

    Gracias por tu crítica, Josep.
    A mi me has demostrado con ella que tu criterio es sólido y merece tenerse en cuenta, tanto en los aspectos positivos como en lo aspectos que se podrían mejorar. Cuando terminas de escribir algo, sabes perfectamente dónde están esas cosillas con las que no has quedado plenamente satisfecho… y las has clavado. Coincido casi plenamente con tus apreciaciones. Enhorabuena por tu afinadado juicio.
    Ten por seguro que, como dices, apreciaciones como la tuya ayudarán a mejorar con la segunda…
    Un abrazo.

  7. Laurence Dice:

    Enhorabuena Josep por una reseña tan clara, tan bien estructurada y tan de verdad. Creo que no te lo había dicho hasta ahora, pero cuando te leo la mitad de las veces termino siempre con una sonrisa y eso es de agradecer. Esta obra me tocó la fibra sensible desde que Carlos la anunció en el foro y por fin el gordito de rojo me la ha traído hace sólo unos días. Si ya le tenía ganas antes, después de leer tu reseña estoy impaciente por hincarle el diente. (Ahhh, y de paso me he anotado otra recomendación que has hecho por ahí que también me ha tentado muchíiiiiisimo).

    Y, por spuesto, felicitar a Carlos Aurensanz por la obra que nos brinda para que la disfrutemos y por la más que buena acogida que está teniendo en el “mercado”.

    Bueno, y aunque supongo que habrá mensajes abiertos para felicitar las fiestas, el Año Nuevo y demás, con el permiso de Josep, y amparándome en el estado febril y griposo que estoy sufriendo, os felicito a todos y que el Nuevo Año siga trayendo Salud, seguir con los nuestros y más libros y tiempo con los que disfrutar.

    Saludos.

  8. Josep Dice:

    ¡Ay! Leñe con los capones del jefe… Tendré que escribir cien veces “no me meteré con el Sabio de Estagira”. ¿O era con Alcuino de York?
    Gracias por felicitarme, pero no tiene mérito: es fácil reseñar una buena novela.
    Lo de los defectos y las virtudes de los escritores de Ciencias… ¡Pues qué os voy a contar quer no sepáis! Hay por ahí algún comentario mío donde pongo semiverduzco a alguien, y que ya me ha causado alguna recriminación.
    Gracias, Carlos, por tomarte a bien la reseña. Dice mucho de ti.
    Y os dejopaso, que el reseñador no debe ser el protagonista de la reseña, salvo para contestar los comentarior si procede.

  9. Lacedemonia Dice:

    Bueno, Josep, como te dije en cierta cena que compartimos hace unas semanas, lo de la bibliografía no tiene siempre por qué ser una excusatio. No niego que puede usarse el recurso para aparentar, pero hombre, un voto de confianza… La bibliografía no sólo sirve para citar fuentes, sino para recomendarlas a todo aquel que quiera ampliar conocimientos, ¿no? Además, si lo piensas, el novelista histórico que cita fuentes está en cierto modo abriéndose la camisa y ofreciendo el pecho al pelotón de fusilamiento. A ver si Dan Brown, ya que lo nombras, nos aclara alguna vez la bibliografía que usa para extraer sus “datos”…
    Por lo demás has hecho una buena crítica. Felicidades. Redobladas para el autor.

  10. Eguarás Dice:

    Enhorabuena Carlos.
    Un fantástico trabajo en cuanto al contenido de la novela, su documentación y ambientación. Realmente me ha emocionado, soy de Tarazona y a lo largo de todo el relato he seguido paso a paso el recorrido por las distintas ciudades en las que se ambienta la novela. Muy interesante también, la influencia de nuestros ríos sobre la vida de los personajes, tanto el Queiles como el Ebro, la muerte de Musa en Tarazona junto a las aguas del Queiles ha sido el broche de oro para tu novela. La convivencia entre las tres culturas existentes en nuestros pueblos y su respeto mutuo ha quedado plasmado en tu libro. Felicidades por tu trabajo y que tus proyectos futuros tengan el mismo éxito.

  11. hasper Dice:

    Creo que se debiera revisar la cronología de los Reyes de Navarra y se encontrará que sólo ha habido un Iñiguez y ha sido Garci Iñiguez, hijo de Eneko Jiménez a su vez hijo de Jimeno y Oneka, el cual fue llamado posteriormente Eneko y de sobrenombre Aritza, conocido posteriormente en el ámbito castellano como Iñigo Arista.

  12. hasper Dice:

    No he leído la obra de Aurensanz, solamente he hecho el comentario anterior por un reportaje aparecido en Deia, el 15.1.2010 y es ahí donde se hace referencia a Enneco Iñiguez diciendo que luego será Iñigo Arista y por eso hago mención a que Iñigo Arista fué realmente Eneko Jimenez (hijo de Jimeno, señor de Sangüesa y de Oneka) y éste tuvo un hijo al que llamó Garci y de apellido Iñiguez para reconocerle como hijo de Iñigo.

    El primer de Navarra (Reino de Pamplona en esa época) fué Eneko Jimenez (Iñigo Arista), el segundo su hijo Garci Iñiguez y el tercero el hijo de este último Fortún Garcés.

    Con estos se acaba la Dinastía Iñiga dando lugar a la Dinastía Jimena.

  13. Javier Dice:

    Hola, Hasper. En algunas fuentes aparece el padre de Iñigo Arista como Iñigo Jimeno, y por lo tanto su hijo podría ser tambien Iñigo Iñiguez.

    De hecho en las fuentes latinas aparece como Enneco Enneconis, y en las fuentes musulmanas como Wanaqo ibn Wanaqo, es decir, Iñigo, hijo de Iñigo. Posiblemente el autor haya manejado también estas fuentes.

  14. Alfred Holanda Dice:

    Pero, ¿de qué va la novela?

  15. Josep Dice:

    Es la vida de Musa Ibn Musa, caudillo muladí de la frontera norte de Al-Ándalus, que gobierna un pequeño condado (bajo el control de su fanmilia desde los visigodos) y tiene relaciones a veces buenas y a veces malas con vascones, francos, cordobeses y asturianos. Gran estadista y hábil estratega, consigue crear un poderoso estado.
    Básicamente.

  16. Angel arnedano Dice:

    Desde el primer momento me enamoró, no solamente por ser de la misma zona donde se desarrollan los acontecimientos, sino por su rigor histórico que coincide en casi todo con los textos de Luis G. de Valdeavellano.

  17. BOBASTRO – Sergio Bordel Velasco » Historias especializadas » Libros de Historia, libros con Historia – Hislibris Dice:

    [...] ser una buena novela histórica que trata un episodio poco conocido (hermana en espíritu de otra obra reseñada por estos lares como «Banu-Qasi, los hijos de Casio») y que no lo hace nada mal. Habrá que estar atento a futuras novelas, si las hay y ver si acaban [...]

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