AMOR Y SEXO EN LA GRECIA ANTIGUA – Juan Eslava Galán

Amor y sexo en la antigua GreciaHe sido rey desde que vi la luz del sol: he comido, bebido y homenajeado a los placeres del amor, sabiendo que la vida del hombre es breve y sujeta a mucho cambio y desventuras y que otros alcanzarán el beneficio de lo que yo deje detrás de mi (…) Come, bebe, ama, que todo lo demás es nada (epitafio del rey asirio Sardanápalo).

A veces cuando me hablan de la antigua Grecia, viene a mi retorcida mente las imágenes de un reino de fantasía llamada Efebia, ubicada en el mítico lugar de Mundodisco, creado por el incomparable Terry Pratchett. Este autor nos pinta aquel lugar como un sitio muy parecido a la Helade, mayoritariamente gobernado por filósofos vestidos con túnicas y que tiene como deporte nacional el sumergirse en bañeras calentitas para gritar al rato ¡Eureka! Esto, asociar este mundo de fantasía con la antigua Grecia, puede parecer una locura, pero si preguntáramos a mucha gente qué imagen tienen de aquellos tiempos nos contestarían con algo parecido. ¡Y eso sin haber leído nada de Mundodisco! El común de los mortales tiene una visión de la antigüedad muy básica. Solamente ven a los griegos como los creadores de la democracia, hacedores de la filosofía occidental, una nación de inventores sin par, o una panda de guerreros que defienden su territorio de la amenaza persa, ya sea en estrechos desfiladeros o frágiles embarcaciones. Como diría Mozart: “… parece que defecan mármol”. Pero tanto ellos, los legos en la materia, como nosotros, simples aprendices que suspiran por la musa Clío, muchas veces nos olvidamos que los griegos, además de ir con túnica todo el rato, también fueron un pueblo muy apegado a sus sentimientos y que tenían a la diosa del Amor, Afrodita, en muy alta estima. En Grecia se amó al igual que ahora, yo diría que incluso de forma más libre, y por eso, para recordárnoslo, es gratificante tener a mano este libro que principio a reseñar, Amor y sexo en la antigua Grecia, de Juan Eslava Galán, para enseñarnos cuáles eran los sentimientos y anhelos secretos que embargaban a cualquier griego a lo largo de su vida. 

La primera pregunta que le viene a uno a la cabeza después de haberse leído este libro es la siguiente: ¿cómo es posible que durante tanto tiempo una gran parte de los historiadores hayan querido disociar la gesta cronológica de los griegos, con las ideas de amor y sexo que anidaban en sus cabezas? ¿Tal vez por recato judeo-cristiano, o por ceguera intelectual al no ver que en aquellas montañas y valles de la Helade se adoraban y divinizaba a dioses que caminaban por la tierra completamente desnudos y a la vez estaban inmersos en guerras por amor, incesto o lujuria? y ¿acaso el dios más antiguo de todos ellos no era igualmente el propio Eros, pulsión primigenia del Universo? Como ya he mencionado anteriormente un poco más arriba el concepto de amor y philia, el cariño, era algo distinto a como lo conocemos actualmente. Era más libre y en muchos aspecto menos restrictivo que lo impuesto por el cristianismo en el mundo occidental tras la caida del Imperio Romano. Más o menos, hasta cierto punto, existía una especie de vive y deja vivir. Los griegos adoraban el cuerpo, su composición y el qué se podía hacer con el, ya fuera a un hombre como a una mujer. Se concebía el sexo como algo natural, como el respirar, aunque siempre respetando ciertas reglas y no rebasando el límite de la propiedad, pues existía incluso penas de muerte muy severas a los que se atrevían a cometer infidelidades. Juan Eslava Galán nos hablan de lo que sentían hombres como mujeres en cualquier parte de Grecia, dónde practicaban el sexo, como lo hacían (hasta sus posturas favoritas), que juguetes secretos utilizaban para gozar más en el tálamo y cuales eran los secretos para parecer más guapos y atraer de este modo a la presa amada.

Pero en el jardín de Zeus no todo era tan claro, pues introducirse en la vida social amatoria de los griegos es también meterse en un jardín con muchas y muy dolorosas espinas. Según lo escrito parece que Grecia era una orgía descomunal sin parangón. Esa libertad puede ser la cara de la moneda. Pero la cruz es que no es oro todo lo que brilla ya que el sexo allí era en muchos aspectos misógino e hipócrita. Se concebía el sexo siempre desde una óptica masculina siendo las mujeres meras comparsas encerradas en el hogar. Por eso preferían más la compañía de otros hombres que atarse a una mujer de por vida (recuerde el avispado lector la importancia que daban los griegos a la libertad personal). El casamiento, la mayoría de las veces, era visto como un contrato obligatorio por dos razones: una, que sirviera para procrear un varón que heredara la memoria familiar; y dos, para que o no recayera sobre el hombre la idea de que era un solterón que no ponía su granito de arena para ayudar a su ciudad-estado, o para evitar ser considerado un homosexual recalcitrante.

Sobre este último punto, desgraciadamente nos deslizamos hacia un campo muy controvertido. Existen voces populares que aseguran sin ningún recato que todos los griegos eran bisexuales. Que lo hacían a pelo y a lana sin importar a quien. Esta afirmación es falsa, ya que había hombres heterosexuales y homosexuales al igual que ahora. Esta idea errónea está promovida sobre todo por el concepto judeocristiano imperante que solo ve el sexo en la antigüedad como un pecado continuo. Un griego preferiría una philia con un hombre, al que, según conceptos de la época,  consideraba superior intelectualmente a una mujer. Aristóteles, en su machismo recalcitrante, consideraba a la mujer casi como una retrasa mental. ¡Ver para creer! En la viña de Zeus había de todo, aunque siempre precisando algunos puntos. Hay que decir que en lo tocante a los sentimientos hombre-hombre se prefería más la relación o tutelaje llamémosle Hombre (erastes) – Joven Discipulo (eromenos), que el simple encamamiento trasero entre dos machos adultos. Sobre estos incluso existían gran variedad de apelativos e insultos como por ejemplo el de culianchos. La historiografía clásica y pacata ha denominado “pecado griego” simplemente a un burdo rapto y explotación sexual a los jóvenes. Nada más lejos de la realidad pues esta supuesta pederastia era un ritual de iniciación a la adultez en el que incluso participaba la familia del discípulo. Los pupilos del mancebillo pactaban el pago con el adinerado adulto e incluso cuando éste último se llevaba al joven la familia iba detrás de él fingiendo escándalo. Durante cierto tiempo el erastes le iniciaba en los secretos de los adultos prefiriéndose en la mayoría de los casos la introducción trasera del pene entre los muslos. El joven recibía constantemente regalos y cuidados de su nuevo pupilo y entre ambos se forjaba una amistad escrita a fuego. Un ejemplo de ello:

Los chicos que han sido secuestrados (es decir, los ya iniciados) reciben tratamiento honorífico y se les ceden los mejores lugares en baile y carreras, se les permite que lleven los vestidos que les regalo el amante y de esta forma se distinguen del resto.

Este aprendizaje no duraba mucho pues cuando se llegaba a la mayoría de edad se consideraba que el mancebo ya era fruta pasada. Se veía con malos ojos, incluso, que se perpetuara esta relación. Visto lo visto es mejor olvidarse de lo que algunos historiadores han intentado vendernos, a saber que los griegos eran raptores y abusadores de niños sin control. Una locura.

Juan Eslava Galán en su libro Amor y sexo en la antigua Grecia, no solo intenta desentrañar estos puntos oscuros sino que con su buen hacer literario y su humor imperante también se adentra en las posadas y prostíbulos. Nos habla de cómo era el amor pagado, el tipo de prostitutas que existían y cuales eran sus especialidades. Todo muy picante, la verdad. Habla también sobre como era la relación entre amantes, como era el cortejo y la boda, y si alguna vez se necesitaba alguna alcahueta o celestina para que conseguir a la persona amada. En resumidas cuentas, sea con otra persona, o a solas en una alegre masturbación (como diría Woody Allen, el amor que nunca falla) el autor nos despliega un gran fresco sobre como amaban y deseaban los griegos, sus usos amorosos y como éstos también han influido en la sociedad occidental. Una joya de libro, os lo aseguro.

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9 Respuestas a “AMOR Y SEXO EN LA GRECIA ANTIGUA – Juan Eslava Galán”

  1. Balbo Dice:

    Javi ejem, ejem… Otra vez volvemos a escribir la misma reseña ;-)

  2. Vorimir Dice:

    XD lo he pensado en cuanto la he visto publicada, eso os pasa por llamaros ambos igual.
    Buena reseña Balbo, le tengo echado el ojo al libro, pero por ahora va a tener que esperar una buena temporada, la pila de espera la tengo desbordada. :(

  3. Javi_LR Dice:

    Sus muelas…

  4. Balbo Dice:

    Pues todavía me quedan tres del juicio por quitar jejeje. Un saludete ;-)

  5. Urogallo Dice:

    ¡Ni lo conocía! ¡Balbo el arqueólogo!

  6. Clodoveo11 Dice:

    “Visto lo visto es mejor olvidarse de lo que algunos historiadores han intentado vendernos, a saber que los griegos eran raptores y abusadores de niños sin control. Una locura.”

    Sí, hay que interpretar las actitudes de nuestros ancestros de acuerdo con sus códigos y mentalidad, pero también hay que ver las cosas con nuestra perspectiva del XXI. Y por muchas vueltas que se le dé, era una relación de abuso basada en la superioridad y la hipocresía, así como una excusa para catar carne tierna. Si lo ideal de la relación era la superioridad intelectual del hombre sobre la mujer, seguro que sería mejor hacerlo con un viejo y sabio que con un joven pero inexperto: pero no, ven aquí que ya te enseño mientras te magreo. Y además con las connotaciones jerárquicas típicas de las subdivisiones ciudadanas que establecían relaciones de superioridad entre clanes, familias, etc.

    Que no hay que creerse todo lo que nos cuentan, de acuerdo. Pero que tampoco hay que hacer malabarismos excesivos con lo que cuentan, tampoco. La cabra siempre ha tirado para el monte.

  7. Clodoveo11 Dice:

    Perdón, “… con lo que cuentan, también. La cabra siempre ha tirado para el monte.”

  8. Nausícaa Dice:

    Aynsss, maldita Papri, que con estas reseñas no hace mas que aumentar la pila de pendientes…
    ¿A dios pongo por testigo que no volveré a dejar pasar una recomendación como esta! Este libro cae seguro.

    Estupenda reseña, Balbo. Como siempre, nos pones los dientes muy largos.

  9. Argonauta Dice:

    Este tema del amancebamiento griego es curioso en cuanto al recelo que ha despertado en nuestra sociedad occidental. Primero fue la moral cristiana la que lo relego al pecado, y grave, debido a que no cumplía ninguno de los dos requisitos esenciales de una relación sexual aceptable: el darse dentro de un matrimonio y estar abierta a la reproducción.
    Curiosamente en la actualidad, bajo el prisma de la nueva moral occidental resultaría igualmente condenable, pero no por aquello que lo hacía anteriormente, sino por no cumplir ninguno de los dos nuevos requisitos que se exigen: que sea consentida, y que se base en una relación de relativa igualdad, incluyendo aquí la de la edad.

    Todo ello no quiere decir que no se pudiera considerar aceptable, normal o incluso deseable en una sociedad altamente jerarquizada y donde sólo ciertos ciudadanos adquirian valor como individuos… ¿Son tan flexibles los códigos éticos, o simplemente la sociedad se autoconvence temporalmente para usar determinados códigos obligados por el entorno?… Ummmm

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