PAZ EN LA GUERRA – Miguel de Unamuno

Ambientada en la temática Carlista, tres de nuestros mejores perros mal encarados del 98 han escrito novelas que merecen la pena ser leídas. Especialmente es Baroja el que hace de todas esas refriegas entre isabelinos y legitimistas más que el infierno que debe ser cualquier guerra, el bello decorado en donde se mueven hombres de aventuras. Este tiene al carlismo tan presente en sus obras que es muy difícil entender toda la literatura barojiana sin ponerse a bucear un poco en qué es lo que pasó en España desde principios de los treinta hasta casi el fin de los setenta del siglo diecinueve. No menos importante es para Valle el patio revuelto carlista dado que le da ambientación en forma de trilogía al que es sin duda su personaje estrella, el Marqués de Bradomín, «genio del linaje y la nobleza rural», como él decía.

Quizá el único que le quitó trascendencia en su obra fue Unamuno, y sin embargo «Paz en la guerra» es considerada en ocasiones un documento histórico de validez comparable casi al testimonio.

Y es que Unamuno se estrena como novelista hablando de recuerdos; de su Bilbao en 1874, del segundo «sitio» que sufrían los que vieron en Espartero la tabla de naufrago de la involucionista España . Las bombas que nunca creyeron los sitiados que los carlistas se atreverían a tirar le chafaban a Miguelín los dulces que levantaba a Doña Salomé, abuela y propietaria de la pastelería donde la familia Unamuno (lo que quedaba de ella tras morir el padre y las dos hermanas) se refugiaban de los católicos argumentos de los seguidores del imposible rey que nunca fue, Carlos VII.

En el libro, escrito de una forma tan ligera que cuesta pensar que sea de Unamuno, se encuentra un sin fin de datos y referencias que desmontan muchos de los tópicos que sobre las guerras carlistas existen. Se pasea por el escenario de la guerra toda la problemática que lleva a España a sufrir dos guerras civiles que obtuvieron continuación, a poco que se extienda la vista, en la oficial Guerra Civil Española, la cual no es más que, si no consecuencia, sí desenlace final en muchos sentidos de ellas.

Muchos de los cabreros que ahora pretenden fichar en el mercado del saldo a los intelectuales que nunca tuvieron, quieren ver en esta obra una reivindicación de la lucha vasca contra el poder central. Sobran datos, en la novela y en la historia, para ver que no es así. El carlismo es patrimonio de toda la celtiberia en pie de guerra que decide, cada cierto tiempo, dirimir sus diferencias a bofetadas dividiéndose así en dos, tres o trescientas Españas que no se aguantan entre sí.

Lo que más atrae de la novela es la tranquilidad con la que habla de ambas posturas comprendiendo, criticando y en cierto modo defendiendo las dos posiciones encontradas. No demoniza ningún bando (a pesar de que él sufrió como isabelino y con el tiempo se le oirían encendidas soflamas carlistas) a diferencia de Valle Inclán (seducido descaradamente por la estética de los grandes caudillos carlistas) y de Baroja (decidido anticarlista, posición que choca con su cerril odio a Castilla y los castellanos y que casi le cuesta la vida). Esta postura conciliadora solo se puede encontrar, más tímida y con menos peso histórico, en otro del 98, Clarín, mucho más pausado y de chocolatito (como gusta a alguno de por aquí) reconociendo únicamente seres humanos donde hay fieros guerreros en su «Doña Berta», relato precioso pero inocuo comparado con el bestial peso de este «Paz en la guerra» donde cada movimiento de los personajes son declaraciones de principios.

En fin, que me gustaría contar ejemplos pero sería destripar el libro. Si podéis atrapadlo que está reeditado en la «Biblioteca de Autor» de Alianza y en las «Lectura Hispánicas» de Cátedra y por ser castizo y ligero merece ser leído con un coñá y un puro, pero nada de tibiezas de esnob de izquierdas, nada de habano y Napoleón en café con macetas y piano, no; Magno, Faria y barucho con partida de dominó de fondo.

Que la lectura os cunda.

     

17 comentarios en “PAZ EN LA GUERRA – Miguel de Unamuno

  1. richar dice:

    Bienvenido coñá al mundo de los posteadores. A partir de ahora te expones públicamente a que te lancen dardos por tus comentarios de libros, pero bueno, habrá que soportarlo, ¿no?

    Muy bueno tu post sobre este libro de Unamuno del que desconocía totalmente su existencia, pero que sin duda parece recomendable.

    No tengo mucho más que aportar ya que el tema no lo controlo, salvo que prometo haber tomado nota de la referencia y que intentaré leerlo si cae en mis manos.

    Eso sí, lo del coñá y el puro se lo dejo a otros, porque el coñá no me hace mucha gracia y dejé de fumar hace un tiempillo… ¿vale con ron cola?

    Saludos y bienvenido otra vez,
    richar.

  2. javier dice:

    Pues tiene muy buena pinta el libro, el primero de Unamuno, si no me equivoco. Lo que no sé es si habla de recuerdos de infancia -no pueden ser otra cosa- o si lo hace a partir de lo que él ha oído contar después de la guerra. Dinos algo más que lo de las pastas, que la cosa promete.

    Hay un par de cosas que dices. La primera, cómo se acercaron a las guerras carlistas los 3 autores que citas, que más distintos no pueden ser. Al margen de Unamuno, creo que es a Baroja al que más le importan la vida de quienes por allí pasaron, y más aún la de sus propios personajes. Los hechos, como casi todo en Baroja, están a merced de ellos y de lo que desde su perspectiva de aventurero de sofá y de liberal irredento en cada momento nos quiera contar. Más que odio a Castilla, recordaría eso que decía un contemporáneo de que si Baroja fuera piloto de aeroplano y tuviese que aterrizar se las vería difíciles para encontrar una tierra de la que no hubiese despotricado, porque bajo el placer por narrar aventuras está, como siempre, el desprecio por las mentes mediterráneas, africanas, de fandango y mascletá. Con todo y con eso, me quedo con él si tengo que elegir entre la tripleta que propones.

    Lo de las guerras como decorado se lo aplico más bien a Valle: un decorado de cartón piedra por el que hacer desfilar personajes con boina y soltar frases campanudas. La tradición era una opción estética, y las guerras carlistas le atraían como las catedrales, ni más ni menos. Lo que allí pasara se la traía al fresco, porque al final, entre el Valle carlista, el que luego pide una dictadura «como la de Lenin» para España, el que le fascina Mussolini y el que apoya a los mineros asturianos en el 34, más que incoherencia política lo que queda es consistencia y fidelidad a una sola idea, la estética, la suya, y la disposición a cambiar todo, hasta su marquesado, por una frase ingeniosa. Frente al chocolatito, la pose y el petardeo. Ese ruido que suscita tantas admiraciones.

    Ambos sinceros consigo mismos, ambos farsantes. Ni Baroja era tan misántropo ni Valle tan maldito. El novelista de pueblo viajó más que nadie y el escritor marginado vendía más que ningún otro. Lo que nunca he entendido es cómo uno pasa por reaccionario y el otro por rebelde super-progre, cuando cada uno es justamente lo contrario. Y luego está Unamuno, el más serio de los tres si se trata de algo más que de personajes y aventuras ­ que no son cosas menos serias- pero en un libro de recuerdos de infancia no sé que podrá contar. Ya nos dirás.

    La segunda cosa es la utilización de las guerras por unos y otros. La puerta de la muralla de Pamplona es la de Zumalacárregui – muerto precisamente en el sitio de Bilbao, pero en el otro- porque desde allí salió al mando de los defensores de la auténtica España, en versión de 1939, pero es ahora también la de Zumalakarregi, icomo abertzale. Ya sabes que la discusión es, como siempre, no tanto si las causas de las guerras y las motivaciones de quienes las hicieron eran los famosos fueros ­ en realidad, no utilizados como bandera hasta bien entrada la primera guerra ­ como aquello de que haciendo la guerra se forman las naciones, y el papel que jugaron aquellas en una toma de conciencia frente a Madrid, el poder central, el estado liberal o como se le quiera llamar, de País Vasco­Navarra y también Cataluña, provincias a las que evidentemente no se limitaron las guerras ­ no sólo al famoso Maestrazgo, también desde Baleares a Galicia y de Alhucemas a Asturias ­ pero sí donde más cuajaron. Como siempre, decía, porque esa crítica hace irrelevante que recuerdes que el primer alzamiento fue en Talavera de la Reina o las múltiples apelaciones a España de los carlistas, desde Guernica en español hasta Vera de Bidasoa, cerca de la casa de Baroja, y en francés.

    Una última cosa relacionada con esto es lo que comentas de las dos guerras carlistas, y la del 36 como tercera. Ya decíamos el otro día que quien domina el discurso juega con ventaja, y en este caso la enumeración de las guerras carlistas a partir de lo que ocurre en el País Vasco y Navarra hace que se planteen como la lucha recurrente de estas dos regiones, los dos siglos de vascos mirando a Castilla a través de un fusil, y todas esas cosas. Que yo sepa la primera guerra es la de los 7 años en los años 30, la segunda ­ oh misterio, y aquí dónde están los vascos ­ a finales de los 40 con los Matiners y "el tigre de El Maestrazgo", Gral. Cabrera, y la tercera la de los 70 donde Unamuno ambienta su novela. Si la del 36 es la cuarta, es otra cosa, como también si las guerras de independencia de Iberoamérica deben considerarse parte de la lucha entre esos dos bandos. Y es que el tema da de sí y tiene muchos recovecos, y no es el menor de ellos el abrupto final de todo aquello, del carlismo, aunque ese sí que es otro tema.

  3. nando dice:

    No he leido el libro pero, por lo que comenta coñá y puro, tiene buena pinta.
    De Unamuno solo leí San Manuel… por razones obvias.

    Desde luego el carlismo es un fenómeno sin parangón en la historia de Europa y tal vez en esta ocasión pueda aplicarse la máxima-slogan » Spain is different».

    Francia no vivió un «revival» legitimista de tales características a pesar de llevar durante muchos años la voz cantante en cuanto a lo de la «reacción absolutista».

    El Carlismo como movimiento se enmarca en la involución que vivió Europa después de la cesura napoleónica y de los desmanes «libertarios» del liberalismo y la democracia jacobina.
    Pero este, a pesar, de su explícito antiliberalismo no fue solo una reacción involucionista antiliberal sino que hizo bandera de elementos que formaban parte del ideario y de la identidad de una España que, logicamente, se suponía ideal.

    Los principios básicos se resumían en el famoso ( y corrígeme coñá si me equivoco): Rey, Dios, Religión y Fueros, quedando la defensa de estos últimos como la principal seña de identidad.

    Pero, evidentemente, el carlismo era mucho más que eso:
    El centro de gravedad era la concepción de España como una Monarquía que no admitía cualquier devaneo liberal-constitucional y cuyas raices entroncaban con el catolicismo más militante. La Monarquía era Católica o si no, no era. Y España, por extensión, era católica. Y es este integrismo
    , como residuo de un pasado que ya no se tocaba, es lo que a mi más me sorprende e interesa.
    … del legitimismo y los derechos al trono del pretendiente que nos ilustre coñá, porque yo ya ni me acuerdo…

    «… REY, DIOS, TRADICIÓN Y FUEROS», se oye decir al de la boina roja mientras apura su coñá, manosea el tabaco y extiende las fichas de dominó sobre la mesa de mármol… a esa partida yo también me apunto…

  4. javier dice:

    Lo de los fueros como principal seña de identidad del carlismo no es ni mucho menos así, al menos en origen.

    Como decía, hasta pasado un año de la primera guerra la defensa de los fueros ni siquiera se mencionó. Solo en la tercera guerra ­ la segunda pare coñá, la de los 70, para entendernos- y sobre todo a partir de su abolición se añaden los Fueros a la tripleta carlista: Dios, Patria, Rey.

  5. coñá y puro dice:

    En respuesta a Javier, decir que el libro no es de recuerdos en el sentido de que el desarrollo de la acción no se narra en primera persona y no pretende hacer una reconstrucción de lo que allí vivió el autor. La novela es pura ficción pero con una serie de personajes, lugares y situaciones que sin duda debieron ser muy parecidos a los que él vivó.
    Aclarado esto, entremos en harina.
    Es cierto que el atractivo que Valle-Inclán siente hacia los carlistas es más estético que ético, pero no por ello se desvía en sus narraciones del verdadero problema que en el carlismo se dirime. En la trilogía, que por lo que veo no te atrajo demasiado, sitúa a su personaje a poco que uno observe, en una posición que recuerda más al señor feudal y su tipo de relación con sus lacayos, que al nuevo hombre sustento del poder político-económico que entró por la puerta grande que la Revolución Francesa le abrió a bastonazos.
    Y aquí se da el pistoletazo de salida de lo que para mí es la carrera del barullo carlista.
    Cuando hablé de trescientas españas no lo dije en vano. Tanto en la guerra civil como en las carlistas (nueva conexión) no se dan dos bandos cohesionados que se enfrentan para la imposición de una de las dos ideas en lucha. Si esa visión fuera cierta, la explicación de la guerra se limitaría a la sucesión más o menos legal del trono tras la muerte de Fernando VII.
    Su hermano, el que hubiera sido Carlos V de España, alegaba ilegitimidad en la utilización de la pragmática sanción como vehículo para el entronamiento de la menor Isabel II y la regencia de Maria Cristina. Se apoyaba en que esta pragmática Sanción no fue sancionada por las Juntas Castellanas. Es decir, los primeros fueros que se salta no son los Navarros, guipuzcoanos o Vizcaínos, sino que son las normas castellanas las que no respeta. Con esto quedarían dos puntos ya definidos; foralismo y legitimismo, que junto con la religión (se venía de dos desamortizaciones-Madoz y Mendizábal-que llevarían en algunos casos al hambre a ciertos sectores, los bajos, del clero para mayor enriquecimiento de los de siempre) formaría la tríada de escozores que llevó al alzamiento, como muy bien comentas, a toda España. Y cada cual daba mandobles por la causa que le interesaba.
    Por no extenderme demasiado (tema hay y de sobra) lo que yo realmente creo que es el resumen de todo, de forma más o menos reconocida por las partes, es el tema de "la tierra" y ahondando más, es la llegada (de la mano de las ideas liberales) de una forma de entender la ordenación de la sociedad que chocaba de frente con la anterior, es decir, el triunfo en la ordenación jurídica del derecho positivo por encima del natural. La Revolución Francesa.
    Cualquier historiador aceptará que los cambios de épocas que se fechan en días concretos no tienen más validez que el de la mera referencia, pero sin embargo el cambio que esa fecha define viene de tiempo anterior y se prolonga en tiempos posteriores. España tardó más de un siglo en digerir esa obra nefanda que fue la Revolución de la burguesía en contra de la nobleza para mayor ahogo de las clases menesterosas.
    Tema hay para aburrir y este no es más que el planteamiento (división en ambos bandos, influencia del foralismo, la postura del clero, la conformación ideológica de las partes, la "españolidad" del conflicto) y allá "la lanzo" dado que este baturro que opina, como imaginareis por anteriores comentarios, se pone del lado del precámbrico que en un primer (y quizá equivocado) vistazo defienden los seguidores del general Cabrera y el caudillo Zumalacárregui (sí, Javier, es cierto, de ponerlo con acento a ponerlo sin él se está defendiendo una cosa u otra) con su boina roja por Navarra, o azul al servicio del gallego Marqués de Bradomín.

  6. coñá y puro dice:

    En respuesta a Nando, estoy con Javier en que los fueros como motivo de alzamiento está cuando menos sobrevalorado. No es sino al final de la primera guerra carlista cuando el bando de los alzados con intenciones claras de conseguir unos adeptos que antes no tenían, enarbolaron el tema de los fueros como banderín de enganche, más nostálgico que otra cosa dado que dichos fueros quedaron heridos de muerte con la llegada de los borbones a España, por lo que no se luchaba por la conservación sino por el restablecimiento de unos fueros que no cuadraban dentro de la visión borbónica de estado. Ni siquiera los que pretenden ver la guerra carlista como guerra de la periferia contra el poder central podrían agarrarse a los fueros dado que, dentro de las huestes liberales se encuentran vascos, catalanes y navarros en proporciones parecidas a las que se encuentran en la defensa del legítimo Carlos. Por poner un ejemplo gráfico, el compañero de juegos infantiles, compañero de armas y amigo personal de Zumalacárregui, general como él durante la lucha de los españoles contra los franceses, organizador de partidas guerrilleras y nacido en su mismo pueblo, Ormaiztegui, pueblo en el interior de Guipúzcoa (cabreros,cabreros,cabreros), combatió del lado de la regente Maria Cristina tan ferozmente como lo hizo el propio Zumalacárregui, convirtiéndose en enemigos.
    En el tema de los fueros había más de impuestos para sufragar una guerra que duraba ya mucho tiempo (para poder aprobar un nuevo impuesto era necesario su aprobación por parte de estas provincias, por lo que mantenían cierta autonomía impositiva) que respeto a una tribu celtibérica perdida entre montes y nubes bajas. Ni siquiera el carlismo puede ser concebido como un movimiento de boina norteña, dado que, no se olvide, llegaron a la sierra de Madrid, recorrieron la alcarria, se hicieron fuertes en Molina de Aragón ( capitanía general de las fuerzas carlistas del Alto Tajo) y llegaron hasta ALGECIRAS, donde el RH de Arzalluz se hace menos negativo y más rumbero.
    Te equivocas por segunda vez Nando al creer que esto es "typical hispanis". Si te quedas en la anécdota entre absolutismo y liberalismo, es posible que no encuentres paralelismos entre las bofetadas patrias y todas las revoluciones que durante esos años hubo por Europa, incluso puede que olvides que en América su secesión estaba íntimamente ligada al problema de la "Tierra vs. Ciudad", y el problema de la forma de los contratos sociales que de allí emanaban.
    Respecto al catolicismo de la monarquía española ni unos ni otros lo pusieron en duda. Cuando el liberalismo entra en conflicto con la iglesia no lo hace por un problema de laicismo, sino por un problema económico, entendiendo por economía la forma en la que la que los que tienen dinero consiguen tener más dinero a costa de lo que sea. No olvides que las altas jerarquías eclesiales se pusieron de parte de la Regenta y su valedor Espartero, y que por la especial forma que tenía la iglesia española de financiarse, estas altas capas apenas se vieron afectadas por la desamortización sino que fue el bajo clero el que sufrió y mucho la pérdida de unas tierras que, si bien es cierto que tenían en parte baldías, les servían de medio de vida. Esto vuelve a conectar con el campesinado que, en las zonas donde el levantamiento fue más pronunciado, tenían una forma de explotación del suelo eclesiástico y comunal ( no se olvide que la desamortización afectó con igual fuerza a los terrenos que los ayuntamientos tenían para explotación de los gañanes del lugar) que les permitía en periodos de carestía obtener sustento, pero que, al desamortizarse ( es decir, liberalizarse) pasaron a manos de propietarios que negaron una forma más de supervivencia al campesinado. La desamortización; la ocasión perdida (como dicen los ingenuos). La desamortización. El robo a mano armada (como dirían muchos carlistas).

  7. nando dice:

    Admito lo de los fueros, pero a partir de una época como bien habeís dicho se convirtieron una referencia del carlismo.

    Pero no me equivoco en lo de movimiento «tipically spanish». Dime coñá un solo movimiento, uno solo fíjate, que fuese similar al del carlismo, con una duración aproximada y con un fondo ideológico similar al del carlismo en Europa…

    Pero aún asi tu comentario es desconcertante y contradictorio porque desde luego al hablar de conexiones entre «bofetadas patrias y revoluciones en Europa» sinceramente no sé por donde vas….
    … las revoluciones de 1830, 1848, la experiencia de la Comuna son luchas del liberalismo doctrinario y más tarde del «democratismo» radical contra , primero, la reacción legitimista y posteriormente contra la burguesía liberal decimonónica que ya había instalado las maravillas del sufragio censitario.

    El carlismo, coñá que de esto parece que sabes algo pero te pierdes en detalles de boinas y fueros y te falta una consistente visión de conjunto solo asumiblee para los que desde siempre hemos mirado a Europa y tu no porque la Enorme y Sagrada Boina Roja calada hasta mas alla de tu cejijunta frente de cabrero navarro nunca te ha permitido ver más alla de tu nariz, es un movimiento de reacción antiliberal que desde luego, si conecta con algo es con esa reaccion legitimista posterior a la Revolución, ¿ y cuanto tiempo dura en Europa esa reacción? y ¿ cuanto tiempo dura el carlismo? , sorprendentemente, dura más de un siglo… cuando el absolutismo ya era polvo en los libros de Historia.

    …. y si has sabido leer mi corta intervención ( leétela otra vez que me parece que ya te has metido demasiados coñás), te darás cuenta que no solo lo interpreto como pura reacción absolutista.

    … ah!!! pero es que si tu consideras que el movimiento carlista es, por poner un ejemplo, lo mismo que la Comuna parisina de 1871 ( «LA COMUNE OU LA MORT») pues mejor te repasas los manuales de COU…. y pásate al patxarán que, seguro que por navarro, es más carlista que el Cognac.

    Y cuando quieras te damos un repaso al liberalismo ( te pierde el dinero), que te veo un poco flojo…

  8. jerufa dice:

    Lo que descubre uno en hislibris a los años…

  9. jerufa dice:

    ¿Alguien ha jugado alguna vez a El candidato, un juego de política en el que participan 4 jugadores al frente de un partido político y el objetivo es llegar al poder y ganar a los demás?, ¿un juego donde hay militantes, provocadores, reporteros y candidatos?
    Pues a mí me da que Coñá y Puro era a Hislibris en sus comienzos, lo que El provocador a ese juego. Un «enreda» que todo lo lía para generar polémica, turbación, despiste e incitar al interés del blog.
    Esta ha sido una de mis curiosidades permanentes desde que soy asiduo del blog y siempre que he preguntado a los antiguos, han salido sonrisitas.
    Ora es ya de que el afamado, apreciado y querido promotor de este enredo, Richar, se pronuncie de una vez o, al menos, dé la venia a alguno de sus lugartenientes de entonces para que nos aclare estas dudas que me impiden conciliar el sueño desde hace ya dos años.
    Jerufa dixit.

  10. Aretes dice:

    ¿Nunca te arrepentiste de que te dijeran quiénes eran los Reyes Magos?

    Bueno, pues que te lo diga Richar… pero al oído.

  11. coñá y puro dice:

    El hecho de que una idea agite a un auditorio poco propenso a la agitación, la reflexión crítica y la duda metódica dice poco sobre si la idea agitadora es cierta o no lo es.
    Exactamente no se muy bien qué es lo que agita de lo dicho concretamente sobre este tema, el creer que las guerras carlistas son mucho más que un tema sucesorio o el mero cambio de un tipo de régimen pseudo medieval a otro más liberal, no entiendo porqué es algo que agite a nadie. Mi querido Nando, que no ve más allá de lo que veían los lupos de Quevedo, se inquieta porque entiende que la historia se divide en dos, los buenos-modernos-avanzados-guays-intelectuales y los brutos-retrógrados-necios-burdos-comeniños, y las guerras carlitas son como una suerte de guerra de los mundos en los que cada uno no es que eliga un bando, sino que TIENE que elegir EL BANDO. Yo, que siempre he creído que un intelectual no es más que un mediocre sin oídos pero con orejas cuya utilidad no es otra que llevar gafas (como esos ejecutivos a los que Dios les dió un cuello únicamente para llevar corbata) me desentiendo de ese dualismo entre buenismo demócrata y malíiiiismo dictatorial y autócrata.
    ¿Agitador?, llámame como quieras, como si me quieres llamar Fermín, pero dime donde me equivoco. Mientras tanto me alegro de volver a andar por estos fueros que dejé más por un tema informático que por ganas de dejarlo.
    Un saludo.

  12. allison dice:

    jueno si ta bonita io no m dedico aleer obras peo si m gusto

  13. Marbenes dice:

    Se nota Allison, pero ya que estás no lo dejes, que te hará bien leer más.

  14. Joanbo dice:

    Tengo 17 años, estoy haciendo un trabajo sobre unamuno y he llegado a este blog por casualidad.
    La verdad es que una vez he empezado leer los comentarios, no he podido parar hasta el final, ya que encuntro muy icurioso que se discutan cosas tan poco frecuntes como las guerras carlistas y que provoquen tales debates y, sobre todo, porque me ha hecho mucha gracia la manera de escribir de algunos, a la vieja usanza.
    Gracias por la información!!

  15. monArka dice:

    Yo creo que, esta obra, no tiene como tema la (3ª) guerra carlista. Creo, que Unamuno quiere expresar en, PAZ EN LA GUERRA, algo más humano. Usa la guerra como medio de expresión.
    Las guerras (todas en general) son un invento absurdo que destroza vidas, vidas humanas por ideales. Ideales que a la postre se muestran banales comparados con la verdadera importancia, mística y sentimental, de la vida y del temor y el afrontamiento a lo desconocido de después de ésta.

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